Reino de Navarra
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| Capital | Pamplona | ||||
| Idioma oficial | Romance Navarro / Euskera | ||||
| Religión | Católica / Protestante | ||||
| Gobierno | Monarquía | ||||
| Historia | |||||
| • Establecido | 778 | ||||
| • Disolución | 1841 | ||||
| Superficie | Baja Edad Media 12,000 km² | ||||
El Reino de Navarra fue uno de los reinos medievales de Europa situado en ambas vertientes de los Pirineos occidentales pero con su mayor parte del territorio localizado en el norte de la península Ibérica.
[editar] Generalidades
El reino de Navarra surgió de un pequeño territorio que tras un periodo de expansión, fue menguando paulatinamente en extensión y poder, socavado por las disputas entre las clases dirigentes.
El espacio navarro se estructuró de manera dual tras la invasión musulmana de la península en el s.VIII. El norte permaneció poco tiempo bajo dominio musulmán y pronto se organizó en un núcleo cristiano de fugaz sometimiento al Imperio Carolingio y con centro en la ciudad de Pamplona, población fundada en época romana como Pompaelo por Pompeyo sobre un asentamiento vascón preexistente denominado Iruña. Su primer monarca conocido fue Íñigo Arista —o Eneko Aritza («Enneco Cognomento Aresta»)—, cabeza conocida de la primera dinastía navarra.
Parece ser que en el sur, un conde hispano-godo oriundo de la zona (Casius) se puso a disposición de los invasores musulmanes y se convirtió al Islam consiguiendo así continuar señoreando esa zona del valle del Ebro y prolongando este poder entre los de su estirpe (los Banu Qasi) que durante generaciones afirmarán su poder en el sur del actual territorio navarro, aliándose con los Arista en diversas ocasiones en contra del poder central del emirato cordobés, o del afán expansionista del Imperio Carolingio.
Navarra fue uno de los núcleos montañeses de resistencia cristiana impulsados por los francos carolingios que se formaron en los Pirineos, frente a la dominación islámica de la península Ibérica, al igual que en Aragón y Cataluña. Inicialmente fue conocido por los cronistas francos como Reino de los Pamploneses o Reino de Pamplona y poco tarde, como Reino de Pamplona-Nájera en referencia a la importancia en su organización de la ciudad riojana.
En su etapa de mayor expansión territorial, durante la Edad Media, el reino abarcó territorios atlánticos y se expandió más allá del río Ebro, hacia territorios situados en las comunidades autónomas contemporáneas de Aragón, Cantabria, Castilla y León, La Rioja, País Vasco y las regiones administrativas francesas de Aquitania y Mediodía-Pirineos, en las antiguas provincias de Gascuña y Occitania. Las capitales vascas de Vitoria y San Sebastián fueron fundadas por el rey navarro Sancho VI el Sabio.
En su etapa final, el reino resultó dividido en:
- La Navarra peninsular o Alta Navarra que fue invadida en 1512 por Fernando el Católico con el apoyo de una de las dos facciones nobiliarias locales, que anexionada a la Corona de Castilla, evolucionaría conservando instituciones propias y la denominación de Reino hasta 1841, dentro del Reino de España
- La Navarra continental o Baja Navarra coexistió con la corona francesa a la que se unió dinásticamente a finales del siglo XVI y cuyos reyes eran conocidos como de de France et de Navarre pero que terminó disolviéndose en la República Francesa tras la Revolución.
El título del príncipe heredero es Príncipe de Viana, que hoy en día ostenta Felipe de Borbón, hijo y heredero del rey Juan Carlos I.
[editar] Evolución histórica
[editar] Los territorios de los vascones
A principios de la era cristiana, los territorios de los vascones estaban poblados fundamentalmente por tres pueblos diferentes: Los várdulos, los caristios y los autrigones. Algunos autores, como el lingüista Koldo Mitxelena, consideran que dichos pueblos hablaban una lengua antepasada del vasco actual.
Por el contrario, otros historiadores y filólogos como Claudio Sánchez Albornoz o Jürgen Untermann, consideran que la depresión vasca (los antiguos saltus y ager vasconum) fue colonizada tardíamente en los siglos V y VI por gentes procedentes de Aquitania. En este sentido, se ha resaltado el hecho de que tanto el ager como el saltus vasconum estaban profundamente romanizados, y se ha preservado hasta nuestros días toponimia indoeuropea no vasca (Deva, Durango), en las actuales provincias vascas. La ya citada expansión del euskara en la Edad Media, así como la inexistencia de epigrafía protovasca fuera del territorio aquitano, parecerían ser argumentos de peso en tal sentido (como dato curioso, las únicas cecas encontradas en Navarra, las de Barscunes, están acuñadas en lengua ibérica). Si bien es cierto que en el yacimiento de Iruña-Veleia se han encontrado inscripciones en lengua vasca, lo cierto es que éstas son relativamente tardías, de los siglos III a V, y según algunos autores no invalidarían la tesis de la vasconización tardía de la depresión vasca, sino que simplemente lo adelantarían dos o tres siglos más atrás.
En cualquier caso, lo cierto es que la lengua vasca nunca sobrepasó el límite del río Nervión en la época de la Monarquía Asturiana. En ese momento, los vascones de los territorios más occidentales, cayeron en la órbita asturiana durante los reinados de los reyes Alfonso I y Fruela. El segundo casó con una alavesa, Munia, que le daría un hijo, el futuro rey Alfonso II. Durante el reinado de Mauregato, el joven príncipe Alfonso hubo de refugiarse con sus parientes maternos en la zona de Álava hasta que al fin, tras la muerte de Bermudo I, pudo acceder definitivamente al trono asturiano.
