Alcibíades
De Wikipedia, la enciclopedia libre
Imagen:Bust Alcibiades Musei Capitolini MC1160.jpg Alcibíades Clinias Escambónidas (griego: Ἀλκιβιάδης Κλεινίου Σκαμβωνίδης; c. 450 adC–404 adC) fue un prominente estadista, orador y general ateniense, miembro de una aristocrática familia, que tuvo un papel destacado en la segunda mitad de la guerra del Peloponeso como consejero estratégico, comandante y político.
Durante el transcurso de la guerra del Peloponeso, Alcibíades cambió su lealtad en varias ocasiones. En su Atenas nativa, a principios de la década del 410 adC, defendió una política exterior agresiva y fue un prominente defensor de la Expedición a Sicilia, pero huyó a Esparta cuando sus enemigos políticos presentaron cargos de sacrilegio contra él. En Esparta sirvió como consejero estratégico, proponiendo o supervisando importantes campañas contra Atenas. En Esparta, sin embargo, a Alcibíades también le salieron poderosos enemigos y se vio obligado a desertar a Persia. Allí, fue consejero del sátrapa Tisafernes hasta que sus aliados políticos atenienses provocaron su restitución. Fue general (estratego) durante varios años más, pero sus enemigos consiguieron exiliarle una segunda vez.
La expedición siciliana fue creación de Alcibíades, y los eruditos modernos han argumentado que si esa expedición hubiera estado bajo el mando de Alcibíades en lugar del de Nicias, la expedición no se habría enfrentado a su desastroso destino.<ref name="Vlachos59">A. Vlachos, Thucydides' Bias, 59 etc.</ref> En los años que sirvió a Esparta, Alcibíades jugó un importante papel en la perdición de la ciudad de Atenas; la captura de Decelia y las críticas rebeliones de algunos de los pueblos bajo la influencia de Atenas ocurrieron instigadas por él o bajo su supervisión. Una vez devuelto a su ciudad natal, sin embargo, tuvo un papel crucial en la serie de victorias atenienses que llevaron a Esparta a solicitar finalmente la paz con Atenas. Eligió tácticas poco convencionales, a menudo ganando ciudades a través de la traición o la negociación en lugar del asedio.<ref name="Kern151">P.B. Kern, Ancient Siege Warfare, 151</ref> Las capacidades militares y políticas de Alcibíades resultaron ser a menudo muy valiosas para cualquiera que contara con su lealtad, aunque su capacidad para granjearse poderosos enemigos aseguró que nunca permaneciera en un mismo lugar durante mucho tiempo, y, para cuando terminó la guerra que había ayudado a reavivar a principios de la década del 410 adC, sus días de relevancia política fueron un recuerdo pasado.
Tabla de contenidos |
[editar] Primeros años
Alcibíades era hijo de Dinómaca y Clinias, quien pertenecía a su vez a la poderosa y controvertida familia de los Alcmeónidas; Pericles y su hermano Arifrón eran primos de Dinómaca (su padre y su madre eran hermanos).<ref name"Cox144">C.A. Cox, Houshold Interests, 144</ref> Se decía que su familia se remontaba a Eurisaces.<ref name="Plato121">Platón, Alcibíades 1, 121a</ref> Su abuelo, también llamado Alcibíades, fue amigo de Clístenes, el famoso reformador constitucional del siglo VI adC.<ref name="the Helios"> Alcibiades. En Encyclopaedic Dictionary The Helios. (1952).</ref> Tras la muerte de Clinias en la batalla de Coronea del año 447 adC, Pericles y Arifrón fueron sus tutores.<ref name="Denyer88-89">N. Denyer, Commentary of Plato's Alcibiades, 88-89</ref> Según Plutarco, Alcibíades tuvo famosos profesores, como Sócrates, y fue formado en el arte de la retórica. Varios escritores griegos hacen mención de su comportamiento indisciplinado.
Alcibíades tomó parte en la batalla de Potidea en 432 adC, donde Sócrates salvó su vida,<ref name="Symposium220e">Plato, Symposium, 220e</ref> favor que le devolvió en la batalla de Delio en 424 adC. Alcibíades tenía una íntima pero (según idealizaron antiguos relatos) casta relación con Sócrates, a quien él admiraba y respetaba, y quien se sintió atraído por su belleza, pero no sucumbió a las atracciones del joven.<ref name="Sykoutris">I. Sykoutris, Introduction to Symposium, 159-180</ref><ref name="Symposium215b">Plato, Symposium, 215a-222b</ref> Según Plutarco, Alcibíades "temía y reverenciaba sólo a Sócrates, y despreciaba al resto de sus amantes".<ref name="Alcibiades6">Plutarco, Alcibíades, 6</ref>
Alcibíades se casó con Hipareta, la hija de Hipónico, un rico ateniense. Según Plutarco, Hipareta amaba a su marido, pero intentó divorciarse de él porque frecuentaba a las cortesanas. Vivió con él hasta su muerte y dio a luz probablemente a dos niños, una hija y un hijo, también llamado Alcibíades.<ref name="Alcibiades8">Plutarco, Alcibíades, 8</ref>
[editar] Carrera política hasta el 412 adC
[editar] Ascenso
Alcibíades incrementó su preeminencia política cuando empezó a abogar por una línea agresiva ateniense tras la firma de la Paz de Nicias. Este tratado había sido una tregua incómoda entre Esparta y Atenas firmada a mitad de la guerra del Peloponeso y llegó tras siete años de enfrentamientos en los que ningún bando había ganado una ventaja decisiva. Los historiadores Arnold W. Gomme y Raphael Sealey opinan, y Tucídides comenta, que Alcibíades se había ofendido durante la negociación del tratado debido a que los lacedemonios lo habían negociado con Nicias y Laques, y le habían dejado de lado a causa de su juventud.<ref name="Gomme339">A.W. Gomme, A Historical Commentary on Thucydides, 339</ref><ref name="Sealey353">R. Sealey, A History of the Greek City States, 353</ref>
Una serie de disputas acerca de la interpretación del tratado condujeron a los espartanos a despachar embajadores plenipotenciarios a Atenas para concluir todos los asuntos pendientes.<ref name="Alcibiades14">Plutarco, Alcibíades, 14</ref> Los atenienses, inicialmente, recibieron bien a estos embajadores, pero Alcibíades se reunió con ellos en secreto antes de que fueran a hablar a la ecclesia (la asamblea ateniense) y les dijo que la asamblea era arrogante y tenía grandes ambiciones.<ref name="Alcibiades14" /> Les instó a que renunciaran a su autoridad diplomática de representar a Esparta y permitieran que él los ayudara con los políticos atenienses a través de su influencia .<ref>Thucídides, V, 45</ref> Los representantes estuvieron de acuerdo e, impresionados con la previsión de Alcibíades, se separaron de Nicias, quien sinceramente quería llegar a un acuerdo con los espartanos.<ref name="Alcibiades14" /> Al día siguiente, durante la asamblea Alcibíades les preguntó qué poderes les había concedido Esparta y respondieron que no habían ido con plenos poderes. Esto estaba en directa contradicción con lo que habían dicho el día anterior y Alcibíades se valió de esta oportunidad para denunciar su carácter, sembrar la sospecha sobre sus objetivos y destruir su credibilidad. Este truco incrementó el prestigio de Alcibíades mientras avergonzaba a Nicias, y Alcibíades fue nombrado general. Aprovechó su creciente poder para orquestar la creación de una alianza entre Argos, Mantinea, Elis y otros estados del Peloponeso, amenazados con el dominio de Esparta en la región. Según Gomme, "era un grandioso plan para un general ateniense a la cabeza de un ejército principalmente peloponesio marchar a través del Peloponeso burlándose de Esparta cuando su reputación estaba más baja".<ref name="Gomme30">A.W. Gomme, A Historical Commentary on Thucydides, 70</ref> Esta alianza, sin embargo, sería derrotada en última instancia en la batalla de Mantinea.<ref name="Alcibiades15">Plutarco, Alcibíades, 15</ref>
En los años 416 - 415 adC, tuvo lugar un complejo enfrentamiento entre Hipérbolo, por un lado, y Nicias y Alcibíades, por el otro. Hipérbolo trató de provocar el ostracismo de uno de ellos, pero Alcibíades y Nicias combinaron su influencia para inducir al pueblo a expulsar a Hipérbolo.<ref name="Alcibiades13">Plutarco, Alcibíades, 13</ref> Este incidente revela que Nicias y Alcibíades disponían cada uno de sus propios seguidores, cuyos votos eran determinados por los deseos de los líderes.<ref name="Sealey353" />
Alcibíades no fue uno de los generales involucrados en la captura de Milo en 416 - 415 adC, aunque Plutarco le hace partidario del Decreto por el cual los hombres de Milo fueron asesinados y las mujeres y las niños esclavizados .<ref name="Alcibiades16">Plutarco, Alcibíades, XVI</ref> El orador Andócides alega que Alcibíades tuvo un hijo con una de estas mujeres esclavizadas.<ref name="Andocides22">Andócides, Contra Alcibíades, 22</ref>
[editar] Expedición a Sicilia
