Tarraconense
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| Tarraconense | |
|---|---|
| Localización de la provincia Tarraconense (en rojo) en el Imperio Romano. | |
| Anexionada en: | 27 adC, sustituyendo a la Hispania Citerior |
| Emperador romano: | César Augusto |
| Capital: | Colonia Vrbs Triumphale Tarraco (Tarragona) |
| Fronteras (provincias): | Sudoeste: Lusitania y Bética Nordeste: Aquitania y Narbonense |
| Correspondencia actual: | Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja, Aragón, Valencia, Región de Murcia, Madrid, Cataluña, gran parte de Castilla y León y Castilla-La Mancha y Norte de Portugal desde el río Duero. |
La Tarraconense (del Latín Hispania Citerior Tarraconensis) fue una provincia romana y después visigoda de Hispania. Su capital fue la Colonia Iulia Vrbs Triumphalis Tarraco, la actual Tarragona, de la que tomaba su nombre.
[editar] Geografía y organización político-adminitrativa de la provincia Tarraconensis
[editar] Límites y extensión
La provincia Hispania Citerior Tarraconensis, en su momento de mayor extensión abarcaba las dos terceras partes de la Península Ibérica, y, por lo tanto, incluía las regiones al norte y al sur del Ebro, desde los Pirineos al norte hasta Sagunto al sur, el valle de Duero, excepto la zona de su orilla meridional entre el Tormes y su desembocadura en Cale (Oporto, Portugal), los valles del Tajo y del Guadiana hasta los límites con la Lusitania, y el extremo oriental de Andalucía, al este de la frontera de la Baetica que discurría desde Cástulo (Linares), pasando por Acci (Guadix) hasta La Bahía de Almería, quedando dichas zonas (que durante varios años pertenencieron a la Baetica) en territorio tarraconense; al este limitaba con el mare Nostrum -mar Mediterráneo-, y al oeste con el Océano Atlántico y al Norte con el Cantábrico y la cordillera de los Pirineos, que la separaba del sur de la Galia, es decir, de las provincias romanas de Aquitania y Galia Narbonense.
De la Tarraconensis, fueron escindidas posteriormente la Gallaecia y la Cartaginensis, ambas en el siglo III, y la Balearica de la Cartaginensis, a finales del siglo IV, siendo transformadas en provincias independientes.
[editar] Organización administrativa
Por decisión de Augusto en 27 adC, la Tarraconensis fue una provincia imperial, al igual que la Lusitania, mientras que la Bética fue senatorial; la Tarraconensis tenía rango consular, mientras que las otras dos provincias eran de rango pretorio.
Al frente de la Tarraconensis se encontraba el Gobernador de la provincia -Legatus Augusti pro Praetore Provinciae Hispaniae Citerioris Tarraconensis-, cuyo officcium se encontraba en la capital provincial, la Colonia Tarraco. En época de Augusto y Tiberio, según indica Estrabón, tenía como subordinados a tres legados al frente de tres legiones, que fueron reduciéndose a dos bajo Calígula y a uno a partir de Nerón.
Las grandes dimensiones de la provincia determinaron que, en algún momento entre Tiberio y Claudio, el gobernador recibiese como auxiliares en la administración de justicia a siete legados, llamados legati iuridici (sing. legatus iuridicus), al frente de sendos conventus iuridicus. Estos legati eran nombrados directamente por el emperador. Estos siete conventos jurídicos eran:
- El Lucensis, con capital en el ¿Municipium? Lucus Augusti (Lugo).
- El Bracarensis, con capital en el Municipium Bracara Augusta (Braga).
- El Asturicensis, con capital en el Muncipium Asturica Augusta (Astorga).
- El Cluniensis, con capital en la Colonia Clunia Sulpicia (Coruña del Conde).
- El Carthaginensis, con capital en la Colonia Carthago Nova (Cartagena).
- El Caesaraugustanus, con capital en la Colonia Caesar Augusta (Zaragoza).
- El Tarraconensis, con capital en la Colonia Tarraco (Tarragona).
En cada una de las sedes conventuales, se organizó el culto imperial, dedicado a los genii imperatoris y a los emperadores divinizados, con un sacerdocio propio masculino -flamines augusti- y femenino -flaminicae augusti-, elegidos de entre las élites de las comunidades privilegiadas -coloniae et muncipia- de la provincia. Anualmente, se designaba de entre ellos a un flamen y una flaminica -no era extraño que fuesen matrimonio- para ocuparse del culto imperial a nivel provincial, desempeñando sus funciones en el foro provincial de la capital de la provincia, la colonia Tarraco.
