Biblioteca de Alejandría
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Imagen:2nd century Hebrew decalogue.jpg La Biblioteca Real de Alejandría fue en su época la más grande del mundo. Se cree que fue creada a comienzos del siglo III adC por Ptolomeo I Sóter y que llegó a albergar hasta 700.000 volúmenes. Una nueva Biblioteca de Alejandría promovida por la UNESCO fue inaugurada en 2003. Ambas situadas en Alejandría, Egipto.
La historia de la Biblioteca de Alejandría, de cómo debió ser, de cómo trabajaron sus sabios, incluso del número exacto de volúmenes y el nombre de sus obras no tiene rigor científico, tal y como los eruditos entienden el rigor. El conocimiento de esta gran institución se tiene a través de muy pocos testimonios, y aun estos son esporádicos y desperdigados. Los investigadores y los historiadores de los siglos XX y XXI insisten en aclarar que se trata en cierto modo de una utopía retrospectiva. La biblioteca existió, de eso no hay ninguna duda, pero todo lo escrito sobre ella es a veces contradictorio, dudoso, enigmático, lleno de suposiciones y se ha ido desarrollando a partir de muy pocos datos que, la mayoría de las veces, son sólo aproximaciones. Apenas hay certezas. Se trata de un concepto mítico, de aquello que debió ser, de lo que pudo ser su encanto.
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[editar] La biblioteca en la Antigüedad
Ptolomeo I Sóter (362 adC-283 adC) mandó construir en Alejandría el gran palacio que serviría de alojamiento a toda la dinastía Ptolemaica. Al otro lado del jardín y conocido desde el principio con el nombre de Museo, se erigió otra gran edificación. Lo llamaron así por respeto a la sabiduría, porque lo consideraron como un santuario consagrado a las Musas, que eran las diosas de la memoria, de las artes y de las ciencias. El edificio constaba de varias estancias dedicadas al saber, que con el tiempo fueron ampliándose y tomando más importancia, pero también acogía un pequeño zoo, jardines, una gran sala para reuniones e incluso un laboratorio.
La Gran Biblioteca de Alejandría, llamada así para distinguirla de la pequeña o hermana biblioteca en el Serapeo, fue fundada por los primeros Ptolomeos con el propósito de ayudar al mantenimiento de la civilización griega en el seno de la muy conservadora civilización egipcia que rodeaba a la ciudad alejandrina. Si bien es cierto que el traslado de Demetrio Falereo a Alejandría en el año 296-295 adC, está relacionado con la organización de la biblioteca, también lo es que por lo menos el plan de esta institución fue elaborado bajo Ptolomeo Sóter (muerto alrededor de 284 adC), y que la finalización de la obra y su conexión con el Museo fue la obra máxima de su sucesor, Ptolomeo II Filadelfo. Como Estrabón no hace mención de la biblioteca en su descripción de los edificios del puerto, parece claro que no estaba en esta parte de la ciudad, además, su conexión con el Museo, permite ubicarla en el Brucheion, el distrito real en el noreste de la ciudad. Imagen:Oktadrachmon Ptolemaios II Arsinoe II.jpg Las salas del Museo que se dedicaron a biblioteca acabaron siendo las más importantes de toda la institución, que fue conocida en el mundo intelectual de la antigüedad al ser único. El origen griego de los Ptolomeos está en su gusto por el saber y el conocimiento; durante siglos apoyaron y conservaron la biblioteca que, desde sus comienzos, mantuvo un ambiente de estudio y de trabajo. Dedicaron grandes sumas a la adquisición de libros, con obras de Grecia, Persia, India, Israel, África y otras culturas, aunque predominaba la literatura griega.
La biblioteca del Museo constaba de diez estancias dedicadas a la investigación, cada una de ellas dedicada a una disciplina diferente. Un gran número de poetas y filósofos, que llegaron a ser más de cien en sus mejores años, se ocupaban de su mantenimiento, con una dedicación total. En realidad se consideraba el edificio del Museo como un verdadero templo dedicado al saber.
