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Trova

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[editar] Trova

La trova es un canto típico que abunda en muchas regiones del mundo. Cada comarca expresa a su través sentires populares de su región, y en general este tipo de cantar se apoya en todas partes en una música fácil, simple, contrapunteando la cual lo importante son la letra y su contenido.


La Trova es una de las facetas más interesantes de la cultura musical cubana. En su contexto creativo surgieron unos y se desarrollaron otros de los géneros de la cancionística popular más desarrollada. Principalmente la guitarra y también otros cordófonos son el ámbito instrumental en que la voz, el canto y la poesía, encuentran sustento y entornos tímbricos y armónicos.

[editar] Origen

La trova nació de los cantos que difundieron los caballeros medievales a través de los juglares. Los ibéricos recibieron de los franceses el canto de los juglares hasta 1400, cuando la burguesía toma la iniciativa cultural, y ya no compone música sino que agrega diferentes textos a las mismas melodías.

[editar] En Antioquia

En Antioquia la trova es especialmente significativa como expresión cultural, dado el carácter fuerte y notorio del hombre paisa (este arte es esencialmente masculino). En la trova paisa, se cantan versos acompañados de cierto sentido jocoso, y totalmente competitivo. Los cantan dos personas generalmente, llamados "Trovadores", quienes deben enlazarse uno a otro en el tema al mismo tiempo que rimar. La trova paisa es muy popular, y llega hasta niveles muy competitivos, dado que el repentismo, más el humor, más la rima que la debe acompañar, la hacen bastante difícil.

Los pioneros de la trova antioqueña son Salvo Ruiz y Ñito Restrepo, del municipio de Concordia, en donde a Salvo Ruiz la municipalidad le tiene erigido un monumento.

[editar] En otras regiones de Colombia - Cuba

En Colombia, este arte de improvisar recibe diferentes nombres según la región: en Antioquia y Viejo Caldas conservan el nombre de trova, en los Llanos Orientales contrapunteo, en los Santanderes torbellinos, en Boyacá guabinas, en la Costa Atlántica piquerias y en el Huila y Tolima rajaleñas.

En alguna ocasión, durante una semana, investigadores, musicólogos, músicos y amantes del género, cubanos y extranjeros, se dieron cita en la Universidad de La Habana para, al decir de Silvio Rodríguez, principal organizador del evento, de ser posible, “averiguar el sortilegio que conduce el hilo de la canción trovadoresca a través de tres siglos”.

El vocablo "trova" o "trovador" también se utiliza en otros países como México, o Chile, pero se refiere a estilos de música que nada tienen qué ver con las características de la trova colombiana. En otros lugares, la trova es música de protesta, incluiso en género rock.

En México la Trova sufrìó un fuerte impulso derivado de la influencia de la trova cubana como respuesta al régimen político surgiendo en un primer momento como canción de protesta.

Con el paso de los años se derivó en una serie de corrientes que abordan temáticas variadas desde lo cotidiano, pasando por el amor, el odio, la muerte, etc.

Entre los trovadores mexicanos más reconocidos se encuentran: Fernando Delgadillo, Alejandro Filio, Avel Velazquez "el Mago", Mauricio Dìaz "El hueso"

Actualmente han brotado nuevos talentos como Yahir Duran, Poncho Maya, Edgar Oceransky, Alejandro Santiago.

[editar] La canción de autor, o trova, en el Perú

Comentarios generales

1. La expresión musical llamada Trova se remonta mucho más atrás en la historia del hombre, y se sobreentiende que no ha habido pueblo que no haya contado con un poeta o un trovador que cante sus vicisitudes y conserve su memoria.

2. En el caso particular de Occidente, la historia de los trovadores ha sido variada y compleja, habiendo pasado por diferentes etapas que van desde las más sencillas y opacas (poetas cantantes que iban de pueblo en pueblo viviendo con lo que podían) hasta las más notables (los juglares en la Edad Media europea que eran recibidos gratamente en las cortes como vehículos de información y distracción). Más contemporáneamente esa función la desempeñaron jóvenes cantantes de la pos guerra cuyo éxito despertó la ambición de las casas disqueras.