La administración financiera de la Tarraconensis, por su parte, dependía de un procurador imperial -procurator Caesaris-, miembro del ordo equester, cuyo officium también tenía su sede en la capital de la provincia. Sin embargo, a partir de finales del siglo I o comienzos del siglo II, la zona de minería aurífera del noroeste de la provincia empezó a ser administrada por un procurador específico -procurator metallorum-, cargo desempeñado normalmente un liberto imperial, que tenía la sede de su officum en Asturica Augusta, capital del conventus Asturicensis.
[editar] El tejido urbano de la provincia
Según los geógrafos antiguos Estrabón, Plinio, quien fue procurator de la provincia, y Ptolomeo, el número de ciudades de la Tarraconensis era considerable, sobre todo en el valle del Ebro.
Sin contar las Baleares, Plinio afirma que en los 7 conventos existían 472 ciudades o comunidades, de las cuales 293 eran populi -comunidades no urbanas-, y las otras 179 estaban divididas en 12 colonias, 13 ciudades con pleno derecho de ciudadanía -oppida civium Romanorum-, 18 municipios de derecho latino antiguo, 1 ciudad federada -aliada sin derecho de ciudadanía- y 135 ciudades tributarias.
Las comunidades privilegiadas de origen cesariano, triunviral o augusteo, colonias y municipios, fueron adscritas a la tribu Galeria, excepto Caesaraugusta, que lo fue a la Aniense.
En el año 74 d.C., Vespasiano otorgó la ciudadanía latina menor -ius latii minor- a todas los comunidades de Hispania, lo que permitía obtener la ciudadanía romana a todas aquellas personas que hubieran desempeñado magistraturas municipales -Duovirato o edilidad- en su comunidad.
Este derecho fue aprovechado por bastantes comunidades estipendiarias de la Tarraconensis para transformarse en municipios, como es el caso de Nova Augusta (Lara de los Infantes, Burgos), Bergidum Flavium (Torre del Bierzo, El Bierzo, León), Segovia, Duratón (Segovia, ¿tal vez Confluenta?), o Aqua Flaviae (Chaves, Portugal), por citar unas pocas. Los ciudadanos romanos así promocionados en todos estos nuevos municipios fueron adscritos a la tribu Quirina, y así lo hacían constar en la origo dentro de su nombre.
Las ciudades importantes, de fundación romana o con origen prerromano, de la provincia fueron:
- Tarraco (Tarragona), Colonia cesariana y de Augusto
- Barcino (Barcelona), Colonia de César y Augusto
- Ilerda (Lérida), Municipio de Augusto
- Aeso (Guissona, Lérida), Municipio Flavio
- Iulia Libica (Llivia, Gerona), Municipio de César
- Ausa (Vic, Barcelona), Muncipio de Augusto
- Baetulo (Badalona, Barcelona), Municipio de Augusto
- Emporiae (Ampurias, Gerona), Colonia de César
- Gerunda (Gerona), Municipo de Augusto
- Baetulo (Badalona, Barcelona), Colonia de Augusto
- Dertosa (Tortosa, Tarragona), Municipio de Augusto
- Osca (Huesca), Municipio de Augusto
- Iaca (Jaca, Huesca), Municipio ¿?
- Labitolosa (La Puebla de Castro, Huesca), Municipio Flavio
Imagen:Teatro Romano Cesaraugusta-vista desde arriba-3.jpg
- Caesar Augusta (Zaragoza), Colonia de Augusto
- Bilbilis (Calatayud, Zaragoza), Municipio de Augusto
- Turiaso (Tarazona, Zaragoza), Municipio de Augusto
- Celsa (Velilla de Ebro, Zaragoza), Colonia triunviral
- Arcobriga (Monreal de Ariza, Zaragoza)
- Osicerda (La Puebla de Híjar, Teruel), Municipio de Augusto
- Segontia (Sigüenza, Guadalajara)
- Carthago Nova (Cartagena), Colonia desde César
- Valentia (Valencia), Colonia de Augusto
- Saguntum (Sagunto, Valencia), Municipio cesariano
Imagen:Faro Torre Hércules La Coruña Galicia España.jpg
- Saetabi (Játiva, Valencia), Municipio de Augusto
- Illici (Elche, Alicante), Colonia de Augusto
- Edeta (Liria, Valencia), Municipio de Augusto
- Dianum (Denia, Alicante), Municipio de Augusto
- Lucentum (Alicante), Municipio de Augusto
- Pompaelo (Pamplona, Navarra), Municipio bajo César
- Vareia (Logroño, La Rioja), Municipio de Augusto
- Tritium Magallum (Tricio, La Rioja), Municipio Flavio
- Libia (Herramélluri, La Rioja), ¿Municipio Flavio?
- Cascantum (Cascante, Navarra), Municipio de Augusto
- Calagurris (Calahorra, La Rioja, Municipio bajo César
- Oiasso (Irún, Guipúzcoa) ¿Municipio?
- Veleia (Iruña de Oca, provincia de Álava), Municipio de Augusto
- Flaviobriga (ciudad romana) (Castro Urdiales, Cantabria), Colonia bajo Vespasiano
- Portus Victoriae Iuliobrigensium (Santander, Cantabria), ¿Municipio Flavio?