Se sabe que desde el principio la biblioteca fue un apartado al servicio del Museo. Pero más tarde, cuando esta entidad adquirió gran importancia y gran volumen, hubo necesidad de crear un anexo cercano. Se cree que esta segunda biblioteca (la biblioteca hija) fue creada por Ptolomeo III Evergetes (246 adC-221 adC), y se estableció en la colina del barrio de Racotis (hoy se llama Karmuz), en un lugar de Alejandría más alejado del mar, en el antiguo templo erigido por los primeros ptolomeos al dios Serapis, llamado el Serapeo, considerado como uno de los edificios más bellos de la Antigüedad. En la época del Imperio Romano, los emperadores la protegieron en gran manera: incluso la modernizaron incorporando calefacción central mediante tuberías con el fin de mantener los libros bien secos en los depósitos subterráneos.
Los redactores de la biblioteca de Alexandría eran especialmente conocidos en Grecia por su trabajo sobre los textos homéricos. Los redactores más famosos generalmente llevaron el título de bibliotecario principal.
La diversidad geográfica de los eruditos muestra que la biblioteca era de hecho un gran centro de investigación y aprendizaje. En 2004, un equipo egipcio encontró lo que parece ser una parte de la biblioteca mientras excavaba en el Brucheion. Los arqueólogos descubieron trece salas de conferencias, cada una con un podium central. Zahi Hawass, el presidente del consejo supremo de antigüedades de Egipto, calcula que en las salas excavadas hasta ahora se habría podido acoger a 5.000 estudiantes <ref>La Biblioteca descubierta.</ref>, lo que indica que era una institución muy grande para su época. En el siglo II adC, Eumenes II de Mysia fundó un centro a imitación de la biblioteca en Pérgamo.<ref>Whibley, Leonard; A Companion to Greek Studies 1916 pp. 123</ref>.
[editar] Organización
Ptolomeo II encargó al poeta y filósofo Calímaco la tarea de catalogación de todos los volúmenes y libros. Fue el primer bibliotecario de Alejandría y en estos años las obras catalogadas llegaron al medio millón<ref> W.W. 1928. Ptolemy II. The Journal of Egyptian Archaeology, 14(3/4), 246-260.</ref>. Unas se presentaban en rollos de papiro o pergamino, que es lo que se llamaba "volúmenes", otras en hojas cortadas, que formaban lo que se denominaba "tomos". Cada una de estas obras podía dividirse en "partes" o "libros". Se hacían copias a mano de las obras originales, es decir "ediciones", que eran muy estimadas, incluso más que las originales, por las correcciones llevadas a cabo. Las personas encargadas de la organización de la biblioteca y que ayudaban a Calímaco rebuscaban por todas las culturas y en todas las lenguas conocidas del mundo antiguo y enviaban negociadores que pudieran hacerse con bibliotecas enteras, unas veces para comprarlas tal cual, otras como préstamo para hacer copias.<ref> Erksine, Andrew. 1995. Culture and Power in Ptolemaic Egypt: The Museum and Library of Alexandria. Greece & Rome, 2nd ser., 42(1), 38-48.</ref>
Los grandes buques que llegaban al famoso puerto de Alejandría cargados de mercancías diversas eran inspeccionados por la policía, tanto en busca de contrabando como de textos. Cuando encontraban algún rollo, lo confiscaban y lo llevaban en depósito a la biblioteca, donde los amanuenses se encargaban de copiarlo. Una vez hecha esa labor el rollo era devuelto a sus dueños, generalmente. El valor de estas copias era altísimo y muy estimado. La biblioteca de Alejandría llegó a ser la depositaria de las copias de todos los libros del mundo antiguo. Allí fue donde realmente se llevó a cabo por primera vez el arte de la edición crítica.
[editar] Los libros
Se sabe que en la biblioteca se llegaron a depositar el siguiente número de libros:
- 200.000 volúmenes en la época de Ptolomeo I
- 400.000 en la época de Ptolomeo II
- 700.000 en el año 48 adC, con Julio César
- 900.000 cuando Marco Antonio ofreció 200.000 volúmenes a Cleopatra, traídos de la Biblioteca de Pérgamo.