La constitución del Condado de Álava se remonta a la rebelión del conde Eglyón contra el rey Alfonso III. Tras sofocar la rebelión, el monarca nombró a un noble leal a su causa, Vela Jiménez, como conde de Álava. Tuvo este magnate una importancia fundamental en la repoblación y la fortificación de Castilla, especialmente en la defensa de Cellorigo en el año 882 contra las tropas de Almundir de Córdoba. El Condado de Álava se extendía por todos los territorios de la provincia homónima<ref>Eso es lo que se deduce del siguiente pasaje de la Crónica de Alfonso III: "Alabanque, Biscai, Alaone et Urdunia, a suis reperitur senper esse possessas, sicut Pampilonia, Degius est atque Berroza"</ref> con excepción de la Tierra de Ayala, que no se integró en el territorio hasta el siglo XV, y muy posiblemente del valle de Aramayona. Por otro lado, incluía los territorios fronterizos de las actuales provincias de Burgos y la Rioja. Este condado subsistió como entidad independiente hasta la muerte de Álvaro Herrameliz, tras la cual, Álava pasó a formar parte de los dominios de Fernán González.
El cronista vizcaíno Lope García de Salazar sitúa en sus obras "Crónicas de Vizcaya" (del año 1454) y "Bienandanzas e fortunas" (1471) el nacimiento del señorío de Vizcaya en esta época. Se menciona en ellas la existencia de un héroe fundador, Jaun Zuría, de tez blanca y cabellos rubios que creó el señorío tras su victoria sobre las tropas asturianas en la legendaria batalla de Arrigorriaga (año 840). Sin embargo, la falta de documentación al respecto hace que todas estas cuestiones queden en un terreno especulativo: Lo único que constatan las crónicas contemporáneas es que Alfonso III hizo frente exitosamente a una rebelión de los vascones.
[editar] Reinado de visigodos y francos: domuit vascones
Para el periodo de la historia de los vascones contemporáneo a la formación y consolidación del reino visigodo en Hispania hay escasas fuentes directas disponibles sobre los acontecimientos y la organización interna de los vascones, que con frecuencia resultan contradictorias.
Numerosos reyes hispanogodos tuvieron enfrentamientos con los vascones según atestiguan las crónicas, algunas de las cuales portan la inscripción domuit vascones[cita requerida] con las que los monarcas celebraban sus acciones, lo que hace suponer a una parte de los historiadores <ref name="Alfaguara">J.A. García de Cortazar, tomo II de la Historia de España Alfaguara, La Época Medieval. Ed. Alfaguara, 1973. ISBN 84-206-2040-8</ref> que los vascones nunca fueron sometidos por los visigodos en su pretensión de lograr la unidad territorial de todas la antiguas provincias hispanorromanas. Las reflexiones de otros especialistas<ref>A. Azkárate Garai-Olaun, Francos, aquitanos y vascones. Testimonios arqueológicos al sur de los Pirineos, en Archivo español de arqueología, 66:167/168 (1993) p.149. Disponible en [1]</ref> recuerdan la actitud amistosa de los vascones en el periodo romano y la ausencia de conflictos relevantes durante el bajo imperio, resaltando la dificultad de explicar aquellos enfrentamientos sin apoyarse en el contexto de la afirmación del poder autónomo en Aquitania y las rivalidades entre francos y visigodos.
En el año 632 el rey merovingio Dagoberto I encabezó una expedición a Zaragoza en apoyo de Sisenando que se había sublevado frente a la autoridad de Suintila. Pocos años después, Dagoberto reunió un ejército de burgundios con los que ocupó sin éxito toda la "patria de Vasconia" en el 635. Sin embargo, en el 636 Dagoberto obtuvo tras una nueva campaña militar, el juramento de lealtad de los vascones al servicio de Aighina, duque sajón de Burdeos. Tras la muerte de Dagoberto, el poder merovingio se fue debilitando para dar paso a un periodo de consolidación de un poder autónomo aquitano-vascón dentro del reino franco pero del que se desconocen fuentes de referencia hasta que es citada la concesión a Félix, patricio de Toulouse, del control de todas las ciudades hasta los Pirineos y de los vascones hacia el 672. Para algunos autores, la política de enfrentamiento con el poder franco por parte de Félix, habría sido continuada por su sucesor Lupo, proceso que culminaría en tiempos de Eudes que lograría el reconocimiento de regnum para la parte meridional de la antigua Galia.
Durante los siglos VI y VII, hay teorías que dicen que los vascones del norte cruzaron los Pirineos, ocupando Aquitania, en la actual Francia, donde su lengua influyó en el idioma romance que daría lugar al gascón, a la que dieron el nombre de Gascuña.
Otros defienden (tesis de la vasconización tardía) que fueron los aquitanos quienes, forzados por los visigodos, ocuparon lo que actualmente se conoce como País Vasco, desplazando a los habitantes originarios (hispanorromanos de origen indoeuropeo) y aportando su lengua y costumbres.
