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Historia de Galicia

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Galicia (en gallego Galicia o Galiza), es una Comunidad Autónoma española, que se halla situada en el noroeste de la península Ibérica.

Tabla de contenidos

[editar] Etimología

La denominación deriva del topónimo Gallaecia. Con este nombre los romanos identificaban la provincia del Imperio Romano que abarcaba el tercio de la Península Ibérica situado al norte del río Duero y al oeste del río Pisuerga.

Aunque en esta extensa área territorial convivían grupos humanos asentados desde el Neolítico, el nombre procede de los celtas (indoeuropeos) que se asentaron en la península durante el calcolítico (celtas de Urnenfelder - "campos de urnas - entre 2300 y 1800 adC) y posteriormente a partir del siglo IV adC (celtas de la cultura Hallstat o Sefes). Los celtas aparecen por primera vez en los textos del historiador griego Hecateo de Mileto que en el año 517 adC se refiere a ellos con el nombre de keltoi (Κέλτης) o pueblo oculto. Es posible que esa grafía provenga de la mitología griega, en la que se ubicaba al pueblo celta como descendiente de Celtus <ref>" Celtina, hija de Bretannus , se enamoró de Heracles y huyeron rechazando volver a el a no ser que la contuviera. De Celtus deriva el nombre de la etnia Celta. </ref> transformándose en Celti (Celtae) al incorporarse al latín.

Sin embargo el término Celtae era muy genérico para identificar la gran variedad de asentamientos celtas en Europa, por lo que pronto comenzaron a ser clasificados en función de sus lenguas o de las deidades que veneraban. De esta forma en las islas Británicas se podían encontrar celtas goidélicos y britones entre otros clanes, en tanto que los de la península Ibérica serían conocidos como Kallaikoi (καλλαικoι), tal como relata Estrabón en el siglo I adC.

Si bien Kallaikoi era solo la denominación de los clanes celtas galaicos situados en torno a la desembocadura del río Duero, este término acabó identificando a todos los del noroeste peninsular <ref> Entre sesenta y sesenta y cinco clanes, entre ellos los gróvios (en territorios que hoy corresponden a la región portuguesa del Bajo Miño), ártabros (Ferrol), astures (Asturias), poemanos (Lugo), brácaros (Braga), caporos (Iria Flavia), quarquernos (Serra do Gerês) o los celtae, nombre que se reservaba para los celtas de Brigantium </ref>. El motivo debe encontrarse en su ubicación, una privilegiada zona de paso fluvial y marítimo que favoreció la preeminencia de la populi (población) llamada cale <ref> de Cale decía Salustio en el siglo I adC ser "cívitas in Gallaecia", datando el topónimo así en al menos un siglo antes de la reforma diocleciana. " </ref> (actual Oporto) cuyos habitantes ya serían llamados Caleci o Gallaeci por Plinio el Viejo. Esto derivaría después en los etónimos Calecia o Gallaecia (Galicia) al norte y Porto Cale (Portugal) <ref> Según apunta Coelho da Silva (2000), ya en el Cronicón de Idacio afirma textualmente que Portu Cale está situado ad extremas sedes Gallaeciae estando separada de la Lusitania por el río Duero, Fluvius Dourus dividens... Gallaecia et Lusitania..." </ref> (Portugal) al sur.

La denominación del territorio se consolida en el año 239 dC con la reforma administrativa emprendida por Diocleciano cuando es creada la provincia Gallaecia segregándola de la Tarraconensis al abarcar los conventus Bracarensis, Asturiacensis y Lucensis. El topónimo se conservará incluso en árabe apareciendo como Jalikiah, Yiliquí o Yilliquiyya en los mapas y textos de los cronistas del Califato Omeya de Córdoba. Posteriormente derivaría en Galiza, Galicia y en francés Galyce.

En cuanto a la etimología, la teoría más consolidada indica que procede de la raíz indoeuropea kala (refugio, abrigo) <ref> Higino Martins (1990) </ref> que pasó a las lenguas gaélicas como gall (madre, tierra). Esta teoría es además consistente con las que vinculan el étimo a la Diosa Madre de los celtas, Cal-Leach <ref>" Para el historiador portugués Fuco O'Sores, los celtas del Duero serían los Cal-leic-us, es decir, los hijos de la Diosa Cal-Leach, cuya referencia se ha encontrado en una inscripción en la forma de Calaic-ia en el lugar de Sobreira, cerca de Porto </ref>, como al radical ya latinizado Cale <ref>" Palomar Lapesa (1957), Alberto Firmat (1966), </ref>, de cuyo análisis se identifican los significados de piedra, roca o duro en coherencia con la orografía granítica sobre la que se asentaban estos clanes.

[editar] Prehistoria: Gallaecia

Siguiendo la periodización cronológica al uso, se aborda este extenso período histórico comenzando por las primeras manifestaciones culturales del Neolítico en la región (Oestriminios). En esta época se define la iconografía identitaria galaica que después eclosionará con la llegada de la cultura de las Urnas de Vlenden-Bennghardt de mano de los celtas (Kallaicoi) durante la Edad de Bronce y el Calcolítico. Finalmente, se aborda la romanización desde los primeros enfrentamientos bélicos (romanos) hasta la conformación de la jerarquía eclesiástica priscilianista a finales del siglo IV (priscilianismo).

[editar] Oestrimnios

Los primeros antecedentes de la posterior configuración territorial y cultural galaicas se registran a partir del Neolítico. Tras la aparición del género Homo durante el Pleistoceno, tendrá lugar la transición entre las especies Australopitecus y Sapiens a lo largo de todo el Paleolítico. En un paso intermedio se encuentra la especie Neandertal<ref>El análisis genético del esqueleto fósil del niño del yacimiento del Abrigo do Lagar Velho en Portugal reveló que se trataba de una mezcla de Neandertal y Sapiens</ref> que protagoniza el cambio progresivo de una organización social nómada basada en el sistema de caza y recolección a otra basada en la agricultura. Este cambio favorece la creación de asentamientos más estables y con ellos la emergencia de nuevas formas culturales.