Cada uno de estos volúmenes era un manuscrito con cantidad de temas diferentes. Se cree que allí estaban depositados tres volúmenes con el título de Historia del mundo, cuyo autor era un sacerdote babilónico llamado Beroso y que el primer volumen narraba desde la Creación hasta el Diluvio, periodo que según él había durado 432.000 años, es decir, cien veces más que en la cronología que se cita en el Antiguo Testamento. Ese número permitió identificar el origen del saber de Beroso: la India. También se sabe, que allí estaban depositadas más de cien obras del dramaturgo griego Sófocles, de las que sólo nos han llegado siete. <ref>Whibley, Leonard; A Companion to Greek Studies 1916 pp. 122–123</ref>
[editar] Los sabios
Los sabios que estudiaban, criticaban, corregían obras, etc. se clasificaron a sí mismos en dos grupos: filólogos y filósofos.
- Los filólogos estudiaban a fondo los textos y la gramática. La Filología llegó a ser una ciencia en aquella época, y comprendía otras disciplinas, como la historiografía y la mitografía.
- Los filósofos eran todos los demás, la filosofía abarcaba las ramas del pensamiento y la ciencia: física, ingeniería, biología, medicina, astronomía, geografía, matemáticas, ingeniería, literatura, y lo que nosotros llamamos filosofía.
Entre ellos se encontraban personajes tan conocidos como Arquímedes, el más notable científico y matemático de la antigüedad, Euclides que desarrolló allí su Geometría, Hiparco de Nicea, que explicó a todos la Trigonometría, y defendió la visión geocéntrica del Universo; Aristarco, que defendió todo lo contrario, es decir, el sistema heliocéntrico siglos antes de Copérnico, Eratóstenes, que escribió una Geografía y compuso un mapa bastante exacto del mundo conocido, Herófilo de Calcedonia, un fisiólogo que llegó a la conclusión de que la inteligencia no está en el corazón sino en el cerebro, los astrónomos Timócaris y Aristilo, Apolonio de Pérgamo, gran matemático, Herón de Alejandría, un inventor de cajas de engranajes y también de unos aparatos movidos por vapor: es el autor de la obra Autómata, la primera obra conocida sobre robots, el astrónomo y geógrafo Claudio Ptolomeo, Galeno, quien escribió bastantes obras sobre el arte de la curación y sobre anatomía; La última persona insigne del Museo fue una mujer: Hipatia de Alejandría, gran matemática y astrónoma, que tuvo una muerte atroz a manos de monjes fanáticos cristianos.
[editar] Destrucción
Suele afirmarse, equivocadamente, que el primero de todos los ataques contra la Biblioteca de Alejandría fue el perpetrado por los romanos: Julio César, en persecución de Pompeyo, derrotado en Farsalia, arribó a Egipto para encontrarse con que su antiguo compañero y yerno había sido asesinado por orden de Potino, el visir del rey Ptolomeo XIII Filópator, para congraciarse con su persona. Egipto padecía una guerra civil por la sucesión del trono, y pronto César se inclinó a favor de la hermana del rey, Cleopatra VII. Consciente de que no podría derrotar a Roma, pero sí a César, y ganarse la gratitud de sus rivales en el Senado, Potino le declaró la guerra. El 9 de noviembre del 48 adC, las tropas egipcias, comandadas por un general mercenario de nombre Aquila, asediaron a César en el palacio real de la ciudad e intentaron capturar las naves romanas en el puerto. En medio de los combates, teas incendiarias fueron lanzadas por orden de César contra la flota egipcia, reduciéndola a las llamas en pocas horas. Por algunas fuentes, como Séneca o Plutarco<ref>Plutarco, Vida de César, 49.3.</ref>, puede parecer que este incendio se habría extendido hasta los depósitos de libros de la Gran Biblioteca, cercanos al puerto. Sin embargo, se pueda afirmar sin duda alguna que la Gran Biblioteca alejandrina y sus tesoros no resultaron destruidos. Los famosos 400.000 tomos que habrían ardido fueron en realidad 40.000, depositados en almacenes del puerto, probablemente para su exportación a Roma, tal como indica el Bellum Alexadrinum.