[editar] Invasión musulmana: Roncesvalles y la formación del reino de Pamplona
Durante el invierno del 713 los ejércitos musulmanes alcanzaron el valle medio del Ebro que se encontraba gobernado por el conde hispanovisigodo Casio quien eligió someterse al califa de Omeya y convertirse al Islam dando origen a la estirpe de los Banu Qasi a cambio de mantener su poder en la región. Pamplona sin embargo fue finalmente ocupada tras oponer resistencia en el 718 y obligada a pagar tributo a los gobernadores musulmanes que establecieron un protectorado. La derrota musulmana en la batalla de Poitiers en 732 frente a los francos de Carlos Martel debilitaron la posición musulmana pero el valí Uqba recondujo la situación instalando una guarnición militar en la ciudad entre el 734 y el 741<ref>(Bazán 2006:203)</ref>.
[editar] La Marca Hispánica de Carlomagno
Más tarde,
La Marca Hispánica fue la frontera político-militar del Imperio Carolingio al sur de los Pirineos. Tras la conquista musulmana de la Península Ibérica, este territorio fue dominado mediante guarniciones militares establecidas en lugares como Barcelona, o Gerona. A fines del siglo VIII, los Carolingios intervinieron en el noreste peninsular con el apoyo de la población autóctona de las montañas. La dominación franca se hizo efectiva tras la conquista de Gerona (785) y Barcelona (801). El territorio ganado a los musulmanes se configuró como la Marca Hispánica, integrada por condados dependientes de los monarcas Carolingios. La marca hispánica iba de Pamplona hasta Barcelona. De todos ellos, el que alcanzó mayor protagonismo fue el condado de Barcelona.
Durante el siglo IX, se designaban globalmente, Marca Hispánica a los condados catalanes. Al haberse convertido en reinos los condados occidentales, aliados y en buenas relaciones con los estados vecinos musulmanes, los Banu Qasi del rico Valle del Ebro, debido al matrimonio de Musa ibn Fortún con Onneca. Casada anteriormente con el vascón Íñigo Jiménez y madre de Íñigo Íñiguez, que más tarde sería el primer rey de Pamplona. Este matrimonio tuvo lugar hacia el año 784.
Carlomagno aprovechando la rebelión del gobernador de Zaragoza para intervenir en la Península, atravesó con un ejército franco el territorio vascón y destruyó las defensas de Pamplona en su avance hacia Zaragoza, donde a su llegada el cambio de las alianzas de los sublevados le obligo a retirarse. El interés de Carlomagno en los asuntos hispánicos le movió a apoyar una rebelión en el Vilayato de la Marca Superior de al-Ándalus de Sulaymán al-Arabi, que pretendía alzarse a emir de Córdoba con el apoyo de los francos, a cambio de entregar al emperador franco la plaza de Saraqusta. Carlomagno llegó en el año 778 a las puertas de la ciudad. Sin embargo, una vez allí, el valí de Zaragoza, Husayn se negó a franquearle la entrada al ejército carolingio. Debido a la complejidad que supondría un largo asedio a una plaza tan fortificada, con un ejército tan alejado de su centro logístico, desistió. El 15 de agosto de 778, camino de vuelta a su reino por el paso de Roncesvalles, entre el collado de Ibañeta y la hondonada de Valcarlos, Carlomagno con el más poderoso ejército del siglo VIII. Tras reducir a ruinas la capital de los vascones, Pamplona, aliados de los Banu Qasi. Sufrió una contundente emboscada por partidas de nativos vascones, probablemente instigados por los fieles a los hijos de Sulayman, Aysun y Matruh ben Sulayman al-Arabí. Que provocaron un descalabro general a la retaguardia de su ejercito, mandada por su sobrino Roldán, a base de lanzarles rocas y dardos. La Chanson de Roland, inmortalizó el evento.La independencia de los condados occidentales respecto del rey Carlomagno se decidió en el fracaso de la toma de Saraqusta.
[editar] El reino de Pamplona
El Reino de Pamplona es la denominación empleada por algunos historiadores, de acuerdo a los Anales de los Reyes Francos<ref>Annales Regni Francorum en los que se diferencian el pueblo de los navarri del de los pampiloneneses (Collins 1985:166)</ref> para referirse a lo que fue durante la Alta Edad Media la entidad política surgida entorno a la civites de Pompaelo, la que había sido la principal ciudad en territorio de los vascones durante la época de la Antigua Roma en la región de los Pirineos occidentales, y al liderazgo de la figura de Íñigo Arista quien fundó la dinastía real y la entidad en el 824<ref>(Collins 1985:166)</ref>, con el apoyo de sus aliados de la familia de los Banu Qasi, señores de Tudela, y del obispado de Pamplona. No existe un consenso entre los especialistas para discernir el número preciso de monarcas y la duración de sus mandatos, como tampoco sobre la extensión de su territorio e influencia.
La dinastía de los Íñigez terminó con Fortún Garcés quien según la tradición, que lo conoce como Fortún el Monje, abdicó y se retiró al monasterio de Leire, siendo substituída por la de los Jiménez en el 905 que comenzó con Sancho Garcés I (905-925) cuyo reino es conocido como Reino de Pamplona o Navarra<ref>(Collins 1985:190)</ref>.