Una de ellas es el megalitismo, que en Europa se desarrolla desde el Neolítico hasta la Edad de Bronce caracterizándose por la presencia de (megalitos)<ref>Básicamente de tres tipos: los círculos líticos o cromlech, los menhires o pedras fitas y los dólmenes o mámoas</ref>, construcciones realizadas con piedras de grandes dimensiones. A la luz de las dataciones arqueológicas<ref>Entre otras Cronología y periodización del fenómeno megalítico en Galicia y norte de Portugal a la luz de las dataciones por carbono 14, (Alonso Matthias y Bello Diéguez).</ref> y síntesis historiográficas<ref>Entre otras The Megalithic tombs of Western Iberia: Reflections on their origins, chronology and geographical distribution. 1999, Copenhague.</ref> hasta la fecha, no se recomienda asumir como probado el comienzo de esta nueva cultura antes del 4300 adC tanto en Galicia como en el norte de Portugal, donde se origina el megalitismo atlántico<ref>También a partir del 3000 adC, comienza una segunda fase, denominada megalitismo oriental o mediterráneo por la presencia de tholoi, al extenderse desde el norte de Portugal al sudeste peninsular apareciendo ciudades fortificadas a partir del 2600 adC (Vila Nova y Los Millares)</ref> al extenderse por toda la fachada atlántica<ref>llegando a la Bretaña francesa en torno al 3800 a.C., alcanzando Irlanda y el sur de la península escandinava a partir del 3500 adC hasta que se consolida en torno al 3000 adC.</ref>. La cultura del megalitismo atlántico vive su apogeo peninsular entre el 3000 y el 2300 adC y se manifiesta de forma homogénea en un área que comprendería el norte de Portugal, Galicia, Principado de Asturias, León y Zamora de forma que su área de implantación sería el precedente de la futura Gallaecia.

Los megalitos que más abundan son los sepulcros funerarios, construcciones formadas generalmente por un túmulo<ref>capa de tierra y piedras, de 10 a 30 metros de diámetro semejante a un montículo</ref> en torno a un dólmen<ref>construcciones ortostáticas</ref> interior con o sin corredor de entrada, en el que se depositaban los cadáveres y un ajuar funerario<ref>La mayor parte de estos sepulcros fueron expoliados en el siglo XIX por el hidalgo Vázquez de Orxás, que obtuvo permiso del gobierno para buscar tesoros en las tumbas de los gentiles galigrecos</ref>. Estos dólmenes se encuentran frecuentemente agrupados en necrópolis situadas en llanuras o altiplanos y proliferan sobre todo en la vertiente septentrional y occidental de la actual Galicia.

El gran número de dólmenes<ref>Registrados más de 10.000, se calcula que pudo haber más de 20.000</ref> inducen la existencia de una población densa y dispersa que, según los análisis arqueológicos, hacía uso de una ganadería primitiva basaba en la cría de bueyes, cerdos, cabras y ovejas y una agricultura de cereales y leguminosas poco sofisticada, lo que les obligaría a seguir dependiendo de las técnicas mesolíticas de caza y recolección. La sociedad megalítica galaica no desarrolló una jerarquización social significativa, como demuestran los ascéticos uniformes de los sepulcros o los enterramientos colectivos, en los que abundan más los útiles de finalidad productiva que los objetos de adorno. Se trataba en cambio de una sociedad igualitaria, compuesta de pequeñas comunidades, poco belicosa y asentada de forma dispersa en el territorio. Su características más destacables serían su sorprendente habilidad arquitectónica —lo que revela una gran capacidad de organización del grupo—, y sobre todo su capacidad de abstracción y trascendencia manifestada en profundo sentido religioso, constatable en la gran cantidad de sepulcros. Los grabados encontrados en ellos describen una mitología centrada en la fecundidad y en la muerte, emergiendo la figura del oficiante o mediador entre los dioses y los seres humanos<ref>Entre otros: Die Megalithkultur in Galicien. Walter de Gruyter. Berlín, New York, 1990; Historia de Galicia. Villares, R. 2004; Elements symbolico-funéraires dans le Mégalithisme galicien. Révue Archéologique de l’Ouest, Rennes, 1992.</ref>.

Las tecnologías megalíticas comienzan a desaparecer con la llegada de las técnicas metalúrgicas. Sin embargo la identidad cultural fraguada en el período megalítico no desaparecerá, sino que continuará transmitiéndose en el tránsito del tercer al primer milenio adC, como demuestra la existencia de los petroglifos, litografías realizadas en piedra granítica al aire libre. La homogeneidad técnica y temática de esta expresión cultural permite definir la existencia de un grupo galaico de arte rupestre caracterizado por una temática abstracta<ref>Formas geométricas como círculos simples o concéntricos, espirales, laberintos, esvásticas de brazos curvos y rectos, trisqueles. Algunos de estos motivos geométricos aparecen en la iconografía de culturas situadas en puntos tan alejados como Asia y América.</ref> que ocupa la mayor parte de la superficie, rodeada por elementos de una temática naturalista, generalmente zoomorfa y antropomorfa junto con elementos como armas, escudos e ídolos-cilindro<ref>Corpus Petroglyphorum Gallaeciae, Ramón Sobrino Buhigas (1935)</ref>. Aunque los elementos naturalistas son los que caracterizan y diferencian la litografía prehistórica galaica frente a sus equivalentes europeos, son los motivos abstractos —en especial laberintos, tramas geométricas y trisqueles— los que se consolidarán en la cultura castreña.