Después del desastroso incendio, la muerte de César y del ascenso de Augusto, Cleopatra VII se refugió en la ciudad de Tarso (en la actual Turquía) junto con Marco Antonio. Fue entonces cuando le ofrecieron los 200.000 manuscritos traídos desde la biblioteca de Pérgamo (en Asia Menor) pertenecientes a la colección del rey Attalo, que Cleopatra depositó en la biblioteca. Fue una especie de recompensa por las pérdidas ocasionadas en el incendio.
Sin embargo, a finales del siglo II y a lo largo del III, una serie de desastres se abatieron sobre la antigua capital de los Ptolomeos: en primer lugar, la llamada Guerra Bucólica (172-5), que se extendió hasta Alejandría; a ésta subisguieron la rebelión de los usurpadores Avidio Casio (175) y Pescenio Níger (193-4); el brutal saco de Alejandría por capricho de Caracalla (215); la pléyade de tumultos y revueltas civiles y militares que hubo durante la Anarquía Militar a raíz de la crisis económica y la aplastante presión fiscal; los ataques de los blemmíes… La ciudad fue destrozada por Valeriano (253); de nuevo en 269, cuando se dio la desastrosa conquista de la ciudad por Zenobia, reina de Palmira; y en el 273, cuando Aureliano, al reconquistarla para los romanos, saqueó y destruyó completamente el Bruchión, desastre al que no pudieron sobrevivir ni el Museo ni la Biblioteca. Se dice que en aquella ocasión los sabios griegos se refugiaron en el Serapeo, que nunca sufrió con tales desastres, y otros emigraron a Bizancio. Finalmente, la revuelta del usurpador Lucio Domicio Domiciano (296-7), que acabó con Alejandría tomada y saqueada por las tropas de Diocleciano, tras un asedio de ocho meses (victoria conmemorada por el llamado “Pilar de Pompeyo”). Se dice que tras la capitulación de la ciudad, Diocleciano ordenó que la carnicería continuara hasta que la sangre llegara a las rodillas de su caballo. La accidental caída de éste libró a los alejandrinos de la muerte, y para conmemorar el hecho erigieron una estatua al caballo. Diocleciano ordenó asimismo quemar millares de libros relacionados con la alquimia y las ciencias herméticas, para evitar que alguien pusiera en peligro la estabilidad monetaria que a duras penas se había conseguido restaurar.
Para colmo, entre 320 y 1303 hubo 23 terremotos en Alejandría. El del 21 de julio de 365 fue particularmente devastador. Según las fuentes, hubo 50.000 muertos en Alejandría, y el equipo de Franck Goddio del Institut Européen d´ Archéologie Sous-Marine, ha encontrado en el fondo de las aguas del puerto cientos de objetos y pedazos de columnas que demuestran que al menos el veinte por ciento de la ciudad de los ptolomeos se hundió en las aguas, incluyendo el Bruchión, supuesto enclave de la Biblioteca. Imagen:Johnchrysostom.jpg Más tarde, la emperatriz Eudoxia, en respuesta a una petición del patriarca de Alejandría, envió una sentencia de destrucción contra el paganismo en Egipto: en el año 391, el patriarca Teófilo de Alejandría demolió el Serapeo al frente de una muchedumbre fanática y sobre sus restos se edificó un templo cristiano. El sucesor de Teófilo, su sobrino Cirilo, se dedicó a eliminar a los filósofos, entre los que se encontraba la última directora de la Academia, Hipatia; su asesinato en el 412 marca el fin de la filosofía y la enseñanza neoplatónica en todo el Imperio romano.
Seguramente se salvarían buena parte de los libros de la biblioteca y se pusiera también a buen recaudo el sepulcro de Alejandro Magno, toda vez que la destrucción era previsible. Los arqueólogos no pierden la esperanza de encontrar ambas cosas enterradas quizás en el desierto de Libia. Pero en la colina donde estaba el templo de Serapis nunca se volvió a reconstruir la biblioteca. En el año 416, Orosio (teólogo e historiador hispanorromano) vio con mucha tristeza las ruinas de aquella ciudad que había sido magnífica y los restos de la biblioteca en la colina, confirmando que sus armarios vacíos... fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo.