- Portus Blendium (Suances, Cantabria) ¿Municipio?
- Iuliobriga (Retortillo, cerca de Reinosa, Cantabria), Municipio flavio.
- Gigia (Gijón, Asturias), ¿Municipio Flavio?
- Lucus Asturum (Lugo de Llanera, Asturias)
- Flavionavia (¿Pravia?, Asturias), ¿Municipio Flavio?
- Flavium Brigantium (La Coruña), Municipio Flavio
- Iria Flavia (Padrón, La Coruña), Municipio Flavio
- Vico Spacorum (Vigo, Pontevedra) Municipio Flavio
- Lucus Augusti (Lugo), ¿Municipio de Augusto?
- Municipium Limicorum (Ginzo de Limia, provincia de Orense), Municipio Flavio
- Bracara Augusta (Braga, Portugal) ¿Municipio de Augusto?
- Aquae Flaviae (Chaves, Portugal), Municipio Flavio
- Cale y Portum Cale (Oporto, Portugal), ¿Municipio?
- Palantia (Palencia), ¿Municipio Flavio?
- Clunia (Coruña del Conde, Burgos) Municipio de Tiberio y colonia bajo Vespasiano
- Occilis (Medinaceli, Soria), ¿Municipio Flavio?
- Numantia (Numancia, Soria), ¿Municipio Flavio?
- Tiermes (Montejo de Tiermes, Soria), Municipio bajo Tiberio
- Uxama argaela (El Burgo de Osma, Soria), Municipio bajo Tiberio
- Augustobriga (Muro de Ágreda, Soria), ¿Municipio Flavio?
- Palantia (Palencia), ¿Municipio Flavio?
- Pintia (Padilla de Duero, Valladolid),
- Intercatia (Montealegre de Campos, Valladolid), ¿Municipio Flavio?
- Albocela (Villalazán, Zamora) ¿Municipio Flavio?
- Septimanca (Simancas, Valladolid)
- Rauda (Roa, Burgos), ¿Municipio Flavio?
- Deobrigula (Tardajos, Burgos)
- Segisama Iulia (Sasamón, Burgos), Municipio Flavio
- Nova Augusta (Lara de los Infantes, Burgos), Municipio Flavio
- Cauca (Coca, Segovia), Municipio Flavio
- Confluenta (Duratón, Segovia), Municipio Flavio
- Segovia (Segovia), Municipio Flavio
- Brigeco (Dehesa de Morales de las Cuevas, [Castro Gonzalo], Zamora), Municipio Flavio
- Asturica Augusta (Astorga, León), ¿Municipio de Augusto?
- Legio VII Gemina (León), cannaba de la Legio VI Victrix y después de la Legio VII Gemina
- Lancia (Villasabariego, León) Municipio Flavio
- Bedunia (San Martín de Torres, León)
- Bergidum Flavium (Torre de el Bierzo, León) Muncipio Flavio
- Interamnium Flavium (Bembibre, León) Municipio Flavio
- Toletum (Toledo), Municipio de Augusto
Imagen:Roman aqueduct Tarragona.jpg
- Caesarobriga (Talavera de la Reina, Toledo), Municipio bajo César
- Segobriga (Saelices, Cuenca), Municipio de Augusto
- Valeria (Valeria, Cuenca), Municipio de Augusto
- Ercavica (Cañaveruelas, Cuenca), Municipio de Augusto
- Complutum (Alcalá de Henares, provincia de Madrid), Municipio de Augusto
- Titulcia (Titulcia, Madrid), Municipio flavio.
- Libisosa (Lezuza, Albacete), Colonia de Augusto
- Salaria (Úbeda, Jaén ), Colonia de Augusto
- Sisapo (Almodóvar del Campo, Ciudad Real), Municipio Augusteo
- Castulo (Linares, Jaén), Municipio desde César
- Acci (Guadix, Granada), Colonia de Augusto
- Ulia (Montemayor, Córdoba), Municipio de Augusto
[editar] Distribución de las guarniciones militares romanas en la provincia
Terminadas las Guerras Cántabras (26 adC-19 adC) quedaron establecidas en la provincia Tarraconensis tres legiones:
- La VI Victrix (hasta el 70 d.C) en Legio (actual León).
- La X Gémina (hasta el 63 d.C.) en Petavonium (Rosinos de Vidriales, Zamora).
- La IV Macedónica (hasta el 43 d.C.) en Pisoraca (Herrera de Pisuerga, Palencia).
Estas legiones estuvieron complementadas por varias unidades auxiliares, como el Ala Parthorum, o la Cohors IV Gallorum.