Imagen:IMGP1211.JPG Imagen:IMGP1204.JPG

[editar] Kallaikoi

Cronológicamente, el estadio final de la cultura megalítica se corresponde con la llegada de la cultura del vaso campaniforme en el Calcolítico —entre el 2300 y el 1800 adC en el noroeste peninsular— con las primeras poblaciones indoeuropeas precélticas<ref>El profesor (historiador, arqueólogo y escritor) Florentino López Cuevillas, en su obra La civilización céltica en Galicia, después de exponer un estudio exhaustivo sobre el aspecto político y geográfico, asegura que todas estas tribus en su mayor parte no eran celtas. La relación de tribus pre-célticas que se puede dar es bastante extensa:Oestrimnios (relacionados con los ligures (y comunes a países bretones, ingleses e irlandeses), que permanecieron hasta la llegada de los romanos). Albiones, seurros, tiburos, bibalos, caporos, zoelas, nobiagoi, abii, tirii, veasmini, salassi, rilenii, helenii, grovii, etc., todos ellos asentados desde la Edad de Bronce, es decir antes del 600 a. C. </ref>. A esta cultura se refiere la primera descripción geográfica de la Península Ibérica<ref>En su Ora Marítima (s IV adC) Rufus Festus Avienus realiza la primera descripción geográfica de la Península Ibérica. En ella se refiere a los habitantes del extremo atlántico llamándolos Estrimnios Tras aquellas tierras antes tratadas ábrese una gran ensenada que hasta Ofiusa abarca una grande planicie marina. Desde su costa retrocediendo hacia el llano del mar Interno —por donde el mar llamado Sardo penetraba en esas tierras— distan siete días de marcha a pie. Ofiusa se extiende hacia adelante (...) llamada Estrimnis al principio y los habitantes de estos lugares y campos eran los Estrimnios (...)</ref> con el nombre de Estrimnis o también Oestrimnios <ref>Oestrimnios, Saefes y Ofiolatría en Galicia. 1992 Universidade de Santiago de Compostela. Servizo de Publicacións e Intercambio Científico</ref>. Se trata por tanto de la comunidad aborigen de origen protocéltico existente a la llegada de los celtas sefes o serpes<ref>Denominados así por su culto ofiolátrico (aún hoy en gallego serpiente es "serpes") de los que existe constancia también en la Ora Marítima: (...)y los habitantes de estos lugares y campos eran los Estrimnios, quienes huyeron tras la plaga de serpientes que la desposeyó (a Estrimnia) hasta de su propio nombre. (...)</ref>. Estos se establecieron en el norte de Portugal y el área de la Galicia actual, introduciendo en esta región la cultura de la Urnas de Vlenden-Bennghardt<ref>Una variante de las Urnenfelder</ref> que evolucionaría después en la cultura de los castros o castreña<ref>cite>En la Historia de Galicia de Benito Vicetto (1865) se encuentra una curiosa cita, literalmente: ...he llegado a sospechar otro género de orden, que es como un orden circular alrededor de una comarca. A las faldas de la tierra de Soutelo de Montes, veo que forman círculo los castros de Escuadro, Moalde, Castro, Vite, Oca, Ancorados, el dicho Olivez, y últimamente el castro de Godoy que también forma línea, con los castros que cubren el camino de Soutelo de Montes a la Estrada y a Sanlés (Salnés); de manera que todos dichos castros forman círculo, y el de Godoy que está en Ribela, sobre el río y lugar de Godoy, cierra o termina el dicho círculo, y forma una sección continuada por el dicho camino de la Estrada (...) Debemos advertir aquí que el país á que se refiere dicho P. Sobreira es uno de aquéllos en que las memorias célticas están más vivas y son muy abundantes.</ref></cite>.

Los celtas Sefes, o celtas de Hallstatt, encontraron el noroeste peninsular bastante pobladas<ref>Estrabón asegura que había unas 50 tribus de pueblos diferentes, mientras que Plinio dice que eran más de 65</ref>. Los sefes se superpusieron adaptándose bastante bien, se cree que por su carácter afín indoeuropeo. Fueron los celtas los que se acomodaron y su influencia fue en la mayoría de los casos tardía y esporádica, según se puede saber por la confirmación del estudio de la arquitectura y la metalurgia. Dicha población autóctona más antigua conservó su destacada personalidad lingüística y cultural y también supo intercambiar aspectos culturales con la civilización céltica. Hubo un verdadero trueque de costumbres y de conocimientos.

En esta época se produce un rápido incremento poblacional debido a los desplazamientos desde la meseta debido al clima atlántico, con un mayor grado de humedad. Este incremento de habitantes genera conflictos que como consecuencia traen un aumento de la minería, derivado de la producción de armas y objetos de uso cotidiano. Debido a la abundancia de metales nobles, las piezas de ornamento y joyería de este período non han tenido parangón en la historia, siendo muy valoradas como lo demuestra el hecho de haber sido encontradas no solo en puntos distantes de la Península sino también en el sur y centro de Europa.

Esta cultura, junto con los elementos que sobreviven de la cultura megalítica atlántica y las aportaciones que proceden de las culturas mediterráneas más occidentales, acaban derivando en lo que se ha denominado la Cultura Castreña. Esta denominación hace referencia a las características poblaciones celtas llamados dùn, dùin o don en lengua gaélica y que los romanos llamaron Castros en sus crónicas.

En cuanto a la organización social de los celtas galaicos, las primeras referencias documentales que se encuentran sobre la sociedad castreña son las que proporcionan los cronistas de las campañas militares romanas como Estrabón, Herodoto o Plinio entre otros. Estos describen a los habitantes de estos territorios como un conjunto de bárbaros que pasan el día peleando y la noche comiendo, bebiendo y danzando bajo la luna.

De las crónicas romanas, junto a los Leabhar Ghabhála Érenn así como de la interpretación de los abundantísimos restos arqueológicos por toda la actual Galicia y norte de Portugal, es posible inferir que se trataba de una sociedad matriarcal, con una aristocracia militar y religiosa probablemente de tipo feudal. Las figuras de máxima autoridad eran el caudillo, de tipo militar y con autoridad en su castro o clan, y el druida, principal referentes médico y religioso que podía ser común a varios castros. La cosmogonía celta se mantenía homogénea debido a la facultad de los druidas de reunirse en concilios con los druidas de otras áreas, lo que aseguraba la transmisión de los conocimientos y los eventos más significativos.

La distribución territorial castreña divide su área de influencia en espacios en torno al castro equivalentes a las actuales comarcas, de forma similar a lo que se puede apreciar en las poblaciones celtas de las islas británicas y el centro de europa. La ocupación del territorio en base a fortificaciones es coherente con la presión poblacional y la presencia de minerales, entre ellos el oro, que explicaría el interés romano por extender su dominio al único territorio de la Península Ibérica que ofrecía una resistencia suficiente para detenerlo.

El ejemplo más claro de esta presión es la ejercida por el pueblo romano, atraído por la riqueza metalúrgica de la región.

[editar] Romanización

La cohesión social y territorial de la cultura castreña explica la extraordinaria resistencia de los galaicos a la dominación romana <ref> Púnica, de Silius Italius: Fibrarum et pennae divinarumque sagacem flammarum misit dives Callaecia pubem, barbara nunc patriis ululantem carmina linguis, nunc pedis alterno percussa verbere terra, ad numerum resonas gaudentem plauder caetras. (libro III.344-7) </ref> que se prolongó durante más de un siglo cuando esta ya se extendía por el resto de la Hispania. Así lo constatan diversas crónicas como las de Orosio, que cuenta como en el año 137 adC, el Praetor Décimo Junio Bruto inició una campaña de castigo debido a las continuas incursiones bélicas de los celtas galaicos en apoyo de los lusitanos. Por esta campaña, en la que hubo de enfrentarse con 60.000 gallaicoi en el río Duero, volvió a Roma convertido en héroe, por lo que fue llamado 'Gallaicus'. En ese mismo año las legiones romanas llegarían al río Limia, que al identificar en él al río Lethes de la mitología romana solo pudo ser cruzado cuando el Praetor lo cruzó llamando por sus nombres a sus soldados para demostrar que no había perdido la memoria. El avance hacia el norte se detendría en al año siguiente al llegar al río Miño donde los gallaicoi provocaron el repliegue romano hacia el sur.