Sin embargo, como afirma Jonathan Kirsch en su historia de la guerra entre monoteísmo y politeísmo, "en 390, por ejemplo, una turba de zelotes cristianos atacaron la antigua biblioteca de Alejandría, lugar donde se conservaban obras de la mayor rareza y antigüedad. Allí se guardaban los manuscritos más antiguos de la Biblia y otros escritos de origen judío y cristiano, mucho más viejos que los Rollos del Mar Muerto, y los textos paganos eran incluso más antiguos y abundantes, unos 700.000 volúmenes y rollos en total. Prendieron fuego a la colección entera de pergaminos y papiros, derribaron la biblioteca en sí, y la pérdida para la civilización occidental va más allá de lo que puede calcularse o incluso imaginarse. Al año siguiente, Teodosio I ordenó la destrucción del Serapeo, un magnífico templo que era el principal santuario de Isis y Serapis y <<el monumento más importante del Imperio después del Capitolio de Roma>>".<ref>Kirsch, Jonathan. Dios contra los Dioses. Barcelona: Ediciones B, 2006</ref>
En el siglo VI hubo en Alejandría luchas violentas entre los cristianos monofisitas y los melquitas y más tarde aún, en el 616 los persas de Cosroes II tomaron la ciudad. Alejandría seguía siendo, no obstante, una de las mayores metrópolis mediterráneas. Dice la leyenda que, en 641 cuando el comandante musulmán Amr ibn al-Ass entró en la ciudad tras un asedio de 14 meses, comunicó a su jefe el califa Omar I todo lo que había encontrado en la mítica ciudad (4.000 palacios, 4.000 baños, 12.000 mercaderes de aceite, 12.000 jardineros, 40.000 judíos sometidos a tributo y 400 teatros y lugares de esparcimiento) y le habló de la biblioteca para pedirle las instrucciones sobre qué hacer con esa cantidad de libros. A lo que el califa, según cuentan, respondió: Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque repiten; si los libros no están de acuerdo a la doctrina del Corán, no tiene caso conservarlos<ref>Abd al-Latif (1203): "La biblioteca que Amr ibn al-Ass incendió por orden de Omar"</ref>. No obstantem algunos historiadores, como Bernard Lewis, sostienen que esta historia es falsa<ref>Teoría de Bernard Lewis</ref>. En cualquier caso, ninguno de los restantes reductos de la cultura helénica que aún atesoraba la antigua ciudad de los lágidas sobrevivió a la ocupación árabe. En 645 la ciudad abrió sus puertas a una flota imperial, pero al año siguiente cayó nuevamente en manos musulmanas. A partir de entonces Alejandría cayó en picado, en beneficio de la nueva capital de los conquistadores Fustat (El Cairo).
[editar] Testimonios
Imagen:Strabo.jpg Todo lo que se sabe en la actualidad sobre la historia de la antigua biblioteca se debe a algunas referencias de posteriores escritores, a veces de gente que incluso la llegó a conocer, pero son informes de paso, no hay nada dedicado en exclusiva a comentar y describir ni el edificio ni la vida que en ella se desarrollaba.
Así tenemos al geógrafo griego Estrabón (c. 63 adC-c. 24 adC), gran viajero, que hace una pequeña descripción, pues parece ser que estuvo en Alejandría a finales del siglo I adC. Habla del Museo y dice que consta de una exedra (εξεδρα), es decir una obra hecha al descubierto, circular y con unos asientos pegados a la parte interior de la curva. Cuenta que también vio una estancia muy amplia donde se celebraban las comidas de los sabios y los empleados. Y habla también de la biblioteca, de la gran biblioteca, algo "obligatorio" en el Museo.
Aristeas, en el siglo II adC, en las cartas dirigidas a su hermano Filócrates habló de la biblioteca y de todo el asunto de la traducción de los LXX<ref>Cartas de Aristeas 9–12</ref> (ver Curiosidades y anécdotas, más abajo).
Marco Anneo Lucano, historiador, natural de Hispania, sobrino de Séneca, del siglo I, cuenta en su obra Farsalia cómo ocurrió el incendio del puerto, cómo se propagaron las llamas ayudadas por el viento, que no cesaba, desde los barcos también incendiados y anclados en el gran puerto oriental.
Tito Livio dice en sus referencias que la biblioteca de Alejandría era uno de los edificios más bellos que él había visto. Con muchas salas llenas de estantes para los libros y habitaciones donde sólo los copistas podían estar, sin que fueran molestados. Incluso apunta el hecho de que cobraban a tanto por línea copiada.