Pamplona fue durante mucho tiempo la ciudad más importante y rica en territorio cristiano, numerosos intentos por hacer de ella su capital, fueron hechos por pequeños grupos montañeses de cristianos y más tarde por los territorios cercanos. Además de contar con una población numerosa y estable por encontrarse en el valle rico y fertil del río Arga; Era un lugar de reunión e intercambio entre las rutas del mundo islamico al sur y la Europa cristiana al norte, por los pasos pirenaicos vascos y los puertos costeros del Mar Cantábrico y las rutas de este a oeste que seguian también los peregrinos cristianos del Camino de Santiago hacia el reino de León, que atravesaba los condados francos del Imperio Carolingio en las actuales Navarra, Aragón y Cataluña desde la costa mediterranea condal, y más allá, a través de los puertos mediterraneos. Su neutralidad y buenas relaciones con los belicosos vecinos, la fama de prosperidad y riqueza: comercio e intercambio de artesanias en cuero, instrumentos musicales, libros y armas, materias primas: marfíl, piedras preciosas, paños, aceite, seda, lana, oro, especias... llego hasta los vikingos.
La constante amenaza que sobre las tierras vasconas se ejercía desde ambas vertientes de los pirineos favoreció el surgimiento de dos facciones líderes entre la aristocracia vascona, los Íñigo apoyados en los musulmanes por parentesco con los Banu Qasi, y los Velasco apoyados por los francos carolingios. Cuando en el 799 es asesinado por partidarios carolingios el gobernador de Pamplona Mutarrif Ibn Musa, los Iñigo recurrieron a la familia Banu Qasi para retomar el control de la ciudad. Sin embargo, en el 812 el emir Al Hakam I y Ludovico Pío acordaron una tregua por la que los carolíngios tomaban el control de Pamplona, delegando el gobierno en Velasco al Gasalqí. Al término de la tregua, Al Hakam retomó las hostilidades con los francos y logró recuperar Pamplona en el 816 a cuyo control los francos renunciaron en adelante. Íñigo Arista, también llamado, Eneko Arizta, sería designado primer rey de Pamplona hasta el 851.
La primera dinastía navarra (los Arista) será reemplazada tras tres reinados y en un episodio todavía misterioso por la dinastía Jimena, que ampliaría el solar del reino con la incorporación de las tierras riojanas y la Zona Media navarra, bajo la cual Navarra alcanzará la mayor extensión territorial a costa del Islam y de los señoríos cristianos vecinos.
La costa mediterránea, cuajada desde antiguo de torres de vigía contra la piratería berberisca, al grito de "Moros en la Costa" ve en el 858 a los normandos que suben por el Ebro desde Tortosa, lo remontan hasta el reino de Navarra, dejando atrás las inexpugnables ciudades de Zaragoza y Tudela. Suben luego por su afluente, el río Aragón hasta encontrarse con el río Arga, el cual también remontan, llegan hasta Pamplona y la saquean, raptando al rey navarro. En el 859 los vikingos llegan a Pamplona y secuestran al nuevo rey García I Iñíguez. Sólo tras pagar un costoso rescate el rey vuelve a Pamplona, pero a partir de entonces la vieja alianza entre los Arista y los Banu Qasi se ha roto y García I será aliado del reino de Asturias.
Debido a los problemas internos de cordobeses y al cambio de actitud de los navarros, el único enemigo de Ordoño I va a ser el caudillo de los Banu Qasí, Musà ben Musà, quien se titulaba tercer rey de España. En continua rebelión contra Córdoba, trata de asegurar el valle del Ebro a su paso por la Rioja. Musa, en el 855 va a realizar una dura razzia contra Álava y al-Qilá y tras ella se preocupa de restaurar y fortalecer la guarnición militar de Albelda. Viendo la amenaza que esta fortaleza supone sobre los dominios orientales del reino asturiano, Ordoño I y los navarros lanzan una ofensiva contra Albelda. Tras una dura lucha, Ordoño toma la fortaleza y la arrasa. Esta batalla dará lugar en el siglo XII a la legendaria batalla de Clavijo que por muchos es considerada sólo una leyenda forjada por el arzobispo Rodrigo Jiménez de Rada.
Musà II seguirá peleando contra navarros y cordobeses hasta su muerte en el 862. Mientras tanto su hijo Lupp o Lope ben Musà, gobernador de Toledo, se declarará vasallo de Ordoño I. La navarra de origen vascón, Subh, Subh umm Walad, madre del tercer Califa de Córdoba, Hixem II, y una de las mujeres más influyentes de la época islamica, nació probablemente en la decada de 940 y murió hacia 999.
[editar] El navarroaragonés
El navarroaragonés, una lengua romance, anterior al castellano, hablada en el valle del Ebro durante la edad media, con reductos actuales en el Pirineo aragonés, conocidos como aragonés y préstamos en el castellano de La Rioja, Ribera de Navarra y Aragón, con diferentes gradaciones. Tiene su origen en el dialecto latino, durante el Reino de Pamplona, sobre un acusado sustrato vascón. La lengua recibe, en su período medieval, la denominación entre los lingüistas de "navarroaragonés", por la inicial dependencia aragonesa del Reino de Navarra.
La llamada "Reconquista", o expansión del Reino de Navarra sobre tierras musulmanas y cristianas, con la consiguiente repoblación con cristianos del Reino de Navarra, llevaría consigo el idioma por todo el territorio conquistado. La anexión por el Reino de Navarra de los condados aragoneses supuso una importante influencia de la lengua navarroaragonesa sobre los territorios posteriores de la Corona de Aragón y en el castellano.
La primera constancia escrita de la lengua está en las Glosas Emilianenses, en el Monasterio de San Millán de la Cogolla. Vease Sustrato vasco en lenguas romances.
