Teramenes
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Imagen:Ac.pnyx.jpg Teramenes (muerto en 404 adC, en griego: Θηραμένης) era un político ateniense, importante en la década final de la Guerra del Peloponeso. Fue particularmente activo durante los dos periodos del gobierno oligárquico de Atenas, así como durante el juicio de los generales que dirigieron la Batalla de Arginusas en 406 adC.
Un oligarca moderado, a menudo se encontró atrapado entre los demócratas por un lado y la facción extrema de los oligarcas en el otro. Tuvo éxito en sustituir una oligarquía de pocas personas por una más amplia en 411 adC y falló en lograr lo miso en 404 adC. Fue ejecutado por los extremistas a los que se había opuesto.
Teramenes fue una figura central en cuatro grandes episodios de la historia de Atenas. Apareció en escena en 411 adC como uno de los líderes del golpe de estado oligarca, pero cuando empezó a diferir de las ideas de los otros conspiradores, comenzó a oponerse a los nuevos líderes y tomó el mando en la oposición a la nueva oligarquía para reemplazarla por una más amplia. Sirvió como general varios años más después de esto, pero no fue reelegido para el puesto en 407 adC. Durante la Batalla de Arginusas, en la que sirvió como trierarca, se le encargó rescatar a los marineros atenienses de los barcos se estaban hundiendo, pero se lo impidió una tormenta. Ese incidente desencadenó la furia del pueblo de Atenas, y Teramenes tuvo que defenderse y exonerarse de responsabilidad en el rescate fallido. La controversia terminó con la ejecución de seis generales que habían dirigido la batalla.
Tras la derrota ateniense en la Batalla de Egospótamos en 405 adC, Teramenes negoció con Esparta los términos de la rendición. Luego se convirtió en un miembro de la nueva oligarquía conocida como los Treinta Tiranos que Esparta había impuesto a su rival. Teramenes volvió a entrar en conflicto con los miembros más extremistas del nuevo gobierno y sus protestas por el reino de terror impuesto llevaron a los oligarcas a planear su destitución. Fue denunciado a la asamblea oligarca y, luego, al ver que dicha institución tenía reparos en castigarle, fue ejecutado sin juicio.
Teramenes siguió siendo una figura controvertida tras su muerte. Lisias le criticó vigorosamente mientras que perseguía a varios de sus antiguos aliados políticos, pero otros defendieron sus acciones. Los modernos historiadores han ido cambiando su postura en el tiempo: en el siglo XIX, Teramenes era condenado casi de forma universal, pero estudios recientes dan opiniones más positivas. Algunos historiadores han visto en Teramenes un oportunista egoísta, y otros un moderado con principios. Los detalles de sus acciones, sus motivaciones, y la naturaleza de su carácter, siguen debatiéndose hoy en día.
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[editar] Registro histórico
No se tiene constancia de ninguna biografía antigua de Teramenes, pero su vida y acciones están relativamente bien documentadas, gracias al amplio tratamiento que se da de su figura en varios de los trabajos que nos han llegado. El orador ático Lisias habla detenidamente de Teramenes en varios de sus discursos, aunque de una manera muy hostil.<ref>Perrin, The Rehabilitation of Theramenes, 649-50</ref> Teramenes también aparece en varias antiguas historias narrativas; el relato de Tucídides incluye los comienzos de la carrera política de Teramenes, y Jenofonte continúa donde Tucídides lo dejó, y da un relato detallado de algunos episodios de su carrera<ref>Andrewes, The Arginousai Trial, 114-15</ref>.
Diodoro Sículo, probablemente tomando su relato en varios puntos del historiador griego Éforo, proporciona otro relato que se aparta considerablemente del de Jenofonte en varios puntos.<ref>Harding, The Theramenes Myth, 106-8</ref> Teramenes también aparece en varias otras fuentes, que, si bien no proprocionan muchos detalles, han sido usadas para esclarecer las disputas políticas que rodearon la vida de Teramenes y su recuerdo.