Lucio Anneo Séneca, filósofo cordobés y tío de Lucano (poeta cordobés), en el siglo I, escribió un libro llamado De tranquilitate animi. En él cuenta, a través de una cita de Tito Livio, que en aquel incendio se llegaron a quemar 40.000 libros.
El biógrafo Plutarco (c. 46-125), viajó en varias ocasiones a Egipto. En Alejandría debió escuchar muchas historias sobre el famoso incendio. Escribió una biografía sobre Julio César y al tratar sobre la batalla en el mar, en ningún momento cuenta el incendio de la biblioteca, ya que en el desastre estaba implicado César y parece ser que no quiso manchar su nombre con aquel hecho. El mismo Julio César en su obra Bellum civile en que habla de aquella batalla, omite por completo el incendio de la biblioteca. Otros escritores de la misma época también silencian la relación de César con el incendio de Alejandría.
Mucho más tarde, en el siglo IV de nuestra era, san Juan Crisóstomo hace una relación del estado en que se encontraba en aquellos años la brillante ciudad de Alejandría y comenta que la desolación y destrucción son tales que no se puede adivinar ni el lugar donde se encontraba el Soma (el mausoleo de Alejandro) ni la sombra de la gran Biblioteca.
En el siglo XV, un escriba se molestó en traducir al latín los comentarios de Juan Tzetzes (c.1110-c.1180), que fue un filólogo bizantino. Dichos comentarios estaban tomados de la obra Prolegómenos a Aristófanes. Tzetzes habla en ellos acerca de la Biblioteca.
La enciclopedia Suda (SOL Suda on-line) de la Universidad de Kentucky ha recopilado un conjunto de informaciones según fuentes provinientes de la época de Alejandro Magno y posterior.
[editar] Los bibliotecarios
A finales del siglo XIX se encontraron en el yacimiento de Oxirrinco, en el pueblo de El-Bahnasa (pequeño pueblo a 190 km al sur de El Cairo, en Egipto) miles de papiros que fueron estudiados a fondo por los eruditos. En algunos de ellos se hablaba de la famosa Biblioteca y se daba una lista de nombres de varios directores o bibliotecarios a partir del año de su fundación:<ref>Whibley, Leonard; A Companion to Greek Studies 1916 pp. 122–123</ref>
| BIBLIOTECARIO | DESDE | HASTA |
|---|---|---|
| Demetrio de Falero | 297 adC (?) | 282 adC |
| Zenódoto de Éfeso | 282 adC | 260 adC (?) |
| Calímaco de Cirene | 260 adC (?) | 240 adC (?) |
| Apolonio de Rodas | 240 adC (?) | 230 adC (?) |
| Eratóstenes de Cirene | 230 adC (?) | 195 adC |
| Aristófanes de Bizancio | 195 adC | 180 adC |
| Apolonio de Alejandría | 180 adC | 160 adC (?) |
| Aristarco de Samotracia | 160 adC (?) | 131 adC |
Más allá del año 131 adC, las fechas se tornan bastante inciertas.
[editar] Curiosidades y anécdotas
- En la literatura apócrifa judía existe un libro que lleva el título de Cartas de Aristeas a su hermano Filócrates, que se supone escrito entre los años 127 a 118 adC. En esta obra se narra un hecho histórico: En el reinado de Ptolomeo II (285-247 adC) trabajaba en el Museo un bibliotecario llamado Demetrio de Falero (o Falerio), un entusiasta de la biblioteca que luchó toda su vida por su engrandecimiento. Demetrio rogó al rey que pidiera por medios diplomáticos a la ciudad de Jerusalén el libro de la Ley judía y que también hiciera venir a Alejandría a unos cuantos traductores para traducir al griego los cinco volúmenes de dicho texto hebreo de la Torá (llamado después de la traducción Pentateuco, en griego), es decir los cinco primeros libros del Antiguo Testamento. Eleazar, el sacerdote de Jerusalén, envió a Alejandría a 72 sabios traductores que se recluyeron en la isla de Faros (frente a Alejandría) para hacer el trabajo, se dice que en 72 días. Se considera que esta fue la primera traducción de la historia, a la que se llamó Septuaginta o Biblia de los Setenta o de los LXX, porque redondearon el número de 72 traductores a 70.
