Muerte
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La muerte es en esencia la extinción del proceso homeostático, por ende el fin de la vida.
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[editar] La muerte como evento
Suceso obtenido como resultado de la incapacidad orgánica de sostener la homeostasis. Dada la degradación del ADN contenido en los núcleos celulares, la réplica de las células se hace cada vez más costosa.
Por lo que los recursos energéticos cada vez se centran más en tratar de conservar el ADN bueno, desechando el malo, en detrimento de otras funciones homeostáticas (se degrada el sistema inmunológico, cardio-vascular, linfático, nervioso, circulatorio, etc). La tendencia a enfermar aumenta y la gravedad de las enfermedades son mayores. Se muere por norma general, como resultado de una enfermedad que interrumpe el proceso homeostático. En este caso muere el organismo pero sobreviven algunas células y órganos, los cuales pueden ser utilizados para trasplantes, pues en caso contrario mueren en un período corto al encontrarse sin un anfitrión compatible.
[editar] La muerte de una parte del organismo
También llamada necrosis, es la incapacidad de un miembro de sostener sus funciones homeostáticas locales. Por norma general suele acontecer por interrupción de la alimentación del órgano, sección corporal y/o miembro. Dado que el sistema circulatorio es el principal cauce de alimentación, cuando es interrumpido de forma localizada, es cuando acontece la necrosis local.
Por ejemplo, es posible para una célula individual e incluso para un órgano el morir, y aún así el organismo como un todo puede continuar viviendo. Las células de un organismo por lo usual viven por un tiempo corto, por lo que mueren y son reemplazadas por otras nuevas continuamente.
[editar] No está programada
La muerte de un ser vivo, tal como pueda ser un perro, elefante, delfín u hombre, no está programada de forma que exista un código en el genoma que comience a desencadenar la degeneración de los órganos internos. La muerte sí está sujeta a una serie de condicionantes energéticos, en donde las reparaciones del organismo comienzan a padecer de una falta de sincronicidad con el medio.
[editar] El factor Estrés
Por ejemplo, en el tejido cardiovascular hace falta reponer 50 mil células cada minuto, pero resulta que nuestro cerebro consciente ha programado una serie de urgencias que se deben de atender cueste lo que cueste (mantener el prestigio, no quedar mal ante los amigos, salvaguardar un trabajo a pesar del mobbing que pudieramos estar soportando). El cerebro comienza a desviar recursos de atención a las áreas psicosomáticas: La mente cree que 'hay una leona tras la primera esquina' y comienza a segregar las hormonas asociadas al estrés. Mientras todo nuestro organismo cree que está en peligro inminente de ser depredado, nuestra actividad física se reduce a unas cuantas fotocopias, unas cuantas pulsaciones de teclas, clicks de ratón y un bloqueo desesperante del sistema operativo de nuestro PC, unas llamadas de telefono a unos clientes y a la archivación de unas cuantas carpetas... de las cuales hemos tenido que consultar para presentar nuestro informe a nuestra 'leona' imaginaria. En ese estado, la orden es de bombear más caudal sanguíneo, interfiriendo en las fases de regeneración de los tejidos, induciendo un envejecimiento acelerado al corazón de persistir esa situación en el tiempo.
La toxicidad de los elementos vertidos en el torrente sanguíneo no debería de ser tal, pues nuestro cuerpo debería haber hecho el esfuerzo físico destinado a la conservación de nuestra homeostásis frente a la perdida de la misma ante la posibilidad de servir de plato a la 'leona' de turno. Puesto que no ha sido el caso, el daño que recibe el organismo no suele ser resuelto en un ciclo de sueño. Los daños, de persistir dicha situación, se somatizan como úlceras estomacales (aumentan las bases en los fluidos estomacales, dando oportunidad a las elicobactérias de florecer).
Ello va generando una lista de tareas a la cola de ser atendidas en el primer ciclo de sueño posible y abriendo ventanas a la intromisión de otros factores, que bien pueden mantenerse latentes a la espera de un despiste de nuestro sistema inmunológico. Pasado el primero de los ciclos posibles de sueño, las prioridades se normalizan (lo que se entendía como urgencia, ahora se asume como pérdida) para ir haciendo soportable la constante adaptación al medio.
Un exceso de adrenalina en el torrente sanguíneo puede generar insomnio circunstancial, pero si las cantidades se mantienen en el tiempo estas llegan a ser tóxicas pudiendo producir insomnio crónico de carácter nervioso, llegando a la destrucción completa del hipocampo.