[editar] La expansión de Sancho III el Mayor
El apogeo se producirá con Sancho III el Mayor. Ascendió al trono entre el año 1000 y el 1004, heredando el reino de Navarra y el condado de Aragón, bajo la tutoría de un consejo de regencia integrado por los obispos y su madre, e incorporando extensos territorios a sus dominios, como el condado de Castilla además del solar tradicional del reino (Pamplona y Nájera). La unión dinástica con Aragón se dio en dos periodos: del año 1000 al 1035 y del año 1076 al 1134.
Bajo su mandato el reino cristiano de Nájera-Pamplona alcanza su mayor extensión territorial, abarcando casi todo el tercio norte peninsular, desde Astorga hasta Ribagorza<ref name=besga>Sancho III el Mayor. Un rey pamplonés e hispano Armando Besga Marroquín, Universidad de Deusto</ref> en la reorganización del reino, se cree que creó el vizcondado de Labort, entre 1021 y 1023, con residencia del vizconde en Bayona y el de Baztán hacia 1025. A la muerte del duque Sancho Guillermo, duque de Gascuña, el día 4 de octubre de 1032, trató de extender su autoridad sobre la antigua Vasconia ultrapirenaica comprendida entre el Pirineo y el Garona, aunque no lo consiguó, al heredar el ducado Eudes.Por el Norte, la frontera del reino pamplonés está clara, los Pirineos (caso de haberse extendido la autoridad de los reyes navarros hasta el Baztán, lo que es lo más probable, pero que no se puede acreditar hasta el 1066), y no se modificó. No es cierto, pese a todas las veces que se ha dicho, que Sancho III lograra el dominio de Gascuña (la única Vasconia de entonces, es decir, el territorio entre los Pirineos y el Garona, en el que la población que podemos considerar vasca por su lengua sólo era una minoría). El rey navarro únicamente pretendió suceder en 1032 al duque de Gascuña Sancho Guillermo, muerto sin descendencia, lo que bastó para que en algunos documentos se le cite reinando en Gascuña. Pero la verdad es que la herencia recayó en Eudes
Tenía su residencia en Nájera, extendiendo sus relaciones más allá de los Pirineos, con el ducado de Gascuña, y aceptando las nuevas corrientes políticas, religiosas e intelectuales.
Su reinado coincidió con la crisis del mundo califal, iniciado a la muerte de Almanzor y terminado con el principio de los Reino de Taifas. Pretendió la unificación de los estados cristianos, bien por vínculos de vasallaje o bajo su propio mando.
En 1016 fijó las fronteras entre Navarra y el Condado de Castilla, e inició un período de relaciones cordiales entre ambos Estados, facilitadas por su matrimonio con Munia, también conocida como Muniadona, hija del conde castellano Sancho García. De este matrimonio nacieron Fernando (Fernando I de Castilla), Gonzalo (Conde de Sobrarbe y Ribagorza) y las hijas Mayor y Jimena, reina de León al casarse con Bermudo III.
Aprovechó las dificultades internas de Sobrarbe-Ribagorza para hacer valer sus intereses como descendiente de Dadildis del Pallars y apoderarse del condado (1016-1019). Imagen:Taifa de Zaragoza.jpg Fue encargado de la tutela del conde García de Castilla. Alfonso V de León aprovechó esta situación para apoderarse de las tierras altas situadas entre el río Cea y el Pisuerga. Sancho III se opuso a la expansión leonesa y pactó el matrimonio entre García de Castilla y Sancha de León. A la muerte de Sancho III el Mayor, le hereda su primogénito con obligación del resto de hermanos de rendirle vasallaje, pero éstos no respetan la voluntad testamentaria del monarca y finalmente se divide el reino entre sus hijos, naciendo así los reinos de Aragón, Castilla y Navarra.
Durante el reinado de García Sánchez III (1035 - Atapuerca, 15 de septiembre de 1054) apodado "el de Nájera", y su hijo Sancho Garcés, Navarra se separa de los reinos vecinos.
En 1076, tras el asesinato de Sancho IV, el de Peñalén (arrojado a un precipicio en Funes) Navarra y Aragón siguen nuevamente juntos bajo el reinado de Pedro I y luego el de su hermano, el rey emperador Alfonso, siendo en este período cuando se consuma la toma de Tudela y su distrito. Tras la muerte sin descendencia de Alfonso I el Batallador (1134), le sucede García Ramírez de Navarra. Ni aragoneses ni navarros respetaron el testamento de su rey emperador Alfonso, que dejaba los reinos a la orden del Temple y a otras órdenes militares y cada reino escoge un rey diferente.
[editar] El reino de Navarra
Al separarse de Aragón, Navarra se convierte en un reino sin posibilidad de expansión, al no tener frontera con los territorios musulmanes y encontrarse encajonado entre los ahora mucho más poderosos Castilla y Aragón.
El expansionismo castellano y aragonés hizo menguar el territorio navarro. La determinación de repartírselo, consta en varios tratados realizados por dichos reinos en el siglo XII. Los reyes de estos dos reinos firmaron en 1198 un tratado para repartirse el reino de Navarra, con el río Arga (que cruza Navarra de norte a sur) como frontera entre ambos reinos<ref name="izko">Bixente Serrano Izko, Navarra. Las tramas de la historia, pág. 129. ISBN 84-932845-9-9</ref>. Así hacia 1200 y a pesar de un labor repobladora de la zona (fundación de Vitoria y San Sebastián), Castilla, apoyada en la baja nobleza, consigue el apoyo de facciones autóctonas en el Duranguesado, y luego en Álava, después de haber sitiado Vitoria durante nueve meses. Y por último Guipúzcoa mediante negociación, aunque después de haber entrado el ejército castellano en su territorio<ref name="izko"/>.