[editar] Familia
Sólo las líneas generales de la vida de Teramenes fuera de la esfera pública han sido conservados en el registro histórico. Ambos, su padre, Hagnón, y su abuelo paterno, Nicias, habían tenido papeles importantes en la vida pública ateniense en las décadas antes de la aparición de Teramenes en escena. La familia era muy rica; Nicias tuvio más de 1,000 esclavos trabajando en las minas de plata según de Laurión,<ref>"Nicias (1)," from The Oxford Classical Dictionary, Simon Hornblower and Antony Spawforth, ed.</ref> y distribuía su riqueza pródigamente para ganar el favor del pueblo.<ref>Plutarco, Vida de Nicias, 3</ref> Como uno de los políticos líderes de Atenas tras la muerte de Pericles, Nicias había sido el principal defensor de la paz de Nicias, que terminó con la primera parte de la guerra del Peloponeso en 421 adC, y había sido el comandante supremo de la expedición a Sicilia, muriendo en Sicilia en 413 adC poco antes de la derrota desastrosa de esa expedición. Hagnón, comandó el grupo de colonizadores griegos que fundaron Anfípolis en 437-436 adC,<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 4.106</ref> sirvió como general en varias ocasiones antes y durante la guerra del Peloponeso,<ref>Tucídides menciona a Hagnón en papeles de comandante en 1.117, 2.58, y en 2.95</ref> y fue uno de los signatarios de la Paz de Nicias.<ref>Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso 5.19</ref> La carrera de Hagnón coincidió en parte con la de su hijo cuando fue uno de los diez miembros de la comisión nombrados por el gobierno de los Cuatrocientos para redactar el borrador de una nueva constitución en 411 adC.<ref>Lisias, Contra Eratóstenes, 65</ref>
[editar] Golpe de estado del 411 aC
[editar] Derrocamiento de la democracia
La primera aparición en el registro histórico de Teramenes es su participación en el golpe de estado oligárquico de 411 adC. Como consecuencia de la derrota ateniense en Sicilia, las revueltas empezaron a estallar entre los estados sometidos a Atenas en el mar Egeo.
En este contexto, un grupo de aristócratas atenienses, liderados por Pisandro y con Teramenes entre sus partidarios, comenzó a conspirar para derrocar al gobierno democrático de la ciudad. Esta intriga fue iniciada por el noble exiliado Alcibíades, quien en ese momento era ayudante del sátrapa persa Tisafernes. Afirmando que tenía gran influencia sobre Tisafernes, Alcibíades prometió regresar a Atenas, llevando ayuda de los persas, con la condición de que la democracia que lo había desterrado fuera reemplazada por una oligarquía.<ref>Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso 8.47-48</ref> Por lo tanto, varios trierarcas y otros jefes de la flota de Samos empezaron a planear el derrocamiento de la democracia. Enviaron a Pisandro a Atenas, donde, que prometió que el regreso de Alcibiades y una alianza con los persas serían posibles, si los atenienses reemplazaban su democracia por una oligarquía, convenció a la "ecclesia" ateniense de que lo enviara como emisario a Alcibíades, autorizado a hacer cualquier preparativo.<ref>Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso 8.53-54</ref>
Alcibíades, sin embargo, cuya influencia sobre Tisafernes no era tan grande como había alegado, se percató de que no podría convencer al sátrapa de que se aliara con los atenienses, y para ocultarlo a pueblo ateniense, demandó tal número de concesiones a la asamblea de Atenas, que no podían sino ser rechazadas.
[editar] Conflicto dentro del movimiento oligárquico
.En 411 adC, Teramenes argumentó para un gobierno en el que a todos los hombres con status de hoplita o más alto les fuera concedido el voto.
En ese momento, algunos conflictos empezaron a desarrollarse acontecimientos que amenazaban el futuro del nuevo gobierno de Atenas. Primero, el golpe de estado planeado en Samos fue frustrado por los esfuerzos de los demócratas samios y un grupo de atenienses a quien confiaron en ayudarlos.<ref>Tucídides, La Guerra del Peloponeso 8,73]]</ref> Cuando el ejército de Samos escuchó las noticias del golpe de estado en Atenas, que llegó al mismo tiempo que informes exagerados de los ultrajes perpetrados por el nuevo gobierno, declararon su lealtad a la democracia y la hostilidad al nuevo gobierno.<ref>Tucídides, La Guerra del Peloponeso 8,74-76]]</ref> En Atenas, mientras tanto, una escisión se desarrolló entre los oligarcas moderados y radicales, con Theramenes apareciendo al lado de Aristócrates como jefe de la facción moderada. La faccción extermista, liderada por Frínico, contaba con jefes ilustres del golpe de estado como Pisandro y Antifonte, que dominaba en los Cuatrocientos y que se oponía a ampliar la base de la oligarquía, y que estaba dispuesto a pedir la paz con Esparta.<ref>Hornblower, The Greek World, 147</ref> Los moderados, por otro lado, aunque no estaban dispuestos a pedir la paz con Esparta en términos que podríanmantener el poder de Atenas, estaban dispuestos a sacrificar el imperio y la flota, y querían ampliar la oligarquía para incluir a 5,000 putativos, presumiblemente incluyendo a todos hombres con status de hoplita o superior.<ref>Aunque Tucídides, en La Guerra del Peloponeso 8, 89, afirma que los moderados llamaron para el gobierno a los 5.000 de los moderados era una simple maniobra de propaganda. Los eruditos modernos están en desacuerdo, señalando el relato de Aristóteles en "Constitución de los Atenienses 29, 1 29] con la indicación de que los moderados fueron sinceros; ver Kagan, The Peloponnesian War, 392-3, and Hornblower, The Greek World, 147.</ref>