La mala calidad del sueño es un factor que afecta, lo que comemos y la calidad del alimento, la calidad del aire y sobre todo y lo más importante son las prioridades que tiene que atender nuestro sistema nervioso y que nuestro ego tiene poder de programar. Llega un momento que la lista de tareas no es atendible en las horas de sueño (bien porque dormimos pocas o porque se han generado muchos daños), es entonces cuando el sistema homeostático comienza a desequilibrarse para envejecer y morir. Acumula una deuda energética que no es posible recuperar de forma alguna. Si bien estos factores debidamente atendidos no van a evitar que envejezcamos, sí que evitarán un sufrimiento innecesario en nuestra vejez.
[editar] Herencia
Otro factor importante es la herencia de las enfermedades por vía genética, si bien es como tener un billete de lotería cuyo premio pueda ser una diabetes, con la diferencia que en ese sorteo nosotros somos los únicos que poseemos todas las papeletas; siempre podremos actuar de forma que retrasemos la salida de cada bola con dicho premio. Una vez que nos ha tocado, no implica el cese de la función homeostática ni se tiene que morir de ello, de forma directa. Como hemos mencionado, la muerte sobreviene por una incapacidad de sostener el ciclo homeostático.
Para el ejemplo en curso, la diabetes puede llegar a estar codificada en nuestro genoma personal, y morir de un derrame cerebral, un ataque al corazón o una infección pulmonar. Mientras tanto y hasta ese momento hemos dependido de la insulina inyectada, o hemos llevado un estilo de vida que ha logrado retrasar el sorteo hasta bien entrados los años.
[editar] La muerte como contraste
Es el fin de la vida, opuesto al nacimiento. El evento de la muerte es la culminación de la vida de un organismo vivo, mientras que el estado es lo que sucede a dicho evento. Sinónimos de muerto son occiso (muerto violentamente) y difunto.
Se suele decir que una de las características clave de la muerte es que es definitiva, y en efecto, los científicos no han sido capaces hasta ahora de presenciar la recomposición del proceso homeostático desde un punto termodinámicamente irrecuperable.
Sin embargo, hay muchas religiones que no están convencidas de que la muerte sea siempre y necesariamente irreversible, y por ello creen literalmente en un poder sobrenatural capaz de resucitar después de la muerte, mientras que otros tienen fuertes esperanzas en el desarrollo de procesos que paralicen el deterioro termodinámico de un cuerpo orgánico sin la función homeostática, almacenarlo y aplicar técnicas de reanimación perfectamente plausibles desde ese punto de deterioro. La criónica es uno de los más investigados.
[editar] Consecuencias psicológicas de la muerte humana
Para la mente humana, las consecuencias psicológicas de la muerte se derivan de la ruptura entre lo esperado y lo obtenido. Obligan al cerebro a cambiar fisiológicamente las conexiones sinápticas de las neuronas. El impacto es tan fuerte que, al no poder usar los esquemas sinápticos habituales, el cerebro puede inhibir el riego sanguíneo a la región implicada entrando en lo que se denomina estado de shock y posible perdida de conciencia (mareos, vómitos, mal estar general, nerviosismo, desmayo, cefaleas, migrañas, etc.). Cuando el organismo sale de ese estado, comienza a asumir la realidad desde un punto energéticamente sostenible (en los casos en los que no se sostiene, suelen acabar en depresión crónica, suicidio o cualquier otra alteración de la personalidad), reconstruyendo el mapa sináptico por caminos alternativos, que marcarán a la persona para el resto de su vida (en muchos casos no acaba reconstruyéndose definitivamente).
El dolor emocional de la muerte es el resultado de la pérdida del ser amado que durante su existencia ha marcado e influido en la vida de sus seres allegados y , a partir del momento de la muerte, dicha presencia dejará un vacio irremplazable. El dolor esta ligado a la fortaleza de los lazos afectivos. Así, aunque el dolor de cada individuo es único, dentro de ese individuo el dolor será mayor si los lazos afectivos con el fallecido han sido mas fuertes. El dolor emocional guarda también relación con el concepto que los allegados tengan sobre la vida y la muerte. Tener un sistema de creencias que sostengan la personalidad ante esas sítuaciones, suele ser una de las formas de encajar el suceso. Por el contrario, muchas personas también han descubierto que el poder de la razón puede lleguar a influir en el sentimiento; aunque, por supuesto, el dolor emocional es inevitable.
[editar] Muerte humana: definiciones y significados emotivos
El tipo de muerte más importante para el ser humano es sin duda la muerte humana. La reflexión acerca de la muerte del ser humano trae consigo algunas preguntas.En primera instancia, ¿cómo puede ser determinado el momento exacto de una defunción? Esto resulta importante por varios motivos. Conocer con certeza el instante de una muerte sirve entre otras cosas para asegurar que el testamento del difunto será únicamente aplicado tras su muerte, y en general guiarnos con respecto a cuándo actuar apropiadamente ante una persona difunta.