En 70, por orden de Vitelio, la Legio X Gemina volvió a la Península, acompañada por la Legio I Adiutrix, aunque ambas, junto con la VI Victrix, se declaron partidarias de Vespasiano, quien las envió rápidamente a Germania.
Posterioriormente, en el año 74, Vespasiano ordenó que, en León, sobre el antiguo campamento de la Legio VI Victrix, estableciese sus reales la Legio VII Gemina, que sirvió de guarnición permanente en la provincia hasta comienzos del siglo V.
Esta unidad destinó una vexillatio al servicio del gobernador en Tarraco, otra al servicio del gobernador de la Lusitania en Emerita Augusta, y otra en la zonas mineras del Bierzo y del norte de Portugal, además de suministrar personal para el portorium de Tririum Magallum (Tricio, La Rioja) y la statio de Segisama (Sasamón, Burgos).
Adscritas a la Legio VII Gemina, desde, al menos, el último cuarto del siglo I, estuvieron cinco unidades auxiliares, que fueron las siguientes:
- Ala II Flavia Hispanorum civium romanorum, acantonada en Petavonium (Rosinos de Vidirales, Zamora).
- Cohors I Celtiberorum Equitata civium romanorum, con base en Sobrado dos Monxes (La Coruña), en el territorio del Municipum Flavium Brigantia.
- Cohors I Galica Equitata civium romanorum, acampada en Pisoraca, (Herrera de Pisuerga, Palencia).
- Cohors III Lucensium, con sus reales en Lucus Augusti (Lugo).
- Cohors II Galica, destacada en el desconocido ad cohortem Galicam.
[editar] Historia de la Tarraconense
[editar] Antecedentes
La provincia Hispania citerior Tarraconensis de época augustea nació como directa sucesora de la provincia Hispania Citerior de época republicana. Sus antecedentes, como el de toda la reorganización augustea de Hispania, hay que buscarlos en la división entre los tres legados de Pompeyo en Hispania en el momento final de la República, inmediatamente antes de la guerra civil con César:
- Afranio en la Hispania Citerior tres legiones
- Petreius en la parte oriental de la Hispania Ulterior con dos legiones
- Varo en el occidente de la Hispania Ulterior con dos legiones
Esta división fue consolidada por Augusto en el año 27 adC, que estableció formalmente las tres provincias con los nombres de Hispania Cietrior Tarraconensis, Hispania Vlterior Lusitania, y Hispania Vlterior Baetica. Las dos primeras eran provincias imperiales y la tercera era una provincia senatorial.
La creación de estas nuevas provincias fue realizada para poder afrontar la incorporación al territorio romano de las últimas zonas independientes de la Península, habitadas por galaicos, cántabros y astures, de forma que Augusto se reservó para su mando directo las zonas limítrofes a las de estos pueblos, aunque, en el caso de la Tarraconense engañó al Senado al incluir en una provincia militarizada y con serias amenazas bélicas una serie de comarcas pacificadas desde hacia más de 50 años, e intensamente urbanizadas y romanizadas, y que eran el valle del Ebro, las costas del Levante, y las zonas de Andalucía no pertenencientes al valle del Betis.
La provincia Tarraconense sirvió así como base para la anexión al Imperio de los cántabros durante las guerras astur-cántabras entre 27 adc y 19 adC, residiendo el propio Augusto en 27 adC-26 adC en Segisama (Sasamón, Burgos) y en Tarraco, donde llegó a recibir una embajada procedente de La India. Durante esta estancia peninsular, estuvo acompañado por su hijastro y futuro emperador Tiberio, quien sirvió como tribuno militar en el frente cántabro, iniciando con esta campaña su dilatada carrera de armas.
El nombre de la provincia le fue dado por el de su capital, la Colonia Vrbs TriumphaleTarraco. Sus límites fueron corregidos en 12 adC, al incorporar las zonas de galaicos y astures procedentes de la provincia Lusitania, y la zona minera en torno a Castulo, procedente de la provincia senatorial Baetica.
El objetivo de Augusto con esta reorganización fue conseguir que todas las tropas romanas de guarnición en Hispania estuviesen al mando de un sólo Legado, el de la Tarraconensis, y que las principales zonas mineras de metales preciosos -oro del Macizo Galaico-leonés y plata de Sierra Morena- estuviesen bajo directo control imperial, con un fácil acceso marítimo hacia Italia y Roma.
[editar] La labor de los emperadores Julio-claudios y Flavios: pacificación y romanización
Augusto, siguiendo las directrices fijadas por su tío y padre adoptivo Julio César, concedió a numerosas comunidades de la provincia el estatuto privelegiado, bien de colonia -las menos- bien de municipio, romano o latino antiguo, especialmente en la costa del Levante, la zona procedente de la Bética añadida a la provincia en 12 adC, y en el Valle del Ebro, con algunas fundaciones en las dos Submesetas y las zona noroeste.