La situación se mantendría durante los siguientes cien años, sin que las esporádicas expediciones romanas consiguieran internarse más en territorio galaico, siendo la única significativa las de P. Craso del 96-94 adC. Sin embargo en el 73 adC Quinto Sertorio es derrotado de forma que la región al norte del río Tajo recupera su independencia. La situación seguiría así hasta que diez años después Julio César es designado Propraetor de la Hispania Ulterior. En el año 61 adC retoma el avance hacia el norte penetrando en la región lusitana situada entre los ríos Tajo y Duero y de forma personal conduce una incursión marítima desembarcando en Brigantium, en la parte de la costa que hoy ocupa la ciudad de La Coruña, en el que se cree era el centro de la vía del estaño. Sin embargo el interior del territorio galaico continúa una resistencia que se recrudece en su última etapa durante la campaña de César Augusto entre los años 39 al 24 adC, de la que sería su exponente más significativo la batalla del Monte Medulio. Esto impediría la declaración de la Pax Romana hasta el año 23 adC, si bien la resistencia continuaría en las áreas fronterizas astures y cántabras hasta el 19 adC.

Una vez finalizada los enfrentamientos bélicos, se inició el proceso de romanización que se prolongaría durante los siguientes cuatro siglos, iniciándose oficialmente entre los años 64 y 70, cuando Vespasiano convierte en pueblo romano a los 451.000 gallaicoi <ref> Según Plinio </ref>. De esta forma los castros se transformarían en las villae y la población incorporaría las nuevas tecnologías como la arquitectura, la agricultura basada en el arado, el derecho romano o la minería. En este último aspecto cabe destacar el sistema de extracción de metales denominado ruina montium, que consistía en excavar túneles en los montes por los que se hacía circular un flujo contínuo de agua que iba erosionando el área transportando en ella los minerales (específicamente, el oro).

La cohesión social y territorial definida por los celtas en el territorio galaico se mantendría durante toda la romanización. Una importante aportación, que contribuiría a definir la posterior división territorial, sería la infraestructura viaria compuesta de puentes y calzadas utilizada para los desplazamientos de tropas y el transporte de mercancías. A lo largo de estas vías había mansiones y estaciones de descanso para las tropas, que fueron el origen de numerosas villas que han llegado hasta nuestros días. Si bien existían otras vías secundarias, las principales eran cuatro — numeradas como XVII a XX en el itinerario de Caracalla— y enlazaban las ciudades fundadas por Augusto con el resto de los dominios romanos. Estas tres ciudades, Lucus Augusti (Lugo), Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga) pasarían a ser la cabecera de los tres 'conventus' (Lucensis, Bracarensis y Asturiacensis respectivamente), que con la reforma de Diocleciano del año 298 quedarían unificados bajo una única provincia segregada de la Tarraconensis: Gallaecia. La provincia romana de Gallaecia, era mucho más extensa que la Galicia actual, pues también comprendía el norte de Portugal, entre el Duero y el Miño, donde estaba su capital, Braga, así como Asturias, Cantabria y parte de lo que posteriormente serían los reinos de León y Castilla. Así pues, fue durante esta época cuando la Gallaecia alcanzó sus máximas fronteras, llegando por el oriente hasta las fuentes del río Ebro.

La romanización de la cultura galaica se produjo también en la lengua y la religión, si bien de forma inversa. Aunque en la lengua el sustrato gaélico original acabaría disolviéndose en el latín manteniéndose en las raíces de topónimos y antropónimos, en el caso de la religión el fenómeno fue el contrario.

[editar] Priscilianistas

Artículo principal: Prisciliano
Artículo principal: Priscilianismo

Durante los siglos IV y V la Iglesia Católica eleva al cristianismo del rango de religión perseguida a religión oficial del Bajo Imperio.<ref> El 27 de Febrero de 380, el emperador Teodosio pronuncia un edicto que declara al cristianismo religión oficial del Imperio. </ref> Esta nueva situación desata importantes luchas de poder en su seno, así como un notable grado de acomodación por parte de la jerarquía eclesiástica que no es bien visto por algunos sectores más afines a un cristianismo ligado a las clases más desfavorecidas.<ref> San Jerónimo, San Martín de Tours o San Ambrosio de Milán son algunos de los padres de la Iglesia defensores de este modelo más primitivo de cristianismo. De hecho los tres últimos, y en especial San Martín, jugarán un papel principal en el curso de los acontecimientos alrededor de Prisciliano. </ref> En la pugna por el poder, el imperio en declive se cruza con una iglesia reafirmada después del concilio de Nicea<ref>325 dC</ref> y cada vez más presente en todos los territorios y capas sociales. Se producen, de hecho situaciones en las que el poder político es asumido “en funciones” por la tupida red funcionarial de sacerdotes al servicio de Roma. <ref>La Dioecesis Hispaniarum permanece, de facto, sin vicario imperial desde el 397 (en ese año deja el puesto Petronius) hasta el año 400 dC, en que ocupa su lugar Macrobius. (Javier Arce, Bárbaros y Romanos en Hispania, Marcial Pons, Ediciones de Historia. ISBN 84-96467-02-3) </ref> En ese contexto social convulso (bagaudas, circumcelliones…) y de vida político-religiosa cambiante surge en el noroeste peninsular un movimiento religioso que entronca con la corriente ascética antes mencionada: Oponiéndose a una Iglesia cada vez más acomodada y a una jerarquía tan opulenta como cada vez más elitista, en el año 379 dC comienza a predicar en la Gallaecia un personaje de gran carisma y atractivo popular llamado Prisciliano. De familia noble, es descrito por sus principales biógrafos<ref>(“ab his Priscillianus est institutus, familia nobilis, praedives opibus, acer, inquies, facundus, multa lectione eruditus, disserendi ac disputandi promptissimus”, Sulpici Severi Chrónica 46, 3.)</ref>como erudito y muy aventajado en la discusión. Inicia su formación en Burdigala (actual Burdeos), a cargo del retórico Delphidius. Allí funda la primera comunidad rigorista en la que se inspirará en años posteriores<ref> “primus eam intra Hispanias Marcus intulit, Aegypto profectus, Memphi ortus. huius auditores fuere Agape quaedam, neu ignobilis mulier, et rhetor Helpidius. (3) ab his Priscillianus est institutos”, Sulpici Severi Chrónica 46, 2-3</ref>. En torno al año 379 vuelve a Gallaecia y comienza un período predicante durante el que propugna y practica un cristianismo ascético (que incluye desde el vegetarianismo al celibato), incorporando a la liturgia elementos populares como el baile, o la celebración de eucaristías al aire libre. Propone la incorporación de colectivos tradicionalmente apartados de las sesiones de lectura de los textos bíblicos, como las mujeres o los esclavos, y admite la posibilidad de lectura e interpretación personal de textos apócrifos. La propagación de las ideas de Prisciliano se produce con rapidez, y en todos los estratos sociales, extendiéndose en pocos tiempo a la Bética, la Tarraconense, e incluso más allá de los Pirineos, a la Aquitania. Algunos obispos favorables a Prisciliano (Instancio y Salviano) llegan a nombrarlo obispo de Abula (actual Ávila), a pesar de su condición de seglar, lo que acaba de desatar las suspicacias de varios obispos como Higinio de Corduba (actual Córdoba), Ithacio de Ossonoba (actual Faro, en Portugal) o Hidacio de Emerita Augusta (sede metropolitana, actual Mérida). La intervención de esos tres obispos, en especial de Ithacio (quién da nombre al movimiento antipriscilianista conocido como “ithaciano”), provoca primero la convocatoria del Concilio de Caesaraugusta (actual Zaragoza) en el año 380 dC <ref> Conc. Caesar. I (378/380), Rodríguez, p. 292</ref> y posteriormente (en el año 382) la promulgación de un edicto del emperador Graciano, desterrando a los priscilianistas de sus sedes. En ese año decide partir hacia Roma para contrarrestar la ofensiva de Ithacio. Allí, tras serle negada audiencia por el papa Dámaso se dirige al magíster officiorum del emperador, en la corte de Mediolanum (Milán) y consigue la derogación del rescripto imperial (según sus detractores, mediante soborno) <ref> “ita corrupto Macedonio, tum magistro officiorum, rescriptum eliciunt, quo calcatis, quae prius decreta erant, restitui ecclesiis iubebantur”, Sulpici Severi Chrónica 48, 5</ref>.