[editar] Medicina forense
En particular, identificar el momento exacto de la muerte es importante en casos de transplante de órganos, ya que los órganos deben ser retirados del cuerpo lo más pronto posible tras la muerte.
Históricamente los intentos por definir el momento preciso de la muerte han sido problemáticos. Antiguamente se definía la muerte (evento) como el momento en que cesan los latidos del corazón y la respiración, pero el desarrollo de la ciencia ha permitido establecer que realmente la muerte es un proceso, el cual en un determinado momento, se torna irreversible. Hoy en día, cuando es precisa una definición del momento de la muerte, se considera que este corresponde al momento en que se produce la irreversibilidad de este proceso. Existen en medicina protocolos clínicos que permiten establecer con certeza el momento de la muerte, es decir, que se ha cumplido una condición suficiente y necesaria para la irreversibilidad del proceso de muerte.
Gracias al avance tecnológico de la medicina, hoy es posible mantener una actividad cardíaca y ventilatoria artificial en cuidados intensivos, en una persona en la que el proceso de degradación homeostática se ha tornado irreversible. El protocolo utilizado para el diagnóstico de la muerte en este caso es diferente y debe ser aplicado por especialistas en ciencias neurológicas, hablándose entonces de "muerte cerebral" o "muerte encefálica". En el pasado, algunos consideraban que era suficiente con el cese de actividad eléctrica en la corteza cerebral (lo que implica el fin de la conciencia) para determinar la muerte encefálica, es decir, el cese definitivo de la conciencia equivaldría a estar muerto, pero hoy se considera, en casi todo el mundo, difunta a una persona (aún si permanece con actividad cardiaca y ventilatoria gracias al soporte artificial en una unidad de cuidados intensivos), tras el cese irreversible de la actividad vital de todo el cerebro incluido el tallo cerebral (estructura más baja del encéfalo encargada de la gran mayoría de las funciones vitales), comprobada mediante protocolos clínicos neurológicos bien definidos y soportada por pruebas especializadas.
En estos casos, la determinación de la muerte puede ser dificultosa. Un electroencefalograma, que es la prueba más utilizada para determinar la actividad eléctrica cerebral, puede no detectar algunas señales eléctricas cerebrales muy débiles o pueden aparecer en él señales producidas fuera del cerebro y ser interpretadas erróneamente como cerebrales. Debido a esto, se han desarrollado otras pruebas más confiables y específicas para evaluar la vitalidad cerebral como la Tomografía por Emisión de Fotón Único (SPECT cerebral), la Panangiografía cerebral y el Ultrasonido transcraneal.
[editar] El deseo y la capacidad de morir.
Algunas personas, en momentos determinados de su vida, experimentan el sentimiento autodestructivo de terminar su existencia. El acto para conseguirlo, es lo que llamamos suicidio. Lo contrario, es el deseo de vivir o Instinto de supervivencia que nos indica el esquivar la muerte.
[editar] La muerte en la sociedad humana
En torno a la muerte giran todas las culturas y organizaciones sociales humanas. Así, su concepción de la muerte como fin o como tránsito, su creencia en una vida después de la muerte, en el Juicio Final... actúan como condicionantes para la actuación de los individuos en un sentido u otro. La idea de inmortalidad y la creencia en el Más Allá aparecen de una forma u otra en prácticamente todas las sociedades y momentos históricos. Parece que el ser humano necesita creer en ello como cláusula de cierre que otorgue sentido a su existencia. No existen evidencias concluyentes ni a favor ni en contra de esa vida ultraterrena (véase experiencia cercana a la muerte), por lo que queda al arbitrio de los individuos, en el marco de los conceptos dados por su sociedad, la decisión de creer o no creer y en qué creer exactamente. La esperanza de vida en el entorno social determina la presencia en la vida de los individuos de la muerte, y su relación con ella. Su presencia en el arte es constante, siendo uno de los elementos dramáticos a los que más se recurre tanto en el teatro, como en el cine o en novelas y relatos.[editar] Tradiciones religiosas
La segunda pregunta en surgir de la muerte humana y tal vez la más interesante es: ¿Qué ocurre a los seres humanos tras la muerte?. Realmente, lo que se preguntan es qué ocurre con las facultades mentales de la persona que ha fallecido. Unos creen que se conservan gracias al espíritu que impelía a su mente, elevando su estado de conciencia a realidades aun mayores, otros creen en la migración del alma de un ser humano tras su muerte a un plano físicamente inalcanzable. Preguntas sobre la existencia de la vida después de la muerte o la reencarnación continúan hoy sin resolver, principalmente por su alto contenido de emotividad, aspecto que ciega a los procesos racionales de la mente. Razonar con personas que han depositado sus esperanzas en ideas insostenibles desde el punto de vista racional, provoca violencia, o una lucha interna por conservar sus valores que le permiten a su mente retroalimentarse de la forma que lo hace.