Imagen:Sicily map.gif En 415 adC, llegaron a Atenas unos delegados de la ciudad siciliana de Segesta (Egesta en griego),para solicitar ayuda a los atenienses en su guerra contra Selinunte. Dicha solicitud fue debatida en la asamblea, y Nicias se opuso con vehemencia contra la intervención ateniense. Argumentó que la campaña sería muy costosa, a la vez que atacaba las motivaciones y el carácter de Alcibíades, que se había erigido en el principal partidario de la expedición. Por otro lado, Alcibíades argumentó que una campaña en este nuevo territorio proporcionaría riquezas a la ciudad y ampliaría el imperio, igual que había ocurrido anteriormente con las guerras médicas. Alcibíades pronosticó en su discurso, (con exagerado optimismo, según la opinión de la mayoría de los historiadores) que los atenienses podrían reclutar a aliados en la región e imponer su gobierno a Siracusa, la ciudad más poderosa de Sicilia.<ref name="Platias237">Platias-Koliopoulos, Thucydides on Strategy, 237-246</ref> A pesar de la entusiasta defensa del plan por parte de Alcibíades, sería Nicias, y no él, quien transformaría una modesta intervención en el lugar en una gran campaña y que haría pensar a todo el mundo que la conquista no sólo sería posible sino incluso segura.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 322</ref> Su sugerencia fue que el tamaño de la flota se incrementara de unas 60 embarcaciones hasta las 140 galeras, y que las fuerzas alcanzasen 5.100 hombres de infantería pesada y unos 1.300 arqueros, honderos y tropas ligeras.<ref>Plutarco, Alcibíades, 20</ref> El filósofo Leo Strauss subraya ,que la expedición siciliana superaba todo lo emprendido por Pericles.<ref name="Strauss104-105">L. Strauss, The City and Man, 104</ref> La verdadera intención de Nicias era asustar a la asamblea con su alta estimación de las fuerzas requeridas, pero, en lugar de disuadir a sus conciudadanos, su análisis lo hizo aún más deseable.<ref name="Strauss104-105" /> En contra de sus deseos, Nicias fue nombrado general, junto con Alcibíades y Lámaco; los tres con plenos poderes para lograr que los intereses de Atenas en Sicilia se cumplieran.<ref name="Th6.26">Tucídides, VI, 26</ref>
Una noche, durante los preparativos para la expedición, los hermai -cabezas del dios Hermes sobre un plinto con un falo- fueron mutiladas en toda Atenas (véase Hermocópidas). Esto supuso tanto un escándalo religioso como un mal presagio para la misión. Plutarco explica que Androcles, un dirigente político, usó testigos desleales que culparon a Alcibíades y a sus amigos de mutilar las estatuas y además de profanar los misterios de Eleusis.<ref name="Alcibiades19">Plutarco, Alcibíades, 19</ref> Después, sus adversarios políticos, encabezados por el propio Androcles y por Tesalo, hijo de Cimón, enrolaron a oradores para argumentar ante la asamblea que Alcibíades debía zarpar como estaba planeado y someterse a juicio a su regreso de la campaña. Alcibíades, que recelaba de sus intenciones, pidió que se le permitiera someterse a juicio inmediatamente, bajo la amenaza de pena de muerte, para poder limpiar su nombre.<ref name="Alcibiades19" /> La petición fue denegada y la flota zarpó poco después, con los cargos sin resolver.<ref name="Th6.29">Tucídides, VI, 29</ref>
| "A nuestros aliados de allí juramos defenderlos y no para que deban acudir aquí a defendernos, sino para que ocasionen dificultades a nuestros enemigos de allí e impidan que vengan a atacarnos. Así es como hemos construido nuestro imperio(...) asistiendo a los que reclamaban nuestra presencia. Porque no sólo hay que defenderse cuando se es atacado, sin o que hay que anticiparse para impedir. Y no es posible determinar con precisión la extensión que queremos darle a nuestro imperio, sino que, en vista de lo que hemos conseguido, es necesario conspirar para prolongarla, porque, si dejáramos de gobernar a otros, estaríamos en peligro de ser gobernados. No podéis mirar la inactividad desde el mismo punto de vista que los demás, a menos que os preparéis para cambiar vuestro modo de vida y que sea como el suyo." |
| Oración de Alcibíades antes de la expedición a Sicilia escrita por Tucídides, (VI, 18]); Tucídides niega la exactitud verbal. |
Tal y como Alcibíades había sospechado, su ausencia envalentonó a sus enemigos, y éstos empezaron a acusarlo de las otras acciones sacrílegas, alegando incluso que dichas acciones estaban relacionadas con un complot contra la democracia.<ref name="Th6.61">Tucídides, VI, 61</ref> Según Tucídides, los atenienses reaccionaban siempre con miedo ante este tipo de acusaciones y su reacción fue sospechar del acusado.<ref name="Th6.53">Tucídides, VI, 53</ref> Cuando la flota llegó a Catana, se hallaba allí el trirreme estatal "Salaminia" esperando para llevar a Alcibíades y los otros acusados de mutilar los hermai y profanar los misterios de Eleusis de vuelta a Atenas para someterse a juicio.<ref name="Th6.53" /> Alcibíades dijo a los heraldos que los seguiría a Atenas en su embarcación, pero en Turios se fugó con su tripulación. En Atenas fue condenado "en ausencia" y condenado a muerte. Sus propiedades fueron confiscadas y se prometió una recompensa de un talento a quien consiguiera matar a alguno de los que habían huido.<ref>D. Kagan, The Peloponnesian War, 273</ref> Mientras tanto, la fuerza ateniense en Sicilia, después de algunas primeras victorias, se movilizó contra Mesina, donde los generales esperaban que sus aliados secretos dentro de la ciudad la traicionaran. Alcibíades, sin embargo, previendo que estaría fuera de la ley, dio información a los amigos de los siracusanos en Mesina y consiguió prevenir la entrada de los atenienses.<ref name="Th6.74">Tucídides, VI, 74</ref> Con la muerte de Lámaco en batalla poco tiempo después, la expedición siciliana recayó sobre las manos de Nicias, a quien los eruditos modernos han juzgado ser un inadecuado jefe militar.<ref name="Vlachos59" />
[editar] Defección a Esparta
Después de su desaparición en Turios, Alcibíades contactó con los espartanos, "prometiendo ofrecerles una ayuda y un servicio más grandes aún que todo el daño que antes les había hecho como enemigo" si ellos le ofrecían asilo.<ref name="Alcibiades23">Plutarco, Alcibíades, 23</ref> Los espartanos concedieron esta petición y lo recibieron entre ellos. En el debate en Esparta sobre si enviar una fuerza para ayudar a Siracusa, Alcibíades habló e inculcó miedo a los éforos espartanos sobre la ambición ateniense, informándoles de que los atenienses esperaban conquistar Sicilia, Italia, e incluso Cartago.<ref name="Th6.89">Tucídides, VI, 89-90</ref> El historiador de Yale Donald Kagan cree que Alcibíades exageró los planes de los atenienses para convencer a los espartanos del beneficio que les proporcionaba su ayuda.<ref name="Kagan282-283">D. Kagan, The Peloponnesian War, 282-283</ref> Kagan asevera que Alcibíades no había adquirido su "legendaria" reputación, y que los espartanos lo veían como "un hombre derrotado y perseguido" cuya política "provocó fallos estratégicos" y no consiguió "ningún resultado decisivo".<ref name="Kagan282-283" /> Si es exacta, esta valoración subraya uno de los grandes talentos de Alcibíades: su oratoria persuasiva.<ref name= "Kagan282-283" /> Tras hacer que la amenaza pareciera inminente, Alcibíades aconsejó a los espartanos enviar tropas y - lo más importante - un comandante espartano para disciplinar y ayudar a los siracusanos.<ref name="Th6.89" />
| "Nuestra fiesta era la del pueblo entero, nuestro credo mantener la forma de gobierno bajo el que la ciudad disfrutó de la mayor grandeza y libertad, y que habíamos encontrado existiendo. En cuanto a la democracia, los hombres de juicio de entre nosotros quizás sepan lo que era, y yo, como cualquiera, tengo el mayor motivo para quejarme de ello; pero no hay nada nuevo que sea dicho de un absurdo patente - mientras tanto no pensemos en salvarla cambiándola bajo la presión de su hostilidad." |
| Discurso de Alcibíades a los espartanos escrito por Tucídides, (VI, 89]); Tucídides niega la exactitud verbal. |
Alcibíades sirvió como consejero militar a Esparta y ayudó a los espartanos a asegurar algunos éxitos cruciales. Aconsejó que construyeran un fuerte permanente en Decelia, justo a 16 km de Atenas y al alcance de la vista de la ciudad.<ref name="Th7.18">Tucídides, VII, 18</ref> Haciendo esto, los espartanos cortaron completamente a los atenienses el acceso a sus casas y cultivos y a las minas de plata de Sunión.<ref name="Kagan282-283" /> Éste era parte del plan de Alcibíades para reanudar la guerra con Atenas en el Ática. El movimiento era devastador para Atenas y forzó a los ciudadanos a que vivieran dentro de los Muros Largos de la ciudad todo el año, fomentando la plaga de Atenas y haciéndolos completamente dependientes de su comercio marítimo para alimentarse.
