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Historia de Cantabria

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Cantabria, una de las comunidades autónomas de España, posee una dilatada historia que va desde los primeros asentamientos humanos, con evidencias como las pinturas de la Cueva de Altamira, hasta nuestros días; pasando por ser pieza fundamental para el país en diversas ocasiones, como por ejemplo durante la Reconquista o en las relaciones comerciales con el Nuevo Mundo gracias al puerto de Santander.

Tabla de contenidos

[editar] Prehistoria en Cantabria

[editar] Cantabria prerromana

La primera referencia escrita del nombre de Cantabria se remonta hacia el año 195 adC en el que el historiador Catón el Viejo habla en su libro Orígenes del nacimiento del río Ebro en el país de los cántabros:

... fluvium Hiberum; is oritur ex Cantabris; magnus atque pulcher, pisculentus<ref>«El río Ebro nace en tierra de cántabros; grande y hermoso, abundante en peces.»</ref>.
Marco Porcio Catón. Origenes: VII

A partir de aquí las citas sobre cántabros y Cantabria se suceden continuamente, puesto que los cántabros se empleaban como mercenarios en diferentes conflictos tanto dentro como fuera de la Península. Hay constancia de que participaron en la guerra de los cartagineses contra Roma durante la Segunda Guerra Púnica por las referencias de Silio Itálico (libro III) y Quinto Horacio Flacco (lib. IV, oda XIV). También se les menciona durante el sitio de Numancia llevado a cabo por Cayo Hostilio Mancino, que se dice levantó el sitio a la ciudad al ser informado de que cántabros y astures acudían en su auxilio.

La mayor parte de los testimonios posteriores aparecen a raíz del inicio de las Guerras Cántabras contra Roma en el año 29 adC. Se conservan en torno a 150 referencias de este pueblo de cuya fama dejan constancia textos griegos y latinos. Su territorio rebasaba significativamente los límites de la actual comunidad autónoma de Cantabria, localizándose al norte con el Mar Cantábrico, nombre con el que le bautizaron los romanos; al oeste con el río Sella, en el actual Principado de Asturias; por el sur se extendía hasta Peña Amaya, en la actual provincia de Burgos, y al este se extendía hasta casi Castro-Urdiales, en torno al río Agüera.

El poblamiento del territorio durante la Edad del Hierro se apoyaba en poblados fortificados, denominados castros, que se asentaban sobre altos de fácil defensa. En el sur de Cantabria este tipo de emplazamientos fueron de especial interés debido a las necesidades estratégicas y defensivas del país. Algunos de estas fortificaciones llegaron a tener unas dimensiones formidables, con impresionantes aparatos defensivos que permitían refugiar a más de una tribu entera en tiempos de guerra, como los de Peña Amaya, Monte Cildá o Monte Bernorio.

Se tiene evidencias que ya desde la Edad del Bronce los cántabros que habitaron en las zonas costeras tuvieron relaciones y contactos comerciales a través del mar con otros pueblos del mundo céltico del arco atlántico. Así lo demuestra el denominado Caldero de Cabárceno, hallado en Peña Cabarga y de fabricación irlandesa o británica, y otros utensilios de bronce encontrados<ref>Dado que el mineral de bronce escasea en Cantabria, esto hace pensar que durante este periodo las relaciones comerciales con otros territorios debieron ser comunes.</ref>.

[editar] Cantabria romana

Tras el sometimiento y control militar de la zona por parte del ejército romano, Roma llevará a cabo una organización administrativa del territorio de los cántabros cuyo fin está orientado a su explotación económica. Así se inicia un política de construcción de infraestructuras que permitan activar la explotación y el comercio fundamentalmente de los recursos mineros que albergaba su subsuelo: fundamentalmente sal, plomo y hierro.

La Legio IIII Macedonica queda instalada próxima a Aguilar de Campoo con el fin de comenzar la romanización de los indígenas derrotados, situándose destacamentos militares en otros lugares más al interior del territorio cántabro. No obstante la paz no estaba ni mucho menos consolidada, pues tres años después de la victoria cántabra, hacia el 16 adC, vuelve ha haber insurrecciones de los cántabros.