3. La influencia y presencia de los trovadores está necesariamente vinculada al curso de los acontecimientos históricos que determinan el grado de importancia e influencia en cada una de sus sociedades. En el caso de Norteamérica, las guerras mundiales y la proliferación de lo medios de comunicación produjeron una etapa de cambios en la década de los sesenta. Una manera de canalizar esa situación fue el surgimiento de los poetas-cantores quienes emplearon el rock y el folk para comunicarse. Este fenómeno se prolongó hasta comienzos de los años setenta para, finalmente, ser absorbido por la maquinaria económica que, eliminando su contenido poético-político, hasta la actualidad viene empleando solo su forma y su estructura musical (las consabidas fórmulas de grupos rock con indumentaria y gestos desaforados, elementos que se dirigen de manera exclusiva a los jóvenes, en vista que son ellos los grandes consumidores y sostenedores de la industria de la música).

4. Como consecuencia de ello se puede decir que, actualmente, los poetas-músicos auténticos de las grandes ciudades han vuelto a sumergirse en las oscuridades de la sociedad comunicando, a solo unos pocos, cuáles son los verdaderos sentimientos, deseos y frustraciones del ser humano contemporáneo (la llamada cultura subterránea). La sociedad de mercado no los necesita y por eso los ignora, creando a su vez ciertos sustitutos que consuelan a quienes buscan mensajes y sensaciones más fuertes que las románticas melodías convencionales (en el ámbito de habla hispana se pueden identificar personajes como Sabina, Andrés Calamaro, Charly García, Ismael Serrano, Fito Páez, Alberto Plaza y, muy particularmente, Ricardo Arjona, por poner solo algunos ejemplos). Estos apenas rozan la verdadera realidad del hombre contemporáneo; no llegan a cuestionarlo. Todos estos “trovadores” están incorporados al sistema, respetan puntillosamente sus reglas y se benefician de ello, mientras que la gente -su público consumidor- piensa que a través de ellos y de sus mensajes están siendo reflejadas sus propias vicisitudes (pero, en verdad, solo muestran una parte de ellas, las románticas y las de rebeldía adolescente, ignorando las más radicales, aquellas que determinan los verdaderos acontecimientos de la vida humana). La razón es que, si mostraran eso, afectarían directamente a los intereses de sus casas disqueras pues estarían cuestionando la cosificación del ser humano y la sociedad de consumo.

5. Ahora bien, en el caso particular del Perú, es indudable que, al igual que en todas partes, ha tenido trovadores de toda clase según su devenir histórico. En la época prehispánica cuenta Garcilaso que, en el imperio incaico, esta función la ejercían ciertos poetas ambulantes denominados en quechua como "arawix". Es obvio que deben haber habido infinidad de formas y variantes de cantantes e intérpretes de la historia y acontecimientos andinos. Ya en la época hispánica surgen varios movimientos de expresión popular como el llamado Taki Onqoy; éste era una danza acompañada de letras de carácter reivindicativo y venía a ser subversiva para la colonia (puesto que quienes participaban en ella eran trovadores-bailarines que iban de pueblo en pueblo recordando lo grande que había sido el imperio incaico y de cómo tenía que hacerse para regresar a él, expulsando a los españoles; se trataba, entonces, de una “música protesta”, razón por lo cual fue combatida y suprimida). También existieron otros tipos de músicos trashumantes quienes, cargando sus arpas, violines, vihuelas y guitarras, compusieron una serie de melodías, historias y poemas que, hasta la fecha, se recuerdan sin que se sepa el nombre de sus autores. Hoy se puede ver a esos trovadores pero principalmente en las zonas más humildes y apartadas de las grandes urbes: en las caletas de pescadores, en los pueblitos del interior y en los villorrios. También es posible encontrarlos en alguna feria popular, en eventos familiares o en los bares y cantinas amenizando alguna reunión. Pero, como es de esperarse, sus apariencias no encajan con lo que industria de la música exige, motivo por el cual no se les reconoce oficialmente como “artistas” sino solo como “músicos populares”. Sin embargo, a pesar de ello, irónicamente sus creaciones constantemente están alimentando al "star system", el cual se encuentra conformado por los intérpretes que sí se incorporan a las estructuras reguladas del sistema. Por eso es que se dice que la verdadera inspiración siempre “viene del pueblo y va hacia él” (César Vallejo, poeta peruano). Pero eso sí: la industria del disco no acepta canciones con letras comprometidas que tengan algún tinte político o reflexivo. Rara vez logra darse algo así y eso solo cuando un determinado fenómeno es ya imposible de ocultar (como el caso de la canción “Flor de retama” del trovador Ricardo Dolorier, que fue un popular huayno-himno en la época de la subversión del grupo maoísta Sendero Luminoso). Quiere decir que los trovadores-músicos-poetas del pueblo siempre existen, pero viviendo al margen de los medios de comunicación, transmitiendo sus mensajes para unos cuantos privilegiados que los saben valorar y escuchar.