Poco después de obtener el poder, los jefes extremista de la revolución habían empezado a construir fortificaciones en Eteiona, un punto dominante en la entrada del puerto de el Pireo, para protegerlo de un ataque de la flota de Samos. Con el desacuerdo interno aumentando, unieron estas nuevas fortificaciones a las murallas existentes para formar un reducto defendible contra los ataques por tierra o por mar, que contenía un gran almacén al que los extremistas trasladaron la mayor parte del suministro de cereales de la ciudad.<ref>Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso 8.90</ref> Teramenes protestó enérgicamente contra la construcción de esta fortificación, argumentando que el propósito no era mantener a los demócratas fuera, sino entregarla a los espartanos; Tucídides atestigua que sus cargos no eran insustanciales, ya que los extremistas lo estaban considerando realmente.<ref>Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso 8.90-91</ref> Inicialmente cauteloso (cuando enemigos del régimen habían sido ejecutados antes), Teramenes y su partido se envalentonaron para realizar varios acciones. Primero, una flota peloponesia, aparentemente enviada para ayudar a las fuerzas anti-atenienses de Eubea, fue ascendiendo despacio por la costa del Peloponeso; Teramenes alegó que esta flota estaba planeando capturar las fortificaciones de Eteiona, en colaboración con los extremistas.<ref>Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso 8.91</ref> Segundo, un militar ateniense, actuando aparentemente bajo las órdenes de conspiradores superiores en las filas del gobierno, asesinó a Frínico, el jefe de la facción extremista. Él escapó, pero su cómplice, un argivo fue capturado; el prisionero, bajo tortura, se negó a decir el nombre de su jefe. Con los extremistas incapaces de una acción eficaz en este caso, y con la flota peloponesia invadiendo Egina (un punto de parada obligada en la aproximación al Pireo), Teramenes y su partido decidieron actuar.
Aristócrates, que mandaba un regimiento de hoplitas en el Pireo, arrestó al general extremista Alexicles; enfurecidos, los jefes extremistas de los Cuatrocientos exigieron la acción, e hicieron varias amenazas contra Teramenes y su partido. Para su sorpresa, Teramenes se ofreció voluntariamente para conducir una fuerza para rescatar a Alexicles; los jefes de los extremistas accedieron, y Teramenes partieron hacia El Piero, compartiendo su mandato con otro moderado y un extremista, Aristarco. Cuando Teramenes y su fuerza llegaron al Pireo, Aristarco, con rabia, exhortó a los hombres a atacar a los hoplitas que habían asediado a Alexicles. Teramenes también fingió rabia, pero cunado fue preguntado por los hoplitas si pensaba que la fortificación sobre Eteiona era una buena idea, respondió que si quisieran derribarla, pensaba que estaría bien. Llamando a todos que querían que los Cinco Mil gobernaran en lugar de los Cuatrocientos, los hoplitas se pusieron a trabajar.<ref>Para esta serie de incidentes, véase Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, 8.92.</ref> Donald Kagan ha sugerido que esta llamada fue probablemente instigada por el partido de Teramenes', que quería a los Cinco Mil en el gobierno; Los hoplitas derribando la fortificación preferían una vuelta a la democracia.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 395</ref> Varios días depués, la flota peloponesia se aproximó al Pireo, pero, encontrandofinding las fortificaciones destruidas y el puerto bien defendido, navegaron a Eubea.<ref>Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso 8.94</ref> Varios días después, los Cuatrocientos formalmente depusieron y reemplazaron al gobierno de los Cinco Mil; La mayoría de los oligarcas huyeron de la ciudad.<ref>Thucydides, The Peloponnesian War 8.97-98</ref>
[editar] Al mando