El trabajo de los monarcas del siglo XIII, tras la conquista parcial de Navarra, se basará en la reconstrucción y reorganización interior del reino y en hacer frente a las continuas apetencias de reparto entre sus vecinos. Pese a todo participará en empresas como la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en la que destacó el monarca navarro Sancho VII el Fuerte y donde según la leyenda consiguió las cadenas y la esmeralda que forman el actual escudo de Navarra. Este rey también tenía como escudo el Arrano beltza (aguila negra).
La muerte sin descendencia de Sancho VII el Fuerte, a pesar de haber dejado un pacto de prohijamiento con Jaime de Aragón, supone la entronización en Navarra durante casi dos siglos de dinastías francesas (la de Champaña, la Capeta y la de Evreux), que también dispondrán de territorios en Francia y descuidarán en diverso grado el gobierno del pequeño reino.
Tras la instauración de la Casa de Trastámara en Aragón a mediados del siglo XV, la crisis sociopolítica del reino fue paulatinamente polarizando a las fuerzas vivas de Navarra en torno a dos bandos: los beamonteses y los agramonteses. Es éste un conflicto complejo con posiciones y actitudes cambiantes que aparentemente es un conflicto entre facciones nobiliarias, pero que parece también evidenciar algún tipo de enfrentamiento socioeconómico montaña-ribera, según unos autores. De todas formas ambas facciones tenían una distribución por toda Navarra<ref>Como demuestra Eloísa Ramírez en Solidares nobiliarias y conflictos políticos en Navarra, 1387–1464.</ref>. Este enfrentamiento llevaría a una cruenta guerra civil en 1441, cuando Juan II de Aragón (rey consorte de Navarra) se quedó para sí el trono, en vez cederlo a su hijo Carlos, Príncipe de Viana, al que le correspondía. Carlos había sido designado heredero del reino por el testamento de su madre la reina Blanca, aun prescribiendo dicho documento que no tomara posesión del reino sin el beneplácito de su padre Juan II. En 1452 el príncipe fue apresado en la batalla de Aibar.
La guerra civil persistió tras la muerte de Carlos, Príncipe de Viana en 1461 y a la de Juan II en 1479. Los beamonteses tenían el apoyo de los castellanos, mientras que los agramonteses tuvieron primero de los aragoneses (por ser Juan II rey de Aragón) y luego de los franceses.
[editar] La conquista castellana
A principios del siglo XVI Navarra estaba dividida en dos bandos: beamonteses y agramonteses, debido a la inestabilidad del reino por esas fechas, el rey de Navarra se vió obligado a firmar el Tratado de Blois, por el cual conseguía ayuda francesa para la estabilidad de su reino, pero debido a este tratado se alejaba de la neutralidad con los reinos peninsulares afirmando «ser enemigos de mis enemigos» y tomando como aliados a los franceses para conseguir estabilidad, habiéndose convertido por tanto Navarra en un estado beligerante y no neutral, aliado de un monarca declarado cismático en el V Concilio de Letrán por el papa Julio II.
Fernando el Católico, que era hermanastro del fallecido Príncipe de Viana (hijo de Juan II y su segundo matrimonio con Juana Enríquez), Deseando que navarra volviera a su antiguo estatus mando un ejército vasco con guías beamonteses que entró en Navarra desde Álava al mando de Fadrique Álvarez de Toledo, segundo duque de Alba. esta accion como dijimos antes se baso que los reyes de Navarra habían firmado el Tratado de Blois.
El hecho de que Pamplona, la capital (dominada por el bando beamontés), se rindiera en tres días (cayó el 25 de julio) demostro la gran popularidad que tenia el rey catolico en todo el reino de navarra,unido a que los beamonteses eran partidarios del rey catolico hizo cambiar de planes. En otros lugares, la resistencia fue mayor: Lumbier hasta el 10 de agosto, Estella hasta agosto, Roncal hasta el 9 de septiembre, al igual que Tudela, que fue el mayor bastión agramontés, donde para tomarlo tuvieron que venir fuerzas de Aragón<ref name="izko2">Serrano Izko, ibid., pp. 159–163.</ref>. Los reyes navarros Juan y Catalina se refugiaron en sus dominios situados al norte de los Pirineos, incluyendo la Baja Navarra, donde siguieron reinando.
La conquista de la Alta Navarra no finalizó aquí, ya que Catalina de Foix y Juan III de Albret, y posteriormente Enrique II, apoyados por los monarcas franceses, hicieron hasta tres intentos militares de recobrar el reino.
El primero lo realizaron ese mismo año, en noviembre, cuando un ejército de navarros agramonteses, franceses y mercenarios se adentraron en el reino con 15.000 hombres al mando de Juan de Albret y el general La Palice. Varias ciudades del interior se alzaron, como Estella, Cábrega, Villamayor de Monjardín y Tafalla, llegando a sitiar Pamplona del 3 al 30 de noviembre. Ante la llegada de refuerzos castellanos por el Perdón, se realizó un asalto precipitado el 27 de noviembre de Pamplona, que fracasó. Debido a la proximidad del invierno, las tropas franco-navarras iniciaron la retirada hacia el Baztán. En el puerto de Velate, la retaguardia fue sorprendida por fuerzas castellanas, en las que predominaban guipuzcoanos oñacinos, al mando de López de Ayala. La batalla de Velate terminó con la derrota y pérdida de más de mil hombres y doce piezas de artillería en los franco-navarros<ref>Alfredo Floristán Imízcoz, Historia Ilustrada de Navarra, Tomo I. ISBN 84-604-7318-X</ref>.