La religión cristiana considera la muerte como el fin de la permanencia física del hombre en su estado carnal, el espíritu abandona el cuerpo físico que se deteriora y que es incapaz de sostenerse bajo las leyes de este universo finito, la unión del espíritu y del cuerpo constituyen el alma.
Según la religión cristiana de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, (Mormona), el espíritu que abandona el cuerpo es semejante en apariencia al que deja en estado carnal, pero en su forma más joven. Los conocimientos adquiridos, la apariencia física se conservan pero en un estado de perfección intangible para este mundo y más puro.
El Mundo de los Espíritus es paralelo al este mundo y su relación con el Ser Supremo es más directa, este mundo tiene una división en un lugar llamado Paraíso, para aquellos que fueron justos y el otro, el de los espíritus encarcelados quienes cometieron pecado, fueron injustos y abominaciones ante Dios, es la última oportunidad de redimirse antes de un llamado Juicio Final. Aquellos espíritus que acceden al Paraíso tienen la oportunidad de volver a ver a sus seres queridos que ya había partido.
El Paraíso es un mundo dinámico donde se realiza una interacción con la obra de Dios para con los hombres en la tierra mediante ministerio de ángeles. Según esta religión la obra de Dios se resume en las siguientes frases: -"Esta es mi Obra y mi Gloria, llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre"-
Muchos antropólogos creen que los entierros dedicados de los Neandertales son evidencia de su creencia en la vida después de la muerte.
[editar] Véase también
[editar] Artículos sobre rituales
[editar] Artículos sobre medicina
[editar] Enlaces externos
- Imagen:Commons-logo.svg Commons alberga contenido multimedia sobre la Muerte.Commons
- Imagen:Wikiquote-logo.svg Wikiquote alberga frases célebres de o sobre Muerte.
- La Muerte es el principio de la Vida
- Libros que hablan sobre la muerte desde el punto de vista esotérico e iniciático
- Algunas consideraciones sobre el temor a la muerte
- Obra de E. Tait, destinada a demostrar científicamente la Vida después de la Muerte
- http://www.bioeticaunbosque.edu.co -> MORIR:COMO EJERCICIO FINAL A UNA VIDA DIGNA
[editar] Bibliografía relacionada
- La muerte en Occidente. Aries, P. Barcelona: Argo Vergara. 1982
- La negación de la muerte. Becker, E. Barcelona: Kairós. 2003
- Los significados de la muerte. Bowker, J. Cambridge University Press. 1996
- Los tópicos de la muerte. La gran negación. Cobo Medina, C. Madrid: Ediciones Libertarias. 2000
- Paseo alrededor de la muerte. García-Sabell, D. Madrid: Alianza Editorial. 1999
- Sobre la muerte y los moribundos. Kübler-Ross, E. Barcelona: Grijalbo. 1989
- La muerte explicada a mi hija. Huisman-Perrin, E. Barcelona: El Aleph. 2003
- La ansiedad ante la muerte. Lonetto, R. y Templer, D. I. Barcelona: Ediciones Temis. 1992
- Illusión: Making Sense of the Senses. Gregory, Richard. Oxford University Press. 2002.
- Synaptic Self, How Our Brains Become Who We Are. Ledoux, Joseph. Penguin. 2003
- El cerebro y el mito del yo, el papel de la neuronas en el pensamiento y el comportamiento humano. Llinás, Rodolfo. Belacqua. 2003.
- La gran diferencia, ¿Como son realmente los cerebros de hombres y mujeres?. Baron-Cohen, Simon. Editorial Amat. 2005
- Vida después de la vida. Moody, R. A., Jr. Barcelona: Círculo de Lectores. 2006
- El horror de morir: el valor de la muerte en la vida humana. Arregui, Jorge V. Tibidabo Edicions. 1992 ISBN 978-84-86421-89-2
- Los seres queridos. Waugh, Evelyn. Círculo de Lectores. 2000. ISBN 978-84-226-7804-5
- Muerte y supervivencia. Scheler, Max. Encuentro Ediciones. 2001. ISBN 978-84-7490-623-3
- Muerte e inmortalidad. Pieper, Josef. Herder. 1982. ISBN 978-84-254-0530-3
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