6. Finalmente, con respecto a influencia que tuvo la trova en su forma cubana en ciudades como Lima, el llamado movimiento Nueva Trova de Cuba (nacido en calor de la Revolución cubana y apoyado totalmente por el Gobierno, única explicación de su fuerza e impacto) influyó en los años sesenta exclusivamente en un sector de la clase media y media alta de Lima (que en aquel entonces era izquierdista-intelectual), por eso es que muchos de esos jóvenes imitaron dicho modelo intentando desarrollar movimientos musicales parecidos (hacían música popular con textos políticos, pero normalmente utilizando ritmos cubanos y argentinos). Fue en esa época que surgieron intentos notables como el del músico académico Celso Garrido Lecca, quien, apoyado por el espíritu nacionalista del gobierno de Juan Velasco Alvarado, formó la Escuela de Arte Popular de la cual surgieron artistas y grupos interesantes como Tiempo Nuevo (el cual estaba integrado en su mayoría por estudiantes de la Universidad Católica).

Por otro lado, se hicieron también esfuerzos personales pero con modelos más liberados del discurso político, como lo hecho por Chabuca Granda, cuya influencia sirvió para formar a los más identificables y renombrados cantautores peruanos hechos bajo dichos parámetros (que exigía el uso de ritmos propios del país): Andrés Soto de la Colina y Daniel “Kiri” Escobar. Ambos trovadores tienen en común el empleo de ritmos peruanos para expresar, no solo sus sentimientos, sino también situaciones sociales agudas de su propia sociedad (la marginalidad, la pobreza, el racismo, la injusticia, etc.).

Los años setenta fueron para ellos de apogeo, pues eran vistos como los “Silvios y Pablos” peruanos, siendo de este modo aceptados por la clase alta, ansiosa de ponerse a la moda y, en especial, cuidadosa de respetar la opinión de la aristocrática Chabuca (Isabel Granda Larco) quien los apadrinaba. Luego de esta primera generación, a fines de esta década, aparecieron otros dentro de la misma línea pero cuyos textos empiezan a despegarse del discurso marxista panfletario de los setenta y se acercan al intimismo y posmodernismo de los ochenta (entre ellos se puede mencionar a Juan Luis Dammert). Con la caída de la moda izquierdista empieza la era del todo vale, pues solo quedó el Capitalismo y la sociedad de mercado como único modelo político. Esto hace que la generación de trovadores urbanos limeños siguiente (Pepe Villalobos, Lino Bolaños, Piero Bustos, y otros) se dispersen, a mediados de los ochenta, por caminos diversos u opuestos.

Los suceden trovadores más influenciados por el rock (como Daniel F o Rafo Ráez), que es la expresión musical más aceptada por la mayoría de jóvenes. Sus obras reflejan más bien la idea de la globalización (el mundo es uno solo y todos pasamos por lo mismo y a todos nos duele lo mismo) pero con un marcado acento urbano y personal (mi realidad es la misma de la de todos) lo cual logra captar a un importante sector del mercado contracultural. Sin embargo, en la búsqueda del mito de la universalidad, de lo globalizado, éstos músicos se encuentran más desligados del contexto del país, de la realidad integral y de los problemas coyunturales particulares del Perú. Además evitan tocar las bases de la sociedad de mercado (solo la insultan), ignorando la existencia del mundo campesino no urbano y hablando solo del estilo de vida hedonista y relajado de los jóvenes de los noventa, para quienes su mayor preocupación es la bebida alcohólica y las diversiones. Por esas épocas se dio el caso que jóvenes que no vivieron las convulsiones políticas de los 60 redescubren la música de Silvio y éste se vuelve una moda. Las chicas más "pitucas" (adineradas)y cabezas huecas repetían sus canciones sin saber qué decían y de eso se aprovecharon muchos para montar espectáculos dirigidos a dicho segmento. Fue el tiempo del auge de Barranco (distrito bohemio de Lima) y de sus peñas, donde lo más saltante era la frivolidad y el relajo, motivado también por el profundo miedo a la guerra subversiva. Sin embargo, con la caída del líder de Sendero Abimael Guzmán y la sensación de estabilidad y libertad que ello produjo, la música de contenido en ese medio se hizo prácticamente innecesaria y llegó la era del canto a la sociedad de consumo y a sus valores.