A su retorno los priscilianistas recuperan sus iglesias e Ithacio resulta desterrado, decantándose la situación en la península a favor del movimiento reformador durante el siguiente año. En el 383 Magno Clemente Máximo asesina al emperador Graciano y se nombra nuevo imperator de occidente, ubicando la nueva corte imperial en Civitas Treverorum (Tréveris), donde Ithacio se encuentra desterrado bajo la protección del obispo local, Britto. Por una parte la Iglesia Católica se encuentra con una situación en las Hispanias de difícil manejo (un movimiento reformista, que algunos padres de la Iglesia como Agustín de Hipona, comienzan a considerar herético, pero avalado por un apoyo popular numeroso e incluso por varios obispos supuestamente leales a Roma). Por otra parte Teodosio, emperador de los territorios orientales recela del usurpador Máximo, por lo que este busca apoyos en el sector más ortodoxo de la jerarquía eclesiástica con el fin de afianzar su nombramiento. La situación geopolítica es idónea para lo que acaba sucediendo: tras un sínodo en Burdeos, de nuevo con el fin de condenar el priscilianismo, se instaura un proceso civil contra los principales cabecillas del movimiento religioso, bajo la acusación de brujería. Las causas de esta imputación <ref> Andrés Olivares Guillem, Prisciliano a través del tiempo. Historia de los estudios sobre el priscilianismo, Fundación Pedro Barrié de la Maza , pag. 22-23</ref> se pueden atribuir a las consecuencias derivadas de la aplicación de la ley romana: una condena por herejía obligaría a Máximo a confiscar las propiedades eclesiásticas de los reos, en la práctica muchos templos y propiedades de la Iglesia Católica en las Hispanias. El cargo de maleficium, en cambio, supone el embargo de las propiedades particulares de los acusados (muchos de ellos de familias pudientes) sin afectar a las propiedades eclesiásticas, lo que resultaba mucho más lucrativo y diplomáticamente adecuado a Máximo en su situación. Así las cosas, en el año 385 se ejecuta la sentencia, tras confesión por tortura de los líderes<ref>Maximus Aug., Ep. ad Siricium papam, 4, Coll. Auell., 40, CSEL 35, 1, p. 91. </ref>, siendo decapitados el propio Prisciliano y varios discípulos suyos: Felicísimo, Armenio, Eucrocia (la viuda de Elpidio), Latroniano, Aurelio y Asarino. Se convierten así en los primeros ajusticiados por la Iglesia a través de una institución civil.

Ese es el fin de Prisciliano, pero no del priscilianismo. Según Sulpicio Severo, “Por lo demás, ejecutado Prisciliano, la herejía que se había extendido bajo su influencia no sólo no fue reprimida, sino que, reafirmándose, se propagó aún más. Pues sus seguidores, que lo habían honrado antes como a un santo, después comenzaron a venerarlo como a un mártir”. <ref>”ceterum Priscilliano occiso, non solum non repressa est haeresis, quae illo auctore proruperat, sed confirmata latius propagata est. namque sectatores eius, qui eum prius ut sanctum honoraverant, postea ut martyrem colere coeperunt”. Sulpici Severi Chrónica 51, 7</ref> La condena y ejecución de los priscilianistas suscitaron un notable impacto en la época <ref> K. M. Girardet, Trier 385: Der Prozess gegen die Priszillianer, Chiron, 4, 1974, 574. San Ambrosio compara el juicio con el traslado de la acusación de Jesús a Pilatos por los sacerdotes. Instancio fue desterrado. A Tiberiano y a otros priscilianistas se les confiscaron los bienes. El panegirista Pato Depranio señala que a las mujeres se las condenó por piedad excesiva; a los obispos delatores les llama bandidos, verdugos, calumniadores y puntualiza que se arruinó a los acusados despojándoles de su patrimonio, repitiendolo por dos veces. </ref>, originando las protestas del propio obispo de Roma, Siricio, o Martín Turonense, quien se dirigió a la corte logrando la revocación del prescripto. Esto haría posible que en 393 un grupo de galaicos llegara a Tréveris para exhumar solemnemente sus restos<ref> “peremptorum corpora ad Hispanias relata magnisque obsequiis celebrata eorum funera; quin et iurare per Priscillianum summa religio putabatur”. Sulpici Severi Crónica, 51, 8 </ref> Basándose en el viaje realizado por sus discípulos con el cuerpo de los decapitados en Treveris de vuelta a la Gallaecia diversos autores<ref>Por primera vez Louis Duchesne, Annales du Midí: Saint Jacques en Galice, 1900 y otros después como Henry Chadwick, Miguel de Unamuno, o Sanchez-Albornoz.)</ref> han planteado la posibilidad de que en la Catedral de Santiago de Compostela esté enterrado el hereje galaico, y no el apóstol bíblico. Dos concilios sucesivos en Toletum (Toledo), en el año 396 y en el año 400<ref>Actas del Primer Concilio de toledo.</ref> consiguen que los seguidores de Prisciliano abjuren de sus ideas y declaren haber abandonado los errores de la secta, pero la constatación de la pervivencia de costumbres priscilianistas (consagración de la eucaristía con leche y uvas, ayuno, la presencia de clérigos con el pelo largo...) obliga a intervenir al Papa Inocencio que sanciona la 'Regula fidei contra omnes hereses, maxime contra Priscillianistas' en el año 404, y a la celebración en años sucesivos de nuevos sínodos, como los de Braga en los años 561 y 567, o el IV concilio de Toledo (683) en el que se condena, como lacra priscilianista, el "delirante pecado" de no cortarse el pelo de la clerecía gallega, revelando la larga pervivencia de, al menos, ciertas manifestaciones litúrgicas inspiradas en el movimiento religioso desarrollado por Prisciliano.

