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Josemaría Escrivá de Balaguer

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Josemaría Escrivá

Imagen de Josemaría Escrivá que se usa en la estampa para la devoción

Nombre:José María Julián Mariano Escrivá de Balaguer y Albás
Apodo:{{{apodo}}}
Nacimiento:9 de enero de 1902
Barbastro, Huesca
Muerte:26 de junio de 1975 (Edad: 73)
Roma, Italia
Festividad:26 de junio
Venerado en:Iglesia Católica Romana
Simbología:
Patrón:
Centro:{{{lugar de peregrinación}}}
Órdenes: {{{orden}}}
Beatificación: 17 de mayo de 1992, Ciudad del Vaticano por el Papa Juan Pablo II
Canonización: 6 de octubre de 2002, Ciudad del Vaticano por el Papa Juan Pablo II
Cuestiones: {{{cuestiones}}}

Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, nacido José María Julián Mariano Escrivá Albás (* Barbastro, Huesca, 9 de enero de 1902 - † Roma, 26 de junio de 1975), sacerdote español fundador en 1928 del Opus Dei y santo de la Iglesia Católica.

Fue beatificado por Juan Pablo II el 17 de mayo de 1992 (junto a la religiosa canosiana sudanesa, Josefina Bakhita) y canonizado el 6 de octubre de 2002. Su fiesta se celebra el 26 de junio.

Tabla de contenidos

[editar] Vida

[editar] Primeros años

Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Sus padres se llamaban José Escrivá y María Dolores Albás Blanc. Era el segundo de cinco hermanos; sus tres hermanas pequeñas murieron siendo niñas. Posteriormente nacería el último. Cuando José María cumplió dos años, padeció una enfermedad grave de la que se temió por su vida, recuperándose después. En los años 1960 y 1970, atribuyó esta curación a la Virgen María, impulsando la construcción del nuevo santuario de Torreciudad.

En 1915 quebró el negocio del padre, que era el comercio de tejidos, quedando la familia en la ruina. Tuvieron que trasladarse a Logroño donde su padre encontró un trabajo como dependiente, cosa que afectó al joven José María Escrivá. Sin embargo, continuó estudiando hasta acabar el bachillerato y en octubre de 1918, cuando tenía dieciséis años, inició la carrera de sacerdote como alumno externo en el seminario de Logroño.

José María ingresó en el seminario, en el mes de octubre de 1918. Vio las huellas de pasos de un carmelita descalzo en la nieve. Impresionado por aquello, decidió hacerse sacerdote, si bien por consejo de su padre inició también la carrera de derecho, doctorándose en 1939.

En septiembre de 1920, se trasladó a Zaragoza a estudiar derecho. Algunos de sus compañeros del seminario de Zaragoza lo recuerdan como un joven despierto, inteligente y alegre, a la vez que muy piadoso, mientras que otros en cambio lo vieron con aspecto reservado y de temperamento rígido y distante <ref>Herrando, Ramón (2002): Los años del Seminario de Josemaría Escrivá en Zaragoza (1920-1925), Madrid, Rialp. Incluye un apéndice con testimonios autografiados de 22 personas ajenas al Opus Dei (compañeros del seminario y de la Universidad, parientes cercanos, amigos de infancia, etc.) que lo recuerdan como "un joven despierto, inteligente y alegre, a la vez que muy piadoso". Solo se conoce un testimonio distinto. Es el de Manuel Mindán Manero compañero de Escrivá en el seminario, que también se hizo sacerdote, y le califica de "hombre oscuro, introvertido y con notable falta de agudeza".</ref>. En las navidades de 1922 había recibido los grados de ostiario y lector, junto con los de exorcista y acólito. Sus superiores apreciaron sus dotes, al nombrarlo Inspector del seminario -encargado de mantener la disciplina entre los seminaristas, tanto en clase como en los paseos- siendo un hecho insólito que designaran a un seminarista y no a un sacerdote para este cargo. Su padre José Escrivá muere en 1924, y José María queda como cabeza de familia. Recibe la ordenación sacerdotal el 28 de marzo de 1925 y comienza a ejercer el ministerio en varias parroquias rurales (entre ellas en Perdiguera, un pueblo de la comarca de Los Monegros) y luego en Zaragoza, con preferencia en la iglesia de San Pedro Nolasco, regida entonces por sacerdotes jesuitas.

[editar] Fundación del Opus Dei

En 1927 se traslada a Madrid, con permiso de su obispo, para iniciar la tesis del doctorado en Derecho. El 2 de octubre de 1928 Josemaría "vio" -era la expresión que usaba para explicar este acontecimiento- que Dios le pedía que difundiese en todo el mundo la llamada universal a la santidad, y que abriera un nuevo camino dentro de la Iglesia —el Opus Dei— para transmitir esa llamada a todos los hombres. La certeza de su visión no ha sido confirmada por la Iglesia Católica, como corresponde respecto de milagros de la misma naturaleza. Desde ese día trabaja en solitario en el desarrollo de la organización, aunque no se materializó como fundación hasta 1935, al tiempo que continúa con el ministerio pastoral que tiene encomendado en aquellos años. Al principio Escrivá dijo que el Opus Dei estaría reservado sólo para hombres, pero algunos años después, en 1930, permitió el acceso de mujeres, aunque no hubo sección femenina como tal hasta 1940.