Esta política fue continuada por Tiberio, quien, aumentó el número de municipios privilegiados en la Submeseta Norte.
Desde Augusto hasta Nerón, las intervenciones imperiales permitieron la regularización de los viejos caminos prerromanos y su conversión en vías perfectamente señalizadas, que vertebraron el territorio provincial, y permitieron a sus habitantes el contacto con la cultura romana -el latín se transforma en la lengua común provincial rápidamente, y se hablaba ya casi exclusivamente a mediados del siglo I- y el acceso a circuitos económicos más desarrollados, con economía monetaria y la llegada de productos de importanción, como cerámicas de lujo Aretinas bajo Augusto y Tiberio o Terra Sigillata Subgálica entre Calígula y Vespasiano.
Los resultados de la labor imperial en la provincia fueron los de una progresiva pacificación, sólo rota bajo Nerón con un conato de rebelión de los astures, fácilmente sofocada por el primus pilus de la Legio VI Victrix, lo que permitió reducir progresivamente la guarnición legionaria de la provincia. Así, bajo Calígula y Claudio se trasladó en 42-43 a la Legio IV Macedonica a Germania, y bajo Nerón, en 63 la Legio X Gemina fue enviada a Panonia.
En el año 68, la provincia estaba gobernada por Servio Sulpicio Galba, quien fue invitado por Vindex desde la Galia Narbonense a sublevarse contra Nerón, lo que Galba hizo tan pronto como tuvo noticia de que Nerón había decidido su muerte, y utilizó como coartada, según nos informa Suetonio, un oráculo de una joven vidente de dos siglo antes, que profetizaba que el nuevo señor del mundo saldría de Clunia.
Así, se proclamo emperador en Clunia, y, contando con el apoyo del gobernador de la Lusitania, el futuro emperador Otón, como primera medida, procedió a reforzar el ejército de la provincia, formado por la Legio VI Victrix y por dos Alae de caballería y tres Cohortes de infantería, reclutando varias unidades auxiliares, al menos tres cohortes de vascones, y la Legio VII Galbiana, para partir después hacia Roma y ocupar el poder.
Asesinado Galba, la provincia fue partidaria sucesivamente de Otón y de Vitelio, y, por último de Vespasiano.
Bajo Vespasiano, el grado de romanización de la provincia, y de toda Hispania era tal, que este emperador pudo promulgar el edicto de latinidad de 74, lo que permitió a numerosas comunidades urbanas de la provincia transformarse en municipios de derecho latino durante su reinado y el de sus hijos y sucesores, Tito y Domiciano.
Vespasiano decidió, también, que la provincia debía mantener una reducida guarnición militar, formada por la Legio VII Gemina Felix y sus unidades auxiliares, orientada fundamentalmente al apoyo de las labores del gobierno provincial, a labores policiales, y a la ayuda técnica y custodia de las explotaciones de metales preciosos de la provincia.
[editar] La paz provincial y el desarrollo económico
A lo largo del siglo I y del siglo II, la provincia proporcionó una importante aportación de metales preciosos al tesoro imperial, a través de las explotaciones auríferas del Noroeste, fundamentalmente de El Bierzo y del Norte de Portugal, y de las argentíferas de Cástulo y Sierra Morena. En este capítulo minero, también merece la pena reseñar la explotación de los yacimientos de hierro del País Vasco y de Navarra, y del Sistema Ibérico.
Así mismo, los romanos explotaron los yacimientos de cinabrio de Sisapo (Ciudad Real) para obtener mercurio, destinado, entre otros usos, a la fabricación de cosméticos.
Imagen:Terra Sigillata.jpg A partir de los años 70, en la zona de La Rioja, con centro en el Municipium Tritium Magallum (Tricio), la provincia mantuvo un importantísimo centro de producción alfarera, que perduraría hasta bien entrado el siglo VI, fabricando la cerámica de lujo Terra Sigilata Hispana. El movimiento económico generado fue tan importante que en Tricio existió un portorium para recaudar el impuesto llamado centessima rerum venalium.
En el capítulo de la producción cerámica, merece la pena reseñar también los alfares de cerámica común de Melgar de Tera (Zamora), que empezaron a funcionar en el siglo I en relación con el abastecimiento de las tropas imperiales acantonadas en Petavonium, y con la venta de alfarería a la población civil del entorno. Sus producciones alcanzaron Legio. Estuvieron en funcionamiento hasta el siglo IV.
La agricultura de tipo mediterráneo -Olivar, viñedo y cereal- fue especialmente floreciente en todas las comunidades de la zona levantina, destacando la articulación de una importante zona de regadío en la parte media del valle del Ebro, entre Vareia y Caesar Augusta, como prueban el Bronce de Agón y los importantes restos de infraestructuras hidraúlicas documentados en toda esta zona.