Bajo el gobierno de los Cinco Mil y bajo la democracia que lo reemplazó en 410 adC, Teramenes sirvió como general durante varios años, mandano flotas en el mar EGeo y en el Helesponto. Poco después del ascenso del gobierno de los Cinco Mil, Teramenes navegó al Helesponto para unirse a Trasíbulo y los generales elegidos por el ejército de Samos.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 401</ref> Tras la victoria ateniense en Abidos, tomó treinta trirremes para atacar a los rebeldes de Eubea, que estaban construyendo un camino elevado en Beocia para proveer un acceso dese tierra para su isla. Incapaz de detener la construcción, saqueó el territorio de varias ciudades rebeldes,<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 409</ref> viajó por el Egeo suprmiendo oligarquías y consiguiendo fondos de varias ciudades para el imperio ateniense.<ref>Diodoro Sículo, Biblioteca 13.47</ref> Llevó entonces su flota a Macedonia, donde ayudó al rey macedonio Arquelao en el asedio de Pidna, pero, con este asedio prolongándose, navegó para reunirse con Trasíbulo en Tracia.<ref>Diodoro Sículo, Biblioteca 13.49</ref> La flota pronto fue a desfiar a la flota de Míndaro que había asediado la ciudad de Cícico. Teramenes mandaba un ala de la flota ateniense en la batalla de Cícico, y consiguió una decisiva victoria ateniense. En esta batalla, Alcibíades (que había sido llamado del exilio por la flota de Samos poco después del golpe) condujo a un señuelo a la flota espartana en mar abierto<ref> Pensaba en un principio estratégico básico: el mar abierto, la eurychōría, favorecía a una flota con experiencia que, con su habilidad de maniobra podía situarse en la posición más ventajosa para llegar a encerrar en un espacio reducido al adversario y así provocar el desorden en una flota más numerosa </ref>, mientras Trasíbulo y Teramenes, cada uno al mando de un escuadrón, cortaron la retirada a los espartanos. Míndaro fue forzado a huir a una playa cercana, y siguieron fieros enfrentamientos en tierra cuando los atenienses intentaron arrastrar los barcos espartanos. Trasíbulo y Alcibíades mantuvieron a los espartanos ocupados mientras Teramenes se unió a las cercanas fuerzas atenienses y luego se apuraron al rescate; su llegada precipitó una victoria total ateniense, en la que todos los barcos espartanos fueron capturados.<ref>Para la batalla, véase Diodoro, Biblioteca, 13.50-51 y Jenofonte, Helénicas, 1.1.11-18; para una síntesis moderna, véase Kagan, The Ancient Greeks, 411-13.</ref> Como consecuencia de esta victoria, los atenienses capturaron Cícico y construyeron un fuerte en Crisópolis, desde el que obtenían un arancel de un décimo de todos los barcos que atravesaban el Bósforo. Teramenes y otro general permanecieron en este fuerte con una guarnición de treinta barcos para supervisar la recogida del arancel.<ref>Jenofonte, Helénicas 1.1.19-22</ref> En Atenas, mientras tanto, el gobierno de los Cinco Mil, fue reemplazado por una democracia restaurada unos pocos meses después de esta batalla. Donald Kagan ha sugerido que la ausencia de Teramenes, «el mejor orador de los moderados», preparó el terreno para esta restauración.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 420</ref>
[editar] Arginusas
Teramenes permaneció como general en 407 adC, pero, en ese año, cuando la derrota ateniense en Notio dirigió la caida de Alcibíades y sus aliados políticos, Teramenes no fue reelegido. El año siguiente, sin embargo, navegó como trierarca en la improvisada flota de ayuda ateniense enviada para ayudar a Conón, quien había sido bloqueado con 40 triremes en Mitilene por Calicrátidas. That Esa fuerza de liberación obtuvo una victoria sorprendente en la batalla de Arginusas, pero como consecuencia de esa batalla Teramenes se encontró en medio de una controversia enorme. Al final de la batalla, los generales al mando de la flota habían conferenciado para decidir sus próximos pasos. Varios insistieron ne las urgencias que les incumbían a cada uno; 50 barcos peloponesios bajo Eteónico permanecieron en Mitilene, bloqueando a Conón, y la acción decisiva acción de los atenienses podía conducir a la destrucción de esa fuerza, pero, al mismo tiempo, tuvieron que ser enviados barcos para recuperar a los marineros de veinticinco trirremes atenienses hundidos o dejados incapacitados en la batalla. Por lo tanto, ocho generales, con la parte más grande de la flota, emprendieron viaje a Mitilene, mientras una fuerza de rscate bajo Trasíbulo y Teramenes, ambos querían ser trierarcas en esta batalla, pues habían servido como generales en campañas previas, se quedaron retrasados para recoger a los supervivientes y recuperar los cadáveres para el entierro.<ref>Para la batalla y la decisión de los generales, véase Diodoro, Biblioteca, 13.98-100 y Jenofonte, Helénicas, 1.6.29-35. para una sínteis y análisis moderno, véase Kagan, The Peloponnesian War, 454-61.</ref> En este punto, sin embargo, a una grave tormenta estalló, y ambos ejército fueron empujados a tierra. Eteónico escapó, un gran número de marineros atenienses - los cálculos aproximados respecto a la cifra precisa alcanza a cerca de 1.000, y a no menos de 5.000 - ahogados.<ref>Kagan (The Peloponnesian War, 459) da la cifra de "quizás mil", mientras Fine (The Ancient Greeks, 515) declara "entre 4.000 y 5.000"</ref>