Hacia 1935/36, en la academia DyA (Derecho y Arquitectura) recién fundada en Madrid, los estudiantes comenzaron a practicar algunas de las ideas que el fundador concibió, y comenzaron a aparecer los signos distintivos de la futura Obra, y que serían consideradas en adelante muestra de "buen espíritu", como la corrección fraterna, ayunos y la mortificación corporal. Por ejemplo dormir en el suelo, castigarse el cuerpo por medio de un cilicio apretado en el muslo durante dos horas al día y azotarse con un látigo de cuerda por lo menos una vez a la semana. Según Escrivá, para domar las pasiones, castigando el cuerpo y refrenando la voluntad. Para servir de ejemplo, Escrivá se entregaba de lleno a todas estas mortificaciones, hasta el punto de dejar salpicadas de sangre las paredes cuando se azotaba con el látigo.

Su inclinación por la mortificación corporal queda también reflejado en su libro Camino:

Bendito sea el dolor. -Amado sea el dolor. Santificado sea el dolor... ¡Glorificado sea el dolor! (Máxima 208)
Trata a tu cuerpo con caridad, pero no con más caridad que la que se emplea con un enemigo traidor. (Máxima 226)
Si sabes que tu cuerpo es tu enemigo, y enemigo de la gloria de Dios, al serlo de tu santificación, ¿por qué le tratas con tanta blandura? (Máxima 227)
Contigo, Jesús, ¡qué placentero es el dolor y qué luminosa la oscuridad! (Máxima 229)

El espíritu fundacional se fue completando con una normativa diaria, semanal o mensual, que incluía, entre otras actividades, misa, comunión, rezo del ángelus, visita al sagrario, lectura espiritual, rosario y mortificaciones diarias. Por aquella época el fundador ya se hacía llamar "el Padre" por sus seguidores.

[editar] Guerra Civil

Al estallar la Guerra Civil Española, en 1936, Josemaría se encuentra en Madrid. La persecución religiosa le obliga a refugiarse en diferentes lugares. Por ejemplo Escrivá fue hospitalizado, de forma clandestina, en una clínica psiquiátrica con la cobertura de estar aquejado fuertemente de reumatismo. También fue trasladado al consulado hondureño durante 6 meses, realizando varias tentativas infructuosas para salir con documentación falsa del Madrid republicano.

Ejerce su ministerio sacerdotal, con rieso de su vida, clandestinamente, hasta que en 1937, logra salir de Madrid. Después de una larga travesía con algunos de sus seguidores por los Pirineos, pasando por el sur de Francia, se traslada a la zona nacional hasta Burgos, lugar en el cual, durante la guerra se habían instalado la capital de esa zona.

[editar] Desarrollo del Opus Dei tras la guerra

Cuando acaba la guerra en 1939, Franco como vencedor se erige Caudillo de España, instaurando el llamado Nacionalcatolicismo.

En el ambiente de posguerra civil y preguerra mundial se reflejan algunos puntos de "Camino", escrito años antes y publicado en 1939:

"Tras la guerra viene la paz. ¿Y qué es la paz ? La paz es algo muy relacionado con la guerra. La paz es consecuencia de la victoria!"
"¡La guerra! -La guerra tiene una finalidad sobrenatural- me dices desconocida para el mundo: La guerra ha sido para nosotros... -La guerra es el obstáculo máximo del camino fácil- Pero tendremos, al final, que amarla, como el religioso debe amar sus disciplinas. "(Camino, máxima 311).
"¿Adocenarte? ¿¡Tú... del montón! ¡Si has nacido para caudillo! ". (Camino, máxima 16)
"¡Caudillos!... Viriliza tu voluntad para que Dios te haga caudillo (...)". (Camino, máxima 833)
"Si sientes impulsos de ser caudillo, tu aspiración será: con tus hermanos, el último; con los demás, el primero". (Camino, máxima 365)

Los críticos sostienen que estos puntos tienen connotaciones políticas, en tanto que sus seguidores mantienen que son fundamentalmente de tipo espiritual.

En 1940, tras la guerra, instalado el nuevo régimen, obtuvo el título de doctor en Derecho. Recuperó también el puesto de rector del Real Patronato de Santa Isabel que obtuvo en 1934 y le concedieron ese año el cargo de miembro del Consejo Nacional de Educación y el puesto de profesor de Ética y Deontología en la Escuela Oficial de Periodismo.

Escrivá regresa a Madrid, y en los años siguientes muchos obispos de toda España le llaman para dirigir ejercicios espirituales a sacerdotes de su diócesis. También predica a religiosos -entre ellos a los agustinos de la comunidad del Monasterio de El Escorial- por petición de los respectivos superiores, y a muchos laicos. En una ocasión predicó unos ejercicios espirituales a Franco y su familia en el palacio de El Pardo, al que escribiría más tarde cartas, una de ellas para agradecerle que, entre los principios del Movimiento Nacional se declare "el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia"<ref>Véase la carta citada más abajo.</ref>.

Desde 1941 se desarrolla la "Sección femenina" dentro de la Obra. Con una estructura permanente similar a la de los hombres, estrictamente separada de la sección masculina.<ref> Escrivá mandó imprimir en marzo de 1947 un folleto de cuatro páginas "para uso interno" donde se precisaban las relaciones que habían de tener entre sí la rama masculina y femenina en el seno del Opus Dei. En este se señalaba textualmente que "las dos secciones del Opus Dei son en realidad dos institutos completamente independientes, uno de hombres y otro de mujeres" y que "la Administración (las mujeres que entraban a limpiar) y la residencia administrativa viven como si estuvieran separadas por varios kilómetros: nunca hay relación de ninguna clase entre los que habitan en una y otra casa". También que "a las casas de la Sección femenina, y lo mismo a la Administración, no van jamás, ni de visita, los varones de nuestro Instituto". Ynfante, Jesús, Opus Dei, Grijalbo Mondadori, Barcelona, 1996, pp. 152-153 </ref>