En vista de que Atenas era hostigada en un segundo frente, los miembros de la Liga de Delos empezaron a considerar una revuelta. Como consecuencia de la derrota desastrosa de Atenas en Sicilia, Alcibíades navegó a Jonia con una flota espartana y consiguió convencer a algunas ciudades para que se rebelasen.<ref name="Alcibiades24">Plutarco, Alcibíades, 24 y Tucídides, VIII, 26</ref>
A pesar de estas valiosas contribuciones para la causa espartana, Alcibíades perdió el favor del gobierno espartano cuando fue descubierto que estaba teniendo una aventura amorosa con la esposa del rey espartano Agis II.<ref name="Britannica"> Alcibiades. En Encyclopaedia Britannica. (2002).</ref> Por ello, muchos creyeron que Alcibíades era el padre de Leotíquides, el hijo que tuvo poco después Timaia (la esposa de Agis).<ref name="Lysander22">Plutarco, Lisandro, 22 y Agesilao, III</ref> La influencia de Alcibíades se redujo todavía más tras el retiro de Endio, el éforo más favorable a él.<ref name="Rhodes144">P.J. Rhodes, A History of the Classical Greek World, 144</ref> Astíoco, un almirante espartano, fue enviado con la orden de matarlo, pero Alcibíades fue avisado y desertó a la satrapía persa de Tisafernes, que había estado ayudando económicamente a las fuerzas peloponesias en 412 adC.<ref name="Th8.45">Tucídides, La guerra del Peloponeso, 8.45</ref>
[editar] En Asia Menor
A su llegada a la corte persa, Alcibíades se ganó la confianza del poderoso sátrapa y le hizo algunas sugerencias políticas que fueron bien recibidas. Según Tucídides, Alcibíades empezó a hacer todo lo que pudo en la corte de Tisafernes para perjudicar la causa peloponesia. Ante su insistencia, el sátrapa redujo los pagos que estaba haciendo a la flota peloponesia y empezó a enviarlos de forma irregular.<ref name="Th8.45" /> Seguidamente, Alcibíades aconsejó a Tisafernes sobornar a los generales de las ciudades para así conseguir información sobre sus actividades. Por último, y más trascendental, le dio al sátrapa instrucciones de que no tuviera prisa en involucrar la flota persa en el conflicto, ya que, cuanto más se prolongara la guerra, más exhaustas quedarían las fuerzas de los combatientes.<ref name="Th8.46">Tucídides, VIII, 46</ref> Esto permitiría que los persas conquistasen la región fácilmente tras las secuelas de tanta lucha. Alcibíades trató de convencer al sátrapa a Persia le interesaba desgastar tanto a Atenas como a Esparta, "y después de reducir el poder ateniense tanto como pudiera, acabar con el Peloponeso".<ref name="Th8.46" /> Aunque el consejo de Alcibíades benefició a los persas, eran simplemente una vía para conseguir un determinado fin. Tucídides nos cuenta que sus verdaderas motivaciones eran usar su supuesta influencia con los persas para provocar su restauración en Atenas.<ref name="Th8.47">Tucídides, VIII, 47</ref>
[editar] Regreso a Atenas
[editar] Negociaciones con los oligarcas atenienses
Alcibíades parece que asumió el hecho de que la "democracia radical" nunca estaría de acuerdo con su regreso a Atenas.<ref name="Buckley411-413">T. Buckley, Aspects of Greek History, 411</ref> Por lo tanto, intercambió mensajes con los jefes atenienses en Samos y sugirió que si pudieran instalar una oligarquía que estuviese de su parte, regresaría a Atenas y traería consigo dinero persa y posiblemente a la flota persa de 147 trirremes.<ref>Plutarco, Alcibíades, 25</ref> Alcibíades empezó a ganarse a los oficiales más influyentes del ejército y consiguió su objetivo ofreciéndoles un plan compuesto de tres partes: la constitución ateniense debía ser cambiada, el regreso de Alcibíades debía ser votado y Alcibíades debía ganarse a Tisafernes y al Rey de Persia para la causa ateniense. La mayoría de los oficiales de la flota ateniense aceptaron el plan y dieron la bienvenida a la posibilidad de una constitución más limitada, que les otorgara un mayor margen de acción para determinar la política. Según Tucídides, sólo uno de los generales atenienses en Samos, Frínico, se opuso al plan y argumentó que Alcibíades se preocupaba más de la oligarquía propuesta que de la democracia tradicional.<ref name="Sealey359">R. Sealey, A History of the Greek City States, 359</ref> La participación en la trama de otro general, Trasíbulo, queda poco clara.
Estos oficiales de la flota ateniense constituyeron un grupo de conspiradores, pero se enfrentaron con la oposición de la mayoría de los soldados y marineros; pero éstos se calmaron al final "por el panorama ventajoso del sueldo del rey".<ref name="Th8.48">Tucídides, VIII, 48</ref> Los conjurados se reunieron y se dispusieron a enviar a Pisandro y a otros como embajadores a Atenas para que trataran del regreso de Alcibíades y la abolición de la democracia en la ciudad, y para hacer a Tisafernes amigo de los atenienses.<ref name="Th8.49">Tucídides, VIII, 49</ref>
Frínico, temiendo que si volvía del exilio Alcibíades se vengaría de él por haber puesto obstáculos a su regreso, envió un mensaje secreto a Astíoco, el navarco de los lacedemonios, para decirle que Alcibíades estaba arruinando su causa procurando a los atenienses la amistad de Tisafernes y de todos los demás detalles de la conjura. A Astíoco ni siquiera se le ocurrió tomar represalias contra Alcibíades sino que, por el contrario, se dirigió a Magnesia y les comunicó a Alcibíades y Tisafernes la carta de Frínico. Alcibíades envió inmediatamente una carta contra Frínico a los que estaban al frente del ejército en Samos, comunicándoles lo que había hecho y pidiéndoles que lo condenaran a muerte. <ref name="Th8.50">Tucídides, VIII, 50</ref> Entonces Frínico, en gravísimo peligro a causa de la denuncia, envió de nuevo un mensaje a Astíoco en el que, tras reprocharle que no hubiera guardado el secreto de su primer mensaje, le manifestaba que ofrecía a los peloponesios la posibilidad de destruir toda la flota ateniense en Samos, contando con que Samos no estaba amurallada. Astíoco denunció también esto a Alcibíades. Pero como Frínico se lo esperaba, comunicó al ejército que el enemigo iba a atacar el campamento al no estar Samos amurallada y que era preciso fortificarla cuanto antes. Cuando llegó la carta de Alcibíades en la que se decía que el ejército había sido traicionado por Frínico y que el enemigo iba a atacar, se juzgó que Alcibíades no era digno de crédito y que informado con anticipación de los planes del enemigo, trataba de acusar a Frínico de complicidad. <ref name="Th8.51">Tucídides, VIII, 51</ref>
A pesar de estos sucesos, Pisandro y los otros representantes de los conspiradores llegaron a Atenas y hablaron ante el pueblo, poniendo a Alcibíades y sus promesas en el centro de la cuestión. Tras la oposición inicial a que se reformara la democracia y de los adversarios de Alcibíades que aducían que no debía volver del exilio quien había violado las leyes, los Eumólpidas y los Cérices invocaban los misterios de Eleusis, que habían sido la causa de su destierro. Pisandro les preguntó si tenían alguna esperanza de salvar a la ciudad cuando los peloponesios tenían prestas al combate un número de naves no inferior al suyo y contaban con más ciudades aliadas y contaban con el apoyo económico de Tisafernes y el rey persa. El pueblo abrigó la esperanza de una reforma ulterior de la constitución y la ecclesia decretó que zarpara una delegación formada por Pisandro y otros diez ciudadanos (seguramente uno por tribu, de acuerdo con la costumbre) para negociar con Tisafernes y Alcibíades. El pueblo relevó de su cargo a Frínico y a su colega Escirónides, y envió en su lugar como estrategos al mando de la flota a Diomedonte y a León.<ref name="Th8.53">Tucídides, La Guerra del Peloponeso, 8.53</ref>
En ese momento, el plan de Alcibíades tropezó con un gran obstáculo. Tisafernes no llegaría a un acuerdo en esos términos, prefiriendo seguir su política de neutralidad.<ref name="Kagan136-138">D. Kagan, The Fall of the Athenian Empire, 136-138</ref> Como Kagan apunta, Tisafernes era un jefe prudente y había reconocido las ventajas de desgastar a cada bando sin la participación persa directa.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 366</ref> Alcibíades se dio cuenta de esto, pero como no quería que los atenienses creyeran que era incapaz de persuadir al persa, les presentó unas durísimas exigencias de éste a cambio de su apoyo (como que se le cediera Jonia y otras islas y territorios y el derecho del rey persa de construir naves y de navegar a lo largo de las costas del territorio del Egeo del propio rey) de forma que pudiese argumentar que él le había convencido pero eran los atenienses los que no habían querido ceder. Finalizó la tercera reunión en la corte persa con la cesión de los atenienses a gran parte de las pretensiones, y la ruptura de las negociaciones. Aunque los enviados estaban muy enfadados con las exigencias persas, también consideraban que Alcibíades los había engañado, y que podría haber logrado el acuerdo de habérselo propuesto. <ref name="Th8.56">Tucídides, La guerra del Peloponeso, 8.56</ref> Este fiasco puso fin a las negociaciones entre los conspiradores y Alcibíades. Como éste no había logrado cumplir su parte del acuerdo sin la exigencia de concesiones exorbitantes por parte de Atenas abandonaron sus planes de restaurarle en Atenas.