La segunda tuvo lugar en 1516, aprovechando la muerte de Fernando el Católico y la complicada sucesión castellana. El ejercito, al mando del mariscal Pedro de Navarra, mal pertrechado y equipado, fue derrotado en el Roncal por el coronel Fernando de Villalba. El mariscal fue hecho prisionero (moriría asesinado en el castillo de Simancas en 1522). Para evitar posteriores problemas, en cardenal Cisneros, regente de Castilla, ordenó la demolición de todas las fortalezas, exceptuando las estratégicas y las pertenecientes a los aliados beamonteses.
Sin éxito la vía militar, se intentó la diplomática. Así tuvieron lugar dos encuentros entre las partes, en Noyón (1516) y Montpellier (1519), que no arrojaron ningún éxito, por lo que los reyes navarros, apoyados por Francia, realizaron un último intento bélico.
En 1521, aprovechando la Guerra de las Comunidades que asolaba Castilla, y reinando Enrique II, que contaba con el apoyo incondicional de su cuñado Francisco I de Francia, deseoso de debilitar a toda costa a Carlos I, tuvo lugar un alzamiento generalizado en toda Navarra, incluyendo las ciudades beamontesas, al tiempo que un ejército franco-navarro que vino por el norte, consiguió reconquistar toda Navarra. Sin embargo, el ataque se había demorado demasiado, no produciéndose hasta mayo, cuando en abril los comuneros habían sido aplastados por las tropas reales. Además, en vez de consolidar la victoria, el ejército francés quiso entrar en Logroño, lo que hizo que el ejército castellano se reorganizara con tres cuerpos de ejército. Finalmente, el ejército francés se constituyó en un ejército de ocupación de facto, impidiendo el retorno del rey Enrique a Pamplona, lo que causó el descontento popular. El enfrentamiento se produjo en la cruenta batalla de Noáin (30 de junio de 1521), a las afueras de Pamplona, donde no menos de 5.000 combatientes perdieron la vida. Tras esta derrota, los restos del ejército franco-navarro se dispersaron, aunque hacia octubre algunos combatientes se hicieron fuertes en el castillo de Maya (valle de Baztán), donde resistieron hasta el 19 de julio de 1522 y en Fuenterrabía, que resistió hasta marzo de 1524<ref name="izko2"/>. En diciembre de 1523, Carlos I decretó un perdón para los sublevados, excluyendo a unos setenta miembros de la nobleza navarra. Tras la caída de Fuenterrabía, el emperador decretó un nuevo perdón, incluyendo a los excluidos del anterior, a condición de que se le prestase juramento de fidelidad. Así terminaron los intentos tanto por recobrar la independencia de la Alta Navarra como de consolidar la influencia sobre ella de la corona francesa.
A pesar de los diversos intentos de reconquista, Fernando el Católico había seguido trabajando para consolidar la incorporación institucional de Navarra a sus dominios. En 1513, las Cortes de Navarra, convocadas en Pamplona por el virrey castellano y sólo con la asistencia de beamonteses, nombraron a Fernando el Católico rey de Navarra. El 7 de julio de 1515 las Cortes de Castilla en Burgos, sin ningún navarro presente<ref>Tomás Urzainqui Mina, Navarra Estado europeo, p. 264. ISBN 84-7681-397-X</ref>, anexionan el Reino de Navarra al de Castilla. El nuevo rey se comprometió a respetar los fueros del reino.Los reyes posteriores continuaron jurando las leyes propias navarras. Sin embargo, a partir del siglo XVIII, los fueros comenzarán a ser definitivamente atacados hasta ser abolidos en el siglo XIX. Como justificación ideológica adicional, aparte del tratado de Blois (que convertía a Navarra en un estado enemigo y, por lo tanto, con riesgo de ser atacado) Fernando el Católico tuvo a su favor el hecho de que el papa Julio II excomulgara a los reyes de Navarra y les desposeyera del reino alegando connivencias de la casa real navarra con el protestantismo que se estaba extendiendo por el sur de Francia y su alianza con el monarca francés, declarado cismático.
En 1516, el cardenal Cisneros ordena eliminar todos los signos defensivos de Navarra, debido a la imposibilidad de defender con el ejército castellano todos los castillos. Navarra llegó a tener más de un centenar de castillos en todo lo que fue el Reino de Navarra<ref>Iñaki Sagredo, Navarra, Castillos que defendieron el Reino. ISBN 84-7681-477-1</ref>. Muy pocos han quedado en pie, y estos sólo parcialmente, desmochados.
Tras una breve ocupación de las inmediaciones de San Juan de Pie de Puerto por parte de las tropas del emperador Carlos V, en 1528, éste decide abandonar Ultrapuertos por su difícil defensa desde la península, y en la Baja Navarra continúa por la dinastía Albret-Foix que posteriormente llegaría a reinar en Francia a partir de 1620. Tras la Revolución Francesa, el Reino de Navarra fue disuelto en la República Francesa.Desde ese momento la actual Navarra peninsular quedará integrada en la Monarquía Hispánica, no presentando inestabilidad de calado y permaneciendo leal a la corona castellana cuando hacia 1640 el sistema territorial de la monarquía de los Austrias entra en crisis con la separación de Portugal y la revuelta de Cataluña. Pese a todo, y de manera paulatina, conforme la rivalidad franco-española se traslade a otros ámbitos, Navarra se convertirá en un reino olvidado y cada vez más marginado de los focos de poder político y económico.