Según el testimonio de una persona contraria a Escrivá (ver referencia), el sacerdote español deseaba ser obispo y trató de aprovechar las nuevas circunstancias para obtener esa dignidad; su nombre figuró durante varias ocasiones en las listas de candidatos a obispo presentadas por el gobierno español, gracias al concordato, que permitía a Franco presentarle al Papa una lista con los candidatos, pero su nombre no encontró apoyo por parte del Vaticano en aquél entonces<ref>Pérez Tenessa, Antonio, "Testimonio", en Moncada, Alberto, "Historia oral del Opus Dei", Plaza & Janés, Barcelona, 1987, p. 93. Su deseo de ser Obispo no está avalado por ninguna otra fuente.</ref>.

Aquello fue importante para Escrivá, ya que descubrió que las cuestiones de futuro para él y para el Opus Dei no estaban en Madrid sino en Roma. Entonces decidió partir a Roma en 1946, donde recibió en 1947 el título de prelado doméstico de Su Santidad que le daba derecho al tratamiento de monseñor, y a utilizar sotana ribeteada de rojo y zapatos de hebilla.<ref>Por deseo de Josemaría Escrivá, desde 1956, comenzó a ser obligatorio dentro del Opus Dei, como saludo al Padre y fundador, besarle la mano a Escrivá con la rodilla izquierda en el suelo.</ref>.

Por aquellos años se le diagnosticó una fuerte diabetes. Sus crisis de salud fueron muy frecuentes a partir de 1944. Como diabético insulinodependiente, Escrivá sufría constantemente cansancios, trastornos de la vista y se mantenía en pie gracias a las inyecciones y a una dieta estricta.

El ciclo fundacional parecía terminado. La primera fundación, la sección de varones, tuvo lugar entre 1935 y 1936; la segunda fundación, la sección de mujeres, entre 1941 y 1942; la tercera fundación, la sección de sacerdotes, entre 1943 y 1944; la cuarta fundación, la incorporación de supernumerarios, formada en su mayoría por hombres y mujeres casados, además de la admisión de cooperadores (que podían ser no creyentes o de otras religiones), tuvo lugar entre 1947 y 1948. A partir de entonces, la organización iba a presentar su fisonomía definitiva. Hubo, sin embargo, algunos retoques posteriores, como la sustitución de los nombres de oblata y oblatos por los de agregadas y agregados o el de numerarias sirvientas por numerarias auxiliares, en los estatutos de 1982.

[editar] Traslado a Roma y expansión

Escrivá inició operaciones jurídicas para el reconocimiento del Opus Dei por parte del Vaticano. En 1947 y 1950, obtuvo la aprobación del Opus Dei como Instituto Secular de derecho pontificio. Siendo aprobados unos estatutos secretos en 1950<ref>Los estatutos de 1950 tienen 479 normas escritas en latín, la norma 194 prohibía expresamente traducirlo a otras lenguas y divulgarlas: "Estas Constituciones, las instrucciones publicadas y las que puedan en lo futuro publicarse, así como los demás documentos, no han de divulgarse; más aún, sin licencia del Padre [Escrivá], aquellos de dichos documentos que estuvieren escritos en lengua latina ni siquiera han de traducirse a las lenguas vulgares."

Sin embargo, las constituciones secretas del Opus Dei fueron publicadas en 1970 en París como apéndice en un libro titulado "La prodigiosa aventura del Opus Dei: génesis y desarrollo de la Santa Mafia", por Jesus Ynfante. </ref>, en los cuales los laicos hacían, si bien de forma privada los tres votos clásicos de obediencia, castidad y pobreza.

En 1947 tuvo lugar la adquisición en Roma de una amplia casa, con jardín en el número 73 de la calle Bruno Buozzi.

La construcción de la casa central de la Obra y sede del Colegio Romano del Opus Dei duraría trece años, hasta 1960. A partir de la casa originaria se levantaron ocho edificios. Todo ello dio a la construcción un aire imponente, al ser una estructura compleja e interconectada formada por los ocho edificios, con doce comedores y catorce oratorios, algunos de los cuales eran subterráneos, dando cabida el mayor de los oratorios a más de doscientas personas.

En la Casa de Roma, el sagrario del oratorio de la Trinidad fue el preferido de Escrivá y en donde rezaba con mayor devoción. Allí sus hijos colocaron la Columba, una "paloma eucarística", objeto muy apreciado dentro del Opus Dei. La famosa Columba se halla colgada del techo encima del altar y es una paloma fabricada de oro y piedras preciosas, en cuyo buche se abre un pequeño sagrario donde se guardan las hostias consagradas para la comunión.

Escrivá también recibió el nombramiento de miembro honorario de la Pontificia Academia de Teología. Obtiene el doctorado en Teología por la Pontificia Universidad Lateranense. Es nombrado consultor de dos Congregaciones vaticanas, miembro honorario de la Pontificia Academia de Teología.

Sigue con atención los preparativos y las sesiones del Concilio Vaticano II (1962-1965), y mantiene un trato intenso con muchos de los padres conciliares. No obstante, Escrivá no participó en ninguna de las comisiones o sesiones conciliares, ya que no fue invitado[cita requerida].

[editar] Ultimos años

A causa de la diabetes y de las complicaciones asociadas a ella, la salud de Escrivá se fue deteriorando gravemente.