Poco después de que las noticias de esta tragedia pública llegaran a Atenas, una controversia enorme estalló sobre la atribución de la culpa por la chapuza de rescate. La gente estaba furioso por la pérdida de tantos marineros, y por el fracaso de recuperar los cuerpos de los muertos para su entierro, y los generales sospechaban que Trasíbulo y Teramenes, que ya habían regresado a Atenas, podrían haber sido responsables de azuzar a la asamblea contra ellos, y escribieron cartas a la gente que denunciaban a los dos trierarcas como responsables del rescate fallido.<ref>El relato segudio es el de Diodoro, 13.101. Jenofonte, en 1.7, da un relato diferente que pone la mayoría de la culpa sobre el juicio y ejecución sobre los hombros de Teramenes. Especialistas modernos (véase Fine The Ancient Greeks, 514-15, Kagan, The Peloponnesian War, 461-66, y Hornblower, The Greek World, 151) han preferido generalmente el relato de Diodoro, por varias razones. Véase la sección de historiografía.</ref> Trasíbulo y Teramenes fueron llamados ante la asamblea para defender su comportamiento; en su defensa, Teramenes presentó una carta de los generales en la cual culpaban sólo a la tormenta del percance;<ref>Jenofonte, Helénicas 7.1.4</ref> Los trierarcas fueron exonerados, y la cólera pública ahora se volvió contra los generales.<ref>Diodoro Sículo, Biblioteca 13.101.4</ref> Los ocho fueron depuesto de su cargo, y llamados a Atenas para someterse a juicio. Dos huyeron, pero seis regresaron como ordenaron para afrontar los cargos contra ellos.<ref>Jenofonte, Helénicas 1.7.1</ref>
Diodoro apunta que los generales cometieron un error crítico intentando culpar a Teramenes. "Porque," manifiesta, "aunque ellos podían haber tenido la ayuda de Teramenes y sus socios en el juicio, ambos hombres eran oradores capaces y tenían muchos amigos y, los más importante de todo, habían sido partícipes de los hechos relativos a la batalla, los tenían, sin embargo, como adversarios y acusadores."<ref>Diodoro Sículo, Biblioteca 13.101.3</ref> Cuando llegó el juicio, los numerosos aliados políticos de Teramenes estaban entre los jefes de la facción que pedían su condena.<ref>Diodoro Sículo, Biblioteca 13.101.7</ref> Una serie amarga de debates y procedimientos judiciales se sucedieron cuando la asamblea discutió sobre qué hacía con los generales. Al principio, parecía que podrían ser tratados con clemencia, pero al final desmostraciones públicas de duelo de las familias de los difuntos y la agresiva acusación de un político llamado Calixeno decantó la opinión de la asamblea; los seis generale fueron juzgados como grupo y ejecutados.<ref>Jenofonte, Helénicas 1.7.1-34</ref> El público ateniense, cuando el pesar y la cólera provocada por el desastre se enfriaron, llegaron a lamentar su acción, y durante miles de años los historiadores y comentaristas han destacado el incidente como quizás el más grande error judicialque el gobierno de la ciudad alguna vez perpetró.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 466</ref>
[editar] Negociaciones de paz
En 405 adC, la flota ateniense fue derrotada y destruida por la flota peloponesia bajo Lisandro en la batalla de Egospótamos, en el Helesponto. Sin suficientes fondos para construir otra flota, los atenienses sólo podían esperar que Lisandro navegara hacia el oeste a través del Egeo hacia su ciudad. Bloqueados por tierra y mar, con sus suministros de alimentos disminuyendo, los atenienses enviaron embajadores al rey espartano Agis, cuyo ejército estaba acampado fuera de sus murallas, ofreciendo unirse a la alianza espartana si les era permitido conservar sus murallas y puerto; Agis, afirmando que no tenía poder de negociar, envió embajadores a Esparta, pero allí les dijeron que, si quisieran la paz realmente, debían llevar mejores propuestas a los espartanos.<ref>Jenofonte, Helénicas 2.2.1-14</ref> Los atenienses fueron inicialmente intransigentes, yendo tan lejos como encarcelar a un hombre que sugirió que demolieran los Muros Largos cuando los espartanos insistieron,<ref>Jenofonte, Helénicas 2.2.15</ref> pero la realidad de su situación les obligó a que consideraran pronto una solución negociada. En esta situación, Teramenes, en un discurso en la asamblea, pidió que se enviara un embajador a Lisandro (que estaba sitiando Samos) para determinar las intenciones espartanas hacia Atenas; también dijo que había descubierto algo que podía mejorar la situación de los atenienses, aunque declinó compartirlo con los ciudadanos.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 480</ref> Esta petición fue concedida, y Teramenes navegó a Samos para encontrarse con Lisandro; desde allí, fue enviado a Esparta, quizás deteniéndose en Atenas en el camino.