Desde ahí todo ha tenido que pasar por la medida de lo económico para que algo sea válido (“salvo el mercado el resto es ilusión”). Actualmente los trovadores urbanos se encuentran navegando en el dilema entre la necesidad de participar activamente del proceso económico (hacer espectáculos, vender sus discos, atraer público y medios de comunicación) y la obligatoriedad de reflejar los verdaderos sentimientos y necesidades de su pueblo. Sin este último factor dejarían de ser trovadores para pasar a convertirse en unos productos más del sistema, razón por lo cual hoy se vive una etapa de dudas, de polémica y cuestionamientos sobre cuál debe ser el verdadero rumbo a tomar con respecto a la trova. El modelo cubano ya se agotó y la sociedad exige una forma de expresión auténtica. Hasta que esto no se halle continuará la incertidumbre respecto a qué es en este momento la verdadera trova. A pesar de todo, como se dijo líneas atrás, los trovadores marginales siempre sobreviven a estos embates y continúan su labor, principalmente en los lugares más apartados del país.

Luis Enrique Alvizuri

Trovador peruano

En el Perú la trova se inicia con Chabuca Granda y se caracteriza por melodías simple y hermosas letras

Actualmente los trovadores más conocidos son Daniel F, Rafo Raez, Kiri Escobar, Andrés Soto, Javier Lazo, José Villalobos, Piero Montaldo, Enrique Mesías, Caroline Cruz, Omar Camino, Jorge Millones, Daniel Ochoa, Pedro Novoa, Laura Casquero, Gino Córdova, Lalo Salazar, destacandose también aunque solo como interprete Miriam Quiñonez, entre otros.

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[editar] Música comercial y trova

El problema de la trova y de la música contemporánea*


La música de trova es aquella que puede definirse como la que expresa el punto de vista particular de un trovador. Pero existen los trovadores que llamaremos del sistema porque son comerciales, se difunden por los medios de comunicación y venden millones de discos -quienes actualmente han tomado el discurso de la ecología, de lo étnico, de la protección a los animales y del conflicto personal del individuo para hacer sus canciones porque se trata de un tipo de temática que no causa conflicto y moviliza una clase de sensibilidad que está de moda- mientras que por el otro lado están los trovadores que denominaremos como no sistemáticos o no comerciales, quienes buscan expresar fundamentalmente la belleza poética -que de por sí no es comercial- y la realidad social cruda y descarnada de su entorno. Esto revela que existe una lucha de opiniones y posiciones netamente políticas entre los trovadores que creen que al sistema imperante hay que defenderlo porque tiene cosas rescatables y los que piensan que hay que cambiarlo. A los llamados comerciales, en vista que apuestan solo por las reformas mediante temas light que casi siempre hablan del amor de pareja, les suele ir bien social y económicamente. En cambio, a los otros, como predican una solución integral, se los mantiene frecuentemente relegados, en una situación que no les permite obtener mayores beneficios de su arte. De esto se deduce que cada uno de ellos tiene una noción diferente de lo que es el éxito. Para el comercial radica principalmente en el beneficio material y en el glamour de la fama, mientras que para el no comercial éste suele consistir en el cumplimiento de ciertas metas, aunque ello signifique su ruina. Quiere decir que la opción de un trovador finalmente dependerá de cuál sea su concepción de la vida, de la idea que tenga acerca de su realización personal y del papel que éste crea deba desempeñar en su sociedad. Ciertamente que éstas son dos posiciones extremas y que deben haber muchas intermedias, pero esto nos sirve para intentar explicar determinados hechos que muchas veces nos crean confusión y no nos permiten identificar una cosa de otra.