[editar] Edad Media

[editar] Suevos

Artículo principal: Reino suevo

Con la caída del Imperio Romano y la invasión de los pueblos germánicos, el territorio de Gallaecia forma parte de los foedus que efectúan los diferentes pueblos invasores. Los suevos, 30.000 individuos de los que solo 8.000 eran varones con capacidad para luchar, se concentran entre el Duero y el Miño, en la zona de influencia de Bracara Augusta (Braga). Llegaron en el año 409, nombrando rey a Hermerico (409-438), que firma un foedus con Roma en 410 por el que los suevos establecen su reino en la provincia romana de Gallaecia y aceptan al emperador de Roma como su superior. Hermerico cede el trono a su hijo Requila (438-448),que realiza campañas militares por toda la península solo posibles por la unión entre suevos y galaicos y la total independencia de Roma.Le sucederá Requiario (448-456). Este último adoptará el catolicismo en el 449 lo que favorecerá la integración con la población galaico-romana y hace del reino suevo un ejemplo que seguirán más tarde francos y visigodos. En 456 se produce la batalla de Órbigo , que enfrentará a visigodos y suevos, con la derrota de estos últimos y que tendrá como consecuencia el asesinato de Requiario y la vuelta al arrianismo.

Tras la derrota frente a los visigodos, el reino suevo se dividirá y gobernarán simultáneamente Frantán y Aguiulfo. Ambos lo harán desde 456 hasta 457, año en el que Maldras (457-459) reunificará el reino para acabar siendo asesinado tras una conspiración romano-visigoda fallida. A pesar de que la conspiración no consiguió sus auténticos propósitos el reino suevo se vio nuevamente dividido entre dos reyes: Frumario (459-463) y Remismundo (hijo de Maldras) (459-469) que reunificaría nuevamente el reino de su padre en 463 y que se vería obligado a adoptar el arrianismo en 465 debido a la influencia visigoda. Tras la muerte de Remismundo se entra en una época oscura que durará hasta 550, en la que desaparecen prácticamente todos los textos escritos. Lo único que se sabe de esta época es que muy probablemente Teodemundo gobernó la Suevia.

En estos momentos se produce el último aporte étnico significativo con la llegada a la costa norte de celtas bretones que se asientan en el norte de las actuales Galicia y Asturias bajo la autoridad de un obispo propio. Estos contingentes que huyen de las invasiones anglosajonas establerán una diócesis en Bretoña, antecedente de la actual Mondoñedo y participarán en los concilios suevo-galaicos (obispo Maeloc)

La época oscura terminará con el reinado de Karriarico (550-559) que se convertirá nuevamente al catolicismo en 550. Le sucederá Teodomiro (559-570) durante el reinado del cual tendrá lugar el Iº Concílio de Braga (561).Estos concilios suponen un avance en al organización del territorio ("parroquiale suevum")y la cristianización de la población pagana ("de correctione rusticorum") bajo los auspicios de San Martín Dumiense o de Braga. Tras la muerte de Teodomiro, Miro (570-583) será su sucesor. Durante su reinado se celebrará el IIº Concilio de Braga (572). Aproximadamente en el 577 se inicia la guerra civil visigoda en la que intervendrá Miro, que en 583 organizará una expedición de conquista a Sevilla que sin embargo fracasará. Durante la vuelta de esta fallida operación el rey encuentra la muerte. En el reino suevo comíenzan a producirse muchas luchas internas. Eborico, (también llamado Eurico), (583-584) es destronado por Andeca (584-585), que falla en su intento por evitar la invasión visigoda dirigida por Leovigildo, que se hará efectiva finalmente en 585, convirtiéndose el rico y fértil reino suevo en una parte más del reino godo.

Bajo los visigodos, la Gallaecia será un espacio bien definido gobernado por un dux propio emparentado con la monarquía y que lo hará como un príncipe asociado a ella (casos de Wamba y Vitiza, que incluso acabarían siendo reyes en Toledo). Precisamente serán los vitizianos enfrentados a D. Rodrigo los que, acantonados en el noroeste llamarán como aliados a los árabes en su pugna por el poder(711).

[editar] La Galicia feudal

La presencia árabe en el resto de España con la consolidación de un emirato, en Galicia no interrumpe el camino emprendido hacia una sociedad señorial típicamente occidental que se mantiene independiente del poder musulmán y pugna violentamente, durante el siglo VIII, contra el expansionismo de los primeros caudillos asturianos (Fruela, Silo...) tal como lo relatan las propias crónicas asturianas.

En los primeros siglos de la Reconquista, el topónimo Galicia designaba al territorio regido por los monarcas astur-galaicos desde Alfonso I hasta Alfonso III el Magno. Así, autores árabes como Ibn al-Atir llamaban reyes de Galicia a Alfonso I, Aurelio, Silo y Ordoño I. Alfonso II el Casto, que pactó con el único obispado libre del dominio musulmán (Iria Flavia) la creación de un santuario en torno a la Tumba de Santiago Apostol, es denominado rey de Galicia en los Annales Regni Francorum o en la Vita Karoli Magni. Este rey consolida la plena integración de Galicia en el espacio de la monarquía de Oviedo, hasta el punto de que su sucesor será un candidato impuesto por los magnates gallegos: Ramiro I, el vencedor de la legendaria batalla de Clavijo, que originó el multisecular voto de Santiago.