<ref>Véase Lisias, Contra Eratóstenes, 68-71 y Contra Agorato 9-14 y Jenofonte, Helénicas 2.2.16-20; para informaciones actuales, véase Hornblower, The Greek World, 151-2, y Kagan, The Peloponnesian War, 480-1.</ref> En Esparta, con representantes de todos los aliados de Esparta presentes, Teramenes y sus colegas negociaron los términos de la paz que finalizaba la guerra del Peloponeso; los Muros Largos y las murallas del Pireo fueron demolidos, el tamaño de la flota atenienses fue bruscamante limitado, y la política externa ateniense fue subordinada a la de Esparta;<ref>Jenofonte, Helénicas 2.2.19-20</ref> El tratado también estipulaba que los atenienses usaran "la constitución de sus antepasados".<ref>Diodoro Sículo, Biblioteca 14.3.2</ref> Teramenes volvió a Atenas y presentó los resultados de las negociaciones a la asamblea; aunque algunos todavía estaban a favor de aguantar, la mayoría votó aceptar los términos; la guerra del Peloponeso, después de 28 años, había terminado.<ref>Jenofonte, Helénicas 2.2.21-23</ref>
[editar] Los Treinta Tiranos
Como consecuencia de la rendición de Atenas, los Muros Largos fueron derribados y las tropas que sitiaban la ciudad regresaron a sus hogares; una guarnición espartana permaneció probablemente en Atenas para supervisar el desmantelamiento de las murallas; Lisandro navegó a Samos para completar el asedio de esta ciudad.<ref>Fine, The Ancient Greeks, 519</ref> Otra cláusula del tratado que había puesto fin a la guerra había permitido a todos los exiliados regresar a Atenas, y estos hombres, muchos de los cuales eran agitadores oligárquicos expulsados por la democracia, estaban trabajando duro meses después del tratado.<ref>Fine, The Ancient Greeks, 519</ref> Cinco "superintendentes" fueron nombrados por los miembros de los clubes sociales oligárquicos para planear la transición to an oligarquía.<ref>Lisias, Contra Eratóstenes, 43</ref> En julio de 404 adC, pidieron a Lisandro que volviera a Atenas, donde supervisó el cambio de gobierno; un político oligarca, Dracóntides, propuso en el consejo depositar el gobierno en manos de treinta hombres escogidos; Teramenes apoyó esta moción,<ref>Diodoro, en 14.3.6-7, dice que Teramenes se opuso a la moción hasta ser obligado por Lisandro a abandonar su objeción, pero esto parece ser una propaganda hecha circular por sus socios en los años posteriores a su muerte; véase Harding, The Theramenes Myth, 107.</ref> y, con Lisandro amenazando con castigar a los atenienses por a dejar de desmantelar los muros rápida y suficientemente a menos que lo hiceran, lo pasó a la asamblea.<ref>Lisias, Contra Eratóstenes, 73-75</ref> Treinta hombres fueron seleccionados: diez apoyados por los "supervisores", diez elegidos por Teramenes (incluido él mismo), y diez elegidos por Lisandro.<ref>Lisias, Contra Eratóstenes, 76</ref>
Este gobierno, que pronto fue conocido como los "Treinta Tiranos" por sus excesos y atrocidades, empezó rápidamente a establecer su control sobre la ciudad . Los oligarcas, dirigidos por Critias, uno de los "supervisores" y antiguo exiliado, pidió una guarnición espartana para asegurar su seguridad e inició un reinado de terror, ejecutando a cualquier hombre que pensara podría poseer la suficiente iniciativa para desafiarlos.<ref>Jenofonte, Helénicas 2.3.11-14</ref> Esta campaña fue dirigida por Teramenes y los líderes de los Treinta; inicialmente partidario de Critias, Teramenes argumentó que ahora era innecesario ejecutar a hombres que no habían mostrado ninguna señal de desear ningún mal a la oligarquía, tan sólo porque habían sido populares bajo la democracia.<ref>Jenofonte, Helénicas 2.3.15</ref> Esta protesta, sin embargo, fracasó en retrasar el ritmo de las ejecuciones, así que Teramenes argumentó que, si la oligarquía debía, por fuerza, gobernar, debía al menos ampliar su base;<ref>Aristóteles, Constitución de los atenienses, 36</ref> temeroso de que Teramenes pudiera dirigir un movimiento popular contra ellos, Critias y los jefes de los Treinta hicieron pública una lista de 3.000 hombres que podrían ser asociados al nuevo gobierno. Cuando Teramenes objetó otra vez que este número era bastante pequeño, los jefes organizaron una revista militar para organizar después lo que los ciudadanos habían ordenado para apilar sus armas; con ayuda de la guarnición espartana, los oligarcas confiscaron todas las armas excepto aquellas que pertenecían a los 3.000.<ref>Jenofonte, Helénicas 2.3.17-20</ref> Esto, marcó incluso el principio de los excesos más grandes; para pagar los sueldos de la guarnición espartana, Critias y los líderes ordenaron a cada uno de los Treinta arrestar y ejecutar a un meteco y confiscar sus propiedades. Teramenes, protestando que esta acción era peor que los peores excesos de la democracia, rehusó seguir la orden.<ref>Jenofonte, Helénicas 2.3.21-22</ref>