[editar] Restitución como general ateniense
A pesar del fracaso de las negociaciones, los conspiradores consiguieron derrocar la democracia e imponer el gobierno oligárquico de los Cuatrocientos. En Samos, mientras tanto, aquellos samios que se habían sublevado contra los aristócratas y que formaron el partido popular, cambiaron de orientación y, persuadidos por Pisandro y por los conjurados atenienses que estaban en Samos, organizaron una conspiración de unas trescientas personas, matando a Hipérbolo, en colaboración con Carmino, uno de los estrategos, dando así una prueba de lealtad. Sin embargo, los samios de la mayoría popular denunciaron lo que se se estaba preparando a los estrategos ateniense León y Diomedonte, asñi como también al trierarco Trasíbulo y al hoplita Trasilo. Con la ayuda de estos hombres y los soldados atenienses en general, los demócratas de Samos pudieron derrotar a los Trescientos oligarcas samios, dando muerte a unos treinta de los Trescientos y condenando al destierro a los tres responsables principales, sin tomar represalias contra los demás.<ref name="Th8.73">Tucídides, VIII, 73</ref> Las tropas atenienses en Samos se reunieron en una asamblea política, derrocaron a sus generales, y eligieron unos nuevos, incluyendo a Trasíbulo y a Trasilo. El ejército, alegando que no se había rebelado contra la ciudad sino que había sido la ciudad la que se había rebelado contra él, decidió ponerse de parte de la democracia mientras proseguía la guerra contra Esparta.<ref>Tucídides, VIII, 76</ref>
Un tiempo después, Trasíbulo convenció a los soldados en el curso de una asamblea de que votaran la repatriación y la impunidad de Alcibíades, una política que había respaldado desde antes del golpe de estado. Luego navegó para encontrarse con Tisafernes y trajo a Alcibíades a Samos, convencido de que la única posibilidad de salvar a Atenas era que Tisafernes se pasara al su bando, y creyendo que Alcibíades tenía gran influencia sobre Tisafernes.<ref name="Th8.81">Tucídides, VIII, 81</ref> Plutarco afirma que el ejército pidió el envío de Alcibíades para usar su ayuda para deponer a los tiranos en Atenas.<ref name="Alcibiades26">Plutarco, Alcibíades, 26</ref> Por su parte, Kagan argumenta que esta restitución fue una decepción para Alcibíades, que había estado esperando un glorioso regreso a la ciudad de Atenas misma, pero que se encontró únicamente restaurado en la flota rebelde, donde la inmunidad le había sida concedida "protegiéndole por el momento pero no considerándolo para el futuro"; además, la restitución, que Alcibíades había esperado obtener a través de su propio prestigio e influencia, fue conseguida a través del patrocinio de Trasíbulo.<ref name="Kagan389">Kagan, The Peloponnesian War, 389</ref>
En su primer discurso a los soldados reunidos, Alcibíades se quejó amargamente sobre las circunstancias de su exilio, pero la mayor parte del discurso consistió en jactarse de su influencia con Tisafernes. Los motivos principales de su discurso fueron atemorizar a los oligarcas de Atenas e incrementar su crédito en el ejército de Samos. Al escuchar su discurso las tropas le eligieron general inmediatamente junto a Trasíbulo y otros.<ref name="Th8.82">Tucídides, VIII, 82</ref> De hecho, los exaltó tanto que propusieron zarpar en seguida con rumbo al Pireo y atacar a los oligarcas de Atenas.<ref name="Th8.82">Tucídides, VIII, 82</ref> Fue principalmente Alcibíades, junto con Trasíbulo, quienes calmaron al pueblo y les mostraron la locura de esta propuesta, que habría provocado la guerra civil y conducido a la derrota de Atenas.<ref name="Alcibiades26" /> Poco después de la restitución de Alcibíades como general ateniense, el gobierno de los Cuatrocientos fue derrocado y reemplazado por una oligarquía más amplia, que cedería el paso de nuevo a la democracia.<ref>Tucídides, VIII, 97</ref>
Al poco tiempo, Alcibíades navegó hasta Tisafernes con un destacamento de naves. Según Plutarco, el supuesto propósito de esta misión fue parar la flota persa que acudía a ayudar a los peloponesios .<ref name="Alcibiades26" /> Tucídides está de acuerdo con Plutarco en que la flota persa estaba en Aspendo y que Alcibíades dijo a las tropas que traería la flota a su bando o lograría impedir su llegada, pero Tucídides especula que la razón real fue hacer alarde de su nueva posición con Tisafernes y tratar de ganar alguna influencia real sobre él.<ref name="Th8.82" /> Según el historiador, de Alcibíades era que sabía desde hacía tiempo que Tisafernes nunca quiso traer la flota, y deseaba comprometerle lo más posible a los ojos de los espartanos a través de su amistad con él y los atenienses, y obligarle a unirse a su lado.<ref name="Th8.88">Tucídides, VIII, [1]</ref>
[editar] Batallas de Abidos y Cícico
- Para más detalles sobre este tema, véase Batalla de Abidos y Batalla de Cícico
Alcibíades fue restituido por el "régimen intermedio" de los Cinco Mil, el gobierno que sucedió al de los Cuatrocientos en 411 adC, pero es más probable que esperara, en realidad, hasta 407 adC para regresar a la ciudad.<ref name="Cartwright301">Cartwright-Warner, A Historical Commentary on Thucydides, 301</ref> Plutarco nos dice que, aunque su restitución ya había sido aprobada en la moción de Critias, un aliado político suyo, Alcibíades deciió volver con honores.<ref name="Pl27">Plutarco, Alcibíades, 27</ref> Por otro lado, si bien éste era indudablemente su objetivo, era de nuevo simplemente un medio para conseguir un fin: evitar el juicio a su regreso a Atenas.
La siguiente rol importante que llevaría a cabo en la guerra ocurriría en la batalla de Abidos. Alcibíades se había quedado retrasado en Samos con una pequeña fuerza, mientras Trasíbulo y Trasilo condujeron la mayor parte de la flota al Helesponto. Durante este período, Alcibíades consiguió recaudar dinero de Caria y la zona vecina, con el cual podía pagar a los remeros y lograr su favor.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 406</ref> Después de la victoria ateniense en Cinosema, ambas flotas convocaron a sus barcos de los alrededores del Egeo y se reunieron para lo que podría ser una próxima batalla decisiva.
