Claude Bernard
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| Claude Bernard | |
|---|---|
| Nacimiento: | 12 de julio de 1813 Saint-Julien |
| Fallecimiento: | 10 de febrero de 1878 París |
| Ocupación: | Médico y fisiólogo |
Claude Bernard (Saint-Julien, 12 de julio de 1813 – París, 10 de febrero de 1878) fue un médico y fisiólogo francés, conocido fundamentalmente por el estudio del síndrome de Claude Benard-Horner.
Fue elegido para la Academia Francesa en 1868 y recibió la Medalla Copley en 1876.
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[editar] Biografía
Imagen:Claude Bernard 5.jpg Hijo de una modesta familia de viticultores, Bernard trabajó durante su primera juventud como mancebo en una farmacia de Lyon. En esta época, el joven Bernard escribió una obra de teatro (Rose du Rhône) que tuvo cierto éxito de público. Sin embargo, un bienintencionado amigo de la familia (profesor de literatura en la Sorbona) le recomendó dejar de lado estas inclinaciones literarias, tras una lectura crítica de su segundo manuscrito (Arthur de Bretagne. Un drama en cinco actos). No sabemos si el consejo fue o no acertado, pero hizo que Claude Bernard diera un giro a su vida y se trasladara a París para iniciar tardíamente -y suponemos que sin mucho entusiasmo- la carrera de medicina.
Ya en la universidad, las clases del polémico profesor François Magendie despertaron en él una inesperada pasión por el descubrimiento de las leyes fisiológicas. Magendie sometía las hipótesis a contrastación experimental ante su entregado auditorio, y era el primero en reír abiertamente cuando algún experimento no transcurría según lo anunciado por la teoría que él mismo acababa de explicar en el aula el día anterior. A Magendie le gustaba definirse como un trapero que recorre el terreno de la ciencia recogiendo hechos de aquí y de allá, sin otra pretensión que "echárselos a la espalda". La elaboración a partir de ellos de alguna elegante y "pretenciosa" (predictiva) teoría no tenía cabida en el relajado escepticismo de Magendie. Nuestro joven estudiante de medicina, sin embargo, no se encontró nunca cómodo con los supuestos epistemológicos de su maestro, y ello fue sin duda lo que determinó que sus intereses dieran un nuevo giro, pasando esta vez del ámbito puramente científico al filosófico. De ahí que Claude Bernard haya pasado a la historia del pensamiento no sólo por sus importantísimas contribuciones a la fisiología, sino también por su intento de fundamentar la posibilidad misma de una medicina -y por extensión, de una biología- científicas. Pese a que resulta un hecho poco conocido por los estudiosos de la epistemología, Claude Bernard adelantó las principales tesis de Popper en este campo.
En 1860 ya había escrito lo esencial de su obra. Este año comienza a tener serios problemas de salud, que le obligan a retirarse periódicamente a su Saint-Julien natal. Allí se dedica a reflexionar sobre el método que él mismo ha empleado para alcanzar sus impresionantes descubrimientos científicos. De esta época es su obra más famosa, la "Introducción al estudio de la medicina experimental" (1865). Ni su vida profesional ni su vida familiar fueron fáciles. Se separó de su esposa en 1869, tras largos años de mutua incomprensión en los que Mme Bernard llegó a fundar, junto a sus dos hijas, un asilo para perros y gatos, con el que expresaba su oposición a la experimentación con animales. Además, el matrimonio hubo de afrontar la muerte prematura de uno de sus hijos. Claude Bernard tuvo que esperar a los últimos veinte años de su vida para alcanzar el reconocimiento público.
En 1839 obtiene una plaza de Interno, ocupando el puesto 26 de un total de 29 opositores, y entra en contacto con Magendie. Se licencia en 1843. En 1844 oposita a una cátedra de anatomía y fisiología, pero suspende. Funda la Société Française de Biologie en 1847. Se doctora en ciencias naturales en 1853, ante un tribunal formado por Milne-Edwards, Dumas y Jussieu. Ingresa en la Académie des Sciences en 1854, y ese mismo año obtiene la Cátedra de Fisiología General de la Facultad de Ciencias de París. Sucede a Magendie en el Collège de France en 1855, e ingresa en la Académie Française en 1868. Ese mismo año renuncia a su cátedra de La Sorbona, y se le nombra para una cátedra de fisiología en el Museum d´Histoire Naturelle. En 1869 será nombrado senador. Aún así, el alcalde republicano de Villefranche se negó a erigirle una estatua por suscripción popular tras su muerte, alegando que se trataba de un antiguo senador del imperio, y de un hombre separado.
Nueve años después de su muerte, en 1887, su amigo G. Barral publicará el querido manuscrito teatral de Claude Bernard titulado "Arthur de Bretagne".