Critias y sus compatriotas, teniendo en cuenta estos acontecimientos, decidieron que Teramenes se había convertido en una amenaza intolerable para su gobierno; en consecuencia, habló ante la asamblea de los 3.000, y Critias denunció a Teramenes como traidor nato, siempre preparado para cambiar sus lealtades políticas según las conveniencias del momento.<ref>Jenofonte, Helénicas 2.3.23-34</ref> Fue etiquetado con el apodo de "coturno", el nombre de una bota llevada en el escenario que podía servir para ambos pies; Teramenes, proclamó, estaba preparado para servir a cualquier causa democrática u oligárquica, buscando sólo promover su propio interés personal. Teramenes replicó apasionadamente y negó que su política hubiera sido incoherente alguna vez.<ref> Para este discurso, véase Jenofonte, Helénicas, 2.3.35-49.</ref> Insistió, que había preferido siempre una política moderada; ni una democracia extremista ni una oligarquía extremista, y sostenido el ideal de un gobierno compuesto de hombres con al menos estatus de hoplita, que podrían ser utilizados por el estado. Este discurso tuvo un gran efecto sobre la audiencia, y Critias vio que, si hubiera que dirigir el voto, Teramenes debería ser absuelto.<ref> Para los acontecimientos a partir del final del juicio, véase Jenofonte, Helénicas, 2.3.50-56.</ref> Por lo tanto, después de conferenciar con los Treinta, Critias ordenó a hombres con dagas que bordearan el escenario en frente de la audiencia y luego golpearan el nombre de Teramenes de la lista de los 3.000, negándole su derecho a un juicio.</ref>Aristóteles (Constitución de los atenienses, 37) da una descripción ligeramente diferente de la sentencia a muerte de Teramenes. Afirma que "Teramenes fue ejecutado después de que Trasíbulo ocupara Filé y afirma que los Treinta introdujeron dos leyes en el Consejo de los 3.000, con órdenes de aprobarlas; una era para dar a los Treinta poderes absolutos para ejecutar a cualquier ciudadano que no fuera miembro de la lista de los Tres Mil, y la otra prohibía participar en el gobierno a todos los que habían tomado parte en la demolición del fuerte de Etionía <ref> Etionía era una lengua de tierra del Pireo, y el fuerte, comenzado por Los Cuatrocientos para facilitar la entrada de la flota espartana e impedir la de la flota de Samos al mando de Alcibíades, fue incitado a ser destruido por Terames y sus partidarios (Tucídides, VIII, 90 y 92).</ref> o habían hecho algo contra Los Cuatrocientos, que habían establecido la anterior oligarquía; en ambos hechos había participado Teramenes, con el resultado de que cuando las leyes habían sido ratificadas se hizo fuera de la constitución y los Treinta tenían autoridad para decretar su muerte." <ref> A mediados del siglo anterior, sin embargo, los eruditos prefirieron el relato de Jenofonte.</ref> Teramenes, saltando a un altar cercano, reprendió a la asamblea que permitiera su homicidio, pero fue en vano; los Once, guardianes de la prisión, le introdujeron en ella, lo arrastraron, y le obligaron a beber una copa de cicuta. Teramenes, imitando un popular juego de bebida, (el cótabo) en el que el bebedor brindaba por un amante, cuando acabó su copa, tragó el veneno y lanzó los restos al suelo exclamando "A la salud de mi amado Critias!”<ref>Jenofonte, Helénicas, 2.3.56</ref>
[editar] Historiografía
Teramenes llevó una vida polémica, y su muerte no terminó con la crítica de sus acciones. En los años posteriores a su muerte, su reputación se convirtió en objeto de controversia cuando sus antiguos colegas hubieron de defenderse ante los fiscales de la restaurada democracia (el régimen de lo Treinta había durado hasta 403 adC). Parece que, cuando se defendieron ante los jurados atenienses simpatizantes de la democracia, los compañeros de Teramenes en la oligarquía intentaron exculparse relacionando sus acciones con las de Teramenes y retratándole como un firme defensor de la democracia ateniense; ejemplos de ello se pueden encontrar en la obra de Diodoro Sículo y en el Papiro de Teramenes, una obra fragmentaria descubierta en 1968.<ref>Harding, The Theramenes Myth, 107-9</ref> En dos discursos de Lisias, Contra Eratóstenes y Contra Agorato, Teramenes es retratado como traidor y autointeresado, y que con sus maquinaciones hace un tremendo daño a la causa ateniense.<ref>Perrin, The Rehabilitation of Theramenes, 664</ref> Jenofonte, hostil en las primeras partes de su obra hasta donde detuvo su trabajo (Helénicas, II, 3, 10), cambió de opinión y su retrato de Teramenes durante el gobierno de los Treinta Tiranos fue más favorable que el de sus primeros años. <ref>Andrewes, The Arginousai Trial, 114-115</ref> Un último retrato es el ofrecido por Aristóteles, quien, en su Constitución de los atenienses, habla de Teramenes como un ciudadano modelo y moderado;<ref>Perrin, The Rehabilitation of Theramenes, 668-9</ref> Los historiadores han discutido el origen de este relato, y algunos afirman que es el producto de la propaganda de un moderado partido "terameniano", muestra del interés que Teramenes seguía produciendo en el siglo IV adC; mientras que otros, como Philip Harding, no ven evidencias de esta tradición y afirman que el retrato de Aristóteles sobre Teramenes se debe sólo a su propia revalorización del político. <ref>Harding, The Theramenes Myth, 110-11; see also Keaney, A Source/Model of Aristotle's Portrait of Theramenes, 40-41.</ref>