Imagen:Gérin Clytemnestre hésitant avant de frapper Agamemnon endormi Louvre 5185.jpg
- En otra ocasión, Demetrio de Falero (que además era un gran viajero), estando en Grecia, convenció a los atenienses para que enviasen a Alejandría los manuscritos de Esquilo (que estaban depositados en el archivo del teatro de Dionisos, en la ciudad de Atenas), para ser copiados. Cuando se hacía una petición como ésta, la costumbre era depositar una elevada cantidad de dinero hasta la devolución de los textos. Los manuscritos llegaron al Museo, se hicieron las copias correctamente, pero no volvieron a su lugar de origen, sino que lo que se devolvió fueron las copias realizadas en la biblioteca. De esta manera Ptolomeo Filadelfo perdió la gran suma del depósito cedido, pero prefirió quedarse para su biblioteca el tesoro que suponían los manuscritos.
- En el Concilio de Nicea (año 325) se decidió que la fecha para la Pascua de la Resurrección fuera calculada en Alejandría, pues por aquel entonces el Museo de esta ciudad era considerado como el centro astronómico más importante. Después de muchos estudios resultó una labor imposible; los conocimientos para poderlo llevar a cabo no eran todavía suficientes. El principal problema era la diferencia de días, llamada spacta, entre el año solar y el año lunar además de la diferencia que había entre el año astronómico y el año del calendario juliano, que era el que estaba en uso.
- La biblioteca completa del filósofo Aristóteles, su obra y sus libros se custodiaban en este lugar. Algunos autores creen que la compró Ptolomeo II. Todo se perdió. Había también veinte versiones diferentes de la Odisea, la obra La esfera y el movimiento de Autólico de Pitano, Los Elementos de Hipócrates de Quíos y tantas obras de las que no se conserva más que el nombre y el recuerdo.
- En Alejandría las copias se hacían siempre en papiro y además se exportaba este material a diversas regiones. La ciudad de Pérgamo era una de las que más utilizaba el papiro, hasta que los reyes de Egipto decidieron no exportar más para tener ellos en exclusiva dicho material para sus copias. En Pérgamo empezaron a utilizar entonces el pergamino, conocido desde muchos siglos atrás, pero que se había sustituido por el papiro por ser este último más barato y fácil de conseguir.
- Los papiros jamás se plegaban, se enrollaban. Las primeras obras se presentaban en rollos (volumen en latín). Cada volumen estaba formado por hojas de papiro unidas unas a otras formando una banda que se enrollaba sobre un cilindro de madera. Los textos estaban escritos en columnas, en idioma griego o demótico, con tinta amarilla diluida en mirra. Los escribas utilizaban un solo lado y escribían con una caña afilada, el cálamo. Los rollos etiquetados, estaban colocados en cajas que se depositaban en el interior de armarios murales (armaria), ordenados por materias: textos literarios, filosóficos, científicos y técnicos. Posteriormente, se hizo según el orden alfabético de los nombres de autores.
[editar] La Biblioteca en el siglo XX
En el año 1987 salió a la luz un ambicioso proyecto cultural: construir una nueva biblioteca —la Bibliotheca Alexandrina— en la ciudad de Alejandría para recuperar así un enclave mítico de la Antigüedad, patrimonio de la Humanidad. Esto ocurría 1.600 años después de la desaparición definitiva de aquellas grandes colecciones del saber. Para llevar a cabo semejante proyecto se unieron los esfuerzos económicos de diversos países europeos, americanos y árabes, más el gobierno de Egipto y la UNESCO. El presupuesto en aquel año fue de 230 millones de dólares. Las obras empezaron el día 15 de mayo de 1995 y se terminaron con éxito el 31 de diciembre de 1996. A su inauguración acudieron tres reinas: la de España, la de Suecia y la de Jordania, además de algunos jefes de Estado.<ref>La Bibblioteca(en inglés).</ref>
El edificio, realizado por el arquitecto noruego Snohetta, resultó ser un enorme cilindro de cemento, cristal y granito traído desde Asuán para la fachada, dispuesto con bajorrelieves caligráficos en la mayoría de las lenguas del mundo; está situado el edificio en el malecón de Alejandría, a pocos metros del lugar donde se supone que se encontraba la antigua biblioteca. Tiene una superficie de 36.770 metros cuadrados con una altura de 33 metros. Consta de once niveles, de los cuales cuatro se hallan por debajo del nivel de la calle. Ofrece una sala hipóstila egipcia, sostenida por columnas de hormigón y madera noble, situada en el centro del edificio, destinada para lectura, con un aforo de 2.000 personas. Su cubierta es cilíndrica, haciendo así un homenaje al dios egipcio Ra, el dios del Sol. Esta cubierta está diseñada y construida de tal manera que la combinación de vidrio y aluminio tamiza la luz dentro del espacio, mientras que por fuera se proyecta hacia el Mediterráneo, como un recuerdo del famoso faro de Alejandría.