Mientras Alcibíades aún estaba de camino, las dos flotas chocaron en Abidos, donde los peloponesios habían establecido su principal base naval. La batalla estuvo igualada y se desencadenó con furia mucho tiempo, pero la balanza se inclinó hacia los atenienses cuando Alcibíades arremetió en el Helesponto con 18 trirremes.<ref name="Pl27" /><ref name="Hellenica1.4.1">Jenofonte, Helénicas, 1.1.5</ref> El sátrapa persa Farnabazo, que había reemplazado a Tisafernes como patrocinador de la flota peloponesia, había desplazado ejército de tierra a la orilla para defender las embarcaciones y los marineros que habían varado sus barcos. Solamente la ayuda del ejército persa y el navegar de noche salvó a la flota peloponesia de la completa destrucción.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 408</ref>
Poco después de la batalla, Tisafernes había llegado al Helesponto y Alcibíades dejó la flota en Sestos para reunirse con él, llevándole regalos y esperando una vez más intentar ganarse al gobernador persa. Evidentemente Alcibíades habían juzgado mal su prestigio con el sátrapa, y fue arrestado a su llegada.<ref name="Pl27" /> Al cabo de un mes se liberaría y retomaría el mando.<ref name="Pl28">Plutarco, Alcibíades, 28</ref> Ahora era obvio, sin embargo, que no tenía ninguna influencia con los persas, por lo que desde ahora su autoridad dependería de lo que en realidad pudiera lograr en lugar de lo que prometiera hacer.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 410</ref>
Después de una pausa de varios meses en la que los peloponesios construyeron nuevas embarcaciones y los atenienses sitiaron ciudades y recaudaron dinero en todo el Egeo, la siguiente batalla naval tuvo lugar la primavera de 410 adC en Cícico. Alcibíades había sido obligado a navegar desde Sestos a Cardia para proteger su pequeña flota de la reconstruida armada peloponesia, pero tan pronto como se reunió ahí la flota ateniense completa, sus comandantes lo llevaron a Cícico, donde los atenienses localizaron que Farnabazo y Míndaro, el comandante de la flota peloponesia, estaban tramando su próximo movimiento juntos. Ocultada por la tormenta y la oscuridad la fuerza ateniense combinada llegó a las inmediaciones sin ser descubierta por los peloponesios.<ref name="Pl28" /> Aquí los atenienses idearon un complot para sacar al enemigo a la batalla. Según Diodoro de Sicilia, Alcibíades avanzaba con una pequeña escuadra para sacar a los espartanos de la batalla, y, después de engañar a Míndaro con este truco, las escuadras de Trasíbulo y Terámenes llegaron para reunirse con él, cortando la retirada espartana.<ref name="Diodorus74">Diodoro, XIII, 50-51</ref>
La flota espartana sufrió graves pérdidas en la huída, y llegó a la orilla con los atenienses pisándoles los talones. Las tropas de Alcibíades, conduciendo la persecución ateniense, atracaron e intentaron llevar las embarcaciones espartanas mar adentro. Los peloponesios lucharon para impedir que sus barcos fueran remolcados, y las tropas de Farnabazo acudieron en su ayuda.<ref name="Hellenica1.17">Jenofonte, Helénicas, 1.1.17-23</ref> Trasíbulo desembarcó su propia fuerza para aliviar temporalmente la presión sobre Alcibíades, y mientras tanto ordenó a Terámenes que se uniera a las fuerzas de tierra atenienses cercanas y que las trajera para reforzar reforzar a los marineros y a ejército naval en la playa. Los espartanos y los persas, abrumados por la llegada de múltiples fuerzas desde varias direcciones, fueron derrotados y ahuyentados, y los atenienses capturaron todas los barcos espartanos que no fueron destruidos.<ref name="Diodorus74" /><ref>Kagan, The Peloponnesian War, 410-413</ref> Una carta enviada a Esparta por Hipócrates, vicealmirante bajo Míndaro, fue interceptada y llevada a Atenas; decía lo que sigue: "Los barcos están perdidos. Míndaro ha muerto. Los hombres están hambrientos. No sabemos qué hacer".<ref name="Hellenica1.17" /> Poco tiempo después, Esparta hizo una petición de paz, pero sus llamamientos fueron rechazados por los atenienses.<ref name="Diodorus52-53">Diodoro, Biblioteca, 52-53</ref>
[editar] Éxitos militares adicionales
Después de su victoria, Alcibíades y Trasilo empezaron el asedio de Calcedón en 409 adC con unas 190 naves.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 429</ref> Aunque incapaz de conseguir una victoria decisiva o inducir a que la ciudad se rindiera, Alcibíades fue capaz de ganar una pequeña batalla táctica terrestre fuera de las puertas de la ciudad y Terámenes concluyó un acuerdo con los calcedonios.<ref name="Diodorus66">Diodoro, Biblioteca, xiii, 66.3</ref> Más tarde concluyeron una alianza temporal con Farnabazo, que aseguró algo del mucho dinero necesitado de forma urgente por el ejército, pero a pesar de esto Alcibíades se vio obligado a partir en búsqueda de más botín para pagar a los soldados y remeros de la flota.
En busca de estos fondos viajó al Quersoneso Tracio y atacó Selimbria. Conspiró con un partido proateniense dentro de la ciudad y ofreció a los selimbrios términos razonables a la vez que impuso una estricta disciplina para que viesen que estaban bajo vigilancia. No causó daño alguno a la ciudad, sino que simplemente tomó una cantidad de dinero de ella, puso una guarnición dentro y partió.<ref name="Pl30">Plutarco, Alcibíades, 30</ref> Una evidencia epigráfica indica que los selimbrios entregaron rehenes hasta que el tratado fuera ratificado en Atenas.<ref name="Kern151" /> Su acción es juzgada como hábil por los historiadores, debido a que ahorró tiempo, recursos, y vidas y aun así consiguió completamente su objetivo.<ref name="Kern151" /><ref>Kagan, The Peloponnesian War, 410</ref>
Desde aquí Alcibíades se unió al sitio de Bizancio al mismo tiempo que Terámenes y Trasilo. Una parte de los ciudadanos de la ciudad, desmoralizada y hambrienta, decidió entregar la ciudad a Alcibíades en términos similares a los que los selimbrios habían recibido. Al aceptar, por la noche los defensores dejaron sus puestos y los atenienses atacaron la guarnición peloponesia de la ciudad y a los barcos del puerto. La parte de ciudadanos que se mantuvo leal a los peloponesios pelearon tan salvajemente que Alcibíades hizo pública una declaración en mitad de la lucha en la que garantizaba su seguridad, con lo que logró persuadir al resto de ciudadanos de unirse a los atenienses contra la guarnición peloponesia, que fue casi totalmente destruida.<ref name="Diodorus66">Diodoro, Biblioteca, xiii, 67.1</ref>
[editar] Regreso a Atenas, destitución y muerte
[editar] Regreso a Atenas
Fue en el período subsiguiente a estos éxitos que Alcibíades resolvió al final regresar a Atenas en la primavera de 407 adC. Como consecuencia de sus victorias recientes, Alcibíades fue extremadamente cuidadoso en su regreso, consciente de los cambios en el gobierno, los cargos que aún lo preocupaban todavía, y el gran perjuicio que había causado a Atenas. Por lo tanto, Alcibíades, en lugar de ir directo a casa, fue a Samos primero para recoger 20 naves y continuó con ellas hasta el golfo Cerámico donde recaudó 100 talentos. Navegó finalmente hasta Gitión para hacer averiguaciones, en parte sobre los preparativos de los espartanos allí, y en parte sobre los sentimientos en Atenas sobre su regreso.<ref>Jenofonte, Helénicas, 1, 4, 8-12 </ref> Sus averiguaciones le aseguraron que la ciudad estaba dispuesta a reconciliarse con él y que sus amigos íntimos le urgían a que regresara.<ref>B. Due, The Return of Alcibiades, 39</ref>
Por lo tanto, finalmente navegó hasta el Pireo donde la multitud se había reunido deseando ver al famoso Alcibíades.<ref>Jenofonte, Helénicas, 1, 4, 13 </ref> Entró en el puerto lleno de miedo, hasta que vio a su primo y otros de sus amigos y conocidos, que le invitaron a que atracara.<ref name="Pl32">Plutarco, Alcibíades, 32</ref> Al llegar a tierra fue recibido con una bienvenida triunfal.<ref name="Pl32" /> Sin embargo, algunos vieron un mal presagio en el hecho de que había regresado a Atenas cuando en plena celebración de la ceremonia de los Plinterias (la fiesta donde la antigua estatua de Atenea se limpiaba).<ref name="Pl34">Plutarco, Alcibíades, 34</ref> Este era considerado como el día más desafortunado del año para emprender algo de la importancia, y sus enemigos tomaron nota de esto y lo tuvieron presente para una futura ocasión.<ref>D Kagan, The Fall of the Athenian Empire, 290</ref>
Todos los procesos penales contra él fueron cancelados y los cargos de blasfemia fueron oficialmente retirados. Alcibíades fue capaz de hacer valer su piedad y aumentar la moral ateniense dirigiendo la procesión solemne a Eleusis (para la celebración de los misterios de Eleusis) por tierra por primera vez desde que los espartanos habían ocupado Decelia.<ref>S. Price, Religions of the Ancient Greeks, 54</ref> Durante los años anteriores la procesión había sido reemplazada por un viaje por mar, pero ese año Alcibíades utilizó un destacamento de soldados para escoltar la procesión tradicional.<ref>Jenofonte, Helénicas, 1, 4, 18 </ref> Sus bienes le fueron devueltos y la ecclesia le eligió general (estratego) con poderes exclusivos en tierra y mar.<ref name="Pl33">Plutarco, Alcibíades, 33</ref>
[editar] Derrota de Notio
- Para más detalles, véase Batalla de Notio