Según críticos como Jesús Ynfante[cita requerida], sus episodios de mal humor y cólera fueron más frecuentes al hacerse mayor, como narra Lluis Carandell en una anécdota.<ref>Cuenta Luis Carandell en su biografía sobre Escrivá, que el fundador del Opus Dei fue a inaugurar un centro de la Sección Femenina dedicado a escuela de hogar. Aquel día, la decoración del local a cuya inauguración asistía no le debió gustar y comenzó a ponerse de mal humor. Escrivá se fue poniendo cada vez más nervioso y llegó un momento en que se acercó a una puerta y dijo: "Esta moldura es una porquería." Y tomando un extremo de la moldura, tiró de ella y la arrancó de cuajo. Luego hizo lo mismo con otras molduras de la misma puerta y con las de las ventanas más próximas. [Carandell, Luis, "Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer", Deriva, Madrid, 1992, pp. 153-154]. Ahora bien, el historiador católico conservador Ricardo de la Cierva, que mostró la supuesta falsedad en la obtención del Marquesado de Peralta por parte del fundador del Opus Dei, concede muy poco valor a la biografía de Carandell, hasta el punto de tacharla de "jocosa y estúpida" en el capítulo 9 de su libro Las Puertas del Infierno</ref>.

A pesar del deterioro de su salud, Mons. Escrivá siguió estimulando y guiando en esos años la difusión del Opus Dei por todo el mundo. Con el mismo objeto, a partir de los años setenta Escrivá comienza a recorrer el mundo en lo que él denominaba "correrías apostólicas" y también "campañas de catequesis". Durante el verano de 1974, Escrivá estuvo tres meses en Sudamérica de los cuales permaneció enfermo más de diez días en Perú guardando cama; en Quito, capital del Ecuador, permaneció entre el 1 y el 10 de agosto sin poder ver a nadie ni llevar al cabo plan alguno; el 15 de agosto se trasladó a Venezuela, había llegado todavía enfermo y como su estado físico empeoró en Caracas, decidieron acortar el largo viaje de catequesis del fundador del Opus Dei.

[editar] Solicitud y concesión del Marquesado de Peralta

Posiblemente uno de los episodios más controvertidos en la vida de Mons. Escrivá sucedió en 1968. Cuando solicita y le es concedido por el gobierno de Franco, en parte -según el Jesús Ynfante, autor muy crítico con el Opus Dei- gracias a la colaboración de un miembro del Opus Dei en el Ministerio de Justicia<ref>En Madrid, una de las personas que intervino en la obtención del título nobiliario fue Alfredo López, miembro supernumerario del Opus Dei, que se encargó como subsecretario del Ministerio de justicia de gestionar directamente la concesión del marquesado de Peralta</ref> el título de Marqués de Peralta. <ref>Para más detalles sobre ésto último vease "El santo fundador del Opus Dei", Jesús Ynfante, Cap. 9 </ref>, título que retuvo sin usar durante cuatro años, antes de renunciar a él en 1972 en favor de su hermano Santiago. Según la investigación de Ricardo de la Cierva, la concesión, aunque con buena intención, fue obtenida de forma irregular<ref>Ver el controvertido artículo de Ricardo de la CiervaFalsificación del marquesado de Peralta Libro: Los años mentidos. Cap. X (páginas 143 a 158) Autor: Ricardo de la Cierva. Editorial Fénix. Donde se exponen los datos de su investigación. Por otra parte según, el hermano del Fundador, Santiago Escrivá de Balaguer, "fue una decisión heroica, porque sabía muy bien que de aquella decisión él sólo recibiría críticas y daría ocasión a calumnias y difamaciones; pero Josemaría era profundamente justo y no quería privarnos, sólo por esa razón, de ese derecho. Hizo siempre lo que pensaba en conciencia que debía hacer: obraba cara a Dios, y nos enseñó, ante la maledicencia, a perdonar y a olvidar... Actuó de forma solidaria conmigo y, pasado el tiempo oportuno, sin haber usado nunca el título -jamás tuvo la intención de utilizarlo- me lo cedió." [1] </ref>.

[editar] Muerte y canonización. Críticas

Fallece en Roma el 26 de junio de 1975. Tras su muerte, la Santa Sede recibió miles de cartas -entre ellas, las de un tercio del episcopado mundial<ref>[2]</ref> y 41 superiores de órdenes religiosas<ref>Josemaría Escrivá de Balaguer. Itinerario de la causa de canonización, Madrid, Palabra, 1991, p. 23. De los 69 cardenales, 241 arzobispos y 987 obispos que se mostraron favorables a Josemaría, 128 (menos de un 10% del total) lo habían conocido personalmente, un número que, considerado en sí mismo, no deja de ser elevado. Entre ellos, Mons. García Lahiguera, que fue arzobispo de Valencia, y que lo trató durante más de 40 años.</ref>- solicitando la apertura del proceso de beatificación y canonización. Finalmente, su causa se introdujo en 1981 <ref>Dudas y textos Josemaría Escrivá, Un Sembrador de Paz, por José Miguel Cejas</ref> y el 17 de mayo de 1992, Juan Pablo II beatifica a Josemaría Escrivá de Balaguer en la plaza de San Pedro, en Roma. «Con sobrenatural intuición», dijo el Papa en su homilía, «el beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado». El 6 de octubre de 2002, es canonizado por Juan Pablo II en Roma, apoyado por las miles de personas que asistieron a los actos<ref> Artículos de El País yEl Mundo sobre la canonización.</ref>. Durante la ceremonia de su canonización, Juan Pablo II animó a todos a buscar la santidad en medio del mundo, en el trabajo y la vida ordinaria, tal como lo enseñaba el nuevo santo y siguiendo su ejemplo.