Se ha calculado que el número posible de libros puede llegar a los veinte millones; de momento dispone de unos 200.000; la mayoría de ellos son donaciones. Hay 50.000 mapas, 10.000 manuscritos, 50.000 libros únicos y además ejemplares del mundo moderno, con 10.000 multimedia de audio y 50.000 multimedia visuales. Todo esto lo rigen y supervisan unos 600 funcionarios.
Dependientes de esta biblioteca se han construido además otros dos edificios, uno dedicado a centro de conferencias y otro dedicado a planetario que consta de tres museos: de la Ciencia, de la Caligrafía y de la Arqueología. Hay además un laboratorio de restauración, una biblioteca para niños invidentes o minusválidos y una moderna imprenta.
En el siglo XXI existen en el mundo seis grandes bibliotecas:
- Biblioteca del Congreso de Estados Unidos (Library of Congress)
- British Library
- Biblioteca Nacional de Francia (Bibliothèque nationale)
- Biblioteca Nacional de España
- Biblioteca Vaticana
- Biblioteca de Alejandría (Bibliotheca Alexandrina)
[editar] Notas
<references/>
[editar] Bibliografía
- Aguado Bleye, Pedro (1935, 2ª edición), Curso de Historia para segunda enseñanza, tomo I, Madrid.
- Canfora, Luciano (1988), La véritable histoire de la bibliothèque d'Alexandrie (La verdadera historia de la biblioteca de Alejandría), Éditions Desjonquères, París.
- El-Abbadí, Mustafá (1994), La antigua biblioteca de Alejandría: vida y destino, Traducido por José Luis García-Villalba Sotos. Madrid: Unesco. ISBN 8489139008.
- Escolar Sobrino, Hipólito (2001 (3ª edición 2003)), La biblioteca de Alejandría, Madrid: Editorial Gredos. ISBN 9788424922948.
- García Maza, Julia (1997), Siempre estuvimos en Alejandría, Madrid: Asociación de Amigos de la Biblioteca de Alejandría. ISBN 8479521848.
- Lerner, Fred (1999), Historia de las bibliotecas del mundo: desde la invención de la escritura hasta la era de la computación, Traducido por Inés Frid. Buenos Aires: Troquel. ISBN 9501620611.
- Maris Fernández, Stella (1998), Retablo de bibliotecas, Buenos Aires: Sociedad de Investigaciones Bibliotecológicas. ISBN 9879710223.
- Revista de Arqueología 230, año XXI, Madrid.
- Sagan, Carl (1982), Cosmos, Planeta, Barcelona-Madrid (España).
- Seignobos, Charles (1930), Historia Universal Oriente y Grecia, Daniel Jorro, Madrid.
[editar] Véase también
- Alejandría
- Alejandro Magno
- Dinastía Ptolemaica
- Hipatia de Alejandría
- Historia de las Bibliotecas
- Historia del Libro
- Macedonia
- Museo
[editar] Enlaces externos
- Bibloteca de Alejandría, Historia
- Bibliotheca Alexandrina (sitio oficial) (en inglés)
- Bibliotheca Alexandrina (colección de fotos) (en inglés)
- La nueva Biblioteca
- Carl Sagan: La biblioteca de Alejandría
- Reconstrucción
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