En la zona de las dos Submesetas, por su parte, el cultivo predominante fue el cerealístico, junto con la ganadería trashumante, que hundía sus raíces en época prerromana. A ello se sumaba la explotación del bosque original de la zona, principalmente encinares y pinares, que fueron masivamente talados para proporcionar meteriales de construcción y combustible, y para roturar nuevas superficies cultivables.
También fue importante la industria de salazones localizada arqueológicamente en el actual Parque del castro en Vigo, la antigua Vicus Spacorum, ya que la producción de la salsa llamada garum fue una de las principales actividades económicas del litoral atlántico peninsular, siendo este establecimiento vigués el más septentrional.
Imagen:Calzada Romana Barcena de Pie de Concha 1.jpg A lo largo de los dos primeros siglos del Imperio, toda la provincia fue vertebrada con la construcción de numerosas calzadas. En muchos casos, la intervención imperial consistía en pavimentar, levantar puentes, y mejorar el trazado de antiquísimas vías de comunicación prerromanas, que, muchas veces, se remontaban a la edad del Bronce.
El trazado de las vías era encargado por el emperador a través del gobernador provincial a ingenieros y soldados pertenecientes a la guarnición de la provincia, y su ejecución se encomendaba a militares y obreros civiles en proporción desconocida, permitiendo a determinadas ciudades de la provincia sufragar en todo o en parte algunas grandes obras, como los puentes, como ocurre en Aquae flaviae con el puente sobre el río Támega. Posteriormente a su construcción, las vías eran mantenidas regularmente y, a veces, especialmente en el siglo II, se realizaban intervenciones mayores, que quedaban reflejadas en los miliarios con las expresiones refecit o restituit.
Las vías secundarias, a veces pavimentadas, solían ser ejecutadas por las comunidades limítrofes beneficiadas por ellas, aunque tampoco era extraña la intervención del poder imperial, a través del legado de la provincia, en su mejora y construcción.
Las tres vías más importantes de la Tarraconensis fueron:
- La vía que unía Asturica Augusta con Tarraco, la capital provincial, por el valle del Ebro.
- La vía que unía Asturica Augusta con Burdigala (Burdeos, Francia) por Oiasso (Irún, Guipuzcoa).
- La importante Vía Augusta, que comenzaba en los Pirineos, en Iuncaria (La Junquera, Gerona), enlazando con la Via Domitia de la Galia Narbonense y descendía por toda la costa levantina en dirección a la Baetica.
También destacaban un ramal de la calzada de Asturica a Tarraco que seguía el Valle del Duero y buscaba el del Ebro por la depresión del Jalón, la calzada que comunicaba Tarraco con Emerita Augusta a través de Complutum, las tres vías que comunicaban Asturica Augusta con Bracara Augusta y con Lucus Augusti, la calzada paralela a la costa Cantábrica, desde Brigantium (La Coruña) hasta Oiasso (Irún), la vía que unía Caesar Augusta con Summo Pirianeo (Somport, Huesca), y buena parte de la vía de la Plata, desde su origen en Asturica Augusta hasta el límite con la provincia Lusitania.
Imagen:Uxama4.jpg Por su parte, el importante comercio marítimo en el Mare Nostrum -el Mediterráneo- con dirección a la Galia Narbonense, Italia y el oriente del Imperio, utilizó, fundamentalmente, los siguientes puertos:
- Tarraco, la capital provincial.
- Dertosa (Tortosa, Tarragona), a través del cual se enviaba a Roma el oro obtenido en la provincia, y donde la Classis Misenate mantuvo una estación permanente, y en el que concluía la navegación fluvial del valle del Ebro, que comenzaba en Vareia y permitía enlazar con el Cantábrico a través de la vía de las cinco villas.
- Carthago Nova, a través del cual se remitía a Italia la plata y el plomo de Sierra Morena.
En el Cantábrico, el puerto más importante fue el de Oiasso (Irún, Guipuzcoa), a través del cual se transportaban los productos del Valle del Ebro y el hierro de los montes vascos hacia la Galia, Britania y Germania.
La provincia Tarraconensis también aportó numerosas unidades auxiliares al ejército imperial, reclutadas normalmente de entre los pueblos de la Submeseta Norte, y el Noroeste, como arévacos, vascones, cántabros, astures o galaicos, o, de forma más general e imprecisa, llamadas con el apelativo de Hispanorum, que formaron numerosas cohortes peditatae y equitatae y alae de caballería, especialmente bajo los Julio-Claudios y los Flavios.
Bastantes municipia y coloniae de la provincia emitieron moneda de bronce -ases, dupondios y semises- con permiso imperial bajo los emperadores Augusto, Tiberio y Calígula, y, ya como monedas de imitación o falsificaciones toleradas, bajo Claudio I, lo que indica una profundización temprana de la economía monetarizada en toda la provincia.