En 406 adC Alcibíades salió de Atenas con 1.500 hoplitas y 100 barcos. Fracasó al tomar Andros y luego fue a Samos. Después se trasladó a Notio, más cerca del enemigo en Éfeso.<ref name="Andrews490">A. Andrewes, The Spartan Resurgence, 490</ref> Mientras tanto Tisafernes había sido reemplazado por Ciro (un pariente de Darío II de Persia) quién decidió ayudar a los peloponesios económicamente. Estos nuevos ingresos empezaron a atraer a desertores de los atenienses hacia la marina espartana. Además, los espartanos habían reemplazado a Míndaro por Lisandro, un almirante muy capaz. Estos factores permitieron el rápido crecimiento de la flota peloponesia a expensas de la ateniense. En busca de fondos y necesitando forzar otra batalla decisiva, Alcibíades dejó Notio y navegó para ayudar a Trasíbulo en el asedio de Focea.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 443</ref> Alcibíades era consciente de que la flota espartana estaba cerca, así que dejó casi ochenta barcos para vigilarlos bajo el mando de su timonel personal, Antíoco, a quien había dado órdenes expresas de no atacar. Antíoco desobedeció estas órdenes y se esforzó por involucrar a Lisandro en una batalla imitando las tácticas usadas en Cícico. La situación en Notio, sin embargo, era radicalmente diferente a la de Cícico; los atenienses no poseían el elemento sorpresa, y Lisandro había estado bien informado de las características de la flota enemiga a través de los desertores.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 444</ref> Tras un súbito ataque espartano el barco de Antíoco fue hundido, y Antíoco mismo murió; el resto de barcos de señuelo fueron perseguidos precipitadamente minetras regresaban a Notio, donde la fuerza ateniense principal fue cogida desprevenida por la llegada repentina de toda la flota espartana. En las luchas que tuvieron lugar a continuación, Lisandro obtuvo una victoria total. Alcibíades regresó, e intentó desesperadamente contrarrestar la derrota de Notio anotándose otra victoria, pero Lisandro no podía ser compelido a atacar la flota otra vez.<ref>Para la descripción admitida de la batalla véase Plutarco, "Alcibíades, 35 o la Helénica Oxyrrinquia, 4.</ref>
Al final, la responsabilidad por la derrota recayó sobre Alcibíades y sus enemigos usaron la oportunidad para atacarle y desposeerle del mando, aunque algunos eruditos modernos creen que Alcibíades fue injustamente culpado por el error de Antíoco.<ref name="Cawkell">G. Cawkell, Thucydides and the Peloponnesian War, 143</ref> Diodoro comenta esto. Además de su error en Notio, Alcibíades fue licenciado por las falsas acusaciones interpuestas contra él por sus enemigos.<ref name="Diodorus74">Diodoro, Biblioteca, xiii, 74.4</ref> Según Anthony Andrewes, catedrático de historia antigua, las exageradas esperanzas en que su triunfo del verano precedente éxitos del verano previo había creado un elemento decisivo para su caída.<ref name="Andrews490" /> Por consiguiente, Alcibíades se condenó al exilio.<ref name="Diodorus74" /> Nunca más regreso a Atenas, navegó al norte a los castillos del Quersoneso tracio, que había asegurado durante su estancia en el Helesponto. Las implicancias de la derrota eran graves para Atenas. Aunque la derrota había sido menor, ocasionó el retiro de no sólo Alcibíades sino también de sus aliados como Trasíbulo, Terámenes y Critias.<ref name="Pl33" /> Éstos eran probablemente los comandantes más capaces que Atenas tenía en esa época y su retiro ayudaría a la rendición ateniense solamente dos años después de su completa derrota en Egospótamos.<ref>Kagan, The Peloponnesian War, 447</ref>
[editar] Muerte
Salvo por excepción, el papel en la guerra de Alcibíades terminó con su mando. En los eventos anteriores a la batalla de Egospótamos, en el último hecho atestiguado de su carrera,<ref name="Perrin25-37">B. Perrin, The Death of Alcibiades , 25-37</ref> Alcibíades reconoció que los atenienses estaban anclados en un punto desventajoso estratégicamente y les aconsejó que fueran a Sestos donde podrían beneficiarse de un puerto y de una ciudad.<ref name="Hellenica2.1.25">Jenofonte, Helénicas, 2.1.25</ref> Diodoro, sin embargo, no menciona este consejo, arguyendo que Alcibíades ofreció ayuda a los generales tracios a cambio de una parte del mando. En cualquier caso, los generales de los atenienses, "considerando que en caso de derrota la culpa podría atribuírseles y que en caso de victoria todos los hombres la atribuirían a Alcibíades", le pidieron que partiera y no volviera cerca del campamento nunca más.<ref name="Hellenica2.1.25" /><ref name="Diodorus105">Diodoro, Biblioteca, xiii, 105</ref> Días después la flota sería aniquilada por Lisandro.
Después de la batalla de Egospótamos, Alcibíades cruzó el Helesponto y se refugió en Frigia, con el objeto de conseguir la ayuda de Artajerjes contra Esparta. Pero los espartanos indujeron a Farnabazo a que lo dejara apartado. Según Plutarco, Lisandro envió a un representante a Farnabazo para que enviara a su hermano a Frigia donde Alcibíades estaba viviendo con su amante, Timandra. En 404 adC, cuando estaba a punto de salir hacia la corte persa, su residencia fue rodeada e incendiada. Viendo que no tenía ninguna oportunidad de escapar se lanzó precipitadamente sobre sus asesinos, daga en mano, y fue muerto por una lluvia de flechas.<ref name="Alcibiades39">Plutarco, Alcibíades, 39</ref>
[editar] Valoraciones
[editar] Carrera política
En la Grecia antigua Alcibíades era una figura polarizada. Tucídides reprende al estadista ateniense por su conducta política y sus motivos. Según el historiador, Alcibíades, al ser "sumamente ambicioso", propuso la expedición a Sicilia para "obtener riqueza y reputación por medio de sus éxitos".<ref name="Th6.15">Tucídides, VI, 15</ref> Alcibíades es considerado responsable por Tucídides de la destrucción de Atenas, debido a que "sus hábitos ofendieron a todo el mundo y causaron que entregaran los asuntos a otras manos, y así no tardó mucho en arruinarse la ciudad".<ref name="Th6.15" /> Plutarco le considera como "el menos escrupuloso y más imprudente de los seres humanos".<ref name="PlCom6">Plutarco, La comparación de Alcibíades con Coriolano, 6</ref> Por otro lado, Diodoro argumenta que era "de pensamientos brillantes y decidido a grandes empresas".<ref name="Diodorus68">Diodoro, Biblioteca, xiii, 68.5</ref> Sharon Press de la Brown University señala que Jenofonte recalca los servicios de Alcibíades al estado, en lugar del daño que causó.<ref name="Press">S. Press, Was Alcibiades a Good General?</ref><ref name="Hellenica1.4.18">Jenofonte, Helénicas, 1.4. 18</ref> Demóstenes defiende los logros de Alcibíades, diciendo que había tomado las armas por la democracia, manifestando su patriotismo, no mediante obsequios o dinero o mediante discursos, sino por el servicio personal.<ref name="Meidias144-145">Demóstenes, Contra Midias, 144-145</ref> Para Demóstenes y otros oradores Alcibíades personificó la figura del gran hombre de los gloriosos días de la democracia ateniense y se convirtió en un símbolo retórico.<ref name="Gribble32">D. Gribble, Alcibiades and Athens, 32-33</ref> Uno de los discursos de Isócrates', pronunciado sobre el hijo de Alcibíades, argumenta que el estadista merecía la gratitud de los atenienses por el servicio que les había otorgado<ref name="Isocrates">Isocrates, Concerning the Team of Horses, 15</ref> Lisias, por otra parte, argumentó en uno de sus discursos que los atenienses debían mirar a Alcibíades como un enemigo porque a tenor general de su vida, "paga con injurias la ayuda de sus amigos".<ref name="Lysias">Lisias, Contra Alcibíades 1, 1</ref><ref name="Lysias2">Lisias, Contra Alcibíades 2, 10</ref>
En la Constitución de los atenienses, Aristóteles no incluye a Alcibíades en la lista de los mejores políticos atenienses, pero en Analítica Posterior "argumenta que las características de un hombre orgulloso como Alcibíades son ecuanimidad ante los avatares del destino e intolerancia ante el deshonor. <ref name="Con28">Aristóteles, Constitución de los atenienses, 28</ref><ref name="Ar13">Aristóteles, Analítica Posterior, ii, 13</ref> Alcibíades provocó miedo en sus contemporáneos para la seguridad de orden político.<ref name="Gribble41">D. Gribble, Alcibiades and Athens, 41</ref> Por lo tanto, Andócides dijo de él "en lugar de sostener que debe él mismo cumplir con las leyes del estado, espera que tú te atengas a su propio estilo de vida".<ref name="Andocides19">Andócides, Contra Alcibíades, 19</ref> La descripción principal del hombre de estado ateniense la da Cornelio Nepote en su famosa que Alcibíades "superaba a todos los atenienses en grandiosidad y magnificencia de vida".<ref name="NeposXI">Cornelio Nepote, Alcibíades, XI</ref>
Incluso hoy Alcibíades divide a los estudiosos. Para Malcolm McGregor, el antiguo jefe del departamento de clásicas en la Universidad de la Columbia Británica, Alcibíades eran bastante más un jugador perspicaz que un simple oportunista.<ref name="McGregor27-50">M.F. McGregor, The Genius of Alkibiades, 27-50</ref> Evangelos P. Fotiadis, un prominente filólogo griego, afirma que Alcibíades eran "un diplomático de primera clase" y tenía "enorme habilidad". Sin embargo sus poderes espirituales no estaban equilibrados con su magnífica mente y tuvo la mala suerte de llevar a un pueblo susceptible a la demagogia.<ref name="the Helios" /> K. Paparrigopoulos, el principal historiador griego moderno, subraya sus "virtudes espirituales" y lo compara con Temístocles, pero afirma que todos esos dones crearon un "traidor, un hombre audaz e impío".<ref name="Paparrigopoulos264-268">Κ. Paparrigopoulos, History of the Greek Nation, Αβ, 264-268</ref> Walter Ellis cree que sus acciones fueron escandalosas, pero fueron llevados a cabo con desenvoltura.<ref>W. Ellis, Alcibiades, 18</ref> Por su parte, David Gribble argumenta que las acciones de Alcibíades en contra de su ciudad fueron incomprendidas y cree que la "tensión que llevó a Alcibíades a romper con la ciudad estaba entre lo puramente personales y los principios cívicos".<ref name="Gribble55">D. Gribble, Alcibiades and Athens, 55 etc.</ref> Russell Meiggs, un antiguo historiador británico, afirma que el estadista ateniense carecía completamente de escrúpulos a pesar de su gran encanto y brillantes habilidades.<ref name="Britannica" /> Según Meiggs, sus acciones fueron dictadas por motivos egoístas y su enemistad de hecho con Cleón de Atenas y sus sucesores socavó Atenas. El mismo erudito subraya el hecho de que "su ejemplo de agitada e indisciplinada ambición reforzó el cargo entablado contra Sócrates".<ref name="Britannica" /> Incluso los más críticos, Athanasios G. Platias y Constantinos Koliopoulos, catedráticos de estudios estratégicos y política internacional, declaran que los propios argumentos de Alcibíades "deben ser suficientes para eliminar la noción de que Alcibíades era un gran estadista, cuando algunas personas aún lo creen".<ref name="Platias240">A.G. Platias and C. Koliopoulos, Thucydides on Strategy, 240</ref>