Su rápido<ref>[3]</ref> proceso a los altares no estuvo exento de polémica y oposición. Los detractores critican lo que ven como una canonización relámpago o "turbosantidad" de Escrivá. Porque afirman que el proceso entero estuvo plagado de irregularidades. <ref>Kenneth Woodward, periodista de la revista Newsweek, que escribió el libro La fabricación de los santos subtitulado "Cómo la iglesia católica determina quién se convierte en santo, quién no, y porqué" (1990), dice que el oponente oficial, fue puenteado y que importantes testigos críticos con el opus no fueron llamados. Según él, no es cierto que oyeron a once críticos de la canonización de Escrivá, sino que solamente había uno. Rechazando de entrada miembros cercanos al fundador, entre ellos: Maria del Carmen Tapia, Miguel Fisac, el padre Vladimir Feltzman y John Roche. A este respecto hay que decir que los nombres de los testigos contrarios fueron introducidos por la Postulación del Opus Dei en la propuesta de testigos para la Causa. Sin embargo, fueron rechazados por el Tribunal. El Opus Dei también incluyó en la documentación las publicaciones contrarias a Escrivá publicadas hasta entonces (cfr. Josematía Escrivá de Balaguer. Itinerario de la causa de canonización, Madrid, Palabra, 1991).

Woodward también afirma que los consultores eran principalmente italianos y miembros del Opus Dei. Sin embargo, a pesar de que, según la praxis vigente en la Congregación para las Causas de los Santos, los nombres de los consultores no se pueden hacer públicos (ni, por tanto, su procedencia), en el proceso se hizo constar explícitamente que ninguno de ellos pertenecía al Opus Dei. Además, Woodward incide en que la abundancia de recursos económicos del Opus Dei fue utilizada para presionar financieramente sobre centenares de obispos, especialmente del tercer mundo, para enviar informes favorables a los que llevaban el proceso de canonización en Roma. Sin embargo, para el juez del proceso (el padre Rafael Pérez, agustino que durante años fue Abogado del Diablo mientras existió esta figura), esta acusación es insostenible: "No se hace caso de ningún tipo de presiones. Sería casi imposible e ineficaz que las hubiera, porque en cada uno de los distintos pasos intervienen muchas personas", dijo en una entrevista aparecida en el periódico Heraldo de Aragón el 1 de diciembre de 1991. Woodward alega que 1300 obispos se mostraron favorables a Josemaría, pero que de todos ellos, solamente 128 habían conocido personalmente a Escrivá. Número éste que, a pesar de la valoración de Woodward, no deja de ser elevado. La revista Newsweek averiguó también que dos de los jueces, Mons. Luigi De Magistris, y Mons. Justo Fernández Alonso, rector de la iglesia nacional española en Roma, no aprobaron la causa. De hecho, uno de los disidentes escribió según su informe, que la beatificación de Escriva podía causar grave escándalo público en la iglesia.</ref>Si bien también obtuvo el apoyo de diversas figuras de la jerarquía eclesiástica <ref>El arzobispo de París, en 1979 afirmó que si “la Iglesia reconociese la santidad de Monseñor Escrivá (…), el mundo entero obtendría un gran beneficio”, o el del Cardenal Frantisek (arzobispo de Praga), que dijo pocos meses después de su fallecimiento: “su muerte ha sellado una ejemplar vida cristiana y sacerdotal, modelo para la Iglesia”. Mons. García Lahiguera, arzobispo de Valencia, que trató a Escrivá durante más de 40 años, dijo que “contemplando su vida” se podía decir que “Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás era un santo”, y el Cardenal Ángel Suquía afirmó en la clausura del Proceso de Virtudes (paso previo a la canonización) que tenía la “segura esperanza” de que su canonización serviría “para despertar y promover deseos y propósitos de santidad” (éstos y otros testimonios en Josemaría Escrivá de Balaguer. Itinerario de la Causa de Canonización, Op. cit., pp. 77-91).</ref>.

En la actualidad hay más de ochenta mil miembros del Opus Dei, como se indica en el Anuario Pontificio, que se actualiza periódicamente<ref>A partir de 1982, después de conseguir el estatuto de prelatura personal, el número de miembros del Opus Dei debía ser comunicado a las autoridades eclesiásticas. Para cumplir con el requisito, la guía oficial de la Iglesia, el Anuario Pontificio, reconoce en el año 1986, en el apartado de prelatura personal, como miembros, a 1.217 sacerdotes, 56 nuevos sacerdotes y 352 seminaristas mayores; y tres años más tarde en el Anuario Pontificio de 1989, aparecía la cifra de 74.401 laicos, que si se añaden a los sacerdotes y seminaristas citados anteriormente suman alrededor de 76.000 miembros. Con esta cifra de más de setenta mil miembros se siguieron manteniendo hasta finales del siglo XX</ref>.

[editar] Personalidad y actitudes

[editar] Actitudes en general

El psiquiatra vienés Viktor Frankl —uno de los primeros discípulos de Freud—, habló en una ocasión con el fundador del Opus Dei. Junto a su mujer, viajó a Roma por motivos profesionales, y allí visitaron a Josemaría Escrivá.

Después, el profesor Frankl resumió sus impresiones: “Lo que más me llamó la atención de su personalidad fue, en primer lugar, la refrescante serenidad que emanaba de él y que envolvía toda la conversación. Después, el increíble ritmo con que fluían sus ideas; y, finalmente, la sorprendente capacidad de entablar contacto inmediatamente con sus interlocutores”<ref>John Allen: Opus Dei: una visión objetiva de la realidad y los mitos de la fuerza más polémica dentro de la Iglesia Católica, Barcelona, Planeta, 2006, p. 72; Cfr. William J. West: Opus Dei. Ficción y realidad, Madrid, 1989, p. 54.</ref>.