En el año 910, cuando, a su muerte, el rey de Asturias Alfonso III el Magno divide su reino entre sus tres hijos, el Reino de Galicia le corresponde a Ordoño, casado con la noble gallega Elvira Menéndez. Nace el reino de Galicia como reino independiente del de León. Sin embargo, al morir su hermano García I de León sin descendientes en 914, Ordoño ocupa el trono del Reino de León, con el nombre de Ordoño II, con lo que se produce la unión de ambos reinos. En el marco de las luchas entre Alfonso IV y su hermano Sancho Ordóñez, el reino de Galicia recuperó, de hecho su independencia. Sancho se refugió en Galicia huyendo de su hermano en 926, coronándose como rey de Galicia y manteniendo el reino independiente hasta su muerte en el año 929. Tras su fallecimiento, el reino se reintegraría de nuevo en el de León, en la persona de Alfonso IV, aunque su esposa, la retirada reina gallega Goto, siguió siendo considerada como tal, incluso en el fructífero reinado de Ramiro II.

La posición de los magnates gallegos osciló entre el dominio del reino y el levantamiento (traditores), incluso favoreciendo las devastadoras incursiones del caudillo musulmán Almanzor. Una de las múltiples rebeliones de la nobleza gallega culmina con la coronación en Galicia de Vermudo II (981) que vence a Ramiro III de León y acaba dominando también este reino.

Posteriormente, tras la muerte de Fernando I el Magno, rey de Castilla y de León, y atendiendo a su testamento, sus reinos se reparten entre sus hijos. El Reino de Galicia le corresponde a García I . García fue coronado por el obispo compostelano Cresconio y restauró las diócesis de Tuy y Braga. Su hermano Alfonso VI le arrebata el reino y mata a su otro hermano Sancho, rey de Castilla, reuniendo de nuevo los reinos en un solo trono. A partir de este momento Galicia se convierte en un territorio más del reino de León, de Castilla y León o de Castilla según los cambios políticos de la época.

En esa época el reino alcanzó su máxima extensión, llegando hasta Coimbra. En 1096, Alfonso VI acordó partirlo en dos: El Condado de Galicia, al norte del río Miño, que pasa a manos de Raimundo de Borgoña, casado con Doña Urraca (totius Gallecia imperatrix), y la Galicia del sur que pasa a manos de Teresa y Enrique de Borgoña, primo del anterior. El hijo de estos, Afonso Henriques, se proclamó primer rey de Portugal en 1139.

Fueron frecuentes, desde el año 844, ataques normandos o vikingos, que, por momentos, amenazaron en convertirse en conquista. La última gran invasión, a través del río Miño, acabó con la derrota de Olaf Haralddson en 1014 a manos de la nobleza gallega.

Las dificultades en la costa no impidieron una expansión hacia el sur donde nobles gallegos del siglo IX y X como Vimara Pérez o Hermenegildo Gutierrez reorganizaron el espacio de frontera con el Islám en torno a Oporto y Coimbra, que más tarde serían los ejes del progresivamente independiente condado portucalense.

En el siglo X, el árbitro de la política gallega será S. Rosendo. Fundador del monasterio de Celavona, ponía y quitaba reyes, impulsó el monacato, combatió a los normandos y realizó un esfuerzo civilizador en una época de crisis y agitación

En los siglos XI y XII, el Reino de Galicia, liderado por los obispos de Compostela y los condes de Traba, conoce una época brillante en lo religioso (peregrinaciones europeas, auge de los monasterios como Oseira, Sobrado de los Monjes, San Esteban de Ribas de Sil o San Clodio) en lo político (concesión de fueros a las ciudades por parte de los reyes de León y Galicia Fernando II y Alfonso IX) y en lo artístico (románico). Son hitos fundamentales del momento el inicio de la catedral compostelana por el obispo Diego Peláez en 1075, la coronación por el obispo Diego Gelmírez del hijo de Urraca Alfonso VII en Santiago de Compostela como rei de Galicia en 1111 y la concesión del Año Santo Jubilar Jacobeo por Roma en el año 1181.

[editar] Integración definitiva en la Corona de Castilla

La unificación definitiva con Castilla se produce, en 1230, con el gran rey reconquistador Fernando III el Santo, hijo de Alfonso IX de León y Galicia y de Doña Berenguela de Castilla. Fernando III no respetó el testamento de su padre que dejaba los reinos de Galicia y León a Doña Sancha y Doña Dulce, hijas que tuviera con Doña Teresa de Portugal. Le sucedió Alfonso X el Sabio, exponente del esplendor de la lírica en gallego (Cantigas de Santa María). Al frente de Galicia queda ahora un Adelantado Mayor del Reino, representante de la Corona y designado de entre la nobleza autóctona. Entre los adelantados mayores del Reino de Galicia destacó Payo Gómez Chariño pacificador del Reino, famoso almirante e insigne poeta en lengua gallega.

Tras la muerte de Sancho IV, la integración del Reino de Galicia en la Corona de Castilla sólo se vio alterada por el intento de D. Juan de la Cerda de restaurar la corona galaico-leonesa en 1296 y por las guerras entre los Trastamara y los petristas. La alta nobleza gallega de los Castro, de querencia petrista, llegó a proclamar rey en Galicia a Fernando I de Portugal en 1369 y más tarde al Duque de Lancaster D. Juan de Gante en 1386. Este conflicto dinástico se enquistó durante décadas en Galicia y concluiría con la derrota de los Castro a manos de la nueva dinastía real y con ella, el final del papel preponderante de la nobleza gallega en la corona castellano-leonesa, desde 1369 en poder de los Trastamara. Una nueva aristocracia galaica, más fragmentada, emergería con los Andrade, los Lemos, los Moscoso, los Soutomaior, los Osorio o los Sarmiento, cuya cabeza, el conde de Ribadavia, ostentaría la condición de adelantado mayor del Reino de Galicia.

El movimiento social más significativo de las historia de Galicia fue el levantamiento irmandiño. Una revolución popular que destruyó la mayor parte de las fortalezas de la nobleza gallega del siglo XV. Esta era un estamento semiindependiente, dividido y depredador que estuvo puesto en jaque por las fuerzas populares que gobernaron mediante juntas el Reino de Galicia durante más de dos años.La corona castellana decidió finalmente apoyar a los señores, aunque exigiendo que los castillos no fuesen reconstruídos y sometiendo a aquellos a la autoridad de un virrey-gobernador foráneo que presidía la recién creada Real Audiencia del Reino de Galicia. Los enfrentamientos de la aristocracia gallega con los Reyes Católicos dan entrada a Galicia en la Edad Moderna. Nobles levantiscos como Pardo de Cela (decapitado en Mondoñedo) Pedro Madruga de Soutomaior (exiliado a Portugal y asesinado) o el Conde de Lemos (confinado en la Galicia oriental) escribirían las últimas páginas de una Galicia feudal que moriría con ellos para siempre.