[editar] Obra
[editar] Aportaciones a la medicina
Entre sus aportaciones a la ciencia cabe destacar el descubrimiento de la función digestiva del páncreas, el de la función glicogénica del hígado, el mecanismo de acción del curare, del óxido de carbono y de los anestésicos, el establecimiento de los principios generales sobre los que se asienta la farmacodinamia moderna y las funciones del sistema nervioso. En este sentido, han pasado a la historia de la fisiología sus estudios acerca del carácter único de los nervios sensitivos y motores, la sensibilidad recurrente, la estructura de la médula espinal, la vasomotricidad y las circulaciones locales, el origen medular del gran simpático, su función vasomotora, y su acción sobre la temperatura corporal, sobre las secreciones y sobre la glucemia. Otras aportaciones de menor importancia son sus estudios acerca de la secreción salival, la fisiología pulmonar, el efecto de la nicotina y del uranio sobre el organismo, la disección química en fisiología, la coagulabilidad de la sangre, el tono muscular y los mecanismos inflamatorios. Mención aparte merecen sus estudios sobre la asfixia y sobre los fermentos, que le valieron una histórica polémica con Pasteur.
Introdujo el concepto de homeostasia (constancia del medio interior) alrededor de 1860, si bien el término no es suyo, sino de W. B. Cannon. Dicho modelo señala como cualidad definitoria de los seres vivos su capacidad para mantener las condiciones físico-químicas del medio con el que están en contacto. En sentido inverso, son dichas condiciones físico-químicas del líquido que baña las células (medio interno) las que, al entrar en contacto con ellas, determinan la aparición de los fenómenos fisiológicos. Este sencillo esquema pretende dar razón (hasta donde ello es posible) del "quid" propio de lo vivo.
Entre sus aportaciones a la terapéutica hay que destacar las relativas al tratamiento de la diabetes, las indicaciones de la sangría, el tratamiento de la intoxicación por monóxido de carbono mediante ventilación mecánica, el tratamiento de la anemia con lactato de hierro, el descenso de la temperatura corporal mediante medios físicos, el estudio de los mecanismos de antagonismo entre fármacos, el tratamiento de la intoxicación etílica, las aplicaciones de la morfina, los efectos del anhídrido carbónico, la administración intravenosa de suero fisiológico, las técnicas de reanimación cardiopulmonar y la oxigenoterapia.
En el ámbito de la cirugía también dejó la obra científica de Bernard una profunda huella, pues, además de sus trabajos sobre la anestesia, diseñó nuevos instrumentos quirúrgicos, propuso nuevas técnicas de incisión y de sutura y describió la hiperglucemia post-hemorrágica.
[editar] Biología teórica
Aparte de las teorías concretas con las que Claude Bernard enriqueció la medicina, la biología y la veterinaria de su época, distinguimos dos categorías diferentes dentro de sus aportaciones "teóricas" al pensamiento biológico: las relativas a su peculiar modo de contestar la vieja pregunta ¿qué es la vida?, y las puramente epistemológicas (método y fundamentación de la medicina experimental). Es en este sentido en el que hablamos de la existencia tanto de una filosofía de la vida como de una epistemología bernardianas. Ambas estarán, como veremos, profundamente relacionadas entre sí.
[editar] Los seres vivos según Claude Bernard
En el terreno conceptual, Bernard propuso un modelo teórico para entender qué son los organismos, que resultó estar dotado de un impresionante valor heurístico. Con su concepto de "medio interno" quedaba legitimada la pretensión -puesta en entredicho por el escepticismo de Magendie, por el vitalismo de Bichat, y por las tesis de los románticos- de hacer de la medicina una auténtica ciencia, a la vez que se salvaguardaba el estatuto ontológico peculiar de los seres vivos. En este sentido, el modelo del medio interno evitaba que los científicos cayeran en la tentación de reducir conceptualmente los seres vivos a meras máquinas físico-químicas terriblemente complejas. Lo que Claude Bernard ofreció, por tanto, a la nueva medicina fue una certificación definitiva de su carácter científico exenta del pago de un empobrecedor reduccionismo físico-químico en el plano ontológico.