Viktor Frankl era tres años más joven que Josemaría Escrivá. Judío, sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en varios campos de concentración nazis (incluidos Auschwitz y Dachau). En el prefacio de uno de sus libros, escribe: “A pesar de todo, uno debe decir ‘sí’ a la vida”. Frankl captó esta "joie de vivre" (‘alegría de vivir’) durante su conversación en Roma con el fundador del Opus Dei. Así lo describe en términos técnicos: “Monseñor Escrivá vivió de manera plena el momento presente, abriéndose a él y dándose a sí mismo completamente”<ref>John Allen: Op. cit. Barcelona, Planeta, 2006, p. 73.</ref>.

Rasgos de su personalidad eran su gran carisma y simpatía, y su carácter decisivo y enérgico, que le llevaban a mostrarse iracundo con sus colaboradores cuando no obtenía los resultados que esperaba. Y por eso, pedía perdón.[cita requerida]

El Cardenal Ratzinger, en aquel entonces Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la fe (Antiguo Santo Oficio), dice en un artículo publicado con ocasión de la canonización de Escrivá: Siempre me ha llamado la atención el sentido que Josemaría Escrivá daba al nombre Opus Dei; una interpretación que podríamos llamar biográfica y que permite entender al fundador en su fisonomía espiritual. Escrivá sabía que debía fundar algo, y a la vez estaba convencido de que ese algo no era obra suya: él no había inventado nada: sencillamente el Señor se había servido de él y, en consecuencia, aquello no era su obra, sino la Obra de Dios<ref>Artículo del Card. Ratzinger publicado con ocasión de la canonización de Josemaría Escrivá</ref>.

"Todo esto nos ayuda a comprender por qué Josemaría Escrivá no se consideraba “fundador” de nada, y por ello se veía solamente como un hombre que pretendía cumplir una voluntad de Dios, secundar esa acción, la obra –en efecto- de Dios. En este sentido, constituye para mí un mensaje de gran importancia el teocentrismo de Escrivá de Balaguer: está en coherencia con las palabras de Jesús esa confianza en que Dios no se ha retirado del mundo, porque está actuando constantemente; y en que a nosotros nos corresponde solamente ponernos a su disposición, estar disponibles, siendo capaces de responder a su llamada. Es un mensaje que ayuda también a superar lo que puede considerarse como la gran tentación de nuestro tiempo: la pretensión de pensar que después del big bang, Dios se ha retirado de la historia"<ref>Artículo del Card. Ratzinger publicado con ocasión de la canonización de Josemaría Escrivá</ref>.

"En el Fundador del Opus Dei destaca el amor a la voluntad de Dios," dice Juan Pablo II. "Existe un criterio seguro de santidad: la fidelidad en el cumplimiento de la voluntad divina hasta las últimas consecuencias. El Señor tiene un proyecto para cada uno de nosotros; a cada uno confía una misión en la tierra. El santo no logra ni siquiera concebirse a sí mismo fuera del designio de Dios: vive sólo para realizarlo." <ref>Artículo aparecido en La Voz Católica, Periódico de la Archidiócesis de Miami</ref>.

En el Decreto Sobre sus Virtudes Heroicas, dice Juan Pablo II que es a partir de su generosidad hacia los dolores y la cruz de la percusión que el Opus Dei se extendió: "Durante la guerra civil española conoció el furor de la violencia antirreligiosa y dio pruebas diarias de heroísmo, prodigándose en la oración, en la penitencia y en una actividad sacerdotal incesante. Muy pronto se vio rodeado por una consistente fama de santidad. Inmediatamente después de la guerra fue invitado por los obispos a predicar los ejercicios espirituales al clero, y contribuyó eficazmente a la renovación de la vida religiosa en el país. También numerosas Ordenes y Congregaciones religiosas acudieron a su solicitud pastoral. Contemporáneamente, el Señor permitió que cayera sobre los hombros de su Siervo la Cruz de las incomprensiones, a las que Monseñor Escrivá de Balaguer respondió siempre con el perdón, llegando a considerar a sus detractores como auténticos bienhechores. La Cruz multiplicó las bendiciones celestiales y el apostolado del Siervo de Dios se extendió con rapidez sorprendente."<ref>Decreto Sobre sus Virtudes Heroicas</ref>.

Algunos critican en Escrivá su defensa de la mortificación de la carne y han sugerido que se trata de un síntoma de algolagnia[cita requerida]. Los defensores sostienen en cambio que "tradicionalmente, la teología católica ha entendido la mortificación corporal como una forma de ascetismo, un camino para llevarnos hacia una vida virtuosa y santa (...), un método de entrenamiento del cuerpo para soportar las dificultades", que "une a los cristianos con el sufrimiento de Cristo, especialmente en la pasión y en la muerte en la Cruz"<ref>John Allen: Op. cit. pp. 210 y 211. Por lo demás, la mortificación es un tema que aparece en la mayoría de los demás autores espirituales (véase la citada obra de Allen, pp. 201-220).</ref>.

Durante el Ángelus, después de la canonización de Escrivá, Juan Pablo II dijo: El amor a la Virgen es una característica constante de la vida de san Josemaría Escrivá, y es parte eminente de la herencia que lega a sus hijos e hijas espirituales<ref>Juan Pablo II, Ángelus, Domingo 6 de octubre de 2002.</ref>.