[editar] Logros militares
A pesar de sus comentarios críticos, Tucídides admite en una breve digresión que "públicamente su conducción de la guerra era tan buena como podría desearse".<ref name="Th6.15" /> Diodoro y Demóstenes le consideran un gran general.<ref name="Diodorus68" /><ref name="Meidias144-145" /> Según Fotiadis, Alcibíades era un general invencible y, donde quiera que fuera, la victoria le seguía.<ref name="the Helios" /> Fotiadis cree que si hubiera dirigido el ejército en Sicilia, los atenienses habrían evitado el desastre y, si sus compatriotas hubieran seguido su consejo en Egospótamos, Lisandro habría perdido y Atenas habría gobernado Grecia.<ref name="the Helios" /> Por otra parte, Paparrigopoulos cree que la expedición siciliana, incitada por Alcibíades, fue un error estratégico.<ref name="Paparrigopoulos272">Κ. Paparrigopoulos, History of the Greek Nation, Αβ, 272</ref> De acuerdo con Paparrigopoulos, Platias y Koliopoulos subrayan el hecho de que la expedición siciliana era una metida de pata estratégica de primera magnitud, resultante de una actitud "frívola y una increíble subestimación del enemigo".<ref name="Platias237" /> Por su parte, Angelos Vlachos, un académico griego, subraya el constante interés constante de Atenas por Sicilia como el origen de la guerra. Según Vlachos la expedición no tuvo nada de extravagante o aventurado y constituía una decisión estratégica sensata sobre la base de las aspiraciones atenienses tradicionales.<ref name="Vlachos206">A. Vlachos, Thucydides' Bias, 206</ref> Vlachos afirma que Alcibíades ya había concebido un plan más amplio: conquistar el Occidente entero.<ref name="Vlachos202-203">A. Vlachos, Thucydides' Bias, 202-203</ref> Él pensaba conquistar Cartago y Libia, luego atacar Italia y, después de ganar éstos, hacerse con Italia y el Peloponeso.<ref name="Alcibiades17">Plutarco, Alcibíades, 17</ref> La decisión inicial de la ecclesia proporcionó una razonable fuerza militar, que más tarde fue irrazonable y costosa por las exigencias de Nicias.<ref name="Vlachos202-203" /> Kagan critica a Alcibíades por no dejar de reconocer que el gran tamaño de la expedición ateniense minó el esquema diplomático sobre el que su estrategia se basaba.<ref name="Kagan419-420">D. Kagan, The Fall of the Athenian Empire, 419-420</ref>
Kagan cree que mientras Alcibíades era un comandante de habilidad considerable, no era ningún genio militar, y su confianza y ambiciones fueron más allá de su destreza.<ref name="Kagan419-420" /> Fue capaz de importantes errores y errores de cálculo serios. Kagan argumenta que en Notio Alcibíades cometió un grave error al dejar la flota en manos de un oficial inexperto, y que la mayoría del mérito de parte de la brillante victoria en Cícico debe ser asignado a Trasíbulo.<ref name="Kagan419-420" />En este juicio, Kagan coincide con Cornelio Nepote, que dijo que la opinión extravagante de las habilidades de Alcibíades y el valor eran su principal desgracia.<ref name="NeposVII">Cornelio Nepote, Alcibíades, VII</ref> Imagen:AuvrayAlcibiades.jpg
Press argumenta que "aunque Alcibíades pueda ser considerado un buen general en base a su actuación en el Helesponto, no debería serlo en base a su actuación en Sicilia", pero "las virtudes de Alcibíades como general superan sus defectos".<ref name="Press" /> Los catedráticos David McCann y Barry Strauss intentan una comparación entre Alcibíades y Douglas MacArthur, señalando que "ambos hombres destacaron como jefes militares a los que un aura de misterio envolvió".<ref name="Cann">D. McCann - B. Strauss, War and Democracy, xxv</ref>
[editar] Habilidad oratoria
Plutarco afirma que "Alcibíades eran un hábil orador además de sus otros talentos" mientras que Teofrasto argumenta que Alcibíades era el más capacitado para descubrir y comprender lo que se requería en un caso dado. Sin embargo, solía tropezar en la mitad de su discurso, pero luego lo reanudaba y proseguía con toda la precaución en el mundo entero.<ref name="Alcibiades10">Plutarco, Alcibíades, 10</ref> Incluso el ceceo que tenía, que fue apuntado por Aristófanes, hizo su conversación persuasiva y llena de encanto.<ref name="Aristophens44">Aristófanes, Avispas, 44</ref><ref name="Alcibiades1">Plutarco, Alcibíades, 1</ref> Eupolis dice que fue príncipe de los habladores, pero muy incapaz en la oratoria";<ref name="Alcibiades13" />del que se dice, que es más elocuente en sus discursos privados que orando ante la ecclesia.<ref name="Paparrigopoulos264-268" /> Por su parte, Demóstenes subraya el hecho de que Alcibíades fuera considerado como "el más hábil orador del día".<ref name="Meidias144-145" /> Paparrigopoulos no acepta la opinión de Demóstenes, pero reconoce que el estadista ateniense podía apoyar su caso suficientemente.<ref name="Paparrigopoulos264-268" /> Kagan reconoce su poder retórico, mientras que Thomas Habinek, catedrático de Clásicas en la University of Southern California, cree que el orador Alcibíades parecía ser lo que su audiencia necesitaba en cualquier ocasión.<ref name="Kagan178">D. Kagan, The Fall of the Athenian Empire, 178</ref><ref name="Habinek">T. Habinek, Ancient Rhetoric and Oratory, 23-24</ref> Según Habinek, en el campo de la oratoria, el pueblo respondió al cariño de Alcibíades con su propio cariño. Por lo tanto, el orador era "la personificación de la ciudad hablando con, y enamorada de, sí misma".<ref name="Habinek" /> Según Aristófanes Atenas lo "anhela, y lo odia".<ref name="Frogs1425">Aristófanes, Ranas, 1425</ref>
[editar] Alusiones en la comedia, filosofía y literatura
- Para más detalles sobre este tema, ver Alcibíades (personaje de ficción)
Alcibíades no fue perdonado por la comedia antigua y los argumentos atestiguan un enfrentamiento épico entre Alcibíades y Eupolis, muy similar al de Aristófanes y Cleón.<ref name="Gribble32" /> Aparece como personaje de ficción en varios diálogos socráticos (El Banquete, Protágoras). Platón presenta a Alcibíades como el alumno más brillante de Sócrates, aunque será, con el correr de los tiempos, la ruina de Atenas.<ref>E. Corrigan, Plato's Dialectic at Play, 169</ref> En el juicio al que es sometido, Sócrates debe refutar el intento de culparlo por los crímenes de sus ex discípulos, incluyendo a Alcibíades.<ref>G.A. Scott, Plato's Socrates as Educator, 19</ref> Por eso, declara en "Apología": "Nunca he sido el profesor de nadie".<ref name="PlAp33a">Plato, Apology, 33a</ref>
Tras su muerte, Alcibíades disfruta de una presencia relevante en el arte, apareciendo en obras medievales y renacentistas, así como en importantes textos de la literatura moderna.<ref>N. Endres, Alcibiades</ref> Continúa fascinando al mundo contemporáneo, en particular como personaje principal de novelas históricas: por ejemplo, las de Anna Bowman Dodd, Gertrude Atherton, Rosemary Sutcliff, Daniel Chavarría, Steven Pressfield y Peter Green.<ref>T.T.B. Ryder, Alcibiades, 32</ref> Es el personaje central en la novela Viaje a través del tiempo de Paul Levinson, The Plot To Save Socrates, en el Socrate de Erik Satie, composición para voz y pequeña orquesta (el texto se compone de pasajes de Victor Cousin sobre las obras de Platón), y en la novela corta The Gods Abandon Alcibiades de Joel Richards, nominada al Premio Nébula.<ref>J. Richards, The Gods Abandon Alcibiades</ref>
[editar] Cronograma
<timeline> ImageSize = width:390 height:1000 PlotArea = left:40 right:10 top:10 bottom:10 DateFormat = yyyy TimeAxis = orientation:vertical format:yyyy Period = from:400 till:455 AlignBars = early ScaleMajor = unit:year increment:10 start:455 ScaleMinor = unit:year increment:1 start:400
Colors =
id:gray value:gray(0.7) id:lightsteelblue value:rgb(0.418, 0.609, 0.800)
Define $dx = 20 # shift text to right side of bar
PlotData =
bar:event width:20 color:gray shift:($dx,-4) from:start till:end color:lightsteelblue mark:(line, white) at:450 text:450 adC - Nace en Atenas at:447 text:c.447 adC - Queda huérfano - Pericles se convierte en su tutor at:434 text:c.434 adC - Sócrates le salva la vida en Potidaea at:424 text:c.424 adC - Alcibíades salva la vida a Sácrates en Delio at:422 text:c.422 adC - Comienza su vida política at:420 text:420 adC - Dirige una alianza fallida con Argos, Mantinea y Elis at:417 text:c.417 adC - Impulsa el ostracismo de Hipérbolos con Nicias at:415 text:415 adC - Dirige la flota que se dirige a Italia. Huída a Esparta at:412 text:412 adC - Huye de Esparta y llega a la corte de Tisafernes at:411 text:411 adC - Es reinstaurado como general ateniense at:410 text:410 adC - Derrota a los espartanos en Abidos y Cícico at:409 text:409 adC - Asedios de Calcedón, Selimbria y Bizancio at:408 text:408 adC - Éxito en el asedio de Bizancio at:407 text:407 adC - Retorno a Atenas victorioso at:406 text:406 adC - Enviado al exilio tras la derrota de Notio at:405 text:405 adC - Fracaso en Egospótamos at:404 text:404 adC - Es asesinado en Frigia
TextData =
tabs:(25-left) pos:(100,710) fontsize:6 text:" "
</timeline> </div></div>
[editar] Notas
[editar] Referencias
[editar] Fuentes primarias
- Andócides, Contra Alcibíades. Véase el texto original en Perseus program
- Plantilla:Cite wikisource
- Aristophanes, Wasps. See original text in Perseus program
- Plantilla:Cite wikisource
- Aristotle, History of Animals (translated in English by Wentworth Thompson)
- Plantilla:Cite wikisource (Translated by R.G. Mure)
- Imagen:Wikisource-logo.svg Cornelius Nepos, Alcibiades
- Demosthenes, Against Meidias. See original text in Perseus program
- Diodorus Siculus, Library, 13th Book. See original text in Perseus program.