Pocas figuras antiguas como Teramenes, han pasado por tan dramáticos cambios de reputación a los ojos de los modernos especialistas, desde el siglo XIX. Antes de dicho siglo, eran ampliamente aceptados los relatos desfavorables de Jenofonte y Lisias, y Teramenes fue execrado como traidor y culpado de instigar a la ejecución de los generales que participaron en Arginusas.<ref>Harding, The Theramenes Myth, 101-2</ref><ref>Andrewes, The Arginousai Trial, 112</ref> El descubrimiento de la Constitución de los atenienses de Aristóteles, en 1890, dio marcha atrás a esta tendencia, propiciando una amplia revalorización del personaje,<ref>Harding, The Theramenes Myth, 101</ref> . Además, el relato del juicio de Arginusas de Diodoro ha sido preferido por los especialistas, sobre todo, desde que Antony Andrewes denostó, en los años 70, el relato de Jenofonte; Diodoro, aunque ignorado en sus momentos más melodramáticos, como en su elaborada presentación de los últimos momentos de Teramenes,<ref>Andrewes, The Arginousai Trial, 120</ref> es preferido actualmente en varios asuntos, y en el juicio de Arginusas en particular.<ref>Hornblower, The Greek World, 151</ref> Aristófanes, en Las ranas, se burla de la habilidad de Teramenes para liberarse de aprietos, pero no se pronuncia sobre los terribles acontecimientos que siguieron a la batalla de Arginusas, de los cuales los eruditos consideran especialmente culpable a Teramenes, y ven una exacta descripción de cómo fue percibido Teramenes en su tiempo; Lisias, que ataca a Teramenes despiadadamente en muchas cosas, no dice nada negativo sobre las consecuencias de Arginusas.<ref>Andrewes, The Arginousai Trial, 121-22</ref>
Las últimas obras aceptan a Teramenes como moderado. Donald Kagan ha dicho de él "....toda su carrera revela que era un patriota y un auténtico moderado, sinceramente comprometido con una constitución que concedía el poder a la clase hoplita, tanto en las formas de una democracia limitada como en las de una oligarquía de base amplia";<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 379</ref> mientras que John Fine ha apuntado que "como muchas personas que siguen un línea política de centro, fue odiado por los extremistas."<ref>Fine, The Ancient Greeks, 521</ref> La constitución de los Cinco Mil es reconocida como su obra política maestra;<ref>Fine, The Ancient Greeks, 506</ref> dice que su intento de producir un cambio hacia la moderación, en 404 adC, condujo directamene a su muerte. Esa muerte se hizo famosa y la historia de los momentos finales de Teramenes ha sido repetida una y otra vez durante toda la historiografía clásica. "Porque encontró que su muerte desafiaba a un tirano", John Fine apunta "es fácil idealizar a Teramenes."<ref>Fine, The Ancient Greeks, 521</ref> Desde su muerte, Teramenes ha sido tanto idealizado como injuriado; sus siete breves años de carrera, en los últimos años de la guerra del Peloponeso, han sido objetos de innumerables y diferentes interpretaciones. Ha surgido una figura compleja de las polémicas obras contemporáneas, que describen su carrera, un personaje que mantuvo un rumbo peligroso a través del caos de la escena política ateniense de finales del siglo V adC; aunque los historiadores, de una u otra forma, desde la antigüedad hasta el presente, han ofrecido los más opuestos retratos, quizá sólo las líneas generales de su vida política puedan ser conocidas con certeza.
[editar] Referencias
- Andrewes, A. "The Arginousai Trial", Phoenix, Vol. 28 No. 1 (Spring 1974) pp. 112-122
- Fine, John V.A. The Ancient Greeks: A critical history (Harvard University Press, 1983) ISBN 0-674-03314-0
- Harding, Philip. "The Theramenes Myth", Phoenix, Vol. 28, No. 1 (Spring 1974), pp. 101-111
- Hornblower, Simon. The Greek World 479-323 BC (Routledge, 1991) ISBN 0-415-06557-7
- Kagan, Donald. The Peloponnesian War (Penguin Books, 2003). ISBN 0-670-03211-5
- Keaney, John J. "A Source/Model of Aristotle's Portrait of Theramenes". The Classical Journal, Vol. 75, No. 1 (Oct.–Nov. 1979)pp.40-41
- Peck, Harry Thurston (1898). Harper's Dictionary Of Classical Literature And Antiquities.
- Perrin, Bernadotte, "The Rehabilitation of Theramenes", The American Historical Review, Vol. 9 No. 4 (July 1904) pp.649-669
[editar] Notas
<references/>
de:Theramenes el:Θηραμένης en:Theramenes fr:Théramène it:Teramene nl:Theramenes no:Theramenes ru:Терамен