Junto a la integración dentro de la administración romana de las élites sociales y políticas cántabras, persisten también estructuras sociales nativas y un sincretismo religioso entre el misticismo autóctono y el romano que se perpetuarán hasta fechas muy tardías.

La romanización de Cantabria se puede considerar como un fenómeno selectivo en el territorio, parejo al del urbanismo. La principal ciudad existente en territorio cántabro, Julióbriga, se funda al terminar las Guerras Cántabras, sobre el 15 adC, estando ocupada hasta la segunda mitad del siglo III. La misión de esta única urbe romana<ref>Plinio se referiría a ella en otra ocasión como oppidum (Plinio, III, 21)</ref> de importancia estaría estrechamente ligada con el proceso de integración administrativa de las poblaciones cántabras sometidas por Roma tras largos años de resistencia, controlando y administrando un territorio tan amplio como prácticamente toda la Cantabria romana <ref>Desde el norte hasta la costa y hacia el sur hasta los hitos terminales de la Legio IIII Macedonica, que al ser enviada por Calígula en el año 39 ddC a defender la limes germánica daría como origen a la ciudad de Pisoraca (Herrera de Pisuerga)</ref>.

Al igual que con Julióbriga, Plinio<ref>Plinio. III, 27</ref>, y posteriormente Ptolomeo<ref>Claudio Ptolomeo. III, 6, 50</ref>, nos daría datos sobre núcleos menores de la Cantabria como son: Concana, Octaviolca (véase Camesa-Rebolledo), Orgenomescum, Vadinia, Vellica, Moroica, Aracillum, Noega Ucesia, Bergida, Acella, Amaia, Tritino Bellunte y Decium. Estas ciudades de menor importancia parece que no evolucionaron durante el periodo de dominación romana, estando la mayoría de ellas relacionadas con las tribus que, al parecer, las habitaban y llegaron a poblar Cantabria: Vadinienses, Orgenomescos, Tamaricos, Vellicos, Concanos, Moroicanos, Blendios, Coniacos, Salaenos, Avariginos, Cornecanos y Octavilcos. Finalmente encontramos los puertos de Portus Victoriae Iuliobrigensium, Portus Blendium y Portus Vereasuecae. La antigua Portus Amanum, posteriormente bautizada por los romanos como Flaviobriga con el título de colonia, estaría inserta en territorio autrigón.

Durante los siglos III y IV surge una crisis económica y social en toda Cantabria, las ciudades se van progresivamente abandonado a medida que se produce un aumento de la presión fiscal y de los ataques de los bagaudas, lo que produce un retorno al medio rural de la sociedad, un resurgimiento de las antiguas estructuras organizativas nativas y una aparición creciente de las villas en el campo.

El estado de inquietud y pavor provocado por las invasiones bárbaras produce una reorganización militar de los escasos efectivos que aún se mantienen en el norte de Hispania<ref>La Notitia Dignitatum recoge el traslado de la Cohors I Celtiberorum, unos 500 soldados por aquel entonces, de Brigantia (La Coruña) a Juliobriga</ref>, posiblemente con el fin de defender la provincia de una hipotética invasión por los Pirineos occidentales, y la fortificación precipitada<ref>Se emplearon no solo restos de antiguos edificios sino también lápidas sepulcrales</ref> de Monte Cildá y del antiguo castro de Vellica<ref>Durante las Guerras Cántabras ya sería este un lugar que jugaría un importante papel en la contienda entre cántabros y romanos al librarse a los pies de esta ciudad fortificada una enorme batalla.</ref> en el siglo IV y V<ref>Esta situación de temor es común al noroeste de Hispania. Así, en León, el campamento de la Legio VII Gemina, se edificaron también apresuradamente murallas, encontrándose losas sepulcrales, prueba de la difícil situación por la que atravesaba.</ref>.

En el año 406, una vez subyugado el Imperio romano, los visigodos ocupan Hispania a excepción del norte peninsular, ocupado por el reino suevo (Galicia y Asturias) y los territorios independientes de cántabros y vascones. Durante el siglo V apenas hay datos de lo que ocurre en Cantabria y únicamente sabemos, por una breve referencia del cronista Hidacio, que 400 hérulos en siete naves atacaron despiadadamente la costa cántabra y de Vardulia en el año 456.

En este estado de cosas pasaran más de un siglo sin que Cantabria vuelva a parecer en la historiografía. Un tiempo en que el pueblo cántabro escapa al control de suevos y visigodos, en el que gran parte de sus gentes conservan aún un paganismo que, a pesar de los siglos de dominación romana, no había quedado extinto, y en el que aparecen manifestaciones de violencia y agresividad que revelan la escasa romanización del territorio fuera de unos pocos focos culturales romanos. Prueba de ello es que para algunos autores la mayoría de los cántabros aún hablaban su lengua prerromana, en el que aparecían, eso sí, no pocas intrusiones del latín<ref>Joaquín González Echegaray y Mateo Escagedo Salmón consideran que el latín no se generalizó en Cantabria hasta después de la invasión árabe.</ref>.

[editar] Ducado de Cantabria

Artículo principal: Ducado de Cantabria

Tras la caída del imperio romano, Cantabria recuperó su independencia frente al reino visigodo hasta el año 574 en el que, según Braulio de Zaragoza en su Vida de San Millán de la Cogolla<ref>San Braulio. Vita S. Aemil., (II) 9: «eodem igitur anno, quadragesimae diebus ruelatur ei etiam excidium Cantabriae; unde nuncio misso iubet ad diem festum paschae senatum eius praesto esse ( ...) Aat ille denuntiat ei rem per semetipsum experiri, quod post probauit euentus nam gladio uindice Leuuegildi est interemtus»</ref>, el rey Leovigildo conquista Cantabria y su capital Amaya. Durante este periodo de la historia hispano-goda, Cantabria se integra dentro del reino como provincia fronteriza y se configura un ducado (ver imagen), regido por un Dux, delegado regio en el país. Esta fórmula garantizaría así mismo la libertad del pueblo cántabro y al mismo tiempo su control por el poder real.

A partir de aquí se sucede un periodo oscuro debido a la escasez de fuentes, no solo relativas a Cantabria sino a todo el norte de España. No obstante, es probable que debido a la escasa asimilación cultural visigoda de Cantabria y el mantenimiento las arraigadas costumbres bárbaras, no se consiguiera una seguridad política y militar plena en la región, lo que propiciaría años de rebeliones y levantamientos contra el poder real. Ya a este parecer, hacia el año 632, San Isidoro<ref>San Isidoro de Sevilla. Etim.., VIII, 2, 113</ref> advierte al hablar de los cántabros de su obstinada disposición al pillaje, las luchas y a desafiar los castigos, por lo que se deduce que a principio del siglo VII aún se les consideraba como una posible amenaza.

También durante estos años hubo al parecer luchas fronterizas entre los reyes visigodos de Hispania y los reyes francos de Austrasia y Borgoña en la que Cantabria se vio involucrada. Así, según el Chronicon<ref>Fregedario et alii, Chron., IV.33: «Provinciam Cantabriam Gothorum regno subaegit, quam aliquando Franci possederant; dux Francio nomen qui Cantabriam in tempore Francorum egerat, tributa Francorum regibus multo tempore impleverat»</ref> del cronista franco Fredegario del siglo VII, estos últimos intentaron someter la región de los cántabros y Vasconia, siendo recuperada la primera por Sisebuto. En este mismo texto se cita la existencia en el Ducado de Cantabria de un dux llamado Francio allá por los finales del siglo VI o comienzos del VII, que rendía tributo a los francos desde hacía tiempo, un personaje que sigue siendo aún oscuro.

De estos últimos testimonios se deduce que el Ducado de Cantabria sería tierra fronteriza entre reinos. Se desconoce si los reyes merovingios tuvieron éxito en sus conquistas al sur de los Pirineos, pero lo que parece probable es que este ducado era importante para el reino visigodo a modo de marca fronteriza desde donde poder lanzar ofensivas contra los vascones y al mismo tiempo poder controlar a un pueblo cuyo sometimiento era inestable y superficial y que no daba suficientes garantías de paz a los reyes visigodos.

[editar] Cantabria en la Reconquista

En el año 714 los musulmanes invaden los valles altos del Ebro y llegan a conquistar Amaya, la capital cántabra, obligando a los cántabros a ceñirse a las tradicionales fronteras bélicas, para organizar su defensa.

En las primeras crónicas de la Reconquista sigue apareciendo Cantabria definida como región. Así, en la Crónica Albeldense al tratar de Alfonso I dice "iste Petri Cantabriae ducis filius fuit", con lo que, junto a la figura de Pedro, se nombra el título de Duque de Cantabria, que atestigua la territorialidad de su ducado.

A partir de este periodo las fuentes documentales apenas sí hacen referencia a Cantabria con este nombre, dado que prevalecerá el de Asturias con las comarcas denominadas Asturias de Santillana, Asturias de Trasmiera y Asturias de Laredo. El territorio formará parte del condado de Castilla y del reino de Castilla.

A partir del núcleo inicial formado por la Hermandad de las Cuatro Villas, Santander, Laredo, Castro-Urdiales y San Vicente de la Barquera, se forma la Hermandad de las Marismas, uniendo así a todos los puertos importantes situados al este de Asturias.

La participación cántabra en la reconquista de la Península Ibérica a los árabes se fraguó en dos frentes. Por una lado mediante una función repobladora de los foramontanos y por otro a través del esfuerzo de guerra de sus gentes.

Durante el siglo XIII las Cuatro Villas participan muy activamente con hombres y barcos en la reconquista de Andalucía, siendo repobladas Cádiz y El Puerto de Santa María con familias procedentes de los puertos del Cantábrico<ref>Cádiz se repobló con cuatrocientas familias de hidalgos procedentes de Castro-Urdiales, Laredo, Santander y San Vicente de la Barquera </ref>. En el caso de Cádiz la mayoría procedían de Castro Urdiales, y en el del Puerto de Santa María, de Santoña, conocida entonces como Santa María del Puerto. La flota de naves de las Cuatro Villas de la Costa participaron también en la toma de Sevilla en 1248, rompiendo el puente de barcas que unía Triana y Sevilla al mando de Ramón Bonifaz. Este hecho de armas ha quedado representado con una nao y la Torre del Oro de Sevilla en el escudo de Santander<ref>En la girola de la catedral de Santander se conserva una pila de agua con una inscripción en árabe en caracteres cúficos que tradicionalmente se ha considerado como un trofeo de la toma de la ciudad. [1] </ref>. Navegantes y barcos de la armada cántabra formarían el germen de lo que sería la futura Marina Real de Castilla.

Ya durante la última acción de la Reconquista, en la toma del Reino de Granada, asistieron a los Reyes Católicos para su conquista los distintos valles y villas de Cantabria mediante soldados de Trasmiera y Asturias de Santillana por tierra y en la mar marineros de las Cuatro Villas.

Buena parte de los fueros, privilegios y franquicias conseguidos por estos valles y villas los obtendrían de los reyes de Castilla en reconocimiento a su participación en el esfuerzo llevado a cabo durante la Reconquista.

[editar] Provincia de Cantabria

Con los Reyes Católicos desaparece la Hermandad de las Marismas, quedando el Corregimiento de las Cuatro Villas, que abarca las áreas de influencia de los puertos de la antigua Hemandad de las Cuatro Villas (casi toda Cantabria). Sus juntas se celebraban o en Bárcena de Cicero o en turno rotatorio entre las villas que la componían, prestándose especial atención a que ninguna prevaleciera sobre las demás.

En el siglo XVI se difunde a nivel popular y literario el uso del nombre La Montaña para designar a la antigua Cantabria en contraposición a Castilla, con la que se aludía exclusivamente a La Meseta. Esta distinción ha llegado hasta nuestros días.

Durante la Baja Edad Media y el Antiguo Régimen los grandes señoríos de Cantabria estuvieron dominados principalmente por tres de las grandes casas nobiliarias españolas, los Mendoza (Duques del Infantado, Marqueses de Santillana); los Manrique de Lara (Marqueses de Aguilar de Campoo, Condes de Castañeda) y los Velasco Duques de Frías, Condestables de Castilla).

La controversia sobre su localización geográfica vino determinada por el hecho de que durante la Edad Media el topónimo de Cantabria se perdió o se usó de forma genérica o inexacta, y se alargaría hasta el siglo XIX. En el siglo XVI numerosos eruditos basados en la única lengua prerromana de la Península Ibérica, el euskera, elaboraron la hipótesis de situar la Cantabria antigua en el País Vasco y las zonas limítrofes de Navarra y La Rioja en base a la existencia de un monte que conserva el topónimo, la Sierra de Cantabria, así como las citas conservadas en las Glosas Silenses, del siglo XII, y de la Crónica del Tudense del siglo XIII, que situaban el ducado de Cantabria en La Rioja.

A estas teoría se opusieron estudiosos como Jerónimo de Zurita, Arnaldo de Oihenart o Francisco de Sota entre otros. Tal como fuera las discusiones entre vasco-cantabristas y cantábrico-montañeses, no exentan de descalificaciones personales, estas se extendieron durante todo el siglo XVII y XVIII.

No será hasta 1796 cuando se zanje definitivamente la gran controversia sobre la situación y extensión de la Cantabria antigua gracias a obras tan trascendentales para el conocimiento de la historia regional como La Cantabria: disertación sobre el sitio y extensión<ref>Enrique Flórez. La Cantabria. Disertación sobre el sitio y extensión que tuvo en tiempos de los romanos la región de los cántabros, con noticia de las regiones cofinantes y de varias poblaciones antiguas. Madrid. 1768 </ref> del padre agustino e historiador Enrique Flórez de Setién. Este basándose en sus buenos conocimientos de las fuentes clásicas y de la geografía montañesa puso fin a la contienda, refutando todos los argumentos de las tesis vasco-cantabristas y situando el solar de los cántabros en donde hoy conocemos.

Paralelamente a este interés por los cántabros y a la clarificación de la aludida polémica se aplicó el nombre de cántabro o Cantabria en el territorio montañés a diversas instituciones, organismos y jurisdicciones.

En 1727 se producirá el primer intento de lo que sería después la Provincia de Cantabria.

Aún así, el alto grado de autonomía que disfrutaban las pequeñas entidades en que estaba fraccionado el viejo solar de Cantabria, conjugado con la proverbial pobreza de recursos, siguió siendo la razón principal de su debilidad, incrementada con el progresivo avance de la eficacia administrativa del centralismo borbónico, por lo que cada día se mostraba más evidente la imposibilidad de hacer frente en solitario a la multitud de problemas de todo tipo: desde las siempre difíciles comunicaciones hasta las trabas para el ejercicio de la justicia, desde las dificultades para el abastecimiento en épocas duras, hasta la saca indiscriminada de levas de soldados, y sobre todo la progresión de las imposiciones fiscales. Todo ello determinó que se aceleraran los contactos entre las villas, valles y jurisdicciones. En esta ocasión se polarizaron en torno a las Juntas de la Provincia de Nueve Valles, conducidos por los diputados elegidos a través de los órganos tradicionales de autogobierno. Dos fueron los hechos que catalizaron la culminación del proceso de integración en este segundo intento:

  • Por un lado el interés colectivo por evitar contribuir a la construcción del puente de Miranda de Ebro, según imponía la orden del Intendente de Burgos de 11 de julio de 1775, cuando aquel mismo año había sufrido Cantabria dos tremendas inundaciones: 20 de junio y 3 de noviembre.
  • Por otro la necesidad de hacer frente mancomunadamente a la gran cantidad de bandidos que actuaban impunemente en Cantabria, ante la inoperancia de la justicia por la escasez de recursos.

Tras la convocatoria enviada por el Diputado General de Nueve Valles para que acudieran a la Junta que había de celebrarse en Puente San Miguel el 21 de marzo de 1777, las jurisdicciones afectadas por éstos y otros males, mandaron a sus respectivos diputados con poderes suficientes para que pudieran decidir el agregarles a la Provincia de Nueve Valles, según decían unos, para unirse y acompañarse según otros, y en definitiva, para ser unos con los demás, como manifestó el Concejo de Pie de Concha.

En aquella Junta General se establecieron las bases y pusieron en marcha las gestiones que habrían de desembocar el año de 1778 en la unidad administrativa y jurisdiccional. Todo ello culminó en el éxito de la Asamblea celebrada en la Casa de Juntas de Puente San Miguel el 28 de julio de 1778, donde quedó constituida la Provincia de Cantabria, mediante el acto de aprobar las ordenanzas comunes, confeccionadas para aquél fin y previamente discutidas y aprobadas en los concejos de todas las villas, valles y jurisdicciones comprometidas. Eran, además de los Nueve Valles, Rivadedeva, Peñamellera, Provincia de Liébana, Peñarrubia, Lamasón, Rionansa, Villa de San Vicente de la Barquera, Coto de Estrada, Valdáliga, Villa de Santillana del Mar, Lugar de Viérnoles, Villa de Cartes y su jurisdicción, Valle de Buelna, Valle de Cieza, Valle de Iguña con las villas de San Vicente y Los LLares, Villa de Pujayo, Villa de Pie de Concha y Bárcena, Valle de Anievas y Valle de Toranzo.

Escarmentados por el fallido intento del año 1727 el primer objetivo a cubrir consistió en conseguir la aprobación por el rey Carlos III de la unión de todos en una provincia, cuya ratificación la lograrían mediante real provisión el 22 de noviembre de 1779.

Las veintiocho jurisdicciones que asumieron en primer lugar el empeño de crear la Provincia de Cantabria, postularon con toda claridad su voluntad de que en ella se incluyeran todas las demás que formaban el Partido y Bastón de las Cuatro Villas de la Costa. En consecuencia establecieron toda clase de facilidades para la integración, que podían realizar en cualquier momento que así lo solicitasen, sujetándose a las ordenanzas, con los mismos derechos y deberes de las fundadoras, en el plano de la más estricta igualdad. De este modo se fueron agregando la Abadía de Santillana, los valles de Tudanca, Polaciones, Herrerías, Castañeda, la Villa de Torrelavega y su jurisdicción, Val de San Vicente, Valle de Carriedo, Tresviso y las villas pasiegas de La Vega, San Roque y San Pedro, así como la Ciudad de Santander con su Abadía.

A causa de la competencia de Laredo, el Ayuntamiento de Santander, que al comienzo había aceptado la titulación de Cantabria para la provincia creada a principios del siglo XIX, reaccionó después imponiendo que se la denominará con su nombre para que no hubiese duda alguna de cual era su capital. Cuando en 1821 la Diputación Provincial presentó en las Cortes constitucionales su proyecto definitivo sobre la fijación de los límites de la provincia y de los partidos judiciales, proponiendo la denominación de Provincia de Cantabria, el Ayuntamiento de Santander replicó imponiendo "que a esta provincia se le conserve el nombre de Santander". Aún así, muchos periódicos exhibieron en sus cabeceras el nombre de cántabro o Cantabria.

[editar] Guerra de la Independencia

Durante la Guerra de la Independencia (1808-1814), el obispo Menéndez de Luarca, gran defensor del absolutismo, se erigió "Regente de Cantabria" y constituyó en Santander el Armamento Cántabro, un cuerpo del Ejército para salir a los puertos de acceso desde la Meseta para detener a los franceses. Fue derrotado, pero más tarde se reorganizó en Liébana bajo el mando del general Juan Díaz Porlier, llamándose División Cántabra, en la que había varios regimientos y batallones, como los Húsares de Cantabria (caballería) o Tiradores de Cantabria (infantería). Durante las Guerras Carlistas se formó una unidad denominada Brigada de Cantabria.

El auge registrado por tales términos de resonancia ancestral a lo largo del siglo XVIII y todo el XIX, continuó pujante durante el siglo XX, adquiriendo un carácter político claramente regionalista hasta 1936.

[editar] La Revolución de 1868 y la I República

Durante el reinado de Isabel II de España, los sentimientos liberales y repúblicanos fueron adquiriendo fuerza en Cantabria, especialmente en las zonas costeras. La revolución de septiembre de 1868 fue duramente reprimida por los ejércitos isabelinos, llegados de Valladolid al mando del general Calonge. No obstante, el triunfo de los insurgentes en el resto de España permitieron tomar el poder a los grupos progresistas, representantes de la burguesía comerciante, que veía así atendidas sus demandas de desestancos y liberalizaciones, lo cual facilitaba el intercambio con los puertos americanos y la distribución de los productos coloniales en España y Europa.

[editar] La Restauración

[editar] La II República

El Partido Federal elaboró en 1936 un Estatuto de Autonomía para un Estado Federal Cántabro-Castellano, que no pudo aprobarse por el estallido de la Guerra Civil. Como consecuencia de la Guerra y de la marginación subsiguiente de estas tendencias, se utilizó menos el nombre de Cantabria, que, a nivel oficial, quedó relegado a las federaciones deportivas, únicas en las que Cantabria seguía figurando como región.

[editar] La Guerra Civil

Después de la sublevación militar del 18 de julio de 1936, Cantabria permaneció fiel al gobierno legítimo de la República, pero su aislamiento del resto del territorio republicano impidió una eficaz resistencia. La capital fue conquistada en agosto de 1937, y la llamada Batalla de Santander concluyó el 1 de septiembre del mismo año, cuando toda la región pasó al llamado bando nacional.

[editar] Franquismo

En 1963 el presidente de la Diputación Provincial, Pedro Escalante y Huidobro, propuso recuperar el nombre de Cantabria para la Provincia de Santander, en base a un erudito informe redactado por el cronista Tomás Maza Solano. A pesar de las gestiones realizadas y del voto afirmativo de los ayuntamientos, la petición no prosperó, sobre todo por la oposición de nuevo del Ayuntamiento de Santander.

[editar] Transición a la democracia

Con el inicio de la transición hacia la democracia, en España comienza a surgir nuevas demandas y propuestas de descentralización y reconocimiento del autogobierno de las regiones derivadas de un sentimiento regionalista y nacionalista heredado que obligo al gobierno de turno a impulsar una reforma administrativa y territorial del país. Dicha reforma quedaría recogida finalmente en la Constitución Española de 1978.

Cantabria no fue ajeno a ello y tras unos primeros avances en la década de 1970 en pos de la autonomía, con la llegada de la transición estos objetivos se vuelven más ambiciosos. En octubre de 1978 tiene lugar en Santander una gran manifestación que recorre la capital cántabra a favor de la autonomía de Cantabria y que termina con la lectura de un manifiesto y la colocación en la Diputación Provincial de la Bandera de Cantabria.

El 6 de diciembre de 1978 es aprobada la Constitución Española, en cuyo artículo 143 se recoge los derechos al autogobierno fundamentándose en las «características históricas, culturales y económicas comunes» del territorio.

Así, atendiendo a las suficientes peculiaridades históricas, etnográficas, culturales, económicas y de unidad geográfica que caracterizan a la región, y que ya venían acrecentando un sentimiento regionalista en Cantabria desde hacía siglos, el 30 de abril de 1979 el Ayuntamiento de Cabezón de la Sal toma la iniciativa al resto de municipios cántabros, aprobando por unanimidad, y bajo la presidencia de Ambrosio Calzada Hernández, la primera moción municipal que solicita la Autonomía para Cantabria.

[editar] El proceso autonómico

El 30 de diciembre de 1981 concluyó el proceso iniciado en abril de 1979. Otros 85 ayuntamientos de la región y la Diputación Provincial se sumaron en los meses siguientes a la propuesta aprobada por el Ayuntamiento de Cabezón de la Sal. Cantabria basó su autonomía en el precepto constitucional que abría la vía del autogobierno a las "provincias con entidad regional histórica".

La Asamblea Mixta, integrada por los diputados provinciales y los parlamentarios nacionales, inició el 10 de septiembre de 1979 los trabajos para la redacción del Estatuto de Autonomía. Tras la aprobación de éste por las Cortes Generales, el 15 de diciembre de 1981, el Rey de España firmó la correspondiente Ley Orgánica del Estatuto de Autonomía para Cantabria el 30 de diciembre de ese mismo año. De esta forma, la provincia de Santander se desvinculó de su histórica pertenencia a Castilla y salió del régimen preautonómico de Castilla y León en el que se encontraba junto con las provincias de Ávila, Burgos, León, Logroño, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid y Zamora.

El 20 de febrero de 1982 se constituyó con carácter provisional la primera Asamblea Regional provisional (hoy Parlamento). A partir de entonces el nombre de Provincia de Santander fue sustituido por el de Cantabria, recuperando así su nombre histórico. Las primeras elecciones autonómicas se celebraron en mayo de 1983.

En el transcurso de la IV Legislatura (1995-1999) entraría en vigor la primera gran reforma del Estatuto de Autonomía para Cantabria, consensuada por todos los grupos parlamentarios.



[editar] Véase también

[editar] Notas y referencias

<references/>

[editar] Enlaces externos

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