Tras la unificación de los reinos peninsulares que dieron lugar al Reino de España, el órgano de representación del Reino de Galicia fue la Junta do Reyno, creada en 1528. Hasta su disolución este órgano constituyó la expresión política, si bien su existencia como cabía esperar fue poco significativa durante todo el Antiguo Régimen.

[editar] Edad Moderna

La estabilidad política y el descabezamiento de la nobleza dan lugar a tres rasgos socioeconómicos propios de este periodo:

  • La prosperidad de los fidalgos que viven en los pazos del cobro de los foros a los campesinos
  • El auge de los monasterios (ahora dependientes de las congregaciones castellanas) que se integran con pujanza en una economía rural.
  • Una expansión demográfica sin precedentes debida a la introducción del maíz y, más tarde, la patata.

Alonso III Fonseca en Santiago impulsa una Universidad (fundada en 1495) que conectará a Galicia con los saberes más elevados del momento. Asimismo, la Iglesia y el monacato impulsan un resurgimiento artístico con el plateresco de Martín Blas y Guillén Colás, Rodrigo Gil de Hontañón e Mateo López en arquitectura (Obras en la catedral de Santiago, el Hostal de los Reyes Católicos o San Martín Pinario, en la misma ciudad). Todo ello anuncia el esplendor barroco con figuras punteras a escala mundial como Domingo de Andrade, Fernando de Casas Novoa o Simón Rodríguez (en Santiago de Compostela) Melchor Velasco (en Celanova) o Pedro de Monteagudo (en Sobrado de los Monjes). Destacan en escultura barroca Francisco de Moure, Gregorio Fernández, Mateo de Prado y Castro Canseco.

Pero el progreso económico se ocluye. Factores que contribuyeron a ello fueron:

  • El cierre de los puertos gallegos al comercio con América decretado por la monarquía
  • Los ataques de la flota inglesa a Vigo y a Coruña (hazañas de María Pita), imposibilitándose el anteriormente próspero intercambio marítimo con Europa.
  • Las guerras de la monarquía española con Portugal, tras su segunda y definitiva independencia.
  • Una política arancelaria pensada para otras latitudes y no para productos que habían tenido éxito en los mercados nacionales e internacionales: la ganadería, el vino, la pesca y el lino gallegos.

[editar] Siglo XIX

El aumento de la población no podrá digerirse en un sistema económico que no acaba de industrializarse y que quedaba aislado de las pujantes redes ferroviarias peninsulares. Todo ello dará paso, a mediados del siglo XIX, a una emigración masiva a América que se prolongará durante el siglo XX.

La última ocasión en la que el Reino de Galicia mostró una manifestación política fue durante la invasión napoleónica. La amenaza que para el mantenimiento de la hegemonía del clero y la hidalguía gallegas representaba el empuje revolucionario de Napoleón provocaron su rápida reacción actuando como estímulos para la resistencia y la movilización. Con la península bajo dominio napoleónico, la resistencia se organizó en Galicia, combatiendo a las tropas francesas empleando por primera vez en la historia, el sistema de guerrillas, hasta lograr su expulsión. Finalizado este episodio, la Junta Superior se erigió en expresión política, pero de forma breve, integrándose en poco tiempo y delegando sus competencias en las Cortes de Cádiz, para regresar a su estado anterior de inacción.

El Reino de Galicia dejaría de existir formalmente el 30 de noviembre de 1833, fecha en la regente María Cristina firmaba el decreto de disolución por el que el centralismo liberal en el gobierno suprimía su órgano de expresión política. Con este trámite no solo desaparecía el Reino de Galicia sino Galicia misma como realidad institucional, ya que los Reinos y sus Juntas pasaban a ser sustituidas por un modelo de provincias, mimético de los departamentos franceses.

Avanzado el siglo XIX surgen en Galicia diversos movimientos sociopolíticos:

  • El Carlismo que reivindica la defensa del desaparecido Reino de Galicia desde una perspectiva tradicionalista y clerical: no consiguió ser hegemónico debido a la pujanza liberal de ciudades como La Coruña.
  • El Provincialismo: defensa de la identidad gallega de corte liberal, reprimido tras el levantamiento de 1846 y los fusilamientos de Carral.
  • El federalismo: movimiento de democrático que redactó unha constitución para un estado federado galaico, sin éxito debido al caos de la 1ª república y la crisis del republicanismo posterior.
  • El agrarismo: movimiento de masas campesinas enfrentadas al foro y a sistemas tributarios disfuncionales en la realidad rural gallega.

Desde el punto de vista literario, el rexurdimento protagonizado por Rosalía de Castro, Curros Enríquez o Pondal supone el renacimiento de la cultura en lengua gallega.

[editar] Galicia hasta la actualidad

La historia de Galicia corre paralela a la de España. Los años siguientes transcurrieron marcados por un alejamiento del poder central. La emigración a América y a Europa, a mediados del siglo XX, respondían a las condiciones de una región sólo industrializada en el entorno de Vigo y con La Coruña como centro comercial.

Tras el fracaso del federalismo durante la I República, la Xeración Nós con Castelao, Otero Pedrayo o Alexandre Bóveda tomarán el relevo. Ensayarán un movimiento político nacionalista minoritario, el Partido Galeguista, que conseguirá, gracias al apoyo de las fuerzas gallegas republicanas y de izquierdas la redacción de un Estatuto de Autonomía durante la Segunda República.

En la actualidad, Galicia, reconocida por su estatuto de autonomía como nacionalidad histórica, se debate entre pervivencias de su larga decadencia como el caciquismo, el envejecimiento de la población, una ganadería encorsetada, una explotación intensiva de sus recursos energéticos por parte de grupos empresariales foráneos (grandes embalses, parques eólicos) y el flujo renovado de la industria textil, el efecto arrastre de la automoción y el turismo, además del renacer de ciudades como Pontevedra, que comienzan a tener saldo vegetativo positivo en los últimos años.

Hay que destacar algunos desastres ecológicos recientes, como el hundimiento de el Prestige (2002) y los Incendios de Galicia del 2006

[editar] Referencias

<references/>

Véase también:

en:History of Galicia fr:Histoire de la Galice gl:Historia de Galicia nl:Geschiedenis van Galicië (Spanje)

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