Esta monetarización se ve corroborada por la gran cantidad de moneda imperial que aparece en los diferentes yacimientos arqueológicos de la provincia, cuya cronología empieza con los inicios del Imperio hasta el reinado de los emperadores Teodosio I, Honorio y Arcadio, lo que indica una importante circulación monetaria, que se corresponde con una actividad económica floreciente e intensa.
[editar] Modificaciones territoriales e invasión de la provincia en el siglo III
En 193, asesinados Pertinax y Didio Juliano, la guarnición de la provincia y su gobernador se proclamaron partidarios de Clodio Albino, hasta que en 195 abandonaron su causa y se pasaron a Septimio Severo, quien realizó una dura represión entre los partidarios de Albino, fundamentalmente en las ciudades privilegiadas del Valle del Ebro y el Levante.
En esta época, las dificultades administrativo-económicas de numerosas ciudades condujeron al nombramiento de un asesor imperial, un caballero o senador, -curator- que aconsejara a los senados locales y a los magistrados como mejorar su administración.
Imagen:Antoninianus-Gallienus-l5macedonica-RIC 0345-Bj-.jpg Hacia 210, el emperador Caracalla decidió modificar los límites de la provincia Tarraconense, para lo cual desgajo los tres conventos jurídicos del noroeste, el Asturicense, el Lucense y el Bracaraugustano, para crear una nueva, y efímera, provincia, la Provincia Nova Hispania Citerior Antoniana, con capital en Asturica Augusta, con la intención de reactivar las explotaciones auríferas, prácticamente agotadas a finales del siglo II. La provincia desapareció nada más morir Caracalla. Sin embargo, sirvió como precedente para la futura provincia Gallaecia del Bajo Imperio.
En general, las convulsiones políticas y militares que padeció el Imperio entre el asesinato de Alejandro Severo en 235 y la subida al trono de Diocleciano en 298, afectaron poco a Hispania y, en concreto a la Tarraconensis. Sin embargo, la crisis económica del estado romanao se dejó sentir en la provincia, lo que se aprecía en una disminución de las intervenciones imperiales en la reparación de las calzadas y en la aparición de numerario de mala calidad, que genero un fuerte inflacción y terminó por arruinar las economías urbanas, produciéndose un progresivo proceso de ruralización social y económica, que culminaría dos siglos más tarde.
En el año 254 el limes de la Germania Superior fue perforado por los germanos de la otra orilla del Rhin, y hacia el año 259 se produjo la incursión de importantes contingentes bárbaros en la Gallia Belgica, penetrando profundamente en el resto de las provincias galas, hasta a el punto que algunos de estos grupos alcanzaron los Pirineos y entraron en Hispania, y así, Tarraco fue saqueada por los francos en 258.
En época de Valeriano y Galieno, la provincia prestó fidelidad al Imperio Gálico de Tétrico y Victorino, aunque fue una de las primeras en volver a ser leales al emperador legítimo, ya bajo Aureliano.
Entre los años 268 y 278 el interior de la Galia fue saqueado, hasta que a comienzos de 278 la frontera fue restablecida por el emperador Probo. Como consecuencia, y dentro de una tendencia que afectaba a todas las ciudades del Imperio, varias ciudades de la provincia, como Barcino, Emporiae, Asturica Augusta, Legio o Lucus Augusti reformaron su cinturón de murallas, muy deteriorado con el paso del tiempo, y lo convirtieron en una defensa eficaz ante las posibles amenazas provinientes del otro lado de los Pirineos.
[editar] División de la provincia en el Bajo Imperio
Con la llegada al trono imperial de Diocleciano en 284, y la creación del sistema de la Tetrarquía, este emperador procedió a reorganizar el sistema administrativo del Imperio. Para ello, las provincias heredadas del Alto Imperio fueron divididas en otras menores, que a su vez fueron agrupadas en una nueva entidad llamada diócesis, supervisada por un vicarius directamente designado por el emperador.
Hispania fue atribuida al Augusto de occidente, Maximiano y asignada a su César, Constancio Cloro, como Diocesis Hispaniarum, con capital en Emerita Augusta. La antigua provincia Tarraconense fue dividida en varias provincias, la Gallaecia a partir de los conventos Bracaraugustano, Lucense, Asturicense y parte del Cluniense, la Carthaginense con los conventos Cartaginense, parte del Cluniense y las Baleares, y la nueva provincia Tarraconense, que comprendía los antiguos conventos Tarraconense, Caesarugustano y parte del Cluniense.
Esta nueva Tarraconense tenía rango pretorio y estaba dirigida por un praeses o gobernador.
En época de Constantino I, la Diocesis Hispaniarum fue integrada dentro de la Prefectura del Pretorio de las Galias y se le añadió la provincia norteafricana Mauretania Tingitana.
La última divisón se produjo a mediados del siglo IV, cuando las Islas Baleares fueron segradas de la Carthaginensis y convertidas en la nueva provincia Baleárica.