La dinastía Habsburgo establecerá en Pamplona la figura de un virrey, permaneciendo con gran actividad las cortes del reino.
Durante la Guerra de Sucesión Española, Navarra (a pesar del fiero sentimiento antifránces del pueblo) se posicionará a favor del duque de Anjou (futuro Felipe V) en lugar de por el archiduque Carlos de Austria (como lo hicieron los reinos de la Corona de Aragón). Es por ello por lo que tanto Tudela como Sangüesa fueron ocupadas por las tropas austracistas. A la finalización del conflicto, Navarra, al igual que las provincias vascas, conservaron sus fueros frente a los reinos de la Corona de Aragón, declarados traidores por Felipe V y despojados de sus prerrogativas forales por los Decretos de Nueva Planta.
Lógicamente, la nueva dinastía reinante se mostró mucho más centralista y menos pactista que la Habsburgo y en diversas ocasiones el régimen foral fue puesto en entredicho desde el gobierno de la monarquía.
[editar] La provincia de Navarra
El 14 de noviembre de 1833 los rebeldes carlistas eligieron en Estella a Tomás de Zumalacárregui como su jefe.
El murciano Rafael Maroto a cargo de las tropas carlistas del Norte y Baldomero Espartero como representante del gobierno de Isabel II, el 29 de agosto de 1839, firman el Convenio de Oñate que puso fin a la Primera Guerra Carlista (1833-1840)en el norte de la península, confirmado con el conocido como "el Abrazo de Vergara" entre Maroto y Espartero el 31 de agosto. Maroto no contaba con el apoyo del pretendiente don Carlos y tampoco con la aveniencia de parte de sus tropas, y, además, poco antes había ordenado fusilar a destacados generales navarros en Estella, por lo que dicho convenio también se conoce como "La Traición de Maroto"; el 14 de septiembre de 1839 el pretendiente carlista las tropas que le permanecían fieles cruzaron la frontera francesa y la guerra iniciada en 1833, con el apoyo mayoritario de la población de Navarra al pretendiente real don Carlos, terminó en el frente norte.
En este convenio también se acuerda eliminar ciertar particularidades forales para adecuarlas a la constitución de 1837 (Artículo 1.°. El capitán general, don Baldomero Espartero, recomendará con interés al Gobierno el cumplimiento de su oferta de comprometerse formalmente a proponer a las Cortes la concesión o modificación de los fueros.), según posteriormente se reflejaría en el Decreto de Confirmación de Fueros de 1839, con el compromiso de respetar los fueros «sin perjuicio de la unidad constitucional de la monarquía», "oyendo" a Navarra y a las provincias vascongadas.
Navarra es tratada como vencida [2] por el gobierno liberal que quería imponer sus principios centralistas y ansiaba suprimir los fueros por considerarlos privilegios medievales injustos y por ello los liberales de la Diputación provincial con Yanguas Miranda como cabeza visible, negocian con el gobierno central la supresión de casi todos los privilegios forales.
De esta manera en 1841 y mediante la Ley de Modificación de Fueros de Navarra, después llamada Ley Paccionada Navarra, el Reino de Navarra dejó de existir y pasó a ser considerada como una «provincia foral», con lo que pierde definitivamente su soberanía en favor de una soberanía española. Con ello perdió prerrogativas, como la exención del servicio militar y la acuñación de moneda propia, así como el traslado de las aduanas del Ebro a los Pirineos. Sin embargo, la provincia seguía reteniendo amplia autonomía fiscal, administrativa y tributaria consignada en la Ley Paccionada de 1841.
El calificativo de "Paccionada", en teoría haría referencia a que su promulgación fue pactada con la Diputación Provincial, cuando en la práctica fue una ley impuesta, incumpliendo lo dispuesto en 1839, pues los negociadores navarros se atribuían una representación inexistente, dado que la población era mayoritariamente carlista, además de que habían sido nombrados directamente por el Gobierno Central[3].
Todo este proceso abolicionista fué abiertamente criticado por Angel Sagaseta de Ilurdoz Garraza último Síndico de la Cortes del Reino
El ministro de Sagasta, Germán Gamazo, intentó suprimir en 1893 la autonomía fiscal de la Ley Paccionada, se produjo una reacción popular e institucional denominada como «Gamazada». Esta normativa no se llegó a aplicar debido a que el ministro dimitió por otras razones, entre otras, por la rebelión en Cuba de 1895.
[editar] Referencias
<references/>
[editar] Véase también
- Cámara de Comptos de Navarra
- Conquista de Navarra
- Cortes de Navarra
- Euskal Herria
- Guerra Civil de Navarra
- Lista de monarcas de Navarra
- Navarra
- Navarroaragonés
- Sustrato vasco en lenguas romances
- Vascones
- Valle del Ebro
[editar] Enlaces externos
ca:Regne de Navarra de:Königreich Navarra en:Kingdom of Navarre eo:Navaro (mezepoka reĝlando) eu:Nafarroako Erresuma fr:royaume de Navarre la:Regnum Navarrae nl:Koninkrijk Navarra pt:Reino de Navarra uk:Королівство Наварра

