Batalla de Filipos
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La Batalla de Filipos acabó con el intento de varios senadores romanos de mantener la República.
[editar] Antecedentes
Tras la muerte de Julio César, Marco Antonio se había autoproclamado heredero de César y había obligado al bando republicano a huir a Asia. Mientras tanto el verdadero heredero de César, Octavio, de 19 años, había llegado a Roma y reclamaba la autoridad que su tío le había confiado en su testamento.
Marco Antonio ignoró estos llamados; sin embargo, el Senado sí le prestó atención e inmediatamente le confió plenos poderes y soldados para que combatiera a Marco Antonio. Octavio se dio cuenta que el Senado sólo le ayudaría mientras él les fuera útil así que marchó hacia Marco Antonio, pero en lugar de combatirle, firmó con él un tratado en el que se dividían las provincias romanas entre ellos y Marco Emilio Lépido, que no debe confundirse con un antecesor suyo del siglo II adC.
Después de formar el segundo triunvirato, Octavio y Marco Antonio marcharon a Roma donde ejecutaron a varios miembros del partido repúblicano, incluyendo a Cicerón. Sin embargo los asesinos de César, Bruto y Casio, tenían bajo su mando el ejército repúblicano y dominaban el oriente del imperio con base en Philippi, Macedonia.
[editar] La Batalla
La batalla se libró en Filipos, en Macedonia Oriental, a unos quince kilómetros al norte del mar Egeo, próxima a la actual Cavalla. En un principio se llamó Crénidas, pero en honor a Filipo II de Macedonia, quien la conquistó en el 355 a.C., recibió su nombre. Filipo la amplió y fortificó gracias a los beneficios de las minas de oro de la región. Ya en edad cristiana, el apóstol san Pablo fundó la primera iglesia cristiana de Europa en Filipos y más tarde dirigió una de sus epístolas a esta comunidad. La excavación sistemática del emplazamiento desde la década de 1940, han revelado una serie impresionante de monumentos romanos y bizantinos, que incluyen un teatro, un foro, calles, baños, un palacio episcopal y varias basílicas.
Pero en este momento pasaría a la historia como el lugar donde se iban a enfrentar Marco Antonio y Octavio al ejército republicano bajo el mando de los conspiradores Marco Junio Bruto y Cayo Casio Longino. El primer emperador contra el último republicano.
Antecedentes
Tras haberse unido Octaviano (el futuro Augusto) a Marco Aemilio Lépido y Marco Antonio para formar el segundo triuvirato, Casio se unió a Bruto y ambos pasaron con sus legiones por el Helesponto y Tracia a una llanura al oeste de Filipos en Macedonia, la cual iba a convertirse en su base de operaciones. Era misión de los triunviros el recuperar el mando sobre las provincias orientales que estaban bajo el poder de los cesaricidas: Bruto controlaba el Ilírico, Macedonia y Grecia, mientras Casio ejercía el gobierno sobre la Cirenaica, Chipre y Asia. En virtud de la Lex Pedia, aprobada el 43 a.C., era ilegal el gobierno que Bruto y Casio ejercían sobre las provincias orientales.
Las noticias que llegaban de las provincias orientales no eran nada alentadoras para Octavio. En esta región se organizó una oposición al nuevo régimen en torno a los "republicanos". En Siria, Cayo Casio Longino, el cual ya tenía relaciones con la administración provincial después de ser uno de los pocos supervivientes de la desastrosa campaña de Craso de Carea, había liberado al ejército de Quinto Cecilio Baso, que se encontraba sitiado desde hacía casi tres años en la ciudad de Apamea. Su intervención no pudo ser más afortunada; levantó el asedio y reclutó para su bando las 2 legiones de Baso, a las 6 legiones que lo sitiaban y además consiguió cuatro legiones más en Palestina. Éstas eran 4 legiones que el legado Alieno llevaba desde Egipto al cónsul Dolabela (3 de ellas dejadas por Julio César después de su campaña en Egipto), quién las esperaba en Laodicea, para que se rindieran y pasaran a su comando. De esta forma Casio, con un impresionante ejército de 12 legiones, se dirigió a Loadicea donde se hallaba Dolabela, el cual viendo la situación acabó suicidándose.
El conflicto internacional por tanto también había llegado a Egipto: Casio exigió a Cleopatra hombres y víveres, a lo que ella se negó, bajo la excusa de que la pobreza y las enfermedades asolaban Egipto. A pesar de todo, Cleopatra ya había decidido unirse a los triunviros con su armada, pero un fuerte vendaval la dispersó y tuvo que regresar a Egipto.
Mientras tanto en Macedonia el propretor Gayo Antonio, quién como “legítimo” gobernador se enfrentaba a Marco Bruto con dos legiones, tuvo que rendirse ante fuerzas superiores; esto después de que Bruto, tras muchas dificultades, consiguiera la rendición de las guarniciones de Dirraquio y Apolonia y obligara a Publio Vatidio a retirarse hacia Iliria. Tras estos acontecimientos, Bruto reclutó a dos legiones más entre los macedonios, y con esto disponía de un respetable ejército formado por 8 legiones.
Por su parte el triunvirato tampoco perdió el tiempo: Lépido fue dejado en Roma, mientras que los otros triunviros corrían a Macedonia a vengar la muerte de César y buscar la gloria. De esta forma, con Roma bajo control, los triunviros llevaron su ejército a Macedonia, donde encontraron al ejército unido de Casio y Bruto junto a la ciudad de Filipos (Octavio cayó enfermo en Dirraquio y tuvo que ser llevado en litera). En este momento, en las conquistas romanas se había creado una división total de la moribunda república romana: por un lado Occidente, del lado de los triunviros, y por otro lado Oriente del lado de los republicanos. La gran cantidad de legiones unidas por uno y otro lado reflejaba que iba a ser una monumental batalla que iba a decidir el futuro de Roma, de forma idéntica que en Farsalia: las mejores tropas romanas se enfrentaban en un solo campo de batalla, dejando de lado una larga campaña que a ninguno de los dos favorecería debido a la difícil situación en que se encontraban tanto los triunviros como los republicanos. Debía ser una única batalla, y a muerte. Nuevamente, los seguidores de Pompeyo y los de César se iban a enfrentar en una región de Grecia, en una batalla que iba a marcar la lucha por la República o por el Imperio.
La batalla
Una vez asegurada la situación en la capital, Marco Antonio salió a combatir a Casio y a Bruto. Por su parte, Octavio, que no quería que éste se llevara todo el crédito lo siguió. Los cuatro generales levantaron sus campamentos en una llanura al oeste de ciudad de Filipos. Querían asediar al ejército del triunvirato pero fueron obligados librar batalla abierta en la primera Batalla de Filipos el 3 de octubre de 42 a.C. Casio opinaba que debían esperar, pues sus enemigos estaban mal abastecidos y era probable que la espera les debilitara, pero Bruto no pudo soportar la incertidumbre y optó por atacar. La batalla fue igualada, pero en un principio la victoria parecía sonreír a los republicanos, ya que el empuje de Bruto rompió la formación de Octavio y llegó hasta su mismo campamento. Octavio, que se encontraba enfermo en su tienda, huyó. Mientras tanto, Casio atacó a Marco Antonio; sin embargo éste lo repelió y lo hizo retroceder hasta su campamento.
Casio, al no tener noticias de Bruto, dio por perdida la batalla y se suicidó. Cuando Bruto se enteró de la muerte de su amigo, ordenó el repliege de sus tropas del campamento de Octaviano. En realidad el resultado fue un empate.
Bruto cayó en una depresión extrema al recibir la noticia y, algunas semanas más tarde, el 23 de octubre, decidió atacar de nuevo. Esta vez la suerte no le fue propicia y tuvo que huir a unos acantilados que había cerca. Al percatarse de que muchos de sus amigos habían muerto y que la República por la que había luchado toda su vida estaba a punto de ser reemplazada por la monarquía, se suicidó.
Por tanto, la victoria del triunvirato había sido un éxito, pero más para Marco Antonio, el verdadero triunfador en Filipos, quien aguantó el empuje de Casio, desmoralizándolo y pudiendo arreglar la mala situación en la que se había colocado un muy enfermo Augusto-que tuvo que ir durante toda la campaña en litera debido a su enfermedad-, después de la pérdida de su campamento ante Bruto. Este hecho es escrito de una forma muy directa por Plutarco al hablar de la victoria del triunvirato: “Ninguna hazaña notable se vio de Octavio, sino que a Antonio era a quien se debían las victorias y los triunfos.”
Marco Antonio, no saciado con la aplastante victoria, hizo cortar la cabeza a Marco Bruto para enviarla a Roma y colocarla a los pies de una estatua de Julio César. Este mismo que siempre le había achacado unos modales indignos para una alta autoridad y con unas pasiones muy bajas para un general romano.
Este es otro ejemplo del odio que Marco Antonio había tenido desde su niñez a la clase nobilitas, a la cual nunca había pertenecido, y que se ve reflejado con el odio que sintió contra Catón o contra toda la familia de Cicerón debido a las Filipicas que había escrito el orador; tanto su lengua como su cabeza también reposaban en el foro romano. Los triunviros ahora dominaban Roma y quizá pensaron que sería mejor para todos separarse. Lépido recibió el Oeste y Antonio el Este, mientras que Octavio permanecía en Roma. En Filipos no sólo murieron Bruto, Casio y muchos de sus seguidores, sino que cayeron con ellos los viejos ideales republicanos. Muchos prisioneros fueron ajusticiados sin piedad. Y cuenta Suetonio que Octaviano no ahorró ultrajes con los prisioneros de la nobilitas. De esta derrota sólo unos pocos pudieron escapar para unirse a las tropas de Sexto, el hijo de Pompeyo el Grande, que había iniciado el reclutamiento de un ejército y comenzaba a adueñarse de parte de las provincias occidentales. Los partidos senatorial y republicano fueron aniquilados: nadie más debía desafiar el poder del Triunvirato.
Pero Filipos puso también en evidencia parte de las contradicciones internas de los triunviros. Por supuestas o reales complicidades de Lépido con Sexto Pompeyo, los dos hombres fuertes del triunvirato, Octaviano y Antonio, decidieron un nuevo reparto territorial que incluía privar a Lépido del gobierno de provincias: así, Antonio sumó ahora también la responsabilidad del gobierno de la Narbonense y de todo el Oriente al que ya tenía sobre la Cisalpina y la Galia Comata. A su vez, Octaviano, quedó al frente de las dos provincias de Hispania, además de Numidia y África; tenía también que desalojar a Sexto Pompeyo del gobierno de Sicilia. Ahora bien, el triunvirato se mantuvo formalmente a pesar de que el poder real residía en sólo dos de sus miembros. Lépido se encargaba de los aspectos religiosos. A la vez, algunos soldados veteranos fueron recompensados tras la batalla de Filipos con tierras en Italia, que fueron expropiadas al efecto. El hijo de uno de los expropiados había adquirido cierta fama como poeta. Se llamaba Publio Virgilio Marón. Uno de los generales de Octavio, llamado Cayo Asinio Polión, era aficionado a la poesía y había oído hablar de él. Su intercesión logró que al padre de Virgilio le fuera devuelta su granja. Otro literato afectado por la guerra fue Quinto Horacio Flaco. Había sido oficial en el ejército de Bruto, pero durante la batalla de Filipos huyó del combate en lo que, de acuerdo con los cánones de la época, se podría llamar un acto de cobardía. Salvo la vida, pero perdió sus posesiones en Italia. Marchó a Roma y encontró un trabajo como escribano. Otro personaje destacado de esta batalla del lado republicano fue Cneo Domicio Ahenobarbo partidario de Pompeyo Magno en la guerra civil contra Julio César; siendo derrotado en la batalla de Farsalia y más tarde, perdonado por su vencedor, Julio César.
Después del asesinato de Julio César, Ahenobarbo siguió a Bruto y Cassio hasta Macedonia, encargándose del mando de una flota y consiguiendo una brillante victoria en la batalla de Filipos por la que fue aclamado "imperator" (general o comandante de las fuerzas navales). Después de la batalla de Filipos, Domitio Ahenobarbo se convirtió en pirata. Dos años más tarde (durante el año 40 a.C.), se reconcilió con Marco Antonio y fue nombrado gobernador de Bithynia.
Ahenobarbo se volvió a cambiar de bando y participó en las filas de Octaviano Augusto durante la batalla de Actium (31 a.C.) venciendo a Marco Antonio y Cleopatra. Murió pocos meses después de dicha famosa batalla naval.
Por tanto y para finalizar, Filipos había supuesto un golpe definitivo contra la República y la aristocracia, cuyos más insignes miembros murieron en el combate o en los numerosos suicidios que siguieron a la derrota, pero esto nos lleva al interrogante de que hubiera pasado historicamene si hubiera caído derrotado los dos triunviratos. Cuanto los escritores convencionales suelen llamar grandeza de un individuo, es algo que se da siempre a posteriori, jamás a priori. Quiere esto decir que los sucesos engrandecen o empequeñecen a los hombres, nunca al contrario. De entre las llamadas grandes personalidades, Julio César ha venido sirviendo de tópico. Pues bien: Si a su muerte, Bruto y Casio hubieran ganado la batalla de Filipos, y restau¬rado la institución republicana, César habría pasado a la leyenda como dictador que interrumpió la gloriosa tradición. Más porque Bruto y Casio fueron derrotados, César devino grande. Vemos, pues, que la magnitud historiable de César dependió de algo tan aparentemente arbitrario y ajeno al propio César, tan casual, como el resultado de una batalla. Ni siquiera el más empeñado de los épicos podría demostrar la participación de la voluntad cesárea en hecho.bg:Битка при Филипи ca:Filipos de:Schlacht bei Philippi en:Battle of Philippi eo:Batalo de Filipio fr:Bataille de Philippes it:Battaglia di Filippi ko:필리피 전투 nl:Slag bij Philippi no:Slaget ved Filippi pl:Bitwa pod Filippi pt:Batalha de Filipos