A lo largo del siglo IV, la provincia permaneció en una situación de tranquilidad y seguridad, alejada de los conflictos fronterizos e internos del Imperio, manteniéndose leales sus gobernadores al emperador de occidente, excepto a finales del siglo durante la época de los usurpadores de Magno Clemente Máximo (383 a 388) y Flavio Eugenio (392 a 394), a quienes juraron lealtad, aunque tras las derrotas que sufrieron a manos de Teodosio I, la provincia se reintegró al poder legítimo sin necesidad de ser invadida.
A la muerte de Teodosio I, la provincia, junto con todo occidente, fue asignada a Honorio, su hijo primogénito.
[editar] El final de la provincia
A partir del año 400, la situación del Imperio Romano de Occidente se había vuelto crítica, ya que la actuación de Estilicón para contener a los visigodos de Alarico se había conseguido a costa de reducir las guarniciones del ejército imperial sobre el Rin por debajo del mínimo necesario para garantizar la seguridad fronteriza, de manera que vándalos, suevos y alanos, consiguieron perforar la frontera imperial e invadir la Galia en 406.
El gobierno de Honorio en Rávena fue incapaz de responder a esta nueva amenaza, y el gobernador de Britania se proclamó emperador como Constantino III y, con sus tropas, entró en la Galia. Los pueblos bárbaros mencionados, en 409, presionados por este último ejército romano organizado, a pesar de los esfuerzos de Dídimo y Veriniano, parientes de Teodosio, Honorio y Arcadio, ayudados por Geroncio, general del usurpador Constantino, entraron en la Península por los Pirineos occidentales.
La Tarraconense fue la única provincia que no fue directamente afectada por suevos, vándalos y alanos, pero, poco después, los visigodos, convertidos en federados del Imperio e instalados en el sur de la Galia, con Tolosa como capital, dirigidos por su rey Ataúlfo, entraron en Hispania para someter a la autoridad imperial las zonas ocupadas por los pueblos anteriores, y también para reprimir el bandidaje local de los bagaudas en la zona del valle del ebro, en torno a Caesaraugusta. Aunque los visigodos actuaban en nombre de la corte imperial de Ravenna, consiguieron asentar bases sólidas en la Península, actuando en nombre propio y ya no abandonarían jamás el suelo hispano.
Poco después, el rey Eurico, ante la debilidad de la corte de Rávena, volvió a entrar en la Península para incorporar el territorio a su reino, realizando una campaña brutal, con numerosas matanzas y saqueos, fielmente relatado por Hidacio de Chaves, de manera que hacia 456 la Tarraconensis se convirtió en una parte más del reino Visigodo, y el Imperio tuvo que ampliar su foedus con este pueblo, reconocinedo de facto su independencia y la salida de la Tarraconensis y de toda Hispania de la órbita imperial.
En 459 el emperador Mayoriano visitó la provincia, camino de Carthago Nova, donde estaba reuniéndose una flota del Imperio de Occidente y del Imperio de Oriente, que incluía aliados visigodos, para atacar a los vándalos de Genserico en el norte de África, expedición que fracasó al ser destruida la flota imperial por los vándalos. A partir de este momento, la influencia de la corte de Rávena sobre la provincia Tarraconensis y, en general, sobre toda la Diocesis Hispaniarum desapareció, de manera que, cuando el Imperio de Occidente fue abolido entre 476 y 485, el Reino Visigodo vio reafirmada su independencia.
Imagen:Hispania3c.JPG A lo largo de los siglos siguientes, la provincia sufrió numerosos ataques promovidos por los diferentes reinos francos del otro lado del Pirineo, y sirvió de base a los diferentes reyes visigodos de Toledo para penetrar y conquistar los territorios de Cantabria y de los vascones, que se habían independizado al desaparecer el poder romano en la Península.
Con la invasión musulmana de 711 y la destrucción del Reino Visigodo, el sistema de administración territorial de la Península Ibérica heredado de Roma, desapareció, y con el la provincia Tarraconensis, integrándose su territorio en la nueva región fronteriza del emirato de Córdoba, como marca militar con capital en Zaragoza, bajo la dirección de la familia de conversos Banu-Qasi (Hijos de Cassius).
[editar] Bibliografía
- J.M. Roldán Hervás, Historia de España: La España Romana, Historia 16, Historia Viva nº 6, Madrid, 1989. ISBN 978-84-7679-123-3
- J.M. Roldán Hervás y J. Santos Yanguas, Historia de España 9: España Romana, Espasa Calpe, Madrid 2000, ISBN 978-84-239-717-6
- J. Arce. El último siglo de la España romana, Madrid, 4ª. ed., 1997, ISBN 978-84-206-2347-4
- L.A. García Moreno, Historia de España visigoda, Madrid, 1989, ISBN 978-84-376-0821-1br:Hispania Tarraconensis
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