- Isocrates, Busiris. See original text in Perseus program
- Isocrates, Concerning the Team of Horses. See original text in Perseus program
- Imagen:Wikisource-logo.svg Lysias, Alcibiades
- Lysias, Against Alcibiades 2. See original text in Perseus program
- Plato, Alcibiades 1. See original text in Perseus program
Plantilla:Cite wikisource Plantilla:Cite wikisource
- Imagen:Wikisource-logo.svg Plutarch, Agesilaus (translated in English by John Dryden)
- Imagen:Wikisource-logo.svg Plutarch, Alcibiades. (Translated in English by Arthur H. Clough (New York: Collier Press, 1909), Aubrey Stewart-George Long and John Dryden.)
- Imagen:Wikisource-logo.svg Plutarch, Lysander
- Imagen:Wikisource-logo.svg Plutarch, Comparison of Alcibiades with Coriolanus Translated into English by Aubrey Stewart-George Long and John Dryden.
- Thucydides, History of the Peloponnesian War, V-VIII. See original text in Perseus program.
- Plantilla:Cite wikisource
[editar] Fuentes secundarias
- Alcibiades. En Encyclopaedia Britannica. (2005).
- Alcibiades. En Encyclopaedia of Ancient Greece. (2002). Routledge (UK). ISBN 0-415-97334-1.
- Alcibiades. En Encyclopaedic Dictionary The Helios. (1952). In Greek.
- Andrewes, A. (1992). “The Spartan Resurgence”, The Cambridge Ancient History edited by David M. Lewis, John Boardman, J. K. Davies, M. Ostwald (Volume V). Cambridge University Press. ISBN 0-521-23347-X.
- Buck, R.J. (1998). Thrasybulus and the Athenian Democracy: the Life of an Athenian Statesman. Stuttgart: Franz Steiner Verlag. ISBN 3-515-07221-7.
- Buckley, Terry (1996). Aspects of Greek History 750–323 BC. Routledge (UK). ISBN 0-415-09957-9.
- Cartwright David, Warner Rex (1997). A Historical Commentary on Thucydides: A Companion to Rex Warner's Penguin Translation. University of Michigan Press. ISBN 0-472-08419-4.
- Cawkwell, George (1997). Thucydides and the Peloponnesian War. Routledge (UK). ISBN 0-415-16552-0.
- Corrigan, Elena (2004). “Alcibiades and the Conclusion of the Symposium”, Plato's Dialectic at Play. Penn State Press. ISBN 0-271-02462-3.
- Cox, C.A. (1997). “What Was an Oikos?”, Houshold Interests. Princeton University Press. ISBN 0-691-01572-4.
- Denyer, Nicolas (2001). Alcibiades (commentary). Cambridge University Press. ISBN 0-521-63414-8.
- Due, Bodil (1991). "The Return of Alcibiades in Xenophon's Hellenica". "Classica et Mediaevalia — Revue Danoise de Philologie et D'Histoire" XLII: 39–54. ISBN 0-521-38867-8. Consultado el 2006-09-23.
- Ellis, Walter M. (1989). Alcibiades. Routledge. ISBN 0-415-00994-4.
- Gomme, A. W., A. Andrewes and K. J. Dover (1945–81). An Historical Commentary on Thucydides (I–V). Oxford University Press. ISBN 0-19-814198-X.
- Gribble, David (1999). Alcibiades and Athens: A Study in Literary Presentation. Oxford University Press. ISBN 0-19-815267-1.
- Habinek, Thomas N. (2004). Ancient Rhetoric and Oratory. Blackwell Publishing. ISBN 0-631-23515-9.
- Hatzfeld, Jean (1951). Alcibiade (in French). Presses Universitaires de France.
- Kagan, Donald (1991). The Fall of the Athenian Empire. Cornell University Press. ISBN 0-8014-9984-4.
- Kagan, Donald (2003). The Peloponnesian War. Viking Penguin (Penguin Group). ISBN 0-670-03211-5.
- Kern, Paul Bentley (1999). “Treatment of Captured Cities”, Ancient Siege Warfare. Indiana University Press. ISBN 0-253-33546-9.
- Lee Too, Yun (1995). “The Politics of Discipleship”, The Rhetoric of Identity in Isocrates. Cambridge University Press. ISBN 0-521-47406-X.
- Littman, Robert J. (1968). "The Strategy of the Battle of Cyzicus". Transactions and Proceedings of the American Philological Association 99: 265–72.
- McCann David, Strauss Barry (2001). War and Democracy: A Comparative Study of the Korean War and the Peloponnesian War. M.E. Sharpe. ISBN 0-7656-0695-X.
- McGregor, Malcolom F. (1965). "The Genius of Alkibiades". Phoenix 19: 27–50.
- Paparrigopoulos, Konstantinos (-Pavlos Karolidis) (1925), History of the Hellenic Nation (Volume Ab). Eleftheroudakis (in Greek).
- Peck, Harry Thurston (1898). Harper's Dictionary Of Classical Literature And Antiquities.
- Perrin, Bernadotte (1906). "The Death of Alcibiades". Transactions and Proceedings of the American Philological Association 37: 25–37.
- Platias Athanasios G., Koliopoulos Constantinos (2006). Thucydides on Strategy. Eurasia Publications. ISBN 960-8187-16-8.
- Press, Sharon (1991). "Was Alcibiades a Good General?". Brown Classical Journal 7.
- Price, Simon (1999). “Religious Places”, Religions of the Ancient Greeks. Cambridge University Press. ISBN 0-521-38867-8.
- Rhodes, P.J. (2005). A History of the Classical Greek World. Blackwell Publishing. ISBN 0-631-22564-1.
- Sealey, Raphael (1976). “The Peloponnesian War”, A History of the Greek City States, 700–338 BC. University of California Press. ISBN 0-520-03177-6.
- Scott, Gary Alan (2000). “Socrates and Teaching”, Plato's Socrates as Educator. SUNY Press. ISBN 0-7914-4723-5.
- Smith, Willian (1851). A New Classical Dictionary of Greek and Roman Biography, Mythology and Geography. Harper & brothers.
- Strauss, Leo (1978). The City and Man. University of Chicago Press. ISBN 0-226-77701-4.
- Sykoutris, Ioannis (1934). Symposium (Introduction and Comments). Estia. In Greek.
- Vlachos, Angelos (1974). Thucydides' Bias. Estia (in Greek).
- Wolpert, Andrew (2002). Remembering Defeat: Civil War and Civic Memory in Ancient Athens. Johns Hopkins University Press. ISBN 0-8018-6790-8.
[editar] Véase también
[editar] Enlaces externos
- Imagen:Wikisource-logo.svg Wikisource contiene obras originales de o sobre Vidas_paralelas:_Alcibiades.
bg:Алкивиад br:Alkibiades ca:Alcibíades cs:Alkibiadés da:Alkibiades de:Alkibiades el:Αλκιβιάδης en:Alcibiades fi:Alkibiades fr:Alcibiade he:אלקיביאדס it:Alcibiade ka:ალკიბიადე la:Alcibiades nl:Alcibiades no:Alkibiades pl:Alkibiades pt:Alcibíades ro:Alcibiade ru:Алкивиад sh:Alkibijad sr:Алкибијад
sv:Alkibiades