Cuando tenía unos 10 u 11 años de edad, ya tenia la costumbre de llevar el rosario en el bolsillo. Como sacerdote, Escriva terminaba su predicación con una conversación personal con la Virgen. Indicó a sus seguidores que pusieran en todas las habitaciones un cuadro de la Virgen, y los encareció a saludar estas imágenes cuando entraran a la habitación.

"Escrivá de Balaguer fue un santo de gran humanidad," dice Juan Pablo II. "Todos los que lo trataron, de cualquier cultura o condición social, lo sintieron como un padre, entregado totalmente al servicio de los demás, porque estaba convencido de que cada alma es un tesoro maravilloso; en efecto, cada hombre vale toda la sangre de Cristo. Esta actitud de servicio es patente en su entrega al ministerio sacerdotal y en la magnanimidad con la cual impulsó tantas obras de evangelización y de promoción humana en favor de los más pobres.""<ref>Juan Pablo II: José María Escrivá de Balaguer: "Un santo de lo cotidiano".</ref>.

El filósofo italiano Cornelio Fabro dice que "Escrivá posee la fuerza de los clásicos, el temple de un Padre de la Iglesia"<ref>Cornelio Fabro, El temple de un Padre de la Iglesia, Madrid, Rialp, 2002.</ref>.

[editar] Obediencia

Algunos críticos creen que Escriva se imponía a la gente por su énfasis en la obediencia, como ilustran estos párrafos:

617.- Obedeced, como en manos del artista obedece un instrumento -que no se para a considerar por qué hace esto o lo otro-, seguros de que nunca se os mandará cosa que no sea buena y para toda la gloria de Dios.

620.- Si la obediencia no te da paz, es por ser soberbio.

941.- Obedecer..., camino seguro. -Obedecer ciegamente al superior..., camino de santidad. -Obedecer en tu apostolado..., el único camino: porque, en una obra de Dios, el espíritu ha de ser obedecer o marcharse.

Sin embargo, sus defensores dicen que Jesús, Dios mismo, obedeció a su Padre Dios "hasta la muerte, hasta la muerte en la cruz" porque es la manera para mostrar la ultima revelación de su amor y unión con Dios. Es, a través de la obediencia que se salvó el mundo del pecado de Adán, que no obedeció a Dios.

También fue criticado por sus consejos a las mujeres: Si queréis entregaros a Dios en el mundo, antes que sabios -ellas no hace falta que sean sabias: basta que sean discretas- habéis de ser espirituales, muy unidas al Señor por la oración: habéis de llevar un manto invisible que cubra todos y cada uno de vuestros sentidos. (946 Camino) Es criticado, tras su santificación, su supuesto mal carácter, en especial con las mujeres.

De otra parte, Elizabeth Fox-Genovese, una feminista americana conservadora convertida al catolicismo, y portavoz del movimiento conservador femenino, dijo que el Opus Dei tiene un record envidiable de ayudar a muchas mujeres. Los obispos dicen que el Opus Dei ha elevado el nivel de las mujeres al declarar que la familia y las labores domésticas son un camino hacia la santidad.

[editar] Proselitismo

Se critica también sus métodos de captación de nuevos miembros, generalmente con menores de edad y el proselitismo orientado a aumentar la influencia en las leyes y la sociedad.

387 El plano de santidad que nos pide el Señor, está determinado por estos tres puntos: La santa intransigencia, la santa coacción y la santa desvergüenza.
397 Sé intransigente en la doctrina y en la conducta. -Pero sé blando en la forma. -Maza de acero poderosa, envuelta en funda acolchada. -Sé intransigente, pero no seas cerril.
398 La intransigencia no es intransigencia a secas: es "la santa intransigencia". No olvidemos que también hay "santa coacción".
399 Si, por salvar una vida terrena, con aplauso de todos, empleamos la fuerza para evitar que un hombre se suicide..., ¿no vamos a poder emplear la misma coacción -la santa coacción- para salvar la Vida (con mayúscula) de muchos que se obstinan en suicidar idiotamente su alma?

potencias: orar, orar y orar; expiar, expiar y expiar.

Predicó Escrivá que toda la creación fue santificada por el Verbo hecha carne, y por eso, los juegos, las películas, las reuniones o la política son puntos de encuentro con el Padre Dios que está cerca. Las cosas materiales son buenas, dice Escrivá, y lo que se necesita es "desprendimiento."

[editar] Reconocimientos

A lo largo de su vida le fueron otorgados los siguientes galardones y reconocimientos, aceptándolos a pesar de que él mismo consideraba los títulos y distinciones como elementos de soberbia:

  • Doctor Honoris Causa de la Universidad de Zaragoza.
  • Hijo Predilecto de Barbastro.
  • Hijo Adoptivo de Barcelona.
  • Hijo Adoptivo de Pamplona.
  • Gran Cruz de San Raimundo de Peñafort.
  • Gran Cruz de Alfonso X el Sabio.
  • Gran Cruz de Isabel la Católica.
  • Gran Cruz de Carlos III.<ref>Según Luis Carandell, cuando el gobierno español, le concedió la Gran Cruz de Carlos III, sus seguidores en España mandaron labrar en oro la condecoración que debía imponérsele. El fundador la devolvió con cajas destempladas exigiendo que la Gran Cruz fuese de brillantes. [Carandell, Luis, "Vida y milagros de monseñor Escrivá de Balaguer", Deriva, Madrid, 1992, p. 97]. Sobre la fiabilidad de esta biografía véase el comentario de Ricardo de la Cirva recogido más arriba. No hay otro testimonio para este episodio.</ref>
  • Gran Cruz de Beneficencia.
  • Nombramiento como Monseñor por parte del Papa.