Música comercial vs. música trova

Pero ¿existe una diferencia entre la música de trova y la música en general? Esta pregunta resuena constantemente entre nosotros y casi siempre se mantiene la incertidumbre. Muchos afirman que, fundamentalmente, es lo mismo, con solo una diferencia de matiz donde, el llamado trovador, toca tangencialmente el aspecto social como una peculiaridad suya. Sin embargo, es muy común hallar que los cantantes comerciales también interpretan dichos temas. Esta sensación de igualdad se reafirma aún más cuando se ve la publicidad y la difusión que se le da a ciertos artistas considerados trovadores, a resultas de lo cual se produce un intenso movimiento comercial y espectaculares ganancias en lugares exclusivos donde únicamente la clase alta puede ir a aplaudirlos. A nuestro entender, sí existe diferencia entre lo comercial y la trova, y esta radica en que, mientras que la música del sistema es la que se genera con fines económicos y de dominio, la otra, la de trova, se hace con el objetivo de expresar la interioridad real del ser humano y la vivencia auténtica de cada sociedad de manera sincera, revelando así lo artificial y engañoso que se transmite por los medios de comunicación. O sea, la una es creada a la manera de mensajes publicitarios, pensada para un fin objetivo (mantener el control, producir dinero, fama, etc.), mientras que la otra es demostrativa, denunciativa, verdadera, que revela una situación no siempre grata para el pensamiento oficial. La primera es fabricada por especialistas o creativos con habilidad para crear ritmos y letras pegajosas que fácilmente se hacen populares en las mentes sencillas, mientras que la otra surge de estados emocionales intensos producto de situaciones vividas y sufridas por sus propios autores (los intérpretes y cantautores comerciales, presionados por sus casas disqueras, se inventan dramas y situaciones inverosímiles sabiendo que esas historias son lo que le gusta a la gente). Es cierto que muchas veces el sistema se alimenta de los auténticos trovadores -como ocurre con el hip hop de los EEUU (reggaeton entre los latinos) y todas las expresiones que nacen de la protesta por la marginación y explotación que atraviesa el afro norteamericano (como el jazz y el mismo rock)- pero lo hace desvirtuando y aniquilando su objetivo inicial: la búsqueda de la liberación del hombre a través de una denuncia y de una catarsis. Sin embargo, en la mayoría de los casos ello no sucede (en las naciones pobres sería imposible porque eso sería como auto envenenarse). Cierto es que se han dado fenómenos excepcionales -como el de la Nueva Trova cubana- que fueron, en sus comienzos, formas auténticas de expresión; mas, al ser empleadas por el Estado, se convirtieron en vehículos de propaganda, con lo cual dejaron de reflejar lo que el pueblo realmente estaba pensando y sintiendo.

La música como “droga buena”

Pero no solo el aspecto comercial o económico es lo que identifica a la música comercial o del sistema. Existe también un lado poco conocido que solo es posible de identificar mediante análisis filosóficos y sociológicos. Para ello se debe entender primero que el Industrialismo tiene sus reglas y sus modos de operar, los cuales están vinculados esencialmente a la producción en serie, a la estructura de la máquina y a sus métodos colaterales. Para que todo mecanismo funcione se requiere que se siga rigurosamente un programa de operación que permita su rendimiento y evite su alteración, y se quiebre o interrumpa su acción. Dicho de otro modo, es importantísimo que no se modifique la secuencia de elementos que intervienen en, por ejemplo, una faja transportadora o en un lanzamiento espacial. Cualquier pequeña falla o equivocación ocasionaría el caos (cuyo caso más dramático ocurrió en la central nuclear de Chernobyl hace algunos años, a causa de un descuido en su manejo y control). Por todo ello se comprenderá que es gravital que los operadores y obreros de la sociedad industrial deben hallarse siempre en un estado de lucidez plena, completamente racionales, sin padecer ninguna perturbación emocional. Esto explica el porqué todo elemento que los conmocione es rechazado y considerado ilegal y maligno, a diferencia de todo aquello que contribuya a sostener su actitud de atención extrema durante sus horas laborales. De esto es que se puede arribar a una sencilla fórmula para identificar qué está prohibido y qué no en una sociedad industrial y de mercado: durante el trabajo el ser humano debe ser sumamente consciente y racional, por lo que se tendrá que prohibir el consumo de todo aquello que vaya en contra de ello; fuera del trabajo sí se podrá consumir elementos que relajen al trabajador, pero no al extremo que al día siguiente no pueda éste volver a recuperar la lucidez. De este modo es cómo podemos identificar las drogas permitidas y las no permitidas. El alcohol o las pastillas que se venden en las farmacias estarán en la categoría de drogas permitidas (drogas son todo aquello que genera una adicción) gracias a que su efecto es muy pasajero (no más de ocho horas en la mayoría de los casos). Aquí también nosotros incluimos a la música en la medida que estabiliza al hombre industrial, lo distrae y lo incentiva incluso a hacer mejor su labor. Esta especial “droga”, esta dependencia moderna al sonido, tiene la ventaja que no trae consecuencias en el desempeño, al punto que hasta se la emplea en algunos sitios al igual que como se la usa para estimular a las vacas a producir más leche. Incluso entre la juventud es uno de los mayores controladores y distensores que hay. Se han hecho estudios sobre la importancia de los grandes conciertos, al igual que sobre los espectáculos deportivos, como fenómenos reguladores de la violencia y la domesticación de las masas. En la vida del hombre actual no hay momento o circunstancia en la que éste pueda dejar de escuchar esta droga auditiva. Por contraparte, los elementos cuyo consumo producen estados no racionales que sobrepasan las ocho horas son considerados como drogas malas, pues impiden que se recupere el organismo a tiempo para continuar el trabajo (sin embargo, recordemos que, en las sociedades agrarias, los elementos alterantes, como la coca o la chicha fermentada en el caso peruano, sí son valorados pues favorecen la labor en el campo). En este rubro se encuentran los llamados alucinógenos o estupefacientes, conocidos genérica -y equivocadamente- simplemente como “drogas”. Ahora bien, éstas últimas, fuera del momento laboral, en épocas en los que hay más de ocho horas de diferencia para acudir al trabajo, no son mal vistas ni duramente condenadas ¾sobre todo entre las clases más altas de la sociedad¾ pues en esos casos funcionan más bien como un placer, el placer de la evasión, tan importante para el ser humano contemporáneo agobiado por la necesidad imperiosa de trabajar vehementemente (situación que no ha sido común en la historia del hombre, puesto que nunca se requirió, en las sociedades no industriales, que se tuviera que laborar más del tiempo que fuera necesario. Solo el hombre industrial es un obseso por el trabajo y se define mediante él, de allí el nacimiento de las tesis modernas acerca del origen del ser humano en las que se lo define como “un ser que trabaja”, creado por y para el trabajo, básicas para entender ideologías como el Capitalismo o el Marxismo). En resumidas cuentas, la música del sistema o comercial cumple la función de orientar, dirigir y disipar al hombre moderno para que pueda sostener el ritmo de vida que lleva, además de llenar su mente con aquellas cosas que se quiere que piense y que deben ser para él las más importantes (su propia vida personal, sus inquietudes particulares, su relación de pareja). Un análisis más a fondo de los mensajes y las estructuras musicales y rítmicas de lo que se oye por los medios de comunicación nos lo demostrarían. La necesidad de que, por ejemplo, el rock juvenil haya ido gradualmente aumentando en fuerza y velocidad, además de en agresividad, o el hecho de la aparición de ritmos frenéticos como la salsa y el merengue, acelerando cada vez más el estilo caribeño, demuestran la necesidad de ir acrecentando la fuerza de esta droga ante una realidad que progresivamente se vuelve más dura de distender y manejar. Mientras más tensas se vuelvan las sociedades, mientras más estímulos se recibe -como pasa con el reciente caso de los elementos cibernéticos- mayor será la necesidad de incrementar la intensidad y el volumen de la música. Esto explica el porqué del “éxito” de los géneros de origen africano en todo el mundo industrial -el rock, el caribeño, el hip hop y los afros de todos los sitios- puesto que éstos contienen en sí esa rapidez y efusividad natural que compensa a su contrario, que viene a ser la vida moderna (los músicos que practican las rítmicas afro saben que eso les produce éxito entre la gente, por ello es que explotan toda la vena “negra” que pueden, aunque irónicamente no son los mismos negros, sus creadores, los que se benefician de ello. Siempre hay un blanco a lo George Gershwin, Isaac Berlin, Glen Miller, Elvis Presley, Rolling Stone, Eminen o Miki González -en la versión peruana- que capitaliza esta situación. Todos los que se suben al carrito de los tam tam [percusión] y los intensos movimientos de cuerpo -que incluye al género afroboliviano llamado saya- contribuyen, sin saberlo, a que esta “droga buena” que es la música comercial siga teniendo su “acción benéfica” para el sistema).

[editar] Referencias externas ==

pt:Trova

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