Bernard parte de la idea de que los organismos vivos se encuentran en constante interacción físico-química con el medio que les rodea. Esta interacción es bidireccional, y está orientada a un fin: la autoconservación de dicho organismo, y/o su interacción con otros (pensemos en los organismos pluricelulares) para la conservación del todo. Dado que en los seres complejos esta interacción se sitúa a nivel celular, dicho medio debe ser denominado en ellos "medio interno" (el medio interno es, según este modelo, el líquido que baña las células). Los fenómenos vitales vienen soportados por procesos estrictamente físico-químicos. Cuando un agente físico-químico interacciona con una célula, ésta "produce" un efecto fisiológico que le es propio (segregar una hormona, contraerse, emitir una descarga eléctrica, dilatarse ...), sin que el análisis científico de los fenómenos vitales pueda extenderse más allá. De este modo, junto con su carta de ciudadanía -tantos siglos anhelada- como auténtica ciencia, Bernard impone a la biología unos límites claros: jamás podrá pronunciarse acerca de la esencia de la vida, si bien será capaz de elaborar leyes relativas a sus condiciones físico-químicas. La ciencia deberá renunciar a dar una respuesta a la vieja pregunta por el "qué" (qué es la vida), para limitarse a un positivista "ver para prever". Pero el positivismo de Claude Bernard se acaba aquí. Enfrentándose a las influyentes tesis de Comte, Bernard será uno de los pocos científicos franceses partidarios de la teoría celular. Mientras que los científicos de su entorno encontraban en dicha teoría sospechosos vestigios de ideología romántica -frente a la que el positivismo de Comte precisamente se había erigido en reacción-, Claude Bernard reservó siempre en su epistemología un lugar privilegiado para las hipótesis. De este modo, aún reconociendo la carga hipotética -y por tanto especulativa- de la teoría de Matthias Schleiden y Theodor Schwann, Claude Bernard ve en ella una auténtica teoría científica. Dado que la ciencia no puede prescindir de las hipótesis (Claude Bernard huye del empirismo de Magendie), la única condición que les impuso la epistemología bernardiana -con el fin de salvaguardar su medicina experimental de los excesos del romanticismo- fue un constante sometimiento al control experimental. Con ello, el trapero de Magendie deja de servir como imagen ilustradora de la labor de los científicos. A partir de ahora, quedan legitimados para estructurar los hechos que recogen -en el laboratorio o en la cabecera de los enfermos- en hipótesis más o menos ambiciosas o arriesgadas. Es más, es precisamente la presencia previa (Claude Bernard utilizará la expresión "a priori") de hipótesis en la mente del investigador lo que le permite observar y registrar hechos. Una mente sin hipótesis, podríamos decir, es una mente ciega, incapaz de abrirse a la naturaleza.
[editar] La medicina según Claude Bernard
Según Bernard, la práctica experimental se desarrolla en cuatro momentos. En primer lugar, se produce ante nuestros ojos un hecho que constatamos de forma precisa. A continuación, surge en nosotros una idea acerca de la posible causa de dicho fenómeno. Esta idea constituye la hipótesis científica, que sólo tendrá valor en la medida en que seamos capaces de contrastarla experimentalmente. Para ello deduciremos de dicha hipótesis otras que son sus consecuencias lógicas, y pasaremos a diseñar experimentos o a buscar observaciones que las confirmen. Las teorías científicas no son en realidad más que nuestras hipótesis controladas experimentalmente mediante un proceso que establece un delicado equilibrio entre la razón y la experiencia. De ahí su carácter necesariamente provisional y las difíciles elecciones que a menudo el científico debe hacer entre los hechos y las teorías cuando hay discordancia entre ambos. Incluso cuando los hechos parezcan confirmar la hipótesis, ésta deberá ser sometida a la contraprueba. La contraprueba es la herramienta lógica que garantiza al científico la existencia de un auténtico nexo causal entre dos fenómenos, y no de una mera coincidencia en el tiempo.
La primera consecuencia epistemológica que se sigue de la descripción bernardiana del método de las ciencias naturales consiste en señalar que no hay en todo este proceso de razonamiento ningún lugar reservado a la inducción. En ciencia, por tanto, se deduce siempre. Las hipótesis a partir de las cuales se establecen los silogismos de la deducción surgen en la mente del experimentador con ocasión de la observación de determinados hechos, pero no son el resultado de un proceso de inducción llevado a cabo a partir de ellos. En contra de los supuestos de los inductivistas, Bernard entenderá que lo universal sólo puede proceder de lo universal. De hecho, Bernard emplea a menudo la equívoca expresión “ideas a priori” para referirse a las hipótesis científicas. Con ello quiere poner de manifiesto que éstas no deben ser entendidas como un mero destilado de los hechos que nuestra mente se limita a recoger y a plasmar. El proceso de génesis de dichas hipótesis se debe, más bien, a la creatividad del científico que las elabora. Proceden de una cualidad psicológica a la que Bernard denomina sentimiento o corazón, si bien no pueden carecer de unos criterios mínimos de racionalidad.
La epistemología bernardiana se sitúa, de este modo, en un punto equidistante de los tres polos que configuran su entorno científico y filosófico: el empirismo de Magendie (con el escepticismo recalcitrante que implica), el racionalismo de los científicos románticos (y sus excesivamente especulativas teorías biológicas), el vitalismo de Bichat (que hacía de los fenómenos vitales el terreno propio de la espontaneidad, inaccesible al conocimiento científico), y el positivismo de Comte (con su fobia a las hipótesis).
[editar] Bibliografía
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[editar] Referencias
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[editar] Enlaces externos
- Obras de Claude Bernard en el Proyecto Gutenberg
- Algunas de sus obras son de libre acceso facsímil en francés en CoLiSciences.
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