Esto fue en ocasiones motivo de crítica, porque estaría en contradicción con su convicción de que -como expresa en el número 677 de su libro “Camino”-:

«Honores, distinciones, títulos... cosas de aire, hinchazones de soberbia, mentiras, nada.»

[editar] Influencia

Es autor de libros de espiritualidad difundidos en los cinco continentes. El más conocido y popular es Camino, que cuenta con cerca de cuatro millones y medio de ejemplares en 43 idiomas.

Algunos rasgos carasterísticos de Escrivá fueron su profunda adhesión al Papa y a la Iglesia; repetidas veces afirmaba "El Opus Dei (que es "una parte de la Iglesia") está para servir a la Iglesia como ella quiere ser servida".

Sus seguidores consideran a Josemaría Escrivá como precursor del Concilio Vaticano II por su predicación sobre la santidad en medio del mundo, afirmando que las personas de cualquier condición y desde cualquier oficio honesto puede llegar a ser santos, sin necesidad de ser sacerdotes o religiosos.

[editar] Palabras de los Papas sobre Josemaría Escrivá

Con sobrenatural intuición, el beato Josemaría predicó incansablemente la llamada universal a la santidad y al apostolado. Cristo convoca a todos a santificarse en la realidad de la vida cotidiana; por ello, el trabajo es también medio de santificación personal y de apostolado cuando se vive en unión con Jesucristo, pues el Hijo de Dios, al encarnarse, se ha unido en cierto modo a toda la realidad del hombre y a toda la creación (cf. Dominum et vivificantem, 50). En una sociedad en la que el afán desenfrenado de poseer cosas materiales las convierte en un ídolo y motivo de alejamiento de Dios, el nuevo beato nos recuerda que estas mismas realidades, criaturas de Dios y del ingenio humano, si se usan rectamente para gloria del Creador y al servicio de los hermanos, pueden ser camino para el encuentro de los hombres con Cristo.
Juan Pablo II, Ceremonia de beatificación de Josemaría Escrivá, (17-V-1992).
Escrivá de Balaguer, con el Evangelio, decía continuamente: "Cristo no nos pide un poco de bondad, sino mucha bondad. Pero quiere que lleguemos a ella no a través de acciones extraordinarias, sino con acciones comunes, aunque el modo de ejecutar tales acciones no debe ser común". Allí "nel bel mezzo della strada", en la oficina, en la fábrica, nos hacemos santos a poco que hagamos el propio deber con competencia, por amor de Dios, y alegremente, de manera que el trabajo cotidiano se convierta no en una "tragedia cotidiana", sino en la "sonrisa cotidiana.
Juan Pablo I, Artículo en Il Gazzettino, Venecia, (25-VII-1978).
En sus palabras hemos advertido la vibración del espíritu encendido y generoso de toda la Institución, nacida en este tiempo nuestro como expresión de la perenne juventud de la Iglesia (...). Consideramos con paterna satisfacción cuanto el Opus Dei ha realizado y realiza por el Reino de Dios; el deseo de hacer el bien, que lo guía; el amor encendido a la Iglesia y a su Cabeza visible, que lo distingue; el celo ardiente por las almas, que lo empuja hacia los arduos y difíciles caminos del apostolado de presencia y de testimonio en todos los sectores de la vida contemporánea.
Pablo VI en su carta manuscrita —quirógrafo— a mons. Josemaría Escrivá de Balaguer (1-X-1964).

[editar] Palabras de Josemaría Escrivá a Franco

Carta fechada en Roma el 23 de mayo de 1958, cuya fotocopia, en unión de otras inéditas del mismo, se conserva en el archivo de la Fundación Nacional Francisco Franco (C/Marqués de Urquijo, 10, 28008 Madrid), abierto a los investigadores".

Al Excmo. Sr. D. Francisco Franco Bahamonde, Jefe del Estado Español. Excelencia, No quiero dejar de unir a las muchas felicitaciones que habría recibido, con motivo de la promulgación de los Principios Fundamentales, la mía personal más sincera. La obligada ausencia de la Patria en servicio de Dios y de las almas, lejos de debilitar mi amor a España, ha venido, si cabe, a acrecentarlo. Con la perspectiva que se adquiere en esta Roma Eterna he podido ver mejor que nunca la hermosura de esa hija predilecta de la Iglesia que es mi Patria, de la que el Señor se ha servido en tantas ocasiones como instrumento para la defensa y propagación de la Santa Fe Católica en el mundo. Aunque apartado de toda actividad política, no he podido por menos de alegrarme, como sacerdote y como español, de que la voz autorizada del Jefe del Estado proclame que "la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación". En la fidelidad a la tradición católica de nuestro pueblo se encontrará siempre, junto con la bendición divina para las personas constituídas en autoridad, la mejor garantía de acierto en los actos de gobierno, y en la seguridad de una justa y duradera paz en el seno de la comunidad nacional. Pido a Dios Nuestro Señor que colme a Vuestra Excelencia de toda suerte de venturas y le depare gracia abundante en el desempeño de la alta misión que tiene confiada. Reciba, Excelencia, el testimonio de mi consideración personal más distinguida con la seguridad de mis oraciones para toda su familia. De Vuestra Excelencia affmo. in Domino Josemaría Escrivá de Balaguer Roma, 23 de mayo de 1958.

[editar] Notas y referencias

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[editar] Enlaces externos

[editar